Cascadas Petrificadas de Hierve el Agua en Oaxaca: Donde la belleza se inmortaliza

Cerca de la monumental zona arqueológica de Mitla, se encuentra éste maravilloso paisaje natural de las Cascadas Petrificadas de Hierve el Agua, que se abre paso en la impresionante sierra montañosa que se extiende por el Sur de México, concretamente en Oaxaca.

Se dice que el agua de las piscinas tienen propiedades curativas gracias a los minerales que contienen ©Marcela Pérez Z.
Se dice que el agua de las piscinas tienen propiedades curativas gracias a los minerales que contienen ©Marcela Pérez Z.

La energía que se percibe en éste paraje es sagrada, por eso no nos extraña que éste fuera un sitio místico para la cultura prehispánica zapoteca, además de un lugar estratégico para el cuidado de sus cultivos en un entorno más bien árido en el que lograron idear y construir hace más de 2,500 años un complejo sistema de canales de riego. Hoy día aún podemos apreciar y seguir su trayecto compuesto por una retahíla que emana del gran torrente alimentado por el manantial de aguas carbonatas que fluye desde tiempos milenarios y que ha creado en su curso impresionantes cascadas petrificadas que nacen en la parte alta de las pozas hasta descansar a los pies de los acantilados.

Aún se conservar los canales hechos por los zapotecas a pesar del transcurso del tiempo ©Marcela Pérez Z.
Aún se conservar los canales hechos por los zapotecas a pesar del transcurso del tiempo ©Marcela Pérez Z.

Las pozas sirven como piscinas naturales que invitan con sus tonalidades cristalinas a darse un buen baño mientras se contempla el paisaje que nos rodea, la cadena montañosa pareciera no tener fin y extenderse más allá de los límites del horizonte, tanto que es imposible abarcarla a un simple oteo.

Hierve el Agua se ha convertido en un destino ecoturístico popular, gracias al boca a boca que transmite con maravilla su belleza, es imposible no quedarse prendado de ésta joya natural.

Visita a las Cascadas Petrificadas de Hierve el Agua en Oaxaca

A nuestra llegada descendemos en la zona más alta, donde están preparados con palapas, venta de comida y hasta cabañas para pernoctar en éste idílico escenario. Desde el mirador que se halla a nuestra derecha, ya nos hacemos conscientes de su majestuosidad.

De un lado vemos la Cascada Chica donde se encuentra un conjunto de pozas de fácil acceso por una gran rampa de suave desnivel, a lo lejos vemos retozar con singular alegría a familias que aprovechan un precioso y caluroso día soleado, refrescándose en las aguas que fluctúan entre los 22º y 25º grados. Las estalactitas que forman la “pequeña” cascada, contrastan con el paisaje resaltando su color peculiar blanco calcáreo entre las manchas de vegetación que se esparcen como pincelazos trazados a capricho de la naturaleza.

Las impresionantes formaciones de la Cascada Chica nos maravillan a la distancia ©Marcela Pérez Z.
Las impresionantes formaciones de la Cascada Chica nos maravillan a la distancia ©Marcela Pérez Z.

Acongojados guardamos las ganas de unirnos en clavado a las impresionantes pozas que completan el paisaje pletórico de contrastes y emprendemos el camino en descenso para descubrir la segunda cascada, conocida como la Cascada Grande con casi 200 metros de altura. El objetivo de nuestra excursión, llegar hasta sus pies.

Cogemos uno de los guías locales que ofrecen su servicio y comienza el tour, con impresionante gracilidad, baja nuestro cicerone por el abrupto terreno. Disponemos de 45 minutos antes de volver a nuestro transporte y nos avisa que el descenso demora unos 30, queremos recabar una buena cantidad de material fotográfico, así que aceleramos el paso y le seguimos casi pisándole los talones, sin embargo nuestro grupo está compuesto por personas de diferentes edades y condición física, así que nos da instrucciones de cómo seguir a los que vamos más avanzados y vuelve raudo donde los más rezagados para asegurarse de que todos seguimos en pelotón. Sube y baja sin mostrar asomo alguno de perder el aliento y se une a ratos para explicarnos lo que vamos encontrando en nuestros andares. Por el contrario, nosotros al ritmo constante que llevamos y bajo el incandescente rayo del sol, ya vamos notando sudores y la respiración acelerada.

La gente se ve diminuta al pie de la Cascada Grande ©Marcela Pérez Z.
La gente se ve diminuta al pie de la Cascada Grande ©Marcela Pérez Z.

¿Cuántas veces al día durante la semana él hará éste recorrido? Ahora entendemos su fina y fibrosa figura, qué mejor sitio para ejercitarse que abrazados por la naturaleza, es afortunado y lo sabe. Exhaustos al fin logramos tocar el final de la cascada. Inmensas columnas descienden desde lo alto como una cortina petrificada de tonalidades calizas y cobrizas, colores conferidos por la presencia de otros minerales en el agua.

El espectáculo nos sobrecoge y con más o menos destreza intentamos llegar al pie de la cascada, cuando lo conseguimos miramos hacia arriba acogidos por las colosales estalactitas y vemos en dimensión real su imponente altura. Nos paseamos en derredor, para abarcar con los ojos cada formación, cada saliente, cada ángulo y relieve y, cada vez que nos acercamos a ellas, un poco de agua nos refresca la cara, esa que hoy nos salpica los rostros es el mismo goteo que durante miles de años ha ido esculpiendo con suma paciencia éstas sublimes cascadas pétreas como obsequio a nuestras pupilas.

Abrazados por las columnas pétreas ©Aitor Pedrueza
Abrazados por las columnas pétreas ©Aitor Pedrueza

Hipnotizados, sólo salimos de nuestro embeleso cuando el guía nos recuerda que debemos volver para descubrir el manantial origen de la cascada. La cuesta, cuesta y la subimos aún más veloces que la bajada con miedo de que se agote el tiempo y no podamos imprimir algunas imágenes para el recuerdo. Logramos llegar en breve y nos recibe un impresionante conjunto de pozas poco profundas, con líneas irregulares en relieve sobre las que podemos andar para salvar la apenas perceptible profundidad que con todo y eso podría empaparnos los pies.

Aventurarse hasta el borde la cascada parece sólo un acto de valientes, así que de puntillas aceptamos el reto consiguiendo llegar a la línea limítrofe que cae en picada en ángulo de 90º al precipicio desde donde venimos. Abrimos los brazos en cruz y nos fusionamos con el entorno, sintiéndonos tan parte de éste paraíso, tan cerca de tocar el cielo y siguiendo con la punta de los dedos el contorno de las montañas, respiramos profundo ese aire limpio y echamos a andar hacia las pozas del “Anfiteatro” -como se les conoce- que reposan en lo alto de la Cascada Chica.

Un terreno con apariencia de superficie lunar nos recibe, pequeñas escamas de piedra caliza horman nuestros pies, cuidamos nuestros pasos para no mojarnos y no es por remilgo, pero hemos venido hasta aquí con una excursión que incluía la mera visita, pero bien se puede pasar la tarde en éste escenario que atrapa al instante. Así que lo tendremos en cuenta para la próxima vez.

El hombre-pájaro, un místico encuentro ©Marcela Pérez Z.
El hombre-pájaro, un místico encuentro ©Marcela Pérez Z.

Agotamos los últimos minutos, retratando la alegría de los pequeños que se salpican divertidos agua de las pozas. México está plagado de estampas de realismo de ese mágico, que siempre resulta atractivo a las instantáneas y captamos sin planearlo, con la espontaneidad que a veces nos regala la vida, un hombre coqueteando con el borde de una de las piscinas y un gran pájaro parece guiar sus pasos, un encuentro casual que parece hecho para ser captado con el título: Simbiosis perfecta.

A ésta casualidad se suma una pequeña que chapotea con el agua, la palpa, intenta atraparla, pero se escurre entre sus pequeños dedos, haciéndonos sonreír al pensar que es la estampa ideal de la inocencia de una vida fluyendo en armonía con la naturaleza, porque el origen nunca se podrá concebir sin las raíces y todos conformamos un todo.

Hay cosas que en verdad merecen la pena ser captadas de forma perenne... Como la inocencia de una vida fluyendo en armonía con la naturaleza... Porque no se concibe el origen sin raíces... Hierve el Agua: Donde la belleza se inmortaliza ©Marcela Pérez Z.
Hay cosas que en verdad merecen la pena ser captadas de forma perenne… Como la inocencia de una vida fluyendo en armonía con la naturaleza… Porque no se concibe el origen sin raíces… Hierve el Agua: Donde la belleza se inmortaliza ©Marcela Pérez Z.

No sabemos si estamos siendo presas del misticismo de las civilizaciones prehispánicas que habitaron aquí, sí sus conocimientos ancestrales -que hoy, a pesar de nuestros lujos y comodidades de la vida moderna, nunca lograremos descifrar o entender- nos invaden los pensamientos y emanan como las aguas de estos manantiales, claros, mágicos, únicos. Complacidos y agradecidos nos llevamos un trocito de esa sabiduría zapoteca que parece recorrernos la cognición y agradecemos a la madre naturaleza por sus bondades y su magnificencia.

Oaxaca se va quedando en nuestros corazones y con aquiescencia tácita dejamos que se nos llenen de sus colores, de su grandiosidad, de lazos imperceptibles que ya nos atan felizmente a ésta hermosa tierra y que nos harán volver pronto, muy pronto.

Hasta muy pronto Oaxaca lindo ©Marcela Pérez Z.
Hasta muy pronto Oaxaca lindo ©Marcela Pérez Z.

Queremos agradacer por supuesto a la Secretaría de Turismo de Oaxaca quienes nos recibieron con las puertas de casa abiertas y nos mostraron las maravillas de su Estado. A nuestros amigos de Chimalli que llevan a cabo éste tipo de excursiones mosntrándonos las bellezas de Oaxaca.

Si estás interesado en una excursión a las Cascadas Petrificadas de Hierve el Agua en Oaxaca nos puedes escribir para que te ayudemos.

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