Viajar en tiempos de pandemia. Paraísos cercanos

Viajar en tiempos de pandemia

Aunque no lo parezca, es posible viajar en tiempos de pandemia: se abre la puerta a un mundo de posibilidades que en una coyuntura normal muchos de nosotros no hubiéramos pensado abrir. No se trata de viajes en avión, o viajes en tren que nos lleven a lugares lejanos, a destinos exóticos. Ni de descubrir horizontes y culturas diferentes, en busca de otras formas de pensar, de otras formas de vivir, de paisajes que difieren de aquellos que conocemos, sorprendentes y fascinantes, que guardamos preciosamente en nuestro baúl de los recuerdos. En fechas no tan lejanas tuvimos la fortuna de explorar islas de fuego, hielo y agua, como Islandia; caravanserais de poetas persas en Irán; barreras de coral y tierras de siete colores en Isla Mauricio; paisajes de mil lagos, mil bosques y mil islas en Finlandia; volcanes que todavía rugen en las islas Azores; cascadas petrificadas en México; desiertos y casas trogloditas en Túnez;…

Desde hace un año apenas es posible traspasar fronteras para hacer viajes a paraísos lejanos. El espacio se ha limitado, el tiempo se ha ralentizado, lo que nos ha abierto los ojos a todo aquello que nos rodea, a lugares que siempre habíamos mirado, pero en los que apenas habíamos tenido tiempo de pararnos, o que siempre posponíamos para otro momento. 

Paseos en tiempo de pandemia. Paseo de Ramiro Recouso, Ordes, A Coruña.

Ahora que el tiempo casi se ha detenido en nuestras vidas, podemos descubrirlos tranquilamente, sin prisa, haciendo el turismo que más nos gusta. Hemos de decir que siempre nos hemos acercado a estos paraísos cercanos, conscientes de su belleza. Pero durante estos largos meses hemos descubierto lugares y paisajes que ni sabíamos que estaban ahí, tan cerca.

Por eso, queremos animarles a explorar esos paraísos que tienen al lado de casa, al alcance de su mano…Realmente, viajar es también posible en tiempos de pandemia.

Paraísos cercanos

Paraísos cercanos. Flores de los afamados grelos, la verdura estrella de Galicia

No es necesario ir demasiado lejos para sorprendernos. Podemos ilusionarnos con una simple caminata cerca de casa, haciendo una ruta de senderismo al ayuntamiento de al lado, contemplar ese mar que tenemos a sólo unos kilómetros, visitar esa aldea encantadora o ese pueblo ahora vacío que nos abre sus puertas, o descubrir originales rutas culturales o deportivas en la ciudad en la que vivimos. La naturaleza nos llama desde sus diversos paisajes, las ciudades y los pueblos nos muestran su patrimonio y sus espacios abiertos.

Las circunstancias que ha creado la pandemia nos han oblidado a adaptarnos. Pero no tenemos porqué quedarnos en casa. Las posibilidades se multiplican, y aunque ya no sea el viaje al que estamos acostumbrados, sigue siendo un viaje. Porque viajar es ilusionarse, emocionarse con los preparativos; viajar es aventurarse, sentir esa libertad que solo se siente cuando uno puede desplazarse, moverse para descubrir.

En esta página vamos a proponerles algunos de los paraísos cercanos a los que tuvimos acceso en estos duros tiempos de Covid en España y Francia. Lugares que nos inspiraron, que nos hicieron soñar y sentir curiosidad, que mantuvieron nuestra esperanza e iluminaron estos días oscuros. Nos hemos adaptado a la apertura más o menos limitada que tuvo lugar a lo largo de estos meses, descubriendo paraísos cercanos a lo largo de las estaciones que se fueron sucediendo en esta pandemia que todavía vivimos.

Viajar por Galicia en tiempos de pandemia. Rutas poco transitadas

La naturaleza, gran aliado en esta pandemia

Galicia es una tierra de cientos de aldeas desperdigadas, con caminos y senderos, rincones encantadores que atraen a amantes de la naturaleza. Ya sea en su costa recortada de acantilados espectaculares, salvaje en la Costa da Morte, calma en las Rías Baixas y las Rías Altas. Ya sea en los paisajes aterrazados de la Ribeira Sacra, o en las montañas de los Ancares o Peña Trevinca. O simplemente siguiendo el curso de ríos como el Miño, el Eume, el Sil o el Mao, o riachuelos afluentes que discurren por pueblos y aldeas, como: el Río Barbeira y el río Verdugo en Pontevedra; el río Parga (ruta del Agua y de la Piedra de Guitiríz). 

El verano nos permitió viajar por algunos lugares de la geografía gallega, traspasando fronteras entre ayuntamientos. Viajes sencillos en coche, recorriendo el litoral: la Costa da Morte, desde Muros hasta Muxía, disfrutando de baños en las deliciosas playas de Carnota y del Pindo, y las más cercanas a Arteixo: los bellos arenales de Caión o de Baldaio y Razo. Pero descubriendo también algunas playas a las que se llega atravesando aldeas, solitarias, desconocidas, en Malpica, por ejemplo. O las más conocidas de San Vicente do Mar (O Grove), en las Rías Baixas, tras una ruta de senderismo por las pasarelas de madera o por el medio del monte, con miradores con vistas. El verano fue también un momento para regresar a la mítica aldea de San Andrés de Teixido, con parada en los muchos miradores con vistas espectaculares al Atlántico. O de una parada en la playa de Esteiro, justo al lado de la famosa playa de las Catedrales, cerca de Ribadeo (Lugo). 

Verano en Galicia..ese paréntesis

El invierno fue más recogido, con salidas limitadísimas, un tiempo propicio para explorar lugares cercanos a casa. La lluvia cubrió los prados gallegos de un verde intenso, que disfrutamos muchas veces en solitario, en rutas de senderismo cuando escampaba. Paseos tranquilos cuyos paisajes eran campos de maíz seco, sendas de mimosas, senderos llenos de musgo, líquenes y helechos que forman parte del Camino de Santiago; senderos entre aldeas tranquilas donde pacen las vacas y se recogen las verduras protagonistas del caldo gallego: los grelos.

El tiempo detenido en este invierno fue la ocasión para los que habitamos zonas rurales de descubrir paisajes y rincones desconocidos, de hacer rutas señalizadas al lado del pueblo. De apreciar el entorno a paso lento, disfrutando de lo mucho que ofrece la naturaleza aún en invierno. Caminos transitados repetidamente en estos días largos en el pueblo de Ordes, compuesto de parroquias con aldeas tranquilas: Buscás, Vilaverde, Poulo, Mañufe,…Y rutas de senderismo señalizadas como el Sendero de San Paio y Outeiro o la Ruta del río Mercurín. En Ordes también es posible hacer una ruta por los murales y graffitis de la villa, fruto del Festival Desordes Creativas, que tiene lugar todos los veranos, otra forma de hacer turismo. También la cercana localidad de Carballo se distingue por su ruta de los murales de arte urbano, que visitamos también este invierno.

Invierno en Galicia, confinamiento. Paseos por la naturaleza

Los días de mayor apertura coincidieron en ocasiones con días de intensos granizos mientras nevaba en el resto de España. Lo que nos nos impidió explorar un pedazo de la Costa da Morte, desde Malpica, con las islas Sisargas en frente; pasando por la localidad de Ponteceso, donde subimos al Mirador de Monte blanco, que nos regaló panorámicas privilegiadas de la ría de Corme y Laxe. Y terminamos en los acantilados del Roncudo, en el faro de Corme, donde se encuentran a duras penas los mariscadores del lugar los percebes más conocidos de A Costa da Morte. En toda esta ruta por la costa que iniciamos desde el interior de la provincia de A Coruña, una parada en Buño, tierra de ceramistas y cerámica.

También hubo días azules de invierno, con esa luz baja, en los que te abrigas y sales a pasear. Como cuando hicimos la Ruta por la Costa Doce, en Sada, descubriendo un pedazo de las Mariñas Coruñesas, Reserva de la Biosfera. Siempre al lado de la Ría de Betanzos, que nos regaló auténticas postales de las Rías Altas.

Se acerca la primavera…momentos de apertura muy bien disfrutados

O como cuando exploramos el interior de la provincia de A Coruña, llegando a la localidad de Arzúa, tierra del famoso queso, pero también de una cascada espectacular: la Fervenza das Hortas. Y desde allí, a Sobrado dos Monxes, con su magnífico monasterio y su laguna, que invita también al paseo. O el día que fuimos hacia el sur de Galicia, a Rianxo, en las Rías Baixas, a descubrir su patrimonio, el casco antiguo, el pescado y playas de arena fina a las que se llega tras atravesar pequeñas aldeas, y que nos ofrecen bonitas panorámicas de la Ría de Arousa.

Mar, campo, ciudad

Recién estrenada la primavera, cuando ya los grelos están en flor, las camelias, las magnolias y los frutales empiezan a florecer, los prados se llenan de florecillas silvestres lilas, blancas y amarillas, la mejora de las condiciones nos abre de nuevo las puertas a las grandes ciudades de Galicia. Todavía no recuperaron el ambiente anterior a la pandemia, pero así también son bellas, y siempre es un placer pasear por las calles empedradas de Santiago de Compostela, entrar en la catedral casi vacía. En Vigo pasear por la playa de Samil, llegar al barrio marinero de Bouzas o pasear por el casco antiguo. Y en Coruña, atravesar una Calle Real casi vacía, con sus bonitos edificios hasta llegar a la plaza de María Pita, comprar algo en el Mercado de San Agustín y pasear hasta la Marina, con sus bellas fachadas de galerías, tan bonitas  y luminosas como las de Betanzos de los Caballeros.

Esta es solo una muestra de las muchas posibilidades que ofrece Galicia aún con el Covid presente. Cada viajero podrá explorar el pedazo de mundo que se le abre al lado de casa, siempre adaptándose a las posibilidades de apertura.

Santiago de Compostela, a veces fue inalcanzable, vacía en tiempos de pandemia

Viajar por Francia en tiempos de pandemia. El sur menos transitado

Pueblitos y naturaleza en los Pirineos Orientales

Ya que Francia es otro de nuestros campamentos base, vivimos allí algunos momentos duros de la pandemia y otros más relajados. Menos mal que se trata de esos pueblitos de los Pirineos, cercano a los deliciosos baños termales de Saint-Thomas, las Gargantas del Carança y magníficas ciudades amuralladas como Villafranca de Conflent, las Fortificaciones de Vauban en Mont-Louis o abadías como la de Saint-Martin du Ganigou. También está cerca de curiosidades naturales como los badlands y chimeneas de hadas de los Orges d’Ile-sur-Têt. 

Imágenes de los Pirineos Orientales en tiempos de pandemia.

A los pies del monte nevado del Canigou, hay infinitas rutas de senderismo que suben a las cimas de los pre-Pirineos, que en seguida nos ofrecen panorámicas extrarodinarias de montañas de bosques frondosos y valles salpicados de pequeños pueblecitos, algunos encantadores como Eus, Finestret, Evol, Espira-de-Conflent,…e incluso de pueblos abandonados como Comes. Además de ríos en los que practicar barranquismo o canyoning, y de canales que irrigan los campos con agua procedente del deshielo del Canigou.

Tierras de viñedos que en otoño pintaron nuestros días de colores anaranjados, dorados y rojizos; en primavera de flores blancas de almendros, amarillas de mimosas; y en verano, nos invitaron a recoger los frutos de árboles frutales para hacer mermeladas que llenarían nuestra despensa invernal. Rutas de senderismo serpenteantes para disfrutar de una naturaleza de montañas imponentes, bosques espesos y valles ricos.

Verano de pandemia.  Haute-Vienne, Nueva Aquitania. Un road trip por el país de la Porcelana de Limoges.

Haute-Vienne, tierra de la porcelana. El verano nos permitió viajar por Francia

Hubo que esperar al verano para descubrir alguna provincia del sur de Francia, como la de Haute-Vienne, cuya capital es Limoges, tierra de la porcelana. Aunque podría haber sido un buen momento para viajar a otras provincias del suroeste, no tan conocidas como las de la Provenza y la Costa Azul. Pero llenas de atractivos a todos los niveles: naturaleza, patrimonio arquitectónico, gastronómico, vinivitícola,…Que proponen un turismo slow, tranquilo, lejos del turismo de masas, ideal en estos tiempos de pandemia que estamos viviendo. Provincias como la Dordoña Perigord, el “país de los 1001 castillos”; el Gers o la Gascuña, tierra de D’Artagnan; el Tarn-et-Garonne, con su Canal del Garona, prolongación del Canal del Midi; o el Tarn, donde nació Toulouse-Lautrec.

Un viaje en coche por la provincia de la porcelana fue posible en un verano con menos incidencia que nos dio un buen respiro, tras meses en casa. De esos viajes ideales en los que se conjugan patrimonio, naturaleza, historia, aventura, gastronomía y alojamientos con encanto. Turismo histórico y cultural que nos llevó a conocer sitios históricos como Oradour-sur-Glane; Limoges, centro manufacturero e industrial de la porcelana; el pueblo medieval de Saint-Léonard de Noblat y su sublime Colegiata; o el castillo de Châlus-Chabrol, donde murió Ricardo Corazón de León.

 También un turismo de naturaleza atravesando paisajes, vías verdes y senderos de bosques de castaños, hayas y robles en una de las provincias más boscosas de Francia. Una visita al Lago de Saint-Pardoux y al Espacio Hermeline abierto al turismo activo. 

Andalucía despierta 

Asistimos al despertar de Andalucía, pueblos y anaturaleza

El verano fue también el momento del despertar de muchas regiones de España, como Andalucía, que diseñó varias estrategias para desarrollar un turismo posible en tiempos de pandemia. El verano fue un momento de menos incidencia del virus y más apertura, siempre respetando las normas de higiene y distanciamiento. A partir de estas premisas y dentro del respecto necesario, nos embarcamos en viajes que nos llevaron a la Andalucía más insólita, la Andalucía de pueblos con un patrimonio espectacular, de rutas por una naturaleza llena de sorpresas. Un viaje también a una gastronomía que es todo un mundo que invita a degustar cientos de especialidades.

Aunque las ciudades de Sevilla, Cádiz y Sanlúcar de Barrameda nos dieron también la bienvenida, no parecían las mismas sin turistas, lo cual tenía parte de encanto, sin duda. Sin embargo, gran parte del viaje por Andalucía lo hicimos por zonas menos conocidas, localidades más pequeñas, sitios naturales, alojamientos rurales, lo más adecuado por la pandemia. 

Las ciudades vacías nos abrieron sus puertas en verano

Hicimos una bonita ruta por los Caminos de Pasión, pasando por pueblos del interior de las provincias de Córdoba, Sevilla y Jaen: Alcalá la Real, Priego de Córdoba, Baena, Cabra, Lucena, Puente Genil, Écija, Osuna, Carmona y Utrera. Una ruta para conocer singulares tradiciones de Semana Santa, pero también parajes naturales y la riqueza del patrimonio y la gastronomía. Descubrimos una Córdoba insólita, la Subbética Cordobesa, una zona para disfrutar de largas rutas de senderismo entre paisajes kársticos, disfrutar de vías verdes, descubrir un patrimonio arqueológico y monumental, además de buenos vinos y aceites de oliva. 

En el Cádiz insólito pasamos de la Costa de la Luz, con sus playas paradisíacas y su Parque Natural del Estrecho (paraíso ornitológico) a los Parques Naturales de Los Alcornocales y Grazalema. Bosques de niebla, bosques de pinos Pinsapos, vacas retintas, mariposas Monarca, la “Saca” del corcho de los alcornoques, pueblos blancos y quesos de cabra y oveja Payoya.

Las Salinas de Sanlúcar en bici

En Málaga también nos salimos de lo más típico: la Costa del Sol, viajando por una provincia más desconocida llena de sierras: Sierra Bermeja, donde vivimos emociones fuertes en la vía ferrata de Gaucín; Sierra Blanca (rutas entre tierra caliza y pueblos blancos), Sierra de las Nieves y su bosque de pinsapos. El gran descubrimiento de la comarca de la Axarquía, con sus pueblos colgantes (Comares, Almáchar, El Borge), la tirolina más larga de España, La Viñuela y su pantano, los sabores tropicales y la Ruta de la Pasa. Y en el mar, la última franja costera libre del turimo de masas: los acantilados de Maro-Cerro.

Almería también tiene infinidad de sitios que descubrir, sin pasar por la maravilla de Cabo de Gata y el litoral. La provincia es un mosaico de paisajes: la Sierra de los Filabres y el valle del Almanzora con sus huertos. Descubrimos una Almería de interesante historia minera e industrial: las Menas de Serón, Bédar, la Vía Verde del Hierro en Serón, el sendero de las encinas milenarias, el mármol y las canteras de Macael y la Ciudad de la Cultura de Olula del Río. Maravillas geológicas  en el Levante: la Geoda de Pulpí, el Paraje Natural de Karst y los Yesos de Sorbas. Y, por supuesto, el Desierto de tabernas en una Almería de cine. Por último, practicamos astroturismo en el Observatorio de Calar Alto.

En Granada descubrimos las casas cueva en Guadix, y el Desierto de Gorafe, viajando en bici por los badlands, “Los Coloraos” y el Mirador del Fin del Mundo. También subimos a la Sierra de Castril, la Cerrada de la Magdalena y la Cerrada del río Castril. Una provincia abierta al turismo activo y a lugares sorprendentes como las viviendas trogloditas, a un paso de Sierra Nevada y de Granada capital.

Rutas insólitas y paisajes extaordinarios en Andalucía

En Huelva hicimos una ruta por el Parque Natural de Sierra de Aracena y Picos de Aroche, paisajes de bosques y dehesas, bonitos pueblos de sierra, como Aracena y su Gruta de las Maravillas; Aroche, Cortagana, Alájar, Peña de Arias Montano, Almonaster la Real, Jabugo. Y algunas visitas que merecen mucho la pena: la cuenca minera de Riotinto, el Dolmen de Soto en Trigueros olas Salinas del Alemán en Isla Cristina. 

Para terminar, en Sevilla, una ruta por los pueblos de la Sierra Norte: Cazalla de la Sierra, Guadalcanal, Constantina y sus pozos de la nieve, Villanueva de Río y Minas, San Nicolás del Puerto, Alanís. Y su naturaleza. El Monumento Natural de Cerro de Hierro, las Cascadas del nacimiento del río Huéznar,…

También recorrimos Cantabria y Cataluña, como pueden ver en los artículos que hemos hecho sobre dichas regiones, que les pueden dar ideas para hacer rutas y visitas en estos momentos de pandemia.

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Descubrimiento de zonas menos conocidas cerca de casa, en la provincia o dentro del país; ritmo tranquilo, naturaleza, espacios amplios, rutas de senderismo, en bici, paseos por aldeas, pueblos y zonas poco transitadas de las ciudades. Esta es quizás la mejor manera de viajar en esta pandemia mundial. La cara amable que ilumina nuestro camino y nos hacer soñar, a pesar de todo.

Una luz en medio de la oscuridad
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2 comentarios de “Viajar en tiempos de pandemia. Paraísos cercanos

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