Viaje al Peloponeso, la Grecia más auténtica

Se tiende casi siempre a relacionar Grecia con las islas, especialmente con Santorini, Mykonos o Creta, olvidando que Grecia es inabarcable hasta para aquellos que, “imantados” por su hechizo, vuelven año tras año. El crecimiento del turismo ha transformado Grecia. Mientras algunas islas reciben picos de turistas que desbordan la capacidad de asimilación, otras siguen siendo auténticos paraísos donde se puede disfrutar de un agosto relajado. El Peloponeso permanece tan ajeno a esas saturaciones, que casi es un pecado hablar de él. Uno quisiera esconder sus rincones de la presión abrumadora de las vacaciones, pero al mismo tiempo es imposible no cautivarse y hablar maravillas de esta parte de Grecia.

Peloponeso, la auténtica Grecia
Peloponeso, la auténtica Grecia

Nuestra primera parte del viaje la dedicamos a conocer, durante un par de días a los monasterios de Meteora, al norte de Grecia en la región de Tesalia. Tras cuatro días visitando Atenas emprendimos el itinerario en coche, o mejor dicho furgoneta de alquiler para tomar dirección a Kalambaka, la población junto a los monasterios de Meteora.

Después de la visita a la simbiosis que conjugan los monasterios ortodoxos con el paisaje rocoso, nos encaminamos ahora si hacia el sur. De camino aún tuvimos tiempo de conocer Naupacto, más conocido en España como Lepanto, que parece dormitar en los tiempos de la famosa batalla librada en 1571 entre otomanos y la alianza europea. Desde su puerto se disfruta del inmenso puente de Patrás que sirve de catapulta para el tránsito rodado hacia la península del Peloponeso.

Sería falso decir que el Peloponeso es ajeno al turismo, algo imposible en este siglo viajero, pero si lo comparamos con la Grecia recurrente, ofrecida hasta la saciedad por el recurso fácil de las aguas de ensueño de Grecia y las casitas blancas con atardeceres con colores de acuarela; el Peloponeso es un destino tranquilo. De la ya abarrotada Atenas en la región de la Attica, apenas tenemos un paso hacia el Peloponeso. Por eso hay que aprovechar ahora, antes de que sus fascinantes yacimientos, su naturaleza aún disfrute de los locales, y su patrimonio etnográfico, es un fruto de maduración lenta.

Aguas turquesas en la península de Mani, al sur de Peloponeso
Aguas turquesas en la península de Mani, al sur de Peloponeso

Un legado de historia incomparable

La Grecia clásica, fundamento de lo que somos los europeos, late bien fuerte en el Peloponeso. Nombres como Esparta nos retrotraen a momentos épicos en la historia de la Humanidad, pero a veces olvidamos que en el Peloponeso hay hasta cinco lugares adscritos a la lista de Patrimonio de la Humanidad de Unesco, el Santuario de Esculapio en Epidauro, el Templo de Apolo Epicuro en Bassae, las ruinas bizantinas de Mistras, los sitios arqueológicos de Micenas y Tirinto, y finalmente el yacimiento de Olimpia.

Ciudad amurallada de Micenas
Ciudad amurallada de Micenas, uno de los yacimientos más importantes del Peloponeso

Pero sobre esas piedras talladas por los habitantes de las antiguas polis, se fueron depositando capas de historia menos conocidas y no por ello de menor interés. Basta recorrer la costa con el catalejo de nuestros ojos, que abiertos y estupefactos hallan castillos venecianos como los de Methoni o Navarino.

REGIÓN DE ACAYA

Nuestra entrada al Peloponeso comienza a través del puente de Patrás que parece simular una pasarela temporal, o una catapulta hacia la Antigua Grecia. El inmenso coloso nos conduce hacia la región de Acaya, cuya orografía es una sucesión de paisajes que mezclan montañas, mares, lagos, ríos, cañones, cuevas, cascadas, reservas naturales y bosques. Hacia el interior está la ciudad de Kalavrita, una de las más meridionales de Europa donde practicar esquí. El lugar es de lo más sugerente porque en las  las laderas del monte Helmos estaba la ciudad antigua de Kynetha. Con un par de días más nos debemos dejar llevar a paraísos naturales como el lago de Tsivlu o la Cueva de los Lagos de Kastria. Desgraciadamente no será en este viaje cuando hagamos parada en Acaya, ya que nuestro camino y primera parada es más al sur.

REGIÓN DE ÉLIDE

Mar y montaña se mezclan en esta zona de Peloponeso, ofreciendo posibilidades para combinar el turismo arqueológico con las playas en la costa jónica del oeste. Nuestra primera parada es Olimpia, la antigua polis griega, famosa por ser una de las que celebraba los juegos deportivos y competiciones, génesis de las actuales Olimpiadas.

Olimpia

No se puede entender la Grecia clásica sin los Juegos Olímpicos  que durante un milenio (776 a.C. – 392 d.C.) sirvieron de manifiesto religioso y deportivo. Incluso en los momento más bélicos de las guerras entre diferentes ciudades y centros de poder en la Hélade, se aparcaron los conflictos para participar en las competiciones estivales en honor de los dioses. El yacimiento arqueológico de Olimpia es fascinante, no solo por la buena conservación de los espacios, si no por el aire que destilan monumentos como el estadio, templos y edificios civiles como la palestra, y religiosos como los templos de Zeus y Hera. El pequeño museo alberga una inconmensurable sorpresa, las metopas y frontones del templo de Zeus de Olimpia, maravilla del arte escultórico griego.

Visita al yacimiento de la antigua ciudad de Olimpia
Visita al yacimiento de la antigua ciudad de Olimpia en Peloponeso

Si permanecemos más días en la región  de Élide no hay que dudar en hacer carretera hasta el pueblo de Andritsena para disfrutar de un típico desayuno con café griego. Es un buen lugar para abastecernos de “souvernirs” gastronómicos como aceitunas, “jilopites” (una variedad de pasta griega) o miel de abeto. Otra de las razones para acudir a Andritsena  es el Templo de Bassae, uno de los mayores en la antigua Grecia, consagrado al dios Apolo Epicurio en agradecimiento por salvar a la población de la peste que asoló la ciudad. Es obra de Ictinio, uno de los dos arquitectos que trabajó en la construcción del Partenón de la Acrópolis de Atenas y Patrimonio de la Humanidad.

Para los que extiendan sus vacaciones en esta parte de Peloponeso una buena sugerencia es Killini para el desembarco en las islas de Zante y Cefalonia, que de por si merecen varios días de sosiego y disfrute.

REGIÓN DE ARCADIA

El interior del Peloponeso recibe menos visitas que la costa, pero si nos adentramos en la región de Arcadia podemos disfrutar de algunas excursiones interesantes saltando de montaña a montaña. Vytina y Dimitsana, son dos pueblos de montaña a destacar, que junto a Trípoli -la capital de la provincia de Arcadia- nos pueden ofrecer un día alternativo a la costa. Trípoli (tres ciudades) alude a Tegea, Mantinea y Paladio, yacimientos alrededor de la ciudad nueva. La cueva de Kapsia -una de las mejores de Grecia- y las pistas de la estación de esquí de Mainalo pueden animarnos a venir a Peloponeso también en diciembre.

REGIÓN DE MESENIA

El viaje continua hacia el sur, a Mesenia, cuyos exiliados tras las guerras mesénicas contra los Espartanos fueron hacia occidente buscando nuevas tierras donde vivir, fundando las primeras colonias griegas en Calabria, Puglia y Sicilia. Una de ellas fue Messina, que con su nombre honró al antiguo territorio de donde partieron.

Nuestro alojamiento se encuentra en Gialova, al norte de Pylos, en la ensenada protegida por la isla de Esfacteria. Desde aquí se pueden llevar a cabo excursiones por la costa suroeste de Peloponeso como a Methoni, Kalamata, Kardamili. La costa sur de Mesenia y Laconia asemeja tres falanges con sus respectivas penínsulas, cada una con sus peculiaridades.

Playas

Además de Foneas en la península de Mani, una de las más sugerentes es la playa de Voidokiliá junto al lago salado de Limni Divariou. Esta plácida media luna frente al antiguo castillo veneciano de Navarino es idílica. El atardecer visto desde la playa, con el sol sumergiéndose en el agua nos convierte en estatuas de sal y coral, con nuestros pies hundidos en la arena disfrutando del espectáculo.

Hacia el sur de Mesenia la carretera costera atraviesa el pueblo de Pylos con unas vistas que nos hacen parar para gozar con el golfo de Navarino.  Alcanzamos Methoni, cuya tranquilidad nos maravilla y sorprende. No alcanzamos a entender como un lugar tan agradable es aparentemente ajeno al turismo. La fortaleza veneciana de Methoni es uno de las más grandiosas y bellas que hemos visto a lo largo del Mediterráneo. La impronta de la República de la Serenísima es evidente con el emblema del león alado en las paredes de la muralla. El paseo por la playa va paralelo a la fortificación, hasta acabar en un rompeolas que nos regala una vista maravillosa de un islote presidido por una torre defensiva de planta octogonal.

Puerto y castillo veneciano de Methoni
Puerto y castillo veneciano de Methoni

De camino a Kalamata – la ciudad más grande de Mesenia- el calor del verano se combate con una parada en las pozas y catarata de Polylimnio. Tras bajar a un cañón por donde discurre el río, cruzamos puentes envueltos en bellas flores hasta remontar poza tras poza hacia la gran catarata. Las aguas turquesas refrescan al caminante, y el arrebato de la cascada relaja nuestras espaldas antes de continuar la marcha.

Kalamata es una inmersión cultural de la verdadera Grecia. Aquí nos mezclaremos con gente local, no preocupada por retratar postales de ensueño. El paseo marítimo es un boulevard de la vida mediterránea, ociosa y despreocupada, o al menos si hay un vino y unas aceitunas negras para despreocuparse por unas horas. A las afueras de Kalamata están las ruinas de la antigua Messini (mencionada también como Ithomi) y cuya excursión aún siendo menos monumental que las de Olimpia o Epidauro es recomendable.

REGIÓN DE LACONIA

Después de nuestra estancia en Mesenia tomamos rumbo hacia Laconia, compuesta por las dos penínsulas surorientales del Peloponeso. Hay dos formas de llegar desde Laconia, o bien siguiendo la costa desde Kalamata pasando por Kardamili y Kalamitsi con dirección hacia Limeni, o bien como hicimos nosotros siguiendo hacia Esparta para después ir hacia el sur atravesando el interior de forma más rápida.

Esparta

Esparta, célebre por sus guerreros y por sus enfrentamientos con Atenas hoy en día es una ciudad moderna, cuyo yacimiento (y museo arqueológico) sin ser tan monumentales, pueden completar la visita a Mystras, la ciudad bizantina Patrimonio de la Humanidad.

Ciudad bizantina Mistrá (Mystras )

Al norte, cerca de Esparta está la ciudad de Mystras , un complejo defensivo bizantino que no por desconocido es menos sorprendente. Escalonada sobre la colina, los francos fundaron un asentamiento que floreció en la Edad Media con los Bizantinos, siendo un centro cultural e intelectual de toda Europa hasta la conquista otomana en 1460. Para los osados -sobre todo con sol y calor- la subida desde el acceso inferior permite ir haciendo paradas en los diferentes espacios de Mystras, hasta alcanzar la cumbre donde se encontraba el imponente castillo.

Ciudad bizantina Mistrá (Mystras )
Ciudad bizantina Mistrá (Mystras )

Opuesta a Mystras encontramos Monemvasia, otra ciudad bizantina, esta vez erigida en un peñón a 350 metros de altura sobre el mar, enclave estratégico del comercio marítimo entre el Mar Negro e Italia al atravesar el Mar Egeo. Desde Monemvasia  sería un error de bulto no dedicar una mañana a las playas de la isla de Elafonisos al sur de la península, conectada con ferry con el puerto de Vinglafia. Lo mismo sucede con el pueblo de Gerakas, llamado el fiordo de Grecia, que recuerda las aldeas noruegas en las ensenadas, o al mismo Kotor en Montenegro.

Península de Mani

El “dedo” central de Laconia posee algunos de los lugares más interesantes de todo el Peloponeso. Como si fuera el camarote de los hermanos Marx se mezclan tesoros naturales como las cuevas de Diros, pueblos como Limeni, playas como Skoutari , Kamares, Valtaki y Selinitsa o calas como Mezapos, ciudades deshabitadas como Vathia, y lugares “imantados” por la mitología y la energía como el santuario de Thanatos y la Cueva de Hades (puerta del infierno) en el cabo Tenaro, donde el faro solitario permite hacer un trekking sublime al atardecer. Además de Hades, Mani está tocada por la mitología. La villa marinera de Githio  – antigua salida al mar de Esparta – fue fundada según la leyenda por Apolo y Heracles tras acabar con una disputa que los había enfrentado. Y muy cerca, en el islote ya unido con tierra firme de Cranae. Helena y Paris consumaron su huida de Esparta, pasando la primera noche antes de dirigirse hacia Troya.

Cuevas de Diros

Pocas experiencias espeleológicas pueden ofertar la visita a las cuevas de Diros. Semi sumergidas, se recorren con un barco maniobrado con extrema precisión por los barqueros, que imitando a Caronte nos llevan a otro mundo donde las estalactitas rozan nuestras cabezas. Inmensos salones y cavernas se suceden en este laberinto griego del que ni siquiera Ariadna podría ayudar a Teseo a salir.

A la salida toca elegir playa para refrescarnos y no es fácil decidir. Descartamos Limeni con su pueblo pesquero y la playa de Diros para continuar hacia el sur hasta una pequeña cala muy tranquila llamada Playa Mezapos. Su forma de media luna creciente creada a partir de la erosión del acantilado nos acoge un par de horas mientras nos dedicamos a bucear, saltar al agua y tomar un poco el sol.

Playa de Mezapos, ideal para un baño rápido en las aguas del Peloponeso
Playa de Mezapos, ideal para un baño rápido en las aguas del Peloponeso

Pueblo abandonado Vathia

Aunque no aparezca en los mapas turísticos, el pueblo de Vathia fue una buena recomendación de los lugareños. Prácticamente un pueblo fantasma, sus casas torre medio derruidas nos muestran el exilio de sus habitantes hacia tierras más prósperas. La arquitectura que posee es quizá el mejor ejemplo de como son los pueblos de la península de Mani, pequeños pero robustos castillos de casas abigarradas. En muchos de ellos las ventanas abiertas o las puertas abiertas nos permiten ver aún escenas del pasado, viejos ingenios de molienda y vigas que poco a poco se rinden al paso y peso del tiempo.

El tiempo apremia porque el intenso sol de verano toma dirección hacia su baño marino al atardecer y con pena dejamos atrás la playa Marmari, camino del Cabo Tenaro.

Cabo Tenaro

Tenaro (o Tinaro) se estira hacia el sur al final de la península de Mani. Aquí los griegos situaron las puertas del Hades, desde donde Hércules descendió con el perro de tres cabezas Kerberos a los mundos inferiores. Un pequeño templo se erige como culto a Poseidón, como refugio para los peregrinos, y más allá un edificio conserva aún el pavimento de mosaicos. Un sendero nos conduce hacia el faro, donde el sol despide su día brindando un atardecer épico.

Trekking hacia el faro del Cabo Tenaro
Trekking hacia el faro del Cabo Tenaro

REGIÓN DE ARGÓLIDA

Si se lleva a cabo la ruta circular (o al menos siguiendo la costa en sentido contrario a las agujas del reloj), el viaje por Peloponeso suele recalar en la región de la Argólida. Nauplia (o Nafplio), su capital es con bastante seguridad una de las ciudades con mayor movimiento turístico. Se percibe nada más llegar cuando casi como un vórtice o agujero negro, Nauplia atrae los cruceros del Egeo que llegan al golfo argólico. Fue la primera capital de Grecia entre 1829 y 1834 mientras se estabiliza el país tras la lucha de independencia contra la dominación otomana.

La polis de Argos en la antigua Grecia se llamaba Hippobotos, referenciando su tradición de criar caballos. Es tierra de naranjos y olivos, con interesantes playas como Karathṓna y Kondili Beach, y un buen puñado de yacimientos arqueológicos imprescindibles como Micenas y Epidauro. Los centros palaciegos micénicos gestionados por los Aqueos que se asentaron en la Argólida son tan megalómanos que parecen sacados de otro tiempo más reciente.

Lugares a ver en la Argólida

El alegre paseo por las calles de Nauplia (o Nafplio) nos devuelve del eremitismo que hemos vivido en estos días tranquilos por el Peloponeso más desconocido. El calor es intenso, pero no podemos resistirnos a la tentación de subir a lo alto de la fortaleza de Palamedes (o Palamidi), una ciudadela del siglo XVIII que se alza en la roca que vigila Nauplia. Estas ruinas de fuerte veneciano nos dan una vista panorámica al mar, la isla con el castillo de Bourtzi, y el golfo que bien merecen el esfuerzo de subir la escalera de 857 peldaños. Desde los codos de la ascensión ponemos la mirada en el Acronauplia, el desnivel donde se hallan varias fortificaciones de época veneciana y franca. En su día prisión y más tarde complejo hotelero, aún conserva su cinturón de murallas que llega hasta el centro de Nauplia.

Fortaleza de Palamedes en Nauplia
Fortaleza de Palamedes en Nauplia

El encanto de Nauplia es aún mayor cuando cae la noche y las calles y plazas de la ciudad cobran unos tonos embaucadores, similares a la sensación de haber tomado dos ouzo y casi levitar buscando restaurante.

Micenas fue una de las ciudades más importantes de la Grecia Clásica allá por el siglo VII a.C. . Su yacimiento conserva gran parte de las poderosas murallas que la hicieron famosa. Mientras se asciende serpenteando desde la puerta de los leones hacia lo alto de la Acrópolis comprendemos la magnitud de la antigua polis micénica. El museo arqueológico al final del recorrido y la tumba de Agamenón con forma de tholos  -no lejos de Micenas- son una excursión que no puede faltar.

Puerta de los Leones en el yacimiento arqueológico de la ciudad de Micenas
Puerta de los Leones en el yacimiento arqueológico de la ciudad de Micenas

Epidauro es uno de los lugares más visitados del Peloponeso, y de toda Grecia. Su parte más reconocible es el teatro, pero el yacimiento es vasto, con restos de palacios, templos y otros edificios dispersos entre vegetación. En verano se desarrollan conciertos y representación de obras clásicas, en un escenario con una acústica difícil de mejorar. Cerca, hacia la costa al este encontramos la ciudad hundida del antiguo Epidauro, que podemos ver buceando con gafas y tubo a apenas unos metros de profundidad.

Teatro de Epidauro
Teatro de Epidauro en la región del Peloponeso

Con más tiempo el viajero puede conocer las ruinas de Argos, o las de Tirinto, relacionado con la Ilíada y la Odisea, cuyas colosales murallas “solo podían haberse hecho con los brazos de gigantes cíclopes” según la mitología griega. Y para el descanso del guerrero algo de playas y sombra, como la de la Cueva Franchthi al sur de la Argólida.

REGIÓN DE CORINTO

Inicio o fin del viaje por el Peloponeso, la región de Corinto suele ser cruzada casi siempre son prisas, o con una parada de descanso. Los restos griegos – y sobre todo romanos- del yacimiento de la antigua polis griega de Corinto, se suman a la acrópolis de Acrocórinto, y las playa de Ireon o Vuliagmeni como ideas para visitar. Tampoco debemos obviar que en el área de Nemea está la región vinícola del Agiorgítiko, uno de los mejores vinos tintos de Grecia,.

Canal de Corinto

Todos los caminos conducen del Peloponeso conducen a Atenas a través del Canal de Corinto. Allí donde la mano del ser humano jugó a desafiar los trazos de la naturaleza, una línea recta excavada con mucho esfuerzo, separó físicamente Peloponeso de la Grecia continental. Canal abajo los barcos discurren entre las abruptas paredes como si fuese la imaginación de un niño quién los guiase. Desde el puente peatonal miramos ese ir y venir sin prisas, disfrutando de los intensos colores turquesa de sus aguas, viendo desfilar pequeños cruceros turísticos, catamaranes y otras pequeñas embarcaciones que se ahorran la vuelta larga bordeando la costa del Peloponeso. A los lados una cohorte de bunkers de cemento parecen garitas de vigilancia trasnochadas por el tiempo.

El Canal de Corinto soñado desde hace casi tres mil años.
El Canal de Corinto soñado desde hace casi tres mil años y que ahora separa Peloponeso de la Grecia continental.

Consejos para un viaje al Peloponeso

A la hora de preparar el viaje por el Peloponeso conviene leer mucho. Este pequeño continente griego tiene tantos lugares donde pararse que a veces se pierde la noción del tiempo. Los desplazamientos, distancias y visitas a yacimientos arqueológicos requieren tiempo, y por ello es mejor extender los días del itinerario. La otra opción es tomarlo con calma y guardarse cosas para regresar porque ya en rumbo encontraremos razones para querer volver algún día.

Los precios son moderados y casi siempre más económicos que los de Atenas o por supuesto otras islas griegas. La comida y gastronomía del Peloponeso es excelente y el alojamiento en hoteles con encanto y bed and breakfast está a la altura del encanto del territorio. Un buen consejo es dejarse guiar por las recomendaciones de sus habitantes, gente sencilla, amable y deseosa de proporcionar satisfacción al viajero.

Platos de la gastronomía de Peloponeso
Platos de la gastronomía de Peloponeso

Mapa de puntos de interés en el Peloponeso

Estos son algunos de los principales lugares para visitar en el Peloponeso pero hay muchos más: playas, yacimientos, pueblos, espacios naturales o lugares de relax donde olvidarnos del reloj.

Alojamiento en el Peloponeso – Hoteles y Bed and Breakfast



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Alquiler de Coches

Una buena idea es alquilar el coche en el aeropuerto de Atenas y sin necesidad de entrar en la capital de Grecia, encaminarnos hacia el Peloponeso. Hay muchas agencias de alquiler que ofrecen todo tipo de vehículos en función de la capacidad de nuestro grupo.

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