Viaje al Tarn, una ruta por el corazón del sur de Francia

El Tarn. Vista del casco histórico de Albí, desde el Museo de Lapérouse. ©María Calvo.

Francia cuenta con 101 departamentos (el equivalente de las provincias en España) y, dado que nuestro vecino y socio europeo, es el principal país turístico del mundo, muchos de ellos no son demasiado conocidos. Francia posee tantas bellas ciudades, tantos paisajes increíbles, tantos monumentos y tantos platos y delicias gastronómicas que, muchas veces, los medios de comunicación terminan hablando de los mismos. Precisamente, de esos que no necesitan publicidad. Gracias a las oficinas de turismo locales estamos descubriendo, muchos de esos departamentos menos famosos pero igual, o a veces, más interesantes.

En el sur de Francia, los paisajes recuerdan muchas veces a España, tanto en la costa Mediterránea como en las tierras del interior.  Similitud en sus paisajes, en la viñas y los campos de cultivo que los decoran, en el acento y el origen de muchos de sus habitantes que fueron acogidos cuando huían del hambre y la guerra en España.

Pero estamos en Francia, se nota en la arquitectura, en los horarios. Toulouse, Perpignan, Biarritz y las cumbres del Pirineo con sus estaciones de esquí y sus paisajes nevados son de sobra conocidos. Por eso, hoy les invitamos a descubrir, o a terminar de descubrir, un departamento magnífico, el Tarn. El Tarn mira a los Pirineos y sus montañas, pero también hacia el Mediterráneo y sus playas, todo desde el interior que lo protege y lo aísla del turismo de masa al tiempo que protege sus maravillas naturales, sus delicias gastronómicas y sus preciosos monumentos.

El Tarn, un cruce de caminos, de climas y de sabores. 

La importancia del Megalitismo en el Tarn. Se encontraron más de 150 estatuas menhires, de los cuales unos 50 se encuentran en los Montes de Lacaune. Allí estuvimos, en la ruta Peyrac

Del Tarn se conoce su capital, Albí, preciosa ciudad con un casco medieval y un tamaño humano. Una ciudad muy importante durante la Edad Media gracias a su situación de encrucijada entre el Meditarraneo, el centro de Galia y las rutas hacia Burdeos y el norte. Su importancia geopolítica en el periodo de formación del Reino de Francia fue muy importante. Fue uno de los teatros más importantes de las numerosas guerras de religión que asolaron Europa tras el año 1000. Todo el mundo ha escuchado hablar de la herejía cátara, ese conflicto religioso entre rigoristas ortodoxos que proponían una vuelta a las raíces de la religión cristiana, enfrentados al Papado y al Rey de Francia que ya la utilizaban de forma mucho más pragmática, como elemento de control social. Para los turistas poco importa que en realidad esa guerra religiosa fuera un conflicto de político entre los grandes señores feudales de la época. Y menos les importa, también desgraciadamente, que los llamados “castillos cataros” del vecino departamento del Aude, en realidad, sean fortalezas de la frontera entre el Reino de Francia victorioso de la Cruzada albigense y la Corona de Aragón que había dejado de ser influyente al norte de los Pirineos. Nosotros, queriendo ser un poco más precisos los recordamos, para que los visiten todos, los castillos del Aude y la Catedral de Albí, sabiendo un poco más y apreciando mejor cada piedra y cada monumento. Y si quieren visitar un castillo cántaro vayan ala fortaleza de Mont-Segur en otro departamento vecino y muy bonito, el Ariège.

El Tarn, situado en mitad de los territorios del Condado de Toulouse será muy importante antes y después de ese conflicto en el siglo XII. Su inmensa y particular catedral será un ejemplo del poder de la Iglesia tras la Cruzada, la Iglesia y el nuevo señor que se dibuja como principal poder de las Galias, el Rey de Francia. Albi junto al río Tarn, es una orgullosa ciudad medieval cuyo centro ha sido restaurado y pertenece al Patrimonio de la Humanidad de la UNESCO. Muchos turistas la recorren y no es extraño escuchar a gente hablando en español. Mucha gente llega desde Cataluña, por ejemplo. Barcelona finalmente sólo está a cuatro horas y media de Albi (468km); desde Zaragoza (5h 30 y 480km) y Bilbao 5h (525km). El hecho de que se pueda llegar en pocas horas es una excelente excusa para quedarnos unos días en el Tarn y descubrir otras zonas del departamento, menos conocidas e igualmente espectaculares.

Albi, patrimonio y sorpresas.

Jardins de la Berbie, en el Palacio Arzobispal de Albí. ©María Calvo.

De su catedral ya se ha hablado mucho por ser el monumento más conocido del departamento. La ciudad destaca por su conjunto de edificios construidos para resaltar el poder arzobispal, nuevo señor de la ciudad tras el fin de la Cruzada Albigense y súbdito del Rey del Francia. Hoy el antiguo palacio del arzobispo es ocupado por el Museo Toulouse Lautrec, originario de Albí, y que nunca olvidó su ciudad natal. El museo, de uno de los artistas franceses que todo el mundo relaciona con París, cuenta con una colección que rivaliza con el Museo de Orsay. Junto al Museo se encuentra la Catedral por supuesto, con algunos vestigios de la época romana. Abrazado por al río Tarn, el Palacio de la Berbie y sus bonitos jardines ofrecen un panorama muy especial. Todo el centro histórico de Albí refulge cuando el sol del midi bate contra el ladrillo rojo con el que fue construido.

Otro museo, éste más pequeño y modesto, pero igual de interesante se encuentra frente al conjunto histórico de la Catedral, el Museo de Toulouse Lautrec y los jardines de la Berbie, pero del otro lado del río. Se trata del Museo Lapérouse, que honra al insigne navegante francés. Menos conocido que James Cook, la vuelta al mundo de Jean-François de la Lapérouse fue un viaje lleno de descubrimientos. Por su final trágico, en la isla de Vanikoro en 1788, en Salomón, el viaje se convirtió en una singladura mítica de la navegación francesa del siglo XVIII. Un viaje que ejemplifica las contradicciones y los deseos de una época crepuscular entre Luces y absolutismo ilustrado que se estrellarían contra la Revolución Francesa y la entrada de la Era Industrial en Europa. Algunos de los vestigios de la expedición perdida y reencontrada tras dos siglos de búsqueda, como cañones o anclas se pueden ver en el museo.

Albi, ciudad episcopal

Otro pequeño museo muy interesante es la Maison du Vieil Albi donde se expone un facsímil del Mapa Mundi de Albí, la representación no abstracta más antigua del mundo que se conoce. Datado en el siglo VIII, comparte ese honor con otro mapa que se halla en el Vaticano. El mapa muestra el mundo conocido por los poderos mediterráneos, donde ese mar seguía siendo el centro del mundo. Europa, Oriente Medio y Asia Menor, el Magreb, Libia y Egipto forman parte del mundo rodeado por un mar de desconocimiento. A pesar de la simplicidad del mapa, la representación es fehaciente y se basa en un conocimiento real de la geografía. Dado su valor y su delicada conservación no se puede exponer, pero se puede ver otro facsímil en la Biblioteca Pierre Amalric del barrio des Cordelièrs de Albí, donde está el original. El Mapamundi representa varias ciudades y regiones del mundo mediterráneo del siglo VIII, cuando el Imperio Bizantino era el poder principal y se conocía bastante mal el norte de Europa, Africa y Asia. Por su valor histórico el mapamundi fue incluido en la lista del Programa de Memoria de la UNESCO.

Tocando el cielo en Cordes-sur-Ciel – Ciudad medieval

Mar de nubes en Cordes-sur-Ciel desde Sarmazes. ©Benoît Piquart

Al norte del departamento, muy cerca de las Gargantas de Tarn y la vecina provincia del Tarn-et-Garonne, se encuentra Cordes-sur-Ciel, uno de los pueblos más bonitos de Francia, etiqueta que confirmamos en seguida, cuando lo vemos magnífico en lo alto de un promontorio. A veces la niebla cubre los campos que la rodean, entonces parece que Cordes-sur-Ciel está tocando el cielo. Aconsejamos a los viajeros buscar buenos puntos de vista como Pied Haut, cercano al pueblo, para admirar esta bastida desde la lejanía, pues las mejores fotografías están ahí.

Nos adentramos en sus callejuelas medievales que suben hacia la parte alta, admirando los espléndidos palacetes de fachadas góticas, un auténtico viaje a través de los siglos: merece una parada la bellísima Maison du Gran Veneur, del siglo XIV, un palacete gótico cuya fachada está cubierta de curiosas esculturas. Al lado se alza la magnífica plaza pública con columnas donde se celebra el mercado ocupa el centro de Cordes-sur-Ciel. Y al lado uno de los miradores de la bastida que abarca los campos de cultivo circundantes, un bonito paisaje que nos recuerda a otras provincias próximas al Tarn: el Gers o el Tarn-et-Garonne.

Admiramos un buen rato las panorámicas antes de continuar callejeando, pasar por la bonita iglesia de Saint-Michel, de estilo Gótico, en cuyo interior se conservan frescos del Renacimiento, y desembocar en otro mirador con vistas magníficas del pueblo bajo de Cordes-sur-Ciel. Atravesamos la Puerta de Rous situada sobre la primera muralla del siglo XIII para adentrarnos de nuevo en las callejuelas de Cordes.

Tesoros de la arquitectura gótica en Cordes-sur-ciel: El Palacio de la Berbie

Apenas tenemos tiempo de entrar al Museo del azúcar y el chocolate o al Museo de Arte Contemporáneo, pero paramos en una tienda de Pastel, esa planta de flores amarillas de la que se extrae un pigmento azul intenso que forma parte del patrimonio del Tarn. Todavía se produce en la actualidad para teñir textiles y para pintar. Nos cuenta su historia un artista en un bonito taller de Pastel que hay en Cordes-sur-Ciel.

Nos despedimos de esta ciudad medieval, no sin antes mirar atrás viendo como se alza sublime a lo lejos, como si quisiera tocar el cielo.

Naturaleza atlántica junto a los Pirineos.

Una de las zonas que más nos sorprendió durante este viaje fue la comarca oriental del Tarn, una meseta elevada con colinas, valles llenos de bosques. La zona se encuentra a más de 700/800 metros de altura, y tiene un clima mucho más fresco del que se espera tan cerca del Mediterráneo. Esta parte del Tarn forma al Parque Natural regional del Alto Languedoc (Haut-Languedoc) junto con una zona del departamento vecino del Herault. Se trata de una región granítica con formaciones naturales muy particulares como el Roquedo de Sidobre; bosques de castaños; restos arqueológicos e históricos, y una gastronomía increíble. Hay también lagos artificiales creados para producir energía hidroeléctrica que se convierten en playas y embalses para el turismo en el verano.

Charcutería de Chez Millas, producción respetuosa y deliciosa. ©Iñigo Pedrueza.

Los pueblecitos de la zona esconden delicias y secretos, por ejemplo en los montes alrededor de Lacaume-les-bains se producen magnificos chorizos, jamones y salchichones con cerdos criados de manera razonable. La charcutería familiar Millas es un buen ejemplo de trabajo, de buena planificación y de resultados excelentes. Mucho esfuerzo y cuidado para buscar y proteger un tipo de producción de calidad, basada en el cuidado de los animales y del producto final. El jamón, el salchichón, el lomo nos encantó y está, sin duda, al nivel de los mejores que se producen en España. A destacar dos tipos de charcutería desconocida para nosotros el melsat y bouguette hechas con carne, huevo, especias y pan. Con los quesos no hay problema ya que Francia siempre da la talla, y los deseos del Tarn, por supuesto lo hacen. ¡A probar sin moderación! El embalse de Lauzas cuenta con muchos atractivos, menhires y otros vestigios prehistóricos, además de instalaciones adaptadas para los deportes náuticos, el baño, el senderismo, paseos en bici ¡hasta sauna!

El Sidobre o el fascinante país de granito

Roca del Elefante.
©María Calvo.

Antes de viajar al Tarn habíamos visto imágenes del Sidobre que nos habían fascinado por su paisaje original, como fuera de este mundo, como si un gigante hubiera colocado esas enormes rocas de granito en medio de los bosques densos del norte de la provincia del Tarn. Desde luego, la emoción fue inmensa al saber que nos adentraríamos en este mundo de granito de formas extraordinarias. Leyendo la historia del Sidobre, somos conscientes de la antigüedad de las formaciones rocosas características que atravesaremos. Se trata de la llanura granítica más grande de Europa, que se extiende a lo largo de 12 kilómetros de largo y 10 de ancho en pleno Parque Natural Regional del Haut-Languedoc.

El paisaje granito nos es familiar pues abunda en Galicia, por lo que estas extraordinarias curiosidades de granito del Sidobre no nos son del todo ajenas, aunque hay que reconocer que nos sorprendieron por su espectacularidad y por su originalidad. El granito de esta zona se formó hace 300 millones de años, resultado del enfriamiento lento del magma que tras más millones de años de erosion terminó aflorando a la superficie. La lluvia y el hielo erosionan de forma particular el granito, creando estas grandes bolas de roca que a veces se sostienen increíblemente. Ya desde la prehistoria los hombres han asociado leyendas, deseos y espíritus a estas formaciones humanizándolas o llenándolas de significación.

Comenzamos la visita en la Maison du Sidobre, centro de información turística y espacio destinado a un Museo del Granito y de su trabajo por el hombre. Tenemos un enorme mapa con rutas de senderismo por el Sidobre y poco tiempo para hacerlas todas. En realidad, el Sidobre es un destino en el que se puede pasar tranquilamente una semana en vacaciones, ya que es un paraíso para amantes del senderismo y de la geología. Optamos por hacer un par de rutas, una más corta que parte de la Maison du Sidobre, un sendero de interpretación por el bosque donde encontramos fantásticas estatuas-menhires. Y otra más larga para descubrir algunas de las rocas gigantescas que desafían las leyes de la gravedad en medio de la poesía de los bosques húmedos del parque natural del Haut-Languedoc.

Roche des trois fromages. ©Iñigo Pedrueza.

La primera roca del Sidobre es una de las más célebres: “Peyro Clabado”, una enorme roca de 800 toneladas que hace equilibrios imposibles sobre un zócalo de solo un metro cuadrado, ¡¿cómo es posible que se sostenga?!. Nos acercamos para comprobar cómo es posible y nos vemos pequeños bajo esa grandiosa seta. Un buen comienzo para disfrutar como niños de los senderos de granito del Sidobre. Precisamente dado que estos senderos son muy cortos y sin casi desnivel, son perfectos para ir con niños.

Continuamos entusiasmados por el “Sendero de las Maravillas” (Sentier des Merveilles), nerviosos porque no tenemos demasiado tiempo para ver todo lo que querríamos. Se encuentra en la localidad de Crémaussel, y en su recorrido de 1h30, 40 o 30 minutos, descubrimos algunas de las rocas más espectaculares, con formas originales y nombres graciosos y comprendemos porqué se llama Sendero de las Maravillas. Además, atravesamos magníficos bosques de hayas que ya iluminan de verde brillante el misterio del sendero. Sentimos ese frescor agradable en esta temprana primavera. Y de pronto la Roca “Tres quesos” (“Trois fromages”), tres enormes piedras apiladas como si fueran tres quesos camembert, o eso fue lo que imaginó el primero que las vio estas rocas desafiando la ley de la gravedad. 

Seguimos el sendero hasta otras de las célebres rocas del Sidobre: la Roca de la Oca, que ciertamente tiene forma de oca o de ave; después la Roca de Billar, que parece una bola de billar, y la Roca del Elefante, donde nos fotografiamos contentos. Aunque el tiempo apremia, ya que todavía nos espera el “Sendero del niño salvaje”, donde todavía jugaremos un poco a ser niños.

Tras los pasos del Niño Salvaje

Aprendiendo en el sendero del Niño Salvaje. ©Iñigo Pedrueza.

Cuenta la historia que a finales del siglo XVIII, en un sendero que se encuentra en la localidad de Lacaune-les-Bains, a un paso del Sidobre, unos cazadores encontraron a un niño perdido que parecía haber vivido en estado salvaje los 11-12 años de su vida. Capturado, termina huyendo y errando por la frontera del Aveyron, donde se refugia en una casa, y empieza para él una nueva vida. Termina en París donde atrae las miradas curiosas de los parisinos ávidos de sensacionalismo, hasta que lo acoge un doctor asistente en el Instituto Nacional de Sordomudos, que lo educará, aunque no conseguirá que hable. En París terminará muriendo a los 40 años, lejos de la naturaleza donde vivió sus primeros años de vida. Su historia es famosa gracias a la película de François Truffaut, “L’enfant sauvage”, El pequeño salvaje en español.

La historia del Niño Salvaje late en nuestro pensamiento cuando recorremos el sendero por los bosques de Lacaune en busca de sus huellas, una proposición de aventura por parte de la oficina de turismo para explorar el mundo en el que se movió el Niño Salvaje. En el camino encontramos a algunos niños con sus padres, que recorren emocionados este sendero de 2 kilómetros en el que se adentran para jugar, imaginar, observar, aprender y crear con la naturaleza.

Aunque es una actividad dirigida a los niños y familias, nos hacemos con bonito libro de visita del Niño Salvaje y el cuaderno de aventuras en la naturaleza que venden en la oficina de turismo. Y nos partimos también a la aventura para observarla, reconocer huellas, plantas, sentir la presencia de animales, escuchar los sonidos del bosque y jugar a los diferentes juegos que se proponen en diferentes puntos del recorrido. Una forma de asomarnos al mundo en el que vivió el Niño Salvaje, aunque nos encontremos muy lejos de lo que él vivió.

La sorpresa de la Abadía-Escuela de Sorèze y el Museo Dom Robert y de la Tapicería del siglo XX

Abadía de Sorèze. ©María Calvo.

Una de las sorpresas de este viaje por el Tarn fue la visita a la Abadía-Escuela de Sorèze, situada a los pies de la Montagne Noire. En esta zona del sur este del Tarn que ya mira casi hacia el Mediterráneo, se encuentra una abadía benedictina fundada en el año 745. Más tarde hasta la Revolución el recinto fue sede de una de las Escuelas Militares Reales (la de Saint-Cyr es la más famosa). En el siglo XIX y XX fue escuela y liceo donde se practicaba una enseñanza muy innovadora para la época y que acogió a alumnos de todo el mundo desde el siglo XVII hasta 1991. Nos acercamos a la vida de estos jóvenes que vivían internos con la visita a las diferentes salas y patios de una escuela en la que tenía tanta importancia el saber como el arte y la naturaleza.

En la actualidad, la Abadía-Escuela de Sorèze se ha convertido en museo y en espacio de una rica actividad cultural. Como el edificio es tan grande, en una parte del mismo, se ha instalado un fantástico museo: El Museo Dom Robert y de la tapicería del siglo XX. La sorpresa continúa con la visita de un espacio magnífico que la arquitecta y escenógrafa Susanna Ferrini ha sabido aprovechar a las mil maravillas. Es uno de los museos mejor concebidos que conocemos, pensado de una forma muy inteligente para destacar el trabajo de tapicería del siglo XX que se ha inscrito en el Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad por la UNESCO. 

Tapices de Dom Robert, obras de arte desconocidas. ©María Calvo.

Pero también es un museo dedicado al interesante artista Dom Robert, un monje benedictino maestro de la tapicería del siglo XX y cuya vida fue muy rica y curiosa. Recorremos su fascinante obra, ejemplo de esa pintura naïf que ahora tan reconocida es por la galerías y museos del mundo entero. Con un diseño naïf, alegre y colorida, inspirada en la naturaleza, la fauna y la flora de la Montagne Noire. Es un placer hacer un recorrido por sus enormes tapices, sus bocetos y al laborioso trabajo de la tapicería. Desde luego, fue un placer acercarnos a la personalidad brillante y profunda de Dom Robert que muy pronto estudiaremos en un artículo dedicado a su trabajo.

Los Jardines de Martels.

Fantásticos jardines de inspiración inglesa con más de 2500 variedades de plantas de diferentes orígenes: los Les Jardins des Martels. Un mundo de luminosidad y color donde perderse con placer durante horas

Otra de las agradables sorpresas del Tarn es una pequeña joya natural creada por unos jóvenes emprendedores: Los Jardines de Martels. Situado en el pueblo de Girossens a medio camino entre Toulouse y Albí (a 45km de cada una de ellas) el Jardín botánico de Martels tiene treinta y cinco mil metros cuadrados. Jardines ingleses y mediterráneos, más de dos mil quinientas variedades de plantas, multiples variedades de bambúes, lotos y ninfas. Estanques orientales, y varios lagos con peces y tortugas, una increíble colección de rosas y una mini granja que hará las delicias de los niños.

Cualquier estación del año ofrece sus color y sus flores, quizá un poco menos en invierno, pero esa evolución de colores, aromas y vegetación es algo que nos hace desear repetir la visita. La acogida con una moderna cafetería y tienda de productos de jardín así como un vivero hacen que visitar el Jardín de Martels sea algo que cree una rutina.

Conclusión.

La rutina, la rutina de volver al Tarn otra vez para descubrir los bosques dorados por el otoño en Lacaume y el Parque Natural du Haut-Languedoc; para probar los productos de la familia Millas; ver nacer en primavera las rosas en el Jardin de Martels; visitar la última exposición en el Museo de Toulouse Lautrec; tomar un café en Cordes-du-ciel cuando las nubes crean un mar esponjoso a los pies de su colina; o cenar como un rey en el restaurante del Château de Salettes… tanto por ver, tanto por hacer, en verano, otoño, invierno o verano. Porque el Tarn se ofrece como destino precioso para todos los turistas y para todos los momentos.

Delicias del Tarn. ©Iñigo Pedrueza.

Agradecimientos

En primer lugar queremos agradecer sinceramente a Christian Rivière y a Vos vacances dans le Tarn la oportunidad que nos ha dado de conocer este departamento del sur de Francia en el que hemos hecho el turismo que más nos gusta: turismo slow, para conocer despacio el espléndido patrimonio monumental, cultural, paisajístico y gastronómico del Tarn.

Nuestro viaje de prensa comienza en su magnífica capital: Albi, con una espléndida panorámica desde el hotel Mercure Albi del casco antiguo y del río que le ha puesto nombre a esta bella provincia del suroeste de Francia. Gracias a Destination Albi, a Julien Estrada y a Fabienne Lazo por abrirnos la puerta a una de las ciudades más bellas de la región de Occitania. Y a Magali Delmas de AGIT – Association des Guides Interprètes & Conférenciers du Tarn por guiarnos en esta luminosa ciudad!

Gracias a Cordes sur Ciel – Tourisme descubrimos una de las bastidas más antiguas del sur de Francia, nos mostró increíbles tesoros de la arquitectura gótica y unas panorámicas magníficas del paisaje espléndido del Tarn.

En el interior del Tarn nos adentramos en unos fantásticos jardines de inspiración inglesa con más de 2500 variedades de plantas de diferentes orígenes: los Les Jardins des Martels. Un mundo de luminosidad y color donde perderse con placer durante horas.

Colores explosivos en el Jardín de Martels.
©Iñigo Pedrueza.

Gracias a Sidobre & vallées Sidobre por abrirnos camino a este lugar desconcertante y a la vez mágico donde descubrimos estas gigantescas rocas de granito, desafiando las leyes de la gravedad, en medio de la poesía de estos bosques húmedos!

En Lacaune-les-Bains seguimos los pasos del “Niño Salvaje” en un niño encontrado en 1798 por un grupo de campesinos en los bosques del Tarn. Gracias a Monts & Lacs en Haut-Languedoc.

Gracias a Marie-Christine Granier de la Oficina de Turismo del Lago de Laouzas por conducirnos por la ruta del Megalitismo por los Montes de Lacaune, donde hay unas 50 estatuas menhires. 

Gracias a la guía Ludivine Augé por hacernos descubrir la magnífica historia de la Abadía benedictina de Sorèze, Escuela Militar real en tiempos de Luis XVI, sede de una enseñanza innovadora desde el siglo XVII al XX, y acogía a alumnos de todo el mundo. Recorrimos con las aulas, los dormitorios,…la vida disciplinada de los escolares internos, y los métodos de aprendizaje originales para la época. Y también el asombroso trabajo del artista Dom Robert! -interesante personalidad -: una tapicería que se ha inscrito en el Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad por la UNESCO. Se encuentra en la Abadia-Escuela de Sorèze, un magnífico espacio que la arquitecta y escenógrafa Susanna Ferrini ha sabido aprovechar a las mil maravillas. ¡De los museos mejor pensados que conocemos!

Y la gastronomía del Tarn…a la que dedicaremos un artículo especial

En el Château de Salettes, disfrutamos con un delicioso menú de Pascua, productos de calidad en platos delicados

Fue un placer descubrir la calidad de los productos y el buen hacer de la Charcuterie Millas en el Tarn. La familia Millas privilegia las razas locales, la economía de proximidad, el menor sufrimiento del animal y las recetas tradicionales sin aditivos. La salazón y la charcutería de monts de Lacaune existe desde 1321. ¡Gracias a David por su amabilidad y a sus padres por mostrarnos cómo funciona el trabajo de la charcutería!

La gastronomía del Tarn bien merece una ruta por los diferentes pueblos y ciudades de esta provincia que tan solo está a 4 horas de España. Descubrimos el fantástico Château de Salettes con sus viñedos y su gastronomía exquisita en Cahuzac-sur-Vère. En Restaurant Le Café de Paris en Brassac las delicias se reflejan en nuestras fotos, pero lo mejor es que vengan a degustarlas in situ. Y en el Restaurant-galerie d’Art Le Tournesol, de Sorèze descubrimos un lugar cargado de historia que abre las puertas a exposiciones de arte. 

Por otro lado, también degustamos la gastronomía del Tarn en el hotel Le Relais de Fusiès, un antiguo palacete de 1690, donde tuvimos una estupenda estancia.

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