Methoni, huellas de la República de Venecia en Grecia

Hay cuadros que inspiran a viajar, y viajes que inspiran a reflexionar, a leer tras los cuadros. En el Museo Thyssen de Madrid una mirada esquiva cautiva al espectador. Es el Retrato de un joven caballero, un cuadro pintado en 1510 por el veneciano Vittore Carpaccio.

Retrato de un joven caballero de Vittore Carpaccio.
Retrato de un joven caballero de Vittore Carpaccio.

Dicen que Carpaccio aunó en esta obra su clásico estilo medieval con las esencias del Renacimiento, al que solo se abrazó cuando el mejor Tiziano eclipsaba su nombre. En el cuadro se mezclan evocaciones de la pintura flamenca se mezclan con el oficio de la escuela veneciana a la hora de reproducir y captar la iluminación. De esa sabiduría conocemos la obra de Giovanni Bellini y Antonello da Messina cuyo Retrato de un hombre desconocido está en el Museo Mandralisca de Cefalú, en Sicilia.

Tras el juego óptico de la figura del caballero girando su rostro hacia el lado opuesto -buscando esa perspectiva que buscaron tantos renacentistas como el maestro Giotto- una fortaleza junto al mar sirve de telón de fondo del “bodegón” o ecosistema que reproduce la dualidad de elementos entre el bien y el mal.

Para los expertos, el cuadro es el primer retrato de cuerpo entero pintado en toda Europa. El escrito del cuadro «Malo mori quam foedari / Mejor la muerte que el deshonor» se ha interpretado como una alusión y rendido homenaje Marco Gabriel, un patricio veneciano, gestor de la fortaleza griega de Modona (en el Peloponeso griego), único superviviente del  asedio otomano en 1500, acusado de traición, y sin embargo decapitado en Estambul un año después.

En nuestro viaje por el Peloponeso, una de las grandes sorpresas fueron los rastros menos conocidos de bizantinos y venecianos. Griegos y romanos tienen cadenas sobradamente conocidas que atan las tierras del Peloponeso a la fundación de nuestra Europa, pero la alfombra de asentamientos, castillos y comercio que extendió la República de la Serenísima, es mucho menos conocida. Pirán en Eslovenia, Motovun en Istria, Dubrovnik en Croacia, Kotor en Montenegro son solo una presentación de la influencia que tuvieron a lo largo de los mares Adriático y Jónico.

El león alado, emblema de la República de Venecia, en las paredes del castillo de Methoni.
El león alado, emblema de la República de Venecia, en las paredes del castillo de Methoni.

El deber de todo viajero es buscar la medida entre el placer de disfrutar playas como la de Voidokiliá, con la pasión o sed – acaso no es lo mismo- por empaparse del vino de la historia, embriagador y a veces embustero. Después del baño solar a los pies del castillo de Viejo Navarino, la ruta en coche nos llevó a Methoni, al sur de Mesenia.

HISTORIA DE MOTONE

Methoni -en griego, llamada también Modona, Motone o Metone-, junto a Koroni permitió a los venecianos controlar la costa del sur del Peloponeso, tan necesaria y ambicionada por la flota otomana para avanzar posiciones en el Mediterráneo.

Barcas en el puerto de Methoni
Barcas en el puerto de Methoni

A simple vista se distinguen tras la línea del horizonte las islas del archipiélago de las Enusas, con el canal entre Methoni y la isla Sapienza por el que circulaba el tráfico marítimo.

El nombre proviene de la mitología griega, de Motone, hija de Eneo, rey al que Dioniso regaló la primera cepa de vid plantada en Grecia (οἶνος / oinos significa vino en griego). Homero menciona en La Ilíada a la ciudad de Pédaso, una de las siete que Agamenón ofreció a Aquiles, atribuida a Methoni. Pausanias más tarde deduce que el nombre proviene de una roca del puerto denominada Mothon Lithos.

Fortificada primero por Marco Antono, y más tarde por los bizantinos en el siglo VII, su comandante Belisario lo utilizó como base para atacar a los vándalos del norte de África en el siglo VI. Más tarde pasó a integrarse en las ciudades órbita de la República de Venecia, sirviendo de base naval y de ciudad camino de la Peregrinación a Tierra Santa, un productivo negocio operado por los venecianos.

El asedio de 28 días en 1499 de las tropas otomanas la hizo pasar a sus manos hasta 1686, pero en 1715 la denominada -junto a Koroni-  “ojos de Venecia” por su importancia vital en la defensa del comercio, fue de nuevo recuperada por el gran visir Silahdar Damat Ali Pasha. En 1770, durante la revuelta de Orlov, patrocinada por Rusia, el castillo fue asediado durante mucho tiempo por los rusos dirigidos por el príncipe Yuri Vladimirovich Dolgorukov. Incapaz de asaltar el castillo, el asedio fue contestado por ambos lados con artillería, hasta que turcos y albaneses del interior del Peloponeso acudieron en ayuda de la guarnición y expulsaron a los rusos después de una feroz batalla en mayo de 1770. Los rusos sufrieron muchas bajas y se vieron obligados a abandonar la mayoría de sus armas. Huyeron a su base en Navarino, que también abandonaron poco después. Los turcos conservaron Methoni hasta la independencia de Grecia en el primer tercio del siglo XIX, cuando la ayuda de las potencias europeas fue determinante en la derrota turca.

Cañón en el puerto de Methoni
Cañón en el puerto de Methoni

Al igual que otros asentamientos costeros mediterráneos, Methoni probablemente se vio gravemente afectada por el tsunami que siguió al terremoto en el año 365 DC. El historiador romano Ammianus Marcellinus escribió que como resultado del terremoto algunos barcos habían sido “arrojados a casi dos millas de la orilla”. Fruto de esos movimientos tectónicos hay restos sumergidos de barcos y embarcaciones que han naufragado en sus costas .

CASTILLO DE METHONI

El escudo de Venecia con el león alado aún luce en las paredes de la muralla frente al foso -hoy seco- de la fortaleza de Methoni. Por este lado el acceso recinto es de ardua complejidad y solo era posible con un puente de madera. Por mar no es menos costoso su ataque, y al mismo tiempo permite un abastecimiento como sucedió en su asedio.

Entrada al castillo de Methoni
Entrada al castillo de Methoni

El acceso actual es un puente de piedra de catorce arcos,  construido sobre el foso por los ingenieros franceses que acompañaron al general Maison en 1829. La puerta de entrada termina en un arco, y a la derecha e izquierda de la entrada se pueden ver dos grandes almenas. La parte este fue construida por el general Antonio Loredan, durante el segundo período de ocupación veneciana. En el borde oeste se encuentra la almena Bembo, del siglo XV, mientras que el lado norte de los muros había alcanzado su forma final a principios del siglo XVIII y lo conserva hasta nuestros días. La parte norte de los muros alcanza los 11 metros de altura y las dos almenas se comunican a través de un pasadizo.

El muro está fortificado con torres cuadradas, usando piedras bien trabajadas forradas con mortero. Justo después de la puerta central, se abre un camino abovedado que conduce al interior del castillo. En el interior hay ruinas de las casas donde vivieron los señores venecianos durante el período de mayor apogeo económico. También hay evidencias de la calle pavimentada, las ruinas de un hamam baño turco, la iglesia bizantina de Santa Sofía, restos del edificio que originalmente Ibrahim Pasha utilizó como residencia en 1825 y más tarde el general Maison. Los franceses, tras liberar Methoni, permanecieron en el área hasta 1833 y se les atribuye la construcción de la iglesia de Santa Sotira, que todavía está en el castillo. En el interior del castillo también hay algunas cisternas y los restos del cementerio de prisioneros británicos durante la Segunda Guerra Mundial.

En la parte sur de los muros se eleva la espectacular puerta del mar que ha sido recientemente restaurada. Se compone de dos torres cuadradas altas (16 metros) que están unidas con una plataforma (unos 18 metros de largo y 6 de ancho) que está coronada con bastiones. La puerta se abre en el centro y termina en un arco en la parte superior. Las torres están construidas con grandes piedras porosas y tenían habitaciones en su interior. Un tramo empedrado conduce sobre un pequeño puente al pequeño islote fortificado de Bourtzi.

Bourtzi, torre turca en el castillo de Methoni
Bourtzi, torre turca en el castillo de Methoni

El Bourtzi se remonta al período posterior a 1500 y se ha utilizado en varios casos como prisión. Tiene una torre octogonal de dos pisos. En cada piso hay un parapeto con bastiones. La torre termina en una cúpula redonda. En el piso inferior había una cisterna y todas las obras, con poco valor defensivo, datan del primer período en que los turcos ocuparon la fortaleza. Algunos historiadores sostienen que la torre turca donde Cervantes estuvo un tiempo prisionero, pudo ser la de Methoni.

Junto a la playa un camino conduce bordeando el castillo hasta un rompeolas desde donde se ve la Torre Bourtzi. En la playa un pintor de barcos se toma un respiro y disfruta desde su “castillo encallado” de los ritmos tranquilos de Methoni.

El "pintor de barcos" de Methoni
El “pintor de barcos” de Methoni

En el puerto, el agua sueña ser un espejo, y los colores vivos de los barcos copian la realidad como si evocasen el espejismo de una fata morgana. Caminamos hasta el dique, donde cañones oxidados, seguramente recuperados del fondo del mar nos hablan de los asedios en los que Methoni pasaba como las cartas de mano en mano.

Reflejos en el puerto de Methoni
Reflejos en el puerto de Methoni

El atardecer nos sorprende con el cielo anaranjado tras el castillo, y sentados en una terraza brindamos por la paz de este precioso rincón de Grecia. Dejamos Methoni, continuando nuestro periplo por el Peloponeso, leyendo antes de partir las líneas en las que François-René, vizconde de Chateaubriand, fundador del romanticismo en la literatura francesa, describe el inicio del viaje que sirvió para dar a luz su “Itinerario de París a Jerusalén”. Pero como decía Michael Ende en “La historia interminable” esa es otra historia y debe ser contada en otra ocasión.

Qué ver y hacer en Modona y alrededores

Además de visitar el castillo y pasear por el pueblo, es interesante visitar las catacumbas construidas en las rocas de San Onoufrios (a 2 km al norte de Methoni) y el monasterio católico de San León. Las playas de Mavrovouni, Amenomylos, Loutsa y Akritika son ideales para extender los días y disfrutar del buen tiempo, mientras en la isla Sapientza, podemos conocer el importante hábitat de humedales donde habitan las ovejas salvajes kri kri, además de numerosas aves que anidan en un bosque protegido con árboles de madroño. Otro de los puntos destacados es el faro de piedra del siglo XIX y una playa de arena excepcional.

El otro “ojo” de Venecia era el castillo de Koroni, dominando el cabo de Akritas, en el extremo sur del Golfo de Messina. En el pueblo se aprecian los trazos de la arquitectura otomana, y las iglesias de Santa Sofía (una bizantina del siglo XII) y San Charalambos (una antigua mezquita). Otros puntos de interés son la iglesia dedicada a Panagia Eleistra debajo del castillo, la colección Histórica y Arqueológica con los hallazgos excavados de la región, y las calas apartadas y playas de Paroulia, Gargarou, Zagga, Agia Triada, o Agios Ioannis.

Mapa de Methoni

 

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1 comentario de “Methoni, huellas de la República de Venecia en Grecia

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