Ruta Sada-Costa Doce, Galicia. Postales invernales de las Mariñas Coruñesas

Postales de la Ría de Betanzos

Vamos de ruta por la Costa Doce de Sada, en las Mariñas Coruñesas, un luminoso día de invierno, de esos de cielo azul, temperaturas agradables que invitan a los paseantes a caminar y a los veleros a salir a vegar por la Ría de Betanzos. Éstos nos regalan bellísimas postales de las Mariñas con sus velas blancas, casi inmóviles como si estuvieran dentro de un cuadro, como los del pintor coruñés Francisco Lloréns, que conocía bien estos paisajes. Hoy la brisa es suave, por lo que su travesía será apacible. Tan apacible como nuestro paseo siguiendo la línea de la Costa Doce, partiendo del puerto de Sada. Todo un regalo invernal en estos tiempos de pandemia en los que no se puede apenas salir del pueblo o de la ciudad donde uno habita. Un respiro en el que tenemos la posibilidad de traspasar esa frontera y aventurarnos a las Rías Altas gallegas. Lo que nos permite viajar por unas horas y sentir que también hay momentos para la belleza en medio de la tristeza que nos trae el Covid-19.

Elegimos las Mariñas Coruñesas por su belleza y su riqueza natural, su apertura al mar a través de rías y de la Costa da Morte, por su clima suave, que acaricia, y también por su patrimonio cultural. Hoy recorreremos un pedazo de su geografía, la llamada Costa Doce que mira en todo momento a la Ría de Betanzos.

Las Mariñas Coruñesas y las Terras do Mandeo. Reserva de la Biosfera.

Postales de las Mariñas Coruñesas. Los naranjos adoran este clima benigno

Las Mariñas Coruñesas y las Terras do Mandeo (el río Mandeo) se sitúan en el litoral cántabro-atlántico de Galicia, y tienen una superficie de casi 114 mil hectáreas terrestres y más de 2700 hectáreas marinas. Su preciado patrimonio natural y cultural ha propiciado su declaración como Reserva de la Biosfera desde el año 2013. En cuanto al patrimonio natural destacan zonas Especiales de Conservación como el Embalse de Abegondo-Cecebre, la Costa da Morte, Betanzos-Mandeo o el Monumento Natural “Costa de Dexo”, y 49 hábitats de interés comunitario con más de 300 especies protegidas. Y en lo que se refiere a su patrimonio cultural, restos de culturas megalíticas, la Vía Romana XX (que comunicaba Astorga con Oporto), pazos y jardines, como el de Mariñán o el de Meirás, y fortalezas medievales como la de Vinseira.

Hoy recorreremos paisajes de mar: rías, marismas, acantilados, islas y playas. Pero Las Mariñas Coruñesas y las Terras do Mandeo también poseen paisajes de sierras, valles atravesados por los ríos Mandeo y Mero, bosques, lagunas y presas. Esta extensa y bellísima Reserva espera al excursionista ofreciéndole rutas de senderismo y cicloturismo costeras, fluviales (rutas del Agua), ornitológicas, enológicas,…

La zona de las Mariñas Coruñesas y las Terras do Mandeo cubre numerosos municipios de la provincia de A Coruña: Abegondo, Aranga, Arteixo, Bergondo, Betanzos, Cambre, Carral, Coirós, Culleredo, Curtis, Irixoa, Miño, Oleiros, Oza-Cesuras, Paderne, Sada y Desván. 

Densa vegetación y bosques en la Ruta de la Costa Doce

Desde tierras del interior, partimos del pueblo de Ordes, un pueblo que no se ve favorecido por el clima suave de las Mariñas – aunque sí por humedades que propician el crecimiento de los deliciosos grelos – por la bonita carretera AC-542 que nos lleva en menos de una hora a Sada. Atravesamos valles verdes  de una Mariña que comienza una vez pasado el Mesón del Viento que marca la frontera climática. A partir de ahí empezamos a ver naranjos que en esta época están cargados de hermosos cítricos. También bonitas casas, algunas del siglo pasado, abandonadas o restauradas, que fueron residencia de aquellos que buscaban los aires agradables de las Mariñas Coruñesas. Pasamos por Abegondo, dejamos a un lado el Embalse de Abegondo-Cecebre, la bella Betanzos de los Caballeros, el industrial Bergondo con su Pazo de Mariñán, y en seguida empezamos a divisar el mar encerrado en la bella ría de Betanzos. La villa de Sada en el horizonte marino, a tan solo 17 kilómetros de A Coruña.

Sada, villa marinera de las Rías Altas

El colorido barrio de pescadores de Fontán

Atravesamos las calles de la villa marinera de Sada hasta llegar al puerto, donde aparcaremos para comenzar nuestra ruta de senderismo por la Costa Doce. Sada es un pueblo privilegiado que mira a la ría de Betanzos a la que salen los marineros y las embarcaciones de recreo, y también amantes del submarinismo. Una sucesión de arenales se encadenan y esperan a aquellos que quieren disfrutar de playas de aguas tranquilas. Calas ocultas entre acantilados abruptos, playas de arena fina abrazadas por una densa vegetación y otras playas semiurbanas concurridas por los habitantes del pueblo y los visitantes. 

Las baterías defensivas del siglo XVIII al atardecer, o las bateas de mejillones y los mariscadores faenando cuando la marea está baja son algunas de las fotografías que nos regala la Sada marinera. Cuyos frutos (mejillones, berberechos, navajas) pueden degustarse a cualquier hora en bares de tapas y restaurantes del puerto y del centro de la villa. Pero no todo en Sada es mar, también posee un paisaje de bosques y humedales, como el magnífico humedal de As Brañas, formado por lagunas y antiguas explotaciones de arcilla. A las afueras de Sada, nos espera un rico patrimonio cultural formado por numerosos castros y pazos, como el Pazo de Meirás.

Bonita arquitectura en Sada

En su pasado, Sada fue marinera, pero también sede de una importante industria textil a finales del siglo XVII, que acogía la Real Fábrica de Jarcias y Lonas la cual abastecía a los barcos de la marina española hasta que fue trasladada a Ferrol. Tras lo cual Sada acogió la industria del salazón traída por empresarios catalanes. Y a la pesca, el marisqueo, la industria textil y la salazón se le sumaron las fábricas de cerámica, como la de Sargadelos o la de O Castro, ejemplos conocidos de la cerámica gallega. 

Hoy a penas tenemos tiempo para visitarlas, aunque es posible contemplar el proceso de producción completo. Tampoco tenemos tiempo de  pasear por el centro del pueblo, y disfrutar del magnífico patrimonio arquitectónico de Sada, como las antiguas casas de veraneo de la burguesía de la zona. Casas como la de Barrié de la Maza y la de Amexeiral construidas en estilo francés del siglo XIX, y ¡ocho pazos de los siglos XVII y XVIII! que se pueden ver en las parroquias de Sada. Como el Pazo de Meirás, el más emblemático, un edificio del siglo XV reconstruido por la escritora Emilia Pardo Bazán y habitado por el dictador Francisco Franco, hoy devuelto al Estado. Pero sí pasamos por uno de nuestros edificios favoritos de Sada, otrora situado en los jardines de Méndez Núñez de A Coruña: el maravilloso edificio La Terraza (1912), exponente del Modernismo en Galicia. Construido en vidrio, hierro y madera, fue apeadero del tranvía que iba de Sada a la capital herculina y hoy, convertido en Monumento Histórico Artístico Nacional, es restaurante y acoge conciertos de jazz.

La belleza del edificio La Terraza, exponente del Modernismo de Sada

Ruta Sada – Costa Doce (PRG-96)

La ruta Sada – Costa Doce (PRG-96) discurre por el litoral de Sada a lo largo de 9, 4km (ida), desde el Castillo de Fontán, hasta la playa de Cirro, donde comienza otra ruta por las Mariñas Coruñesas: la de la Costa Norte de Oleiros (PR-G 87). No la haremos completa, llegaremos hasta la playa de Lourido y el Campo da Cruz, pero esperamos regresar para poder completarla. Como es lineal, es posible comenzarla también en el otro extremo. 

Marea baja e la Ría de Betanzos. Imágen típica de las rías gallegas

Antes de llegar al punto donde empieza la Ruta Sada – Costa Doce contemplamos la Ría de Betanzos desde el puerto de Sada, que nos ofrece una de esas postales bellísimas de las rías con marea baja. El arenal surcado de regueros de agua, la vida que se intuye bajo la arena, la ría lejana, azul, y al otro lado la playa de Miño. Un paisaje típico de las rías de Galicia que conocemos bien los que la habitamos o la viajamos con pasión. Pienso en alguno de los cuadros de paisajes que hizo el que también amó esta costa, el pintor Francisco Lloréns, discípulo de Sorolla, coruñés que viajó por Bélgica, Holanda e Italia, empapándose del arte de otros pintores y supo retratar tan bien estos paisajes marinos.

En los charcos se pueden apreciar aves que se alimentan de la riqueza de las aguas de la ría. Los paseantes recorren el paseo marítimo este soleado sábado de enero, y los veleros madrugaron para navegar por unas aguas que están hoy como un plato. De camino al Castillo de Fontán, paramos en una pequeña panadería para avituallarnos de deliciosa empanada gallega que comeremos, esperamos, mirando al mar.

Caminando por el barrio marinero de Fontán

Las callejuelas nos llevan, para nuestra sorpresa, a un bonito barrio marinero: el antiguo barrio de pescadores de Fontán, del siglo XVIII, con sus vistosas casas de colores, con balcones y galerías. El silencio, la callejuela protegida y soleada y las vistas privilegiadas al mar, hacen del Barrio de Fontán un rincón encantador. 

Llegadas a las ruinas Castillo de Fontán, contemplamos la primera panorámica del mar desde el mirador. Este es el lugar de entrada de los peregrinos que hacían el Camino de Santiago en sentido Betanzos. Seguimos unos metros hasta una bifurcación en el Monte del Pobre o A Canteira, punto donde podemos escoger entre dos rutas: la de la costa o la del antiguo Camino Real. Decidimos ir por la costa y volver por la del Camino Real.

Las ruinas del Castillo de Fontán, punto de partida de nuestra ruta

La playa de Morazón, situada detrás del puerto pesquero, en el barrio de Fontán, nos atrae por su arena blanca, fina y los azules intensos de sus aguas. Bajamos por unas escaleras de acceso que se encuentran en las ruinas del castillo defensivo. Las vistas del mar son preciosas, de los veleros navegando, alguna barca pesquera con su motor furioso surcando las aguas tranquilas, y los prados verdes sembrados de casas al otro lado de la ría de Betanzos. La playa grande de Miño en cuyas aguas tibias – al contrario de lo que se pueda pensar de las aguas del mar gallego, en verano rondan los 21º C – nos bañamos tantas veces. Y, siguiendo la costa, la playa de Perbes con la isla del Carbón; la playa de Insua y la isla Carboeira, y la Punta Camaucelo.

La playa de Morazón se ve desde lo alto del primer mirador de la Ruta de la Costa Doce: la Punta da Herba, con vistas de nuevo de la misma costa, de la ría de Ares y dela playa Morrazón. Que es la que veremos durante toda la ruta, pero desde puntos de vista diferentes, que se superpondrán concediéndonos bonitas fotografías. 

Desde la playa de Morazón se ve la otra orilla de la ría

El recorrido discurre todo el tiempo entre el mar y bosques de eucalipto, pinos y robles. Llegamos poco después al Mirador de la Ría, desde el que las vistas vuelven a ser espectaculares. Las bateas sorprenden al que sólo las asocia a las Rías Baixas; ¡también en las Rías Altas hay bateas de mejillón!. Aunque no tan abundantes como en la Ría de Vigo o la de Pontevedra, esta imagen de bateas nos hace pensar en las de aquella costa. Aquí se sitúa el tercer mirador, justo donde está la playa de Arnela pequeña o “Arneliña”, a la que intentamos bajar, aunque la marea está subida y no se puede llegar a ella, la miramos desde las rocas, también la roca con el eucalipto en lo alto, imagen símbolo de esta playa. Poco después está la playa de Arnela, más extensa.

Playa de Arnela

Recordamos una ruta por la Ría de Ares, entre los pueblos marineros de Redes y Ares. La hicimos hace exactamente dos años por estas mismas fechas, en un día soleado del invierno de Galicia, de esos de los que suelen disfrutar las Mariñas Coruñesas. Era justo al otro lado de la Costa Doce, entre Redes y Punta de Miranda.

Ahora aprieta el hambre y decidimos buscar un lugar para comer al aire libre. En Campo da Cruz hay un cruce de caminos con indicadores, está la aldea de Carnoedo, Punta San Mamede y la Playa de Lourido, que un caminante con su perro, habitante del lugar, nos dice que es imprescindible visitar. Subimos a la aldea de Carnoedo y nos sentamos en un muro mirando un pedacito de mar, disfrutando del soleado mediodía que nos regala este día de invierno en Galicia. La empanada es más sabrosa con estas vistas del mar azul. Pensamos en lo privilegiadas que son estas casas que miran todos los días para la Ría de Betanzos…

Bifurcación en la ruta de la Costa Doce

Este será para nosotros el punto donde daremos la vuelta, regresando por el Camino Real. Guardamos para otra ocasión la continuación de la ruta por la costa: el tesoro de la playa de Lourido, la Punta de San Mamede desde donde se ven todavía mejor la Ría de Ares y Betanzos. Después pistas forestales con vistas preciosas de la costa y la playa de Cirro, punto final de esta ruta por la Costa Doce desde Sada. Habremos hecho unos 2,4 kilómetros hasta el Cruceiro de Carnoedo, aproximadamente 1 hora caminando. Todavía falta mucho hasta la Playa de Cirro, unos 4 kilómetros y medio. 

El pintor coruñés Francisco Lloréns pintó los paisajes de As Mariñas Coruñesas. La iglesia de Carnoedo (1939) y Puesta de son en la playa de Sada (1942)

Una parada necesaria en el Cruceiro de Carnoedo para contemplar una vez el mar. Nos invaden los olores de la Mariña, del salitre mezclado con cítricos que desprenden los naranjos que pasamos. Se suceden postales invernales de las Mariñas Coruñesas. Huertos de frutales con fondo marino, la iglesia de Carnoedo, del siglo XIX, de planta cuadrada, construida en piedra, pintada de blanco, con su campanario doble que recuerda a otras iglesias construidas en aldeas de Galicia. Aunque esta se encuentra enmarcada por el mar y sus bateas, con vistas de la ría de Ares. Francisco Lloréns la pintó llena de luz y color en 1939, uno de los últimos veranos que pasó en la villa de Sada.

La iglesia de Carnoedo mira a la ría de Betanzos

De camino de vuelta todavía vemos algunas bonitas casas de colores y ya en Sada un bellísimo edificio modernista construido gracias a a las donaciones de  emigrantes locales en Nueva York. Se trata del Edificio de las Escuelas, de 1927,  que nos anima a regresar para hacer la Ruta modernista de Sada.

Llegamos al punto de partida de la ruta por la Costa Doce, el puerto de Sada. Atardece en la Mariña, disfrutamos de los últimos rayos de sol en una de las muchas terrazas, satisfechas por el dulce paseo invernal. Un paréntesis de luz en los momentos difíciles que estamos viviendo, y que nos abre las puertas a soñar con otras rutas y paseos para seguir descubriendo las Marinas Coruñesas.

Edificio de las Escuelas, de 1927. Modernismo en Sada

Información sobre la Ruta Sada – Costa Doce (PR-G 96)

Tipo de trazado: lineal

Punto de partida: Restos del Castillo de Fontán

Punto de llegada: Playa deCirro

Dificultad: baja

Recorrido del Castillo de Fontán – Cruceiro de Carnoedo: 2,4 km

Duración: 1 hora

Recorrido de Carnoedo – Playa de Cirro: 7 km.

Duración: 3 horas.

Itinerario de la ruta Sada-Costa Doce

Cómo llegar a Sada

Desde Ordes, se tardan 47 minutos en recorrer los 41 km que distan de Sada por la carretera AC-542, que pasa por el Mesón del Viento, Abegondo, Betanzos y Bergondo. Hay otra un poco más corta que recorre una parte de la AP-9, pero no es tan bonita.

Desde A Coruña se llega directamente por la AC-174 con un recorrido total de 18 km, o por la AC-173 y la AC-183 por las Mariñas.

Escrito por María Calvo Santos.

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