Siguiendo los pasos de Toulouse Lautrec en Albi, Francia

Con Toulouse-Lautrec delante del Palacio de la Berbie

Recuerdo aquellas largas tardes de cine de mi infancia, cuando a través de la pequeña pantalla podíamos viajar todas las semanas a algún lugar sin movernos del sofá, o conocer a personajes que después admirábamos durante mucho tiempo. Era una forma de soñar a la que nos acostumbramos y que ya nunca más nos abandonó. Muchas de aquellas películas todavía siguen vivas en mi memoria, como aquella en la que descubrí al pintor Toulouse Lautrec. En aquella época, sentía debilidad por aquellos personajes que sufrían desprecio, descalificaciones o algún tipo de violencia. Y por Henri Toulouse Lautrec también sentí debilidad y una gran admiración.

Me impresionó su personalidad, un luchador nato que tuvo que enfrentarse a su condición, y que lo hizo con la pintura, con el arte. Me encantaba verlo pintando en los cabarets a todas aquellas mujeres fascinantes, a aquellos personajes que parecía que se pasaban allí la vida. También él, por eso conseguía retratar aquel mundo con esa facilidad. Era un filme de color, por lo que pude apreciar su pintura llena de colorido, y a la vez tan extraña, diferente a la pintura que yo había conocido hasta entonces. Las perspectivas eran diferentes, las imágenes aparecían cortadas en sus cuadros en muchas ocasiones, eran encuadres poco usuales, parecidos a los de la fotografía. Y las escenas estaban llenas de dinamismo y naturalidad, como si estuvieran ocurriendo en ese momento. Y también estaban sus carteles, esos magníficos carteles publicitarios que también me entusiasmaron en aquel momento.

Bocetos del maestro

No sabía que muchos años después vería parte de su obra en los museos de París y, menos aún, que conocería la ciudad que lo vio nacer en el sur de Francia: Albi, capital de la provincia del Tarn, hoy Patrimonio Mundial de la UNESCO. Llegamos a esta magnífica villa de espectaculares puentes una primavera, y justo detrás de la esplendorosa catedral de Albi, en el Palacio de la Berbie, me encuentro con sorpresa una fotografía gigante de Toulouse Lautrec. Me gustó verlo allí, tan grande y yo allí tan pequeña a su lado. Aquel era su museo y, como no pude entrar en aquella ocasión, me prometí visitarlo algún día. Solo un año después regresamos a Albi, y en el extraordinario Museo Toulouse Lautrec, viajamos por la vida, la obra y la personalidad de un artista complejo, fascinante. Entre visita y visita de las maravillas monumentales de Albi, nos cautivó un Toulouse Lautrec con un gran talento siendo aún muy niño, un Toulouse Lautrec cronista social de su época, ¡hasta un Toulouse Lautrec cocinero!.

¡Les invitamos a acompañarnos en esta ruta por Albi, siguiendo los pasos del gran artista Henri Toulouse-Lautrec!.

¿Quién era Toulouse-Lautrec? Cronista social, retratista genial, maestro del cartel

Fascinante artista

Henri Marie Raymond de Toulouse-Lautrec-Monfa nació en 1864 en Albi, en el seno de una de las familias más antiguas de la nobleza provenzal. Una enfermedad genética – debida probablemente a la consanguinidad de sus padres -, le obligó a permanecer inmovilizado durante largos meses durante su infancia, lo que desarrollará su gusto por pintar. Por si eso fuera poco, un accidente le destrozó sus fémures lo que retrasó su crecimiento – medía 1,52 metros-. Estos hechos marcarán su vida y su obra, modelarán una personalidad un tanto depresiva, pero también provocadora. 

Buscó en París su lugar, en la vida bohemia de Montmartre, que lo inspira enormemente. Frecuenta los prostíbulos ligándose a la realidad cotidiana de las prostitutas, que retrata y ama. Pasa sus días en cabarets teatros, circos, cafés-concierto, vaudevilles para los que diseña decorados y programas. En esos lugares llenos de tipos y personalidades interesantes, se convertirá en un “cronista social”, como a él le gustaba definirse. Y también en un retratista genial, inmortalizando a estrellas como Jane Avril, Louise Wever (“La Goulue”), Aristide Bruant o Yvette Guilbert, y a personajes anónimos de este mundo de la noche y la diversión que Lautrec conoce como nadie. 

Toulouse-Lautrec se adhiere así al movimiento de la Modernidad, convirtiéndose en actor y testigo, y se confronta a todos los movimientos artísticos, incluidos los Impresionistas y pintores de paisajes. Solamente se sentía identificado con Degas, que también pintaba personajes del mundo del circo y del ballet. Para él era importante retratar estos ambientes bohemios llegando al alma de los personajes que los habitan.

Toulouse-Lautrec, retratista social. Los tiempos de Montmatre

Su punto de vista es tremendamente moderno, un poco fotográfico, con encuadres muy innovadores tomados de la Fotografía y de la Estampa Japonesa. Es capaz de captar el movimiento de las escena que retrata, la espontaneidad. Con tan solo unos trazos rápidos y expresivos consigue plasmar con naturalidad la realidad de ese mundo que lo rodea y en el que participa. Retrata a prostitutas, bailarinas, personajes circenses, espectadores,…

También fue un virtuoso de los carteles: lograba simplificar las imágenes de forma magistral, con trazos elegantes y llenos de expresividad. Así realizó 31 carteles entre 1891 y 1900, así como una gran producción litográfica, en total 370 estampas. Se convirtió de este modo en el gran precursor de los carteles del siglo XX, y en promotor de cabarets como el Moulin Rouge, Le Chat Noir, Le Mirliton y Le Moulin de la Galette.

Su salud se deteriora por el abuso del alcohol y los placeres de la vida, la cual se termina en 1901 cuando tenía tan solo 37 años. Pero lo que sí es cierto es que la vivió intensamente, con pasión, al ritmo de su fértil creación que nos dejó un legado impresionante compuesto por 737 pinturas, 275 acuarelas, 369 litografías y más de 5000 dibujos. 

Cuadernos de infancia y juventud de Henri Toulouse-Lautrec. Maison du Vieil Alby

Dibujos de juventud de Toulouse-Lautrec

A través de los cuadernos de infancia y juventud de Henri Toulouse-Lautrec, podemos imaginar las largas temporadas que se pasaba inmovilizado dibujando y pintando debido a su enfermedad. Contemplando esos dibujos realizados desde una edad temprana vislumbramos el talento que tenía para la pintura, así como su interesante personalidad.

En la Maison du Vieil Alby visitamos la exposición permanente sobre la juventud de Toulouse-Lautrec. Una bonita casa medieval de ladrillo y entramados o colombages, situada en un barrio del siglo XII en pleno casco antiguo de la ciudad de Albi, con la torre de la Catedral de Santa Cecilia como plano de fondo. En realidad, el objetivo de nuestra visita es conocer el Mappa Mundi de Albi, uno de los mapas del mundo más antiguos conocido que se conserva actualmente. Un documento de una excepcional importancia para la historia de la cartografía mundial, pero también para la historia de la representación del espacio. Se trata de un mapa del mundo del siglo VIII, ni simbólico ni abstracto, que representa 23 países y tres continentes. Fue inscrito en la Memoria del Mundo de la UNESCO. 

Pero nos encontramos con una sorpresa inesperada: la pequeña exposición de la obra temprana de Toulouse-Lautrec, primera de la parada en nuestra ruta tras los pasos del artista en Albi, donde constatamos la pasión del artista por las Bellas Artes desde su temprana juventud.

Toulouse-Lautrec, gastrónomo ilustrado

¡A la mesa!

Seguimos los pasos de Toulouse-Lautrec por Albi y nos topamos con un restaurante en el que sirven algunas recetas inventadas por Toulouse-Lautrec. Y he aquí otra sorpresa: el artista era un gastrónomo ilustrado, un gran gourmand y un gran conocedor de la cocina francesa, que amaba cocinar y comer. Recordemos que nació en el suroeste de Francia, una región en la que hay una gran tradición gastronómica que el artista adoraba. Y como se crió en una familia de nobles, en la mesa siempre había platos de calidad realizados con buenos productos. De niño miraba a los cocineros hacer y le encantaba ayudarles. Su padre Alphonse era también un gran gourmand, cazador y pescador, y coleccionaba libros de cocina de todo el mundo. Transmite a su hijo su pasión por la cocina. En este contexto, no podía salir más que un apasionado de la gastronomía.

En París cocinaba en su casa y en los prostíbulos que frecuentaba e inventaba muchas de sus recetas, como gran creador que era. Son recetas más o menos fáciles de realizar y, sobre todo, muy creativas: cocina platos con una técnica como si estuviera pintando un cuadro. Entre las recetas inventadas por Toulouse-Lautrec se encuentran las siguientes: sopa de albaricoque con almendras frescas, paté de conejo artificial (“sin conejo, pero con ternera marinada con especias“), el “Santo al grill” para lo cual hay que procurarse un auténtico santo a través del Vaticano, un bacalao cocinado bajo las cenizas (una receta que el autor afirma haber recogido de un cazador de focas de Spitsbergen!), un filete de delfín, ensalada de diente de león, palomas estofadas rellenas de aceitunas, ternera Marengo, potaje de garbanzos con espinacas, ciruelas al ron, brocheta de mejillones,…

Además, le gustaba preparar recetas de la cocina tradicional francesa, como la sopa bullabesa, el bogavante a la americana o el babá al ron (un dulce esponjoso elaborado al horno, típico de Francia). Toulouse-Lautrec también era un gran conocedor de vinos y licores, y al parecer improvisaba muy bien a la hora de mezclar bebidas espirituosas y preparar raros mejunjes. Fue él el que inventó el “coctel terremoto”, el célebre: Tremblement de Terre (mezcla a partes iguales de absenta y coñac, servida con hielo).

Recetas de Toulouse-Lauterc en el libro “El Arte de la Mesa

Bien se ve que Toulouse-Lautrec cocina por placer y por el ansia de ser creativo. Invitaba a amigos a su casa y les preparaba platos, además de realizar ilustraciones para los menús que plasmaba en invitaciones. Tras la entrada y el plato, tenía la costumbre de llevar a sus invitados a su taller y decirles ante uno de sus cuadros ¡y aquí está el postre!

Maurice Joyant, amigo de infancia de Toulouse-Lautrec, mecenas, primer coleccionista, crítico y marchante del pintor, y también amante de la cocina, reúne las recetas predilectas de Toulouse-Lautrec y algunas de sus predilectas de la cocina francesa en el libro: “La Cocina de Monsieur Momo”, una obra firmada también por el artista. Fue publicada en 1930 (cerca de 30 años después de la muerte de Toulouse-Lautrec) y reeditada por Henry Holt and Company en 1966, con el título de “El Arte de la Cocina” – “L’Art de la Cuisine: 197 recetas y 400 ilustraciones”, por Toulouse Lautrec y Maurice Joyant. Casi podemos saborear esos platos inventados y las recetas de la cocina del suroeste de Francia predilectas para Lautrec. Unos platos que describe con originalidad, ilustrándolos además con estupendos dibujos. Una auténtica joya de recetas originales y llenas de humor que nos habla de esta faceta sorprendente del genio de Toulouse-Lautrec.

“Tartouillat aux pommes”. Probando una receta predilecta de Toulouse Lautrec en el Restaurante Le Lautrec de Albi

Tartelette aux pommes, un plato que le encantaba a Toulouse-Lautrec

Nos encantaría sentarnos a la mesa con Toulouse-Lautrec y asistir a ese original ritual de leer el menú ilustrado, escucharlo hablar de comida, deleitarnos con alguna de sus recetas inventadas y terminar contemplando una de sus obras de postre. Pero nos conformamos con probar la tartaleta de manzana que él adoraba y que en el Restaurante Le Lautrec de Albi nos sirven orgullosos. Aquí se pueden degustar platos de la gastronomía de este rincón del suroeste de Francia y platos inspirados en las recetas del maestro. En este restaurante situado en unos antiguos establos de una casona del siglo XVIII, probamos el famoso “Tartouillat aux pommes” un postre de hojaldre típico del Tarn, que figura en el libro de Maurice Joyant.

Satisfechos tras el menu gourmand, nos topamos de frente con la casa familiar donde nació Toulouse-Lautrec: el Hôtel du Bosc, en pleno corazón del casco antiguo de Albi, en la calle que lleva el nombre del pintor. Un palacete del siglo XII construido pegada a una torre de las murallas de Albi. Nos hace ilusión mirar la placa conmemorativa, aunque las visitas no estén permitidas. 

Profundizando en la obra y la vida del artista en el Museo Toulouse-Lautrec. Parada en el Palacio de la Berbie

Pasión por Toulouse-Lautrec

Nuestra última parada en esta interesante ruta es el Museo Toulouse-Lautrec creado tras la muerte del artista, por iniciativa de su gran amigo Maurice Joyant quien propone a la madre del artista, la condesa Adèle de Toulouse-Lautrec, la idea de recopilar su obra en su ciudad natal para protegerla y, de esta manera consagrarla. Así entramos en esta maravilla monumental que es el Palacio de la Berbie, clasificado Monumento Histórico, que acoge la colección pública más importante del célebre pintor.

El Museo Toulouse Lautrec se encuentra en uno de los dos monumentos más importantes de la ciudad de Albi: el Palacio de la Berbie, antigua residencia de los obispos, testimonio del gran poder del obispado del Albi. Una magnífica fortaleza que podemos ver desde sus hermosos jardines clásicos situados en la plaza de armas, con su espectacular camino de ronda transformado en paseo. Atravesamos las salas abovedadas de la fortaleza convertida en palacio residencial, los grandes salones que todavía mantienen los suelos de la época. Nos sorprende el magnífico suelo en terracota vidriada, de los más importantes del siglo XIII, descubierto con la renovación del palacio. La visita al Museo Toulouse-Lautrec de Albi es pues una ocasión para ver el magnífico Palacio de la Berbie por dentro.

Toulouse-Lautrec, maestro cartelista

El museo alberga una colección única de la obra del artista: 219 pinturas, 563 dibujos, 183 litografías y 31 carteles. Recorremos las salas del Palacio de la Berbie para conocer de cerca al genio Toulouse-Lautrec. Comenzamos por las primeras salas, en las que se encuentran sus obras de juventud – que recuerdan a las que acabamos de ver en la Maison du Vieil Alby -. Representaciones de su familia y de sus amigos, pero también de animales, un tema predilecto para el pintor en su primera época. Los paisajes apenas interesaban al artista, y solamente dedicaría una pintura a Albi: el “Viaducto de Castelviel”. Con su marcha a París a los 16 años, ya comienza a frecuentar los teatros y los cafés-concierto, y se consagra totalmente a la pintura formando parte primero del estudio de Bonnat y después del de Cormom, pintores que estaban en desacuerdo con los Impresionistas. Allí aprende mucho sobre técnicas pictóricas y conoce a Van Gogh…

Las siguientes salas están dedicadas a la vida de Montmatre, en donde se instala con 20 años. Escenas de prostitutas, espectáculos en cabarets, circos, teatros,…comprobamos que se ha convertido en habitual de estos lugares y observador de tipos humanos que retrata con un encuadre y una técnica moderna. Pasamos después al Toulouse-Lautrec de los carteles, en los que publicita los grandes cabarets del momento: el Chat Noir, el Élysée Montmatre, el Mirliton y el Moulin Rouge. Y nos detenemos en las prostitutas, cuya vida conoce bien, puede verse a través de sus cuadros que las amaba. Retrata mujeres en escenas cotidianas, lavándose, poniéndose una media, …

En sus dibujos y litografías vemos su pasión por el circo, otra tema querido para él en el que trabaja el cuerpo en movimiento y las actitudes dramáticas, los acróbatas, payasos. Se puede percibir sobre todo en el arte ecuestre.

Tras los pasos de Toulouse-Lautrec

A Toulouse-Lautrec le gustaba disfrazarse

Terminamos la visita ante unos paneles que recorren su vida, con fotografías del pintor que me entusiasman porque me hablan de un Toulouse-Lautrec al que le gustaba disfrazarse, actuar y también reírse de sí mismo. Como si se hubiera contagiado de ese extraordinario ambiente bohemio de Montmatre. Este recorrido nos ha abierto las puertas a la fascinante personalidad y a la obra de uno de los grandes pintores de la Modernidad. 

Si quisiéramos continuar los pasos del gran Toulouse-Lautrec, tendríamos que ir a París, al barrio de Montmatre, a los cabarets, a los cafés-cantantes…aunque ya no queda nada de aquel mundo. Mejor sería buscar aquellos ambientes en las películas de antaño o en el Museo de Orsay o en el del Louvre e intentar meternos en aquellos retratos,…y así acercarnos a su propia vida.

Cuando pensamos en Toulouse-Lautrec, en seguida vienen a nuestra mente esas magníficas escenas de cabaret, esos retratos de prostitutas, esos carteles simples, pero llenos de expresividad, aquel mundo…en el que seguramente todavía habita.

Firma de Toulouse Lautrec

Hasta la firma de Toulouse-Lautrec tiene arte… y nos habla de su cautivadora personalidad.

Firma de Toulouse-Lautrec

Cómo llegar a Albi

Para llegar a Albi desde Gerona en coche, hay que ir por la Autopista A-61, se tarda unas 3h39 en llegar, y desde Bayona 3h31 por la A-64. También se puede ir en avión a Toulouse y desde allí Albi está a 1 hora tanto en tren como en coche (por la A-68).

Saber más sobre Toulouse Lautrec

Para saber más sobre Henri Toulouse Lautrec, pueden seguir los pasos del artista y visitar el Museo Toulouse Lautrec en la ciudad de Albi. Mientras tanto, pueden visitar las páginas web de Destination Albi y del Museo Toulouse Lautrec. Y una página de Historia y Arte que nos encanta, y que nos comenta de vez en cuando alguna obra de Lautrec: Historia/Arte.

Agradecimientos

Queremos agradecer la visita a la magnífica capital del Tarn, a Destination Albi, en particular, a Julien Estrada y a Fabienne Lazo por abrirnos la puerta a esta bella provincia de la región de Occitania. 

Gracias, especialmente, a nuestra estupenda guía Magali Delmas de AGITAssociation des Guides Interprètes & Conférenciers du Tarn –, por guiarnos en esta ciudad luminosa, y por llevarnos a descubrir la vida y obra de Touluse-Lautrec.

Gracias especialmente a Christian Rivière y a Vos vacances dans le Tarn porque con su apoyo hemos podido explorar este espléndido departamento del sur de Francia. Aquí hemos practicado un turismo slow, consiguiendo saborear sin prisa el valioso patrimonio monumental, cultural, paisajístico y gastronómico del Tarn.

Gracias al hotel Mercure Albi por ofrecernos las vistas panorámicas más espléndidas de la ciudad, que compiten con las del Palacio la Berbie. Gracias al Restaurante Le Lautrec por rendir este bonito homenaje a la figura del artista como cocinero. Gracias también a la Maison Vieil Alby por mostrarnos la exposición permanente sobre la juventud de Henri Toulouse-Lautrec.

Gracias a nuestra guía Magali Delmas por acompañarnos en esta ruta tras los pasos de Toulouse-Lautrec.
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