Turismo en Lepanto, la ciudad de Grecia que honra a Cervantes

Desde lo alto del la cordillera de montañas en la costa opuesta a Lepanto, los molinos generan energía eólica meciendo sus palas con el mismo ritmo relajado que late en la ciudad griega.  Aquí no hay un Sancho Panza que advierta al Quijote de que los molinos no son gigantes. La tranquilidad define a Lepanto (Nafpaktos en griego), e incluso en verano no hay las aglomeraciones de otras villas marineras de Grecia. Los ritmos son sumamente pausados y los viajeros que hacen un desvío hacia Olimpia o Meteora desde Peloponeso quedan fascinados de la gran sorpresa que es Lepanto.

En los ajetreados circuitos que vienen y van de norte a sur cruzando el puente de Patrás hacia el Peloponeso, el turismo se suele olvidar de Lepanto. En la Edad Media su puerto era uno de los más importantes de la costa norte del golfo de Corinto y el tránsito marítimo era fluido.

El puerto de la ciudad griega de Lepanto
El puerto de la ciudad griega de Lepanto

Nafpaktos conserva ese aire mediterráneo que por desgracia se va perdiendo en puertos históricos que crecen con sus rompeolas y puertos deportivos borrando la fisonomía de los muelles medievales. Las almenas recortadas de la muralla ascendiendo hacia el Monte Rigani nos recuerdan a Kotor en Montenegro, otro baluarte veneciano de la época dorada del de Venecia, la República de la Serenísima con su león alado como emblema. El puerto amurallado permitía la defensa y control de la navegación en el golfo de Corintio (antes llamado de Lepanto).

Fue en esos apenas 100 años de dominación veneciana (de 1407 a 1499) cuando se fortificó con el trazado que observamos. Por un lado el puerto con una defensa de murallas que continúan hacia lo alto, resguardando el perímetro de la ciudad y el castillo. Renominalizada por los venecianos como Lepanto, en 1477 consiguió repeler el asedio de cuatro meses de los turcos pero en 1499 se rindió a Bayaceto II.

Más tarde, ya en 1678 los venecianos consiguieron reconquistarla, aunque el Tratado de Karlowitz en 1699. movió de nuevo las fronteras a favor de los otomanos que la dominaron hasta que en 1830, tras la guerra de independencia y el tratado de paz, formó parte de la Grecia independiente.

Murallas venecianas en el puerto de Lepanto
Murallas venecianas en el puerto de Lepanto

La Batalla de Lepanto

En el año 1571 la alianza de monarcas de la fe católica dejó de lado sus diferencias para tratar de frenas a los turcos, que constituían una amenaza sobre todo económica, disfrazada de religiosa. La denominada Liga Santa estaba formada por el reino de España, la República de Venecia, los Estados Pontificios, la República de Génova, el ducado de Saboya y caballeros de la Orden de Malta. El grueso cristiano lo componían 91 000 soldados, marineros y chusma (condenados obligados a la fuerza a participar), con 207 galeras, 6 galeazas y 20 navíos armados, y una cohorte bergantines y fragatas, que sumaban 1.215 piezas de artillería. Comandando la gran coalición estaba Don Juan de Austria, hermanastro del rey Felipe II, pero en la práctica fueron los oficiales Juan de Cardona, Luis de Requesens y Gian Andrea Doria quienes asumieron la estrategia durante la batalla.

Frente a ellos el almirante turco Alí Bajá, liderando a unas tropas donde había mercenarios y corsarios berberiscos. Su ejército naval era mayor en número de embarcaciones, con 221 galeras, 38 galeotes y 18 fustas, pero con menor fuerza artillera -750 cañones-  y un número de  hombres de 83 mil, peor armados que su contendiente.

La derrota de los otomanos fue total, con casi todas las embarcaciones hundidas o apresadas. Alí Bajá fue capturado y degollado mientras que uno de los corsarios más destacados, Luchalí consiguió huir. Durante siglos la estela de la victoria cristiana frente a los turcos fue para la historiografía europea un hito exaltado por el mismo Cervantes. En cada conmemoración del aniversario de la batalla Lepanto revive su pasado con representaciones de teatro, charlas, conferencias históricas e incluso regatas.

Murallas sobre el puerto de Lepanto
Murallas sobre el puerto de Lepanto

Cervantes el hijo adoptivo de Lepanto

En uno de esos barcos, concretamente en la galera la Marquesa, estaba un joven de 24 años llamado Miguel de Cervantes. El autor del Quijote aún no había escrito ninguna de sus obras, ni aún había pasado por las vicisitudes de su cautiverio en Argel y a lo largo de su vida no perdió la ocasión de vanagloriar la importancia de la batalla.

Estatua de Miguel de Cervantes en Lepanto
Estatua de Miguel de Cervantes en Lepanto

Las heridas en el pecho y en el brazo izquierdo fueron importantes, e incluso le produjeron una perdida de movilidad de la mano, y un apodo que le persiguió toda su vida, el manco de Lepanto -auqnue no hubo amputación como se piensa erróneamente-. Sin embargo el escritor más célebre de la literatura española siempre dejó constancia del orgullo de haber participado en la derrota turca en Lepanto, refiriéndose a la batalla como en lance épico a la altura de la de Salamina cuando los griegos repelieron al ejército persa de Jerjes con la participación y sacrificio de los rudos espartanos.

Turismo por Lepanto

Llegamos a Lepanto al mediodía y la gente se resguarda en las tabernas o bajo las sombrillas en la playa. El abrasador calor de julio y agosto lo combaten los niños saltando en los espigones y el puerto, haciendo piruetas el el aire con el puente Rion-Antirion de Patrás al fondo.

Atravesando la puerta de las murallas se llega al puerto. Dos torres defensivas cierran la entrada al pequeño refugio que lleva más de 2500 años funcionando como protección. En una de las torres de la muralla está blandiendo una antorcha, la estatua de Yorgos Anemogiannis, que murió intentando prender fuego a un barco turco durante la guerra de independencia de Grecia en 1821. En el otro lado de la bocana del puerto la estilizada figura de un antigua construcción servía de faro.

Entrada por mar al puerto de Lepanto
Entrada por mar al puerto de Lepanto

Viejos cañones se asoman hoy pacíficos al mar y una puerta nos permite entrar en el puerto para pasear por su media luna. Algún pescador pasa el tiempo sentado en su barco pintado con franjas de colores, mientras con una cerveza en la mano y con un aparejo en la otra, – y con la paciencia de quién no tiene prisa de que los peces piquen su cebo- disfruta de ese placer tan humano que es vivir. Al fin y al cabo por aquí han pasado desde las Guerras Médicas atenienses, mesenios, locrios, aqueos, tebanos, macedonios, romanos, bizantinos, venecianos y otomanos, antes de que Grecia se independizara. Quizá por ello las prisas son relativas en Lepanto. Eso por no mencionar los terremotos del 553 y el siglo VIII, que dejaron en ruinas una ciudad que contaba con templos dedicados a Apolo, Poseidón, Artemisa o Asclepio. Los bizantinos la reconstruyeron con el nombre de Eplaklos.

Pesca sosegada en el puerto de Lepanto
Pescador de Lepanto

Dando la bienvenida encontramos a Miguel de Cervantes en una pose teatral, homenajeado por los habitantes de Lepanto y una placa en castellano. La estatua de bronce es obra del escultor mallorquín Jaume Mir. En el puerto las terrazas de los restaurantes se asoman al agua donde aún hay barcos de pesca que salen cada día a traer pescado fresco para servirse en las mesas. En uno de los extremos se divisa la cúpula de la mezquita Fethive Tzamí, construida a finales del siglo XV durante el periodo de control otomano.

Mezquita Fethive Tzamí en Lepanto
Mezquita Fethive Tzamí en Lepanto

En el Museo de la Batalla de Lepanto, en el interior de la  torre de Botsari, podemos conocer al detalle el contexto, las fases y el resultado de una de las batallas más importantes del siglo XVI.

Las calles se empinan para ir haciendo zigzag y conducirnos a la puerta de la muralla de defensa. A la derecha la torre del reloj es un perfecto mirador del puerto y de las murallas que encierran la ciudad vieja de Lepanto. El azul turquesa del mar lucha por imponerse a los tonos rojizos de los tejados de las casas de Lepanto que se asientan en ascenso de la colina protegida por las murallas. Al norte de la torre, pasando la mansión Tzavela están los restos de los baños turcos, otra huella arquitectónica de su paso por Lepanto.

Torre del Reloj de Lepanto
Torre del Reloj de Lepanto

Castillo de Antirrio

También conocido como castillo de Roumeli, la fortificación fue construida por los venecianos en el siglo XV. Se puede visitar, subiendo o bien a pie poco a poco, u optando por ir en coche con la carretera que llega hasta su entrada.

Además del componente histórico de Lepanto, la pequeña ciudad permite disfrutar de opciones de turismo activo y trekking en los alrededores, o del descanso en sus playas de guijarros y arena que se extienden a ambos lados como Xiliadou, Psani, Hiliadou (con una zona nudista) y Gribovo.

Cómo llegar a Lepanto

Desde Atenas hay unas dos horas y media hasta Lepanto, pasando por el estrecho de Corinto y luego por el puente de Patrás. Si se llega desde el norte y Olimpia, hay unos 140 km y algo menos de dos horas hasta alcanzar Nafpaktos.

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Mapa del centro y puerto de Lepanto – Nafpaktos

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1 comentario de “Turismo en Lepanto, la ciudad de Grecia que honra a Cervantes

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