Contando barcos en el Canal de Corinto de Grecia

Los mitos se crean a partir de historias imposibles, odiseas improbables y momentos que solo el paso del tiempo y la hipérbole humana convierten leyendas. En nuestro viaje por Grecia, desde Atenas a Meteora -y luego hacia el sur para recorrer el Peloponeso de forma pausada-, hemos hecho parada en el canal de Corinto.

Asomados a ese hachazo artificial a la tierra, que resquebrajó el itsmo que unía le península del Peloponeso con el resto de Grecia continental, nos ponemos a divagar. Quién sabe si dentro de mil años los nuevos pobladores de la Tierra, hablarán de como el ser humano cortó la tierra con un “arado” para hacer un canal, o quizá ávidos de sueños oníricos o por contra de razones para explicar lo incomprensible, se inventen historias de dioses griegos.

Velero cruzando el canal de Corinto
Velero cruzando el canal de Corinto

El camino de Corinto es la única entrada por carretera junto al puente de Patrás para llegar a la península. Cruceros, barcos recreativos como yates y veleros y buques de carga se enfilan para cruzar el canal. El estrecho tamaño hace que solo se pueda cruzar en un sentido de forma alternativa, como si fuera un lento desfile en el que el saludo entre los “espectadores” desde el puente y los viajeros en barco, es casi obligatorio.

Oda a la ingeniería

Cuantos millones de euros mueve el turismo religioso? Frente a esto, muchas veces se obvia que detrás de la construcción de catedrales, pirámides, o mausoleos hubo la labor de ingenieros o arquitectos cuyo trabajo queda diluido en la memoria. Solo un puñado de nombres de insignes ingenieros se salvan de la desmemoria. Afortunadamente, de forma creciente pero aún lenta, el reconocimiento del patrimonio industrial que permitió cimentar las bases de la sociedad actual en el siglo XIX y XX, cobra interés. El Canal de Corinto debería tener guías turísticos para conocer su historia, y al menos paneles informativos para conocer el detalle de su construcción. Sin embargo, la parada ocasional de los viajeros, o de los que se enrolan como marineros en un crucero de unas horas, se debe más a aspectos estéticos como el color turquesa de las aguas del canal.

La historia del proyecto del canal es casi tan antigua como la de los propios griegos. Periandro de Corinto en el siglo VII a.C. tenía ya en mente llevarlo a cabo, con la intención de controlar los mares del Egeo en un tiempo en el que las autopistas eran marinas.  Considerado uno de los Siete Sabios de la antigua Grecia, dicen que finalmente desestimó la idea al consultar al Oráculo, que seguramente no estaba por la labor de que Corinto perdiera su poder comercial, y por tanto las generosas donaciones que se hacían a los sacerdotes del templo. Como alternativa hizo una rampa (Diolkos) que permitiera arrastrar los barcos sobre la calzada de piedra y pasar al otro lado del Egeo. Los restos son aún visibles, asemejando una calzada romana.

El Canal de Corinto soñado desde hace casi tres mil años.
El Canal de Corinto soñado desde hace casi tres mil años.

Más tarde Demetrio I de Macedonia, en el siglo III. a.C, y los romanos Julio César y Calígula parece que retuvieron la idea de conseguir abrir el canal. Sin embargo no fue hasta el gobierno de Nerón cuando usando un nutrido grupo de 6 mil esclavos judíos se empezaron las obras en el 67 d.C, canceladas por su sucesor Galba un año después de la muerte del emperador romano. El ambicioso plan quedó semi olvidado pese a las sugerencias de los eficientes ingenieros de la República Veneciana, que en 1687 expusieron varios proyectos, con la idea de defender los puertos conquistados en el Peloponeso. Dos siglos después, y con los avances técnicos de la revolución industrial, -que habían logrado de la mano de Ferdinand de Lesseps concluir el Canal de Suez- se logró la esperada odisea.

Grecia había logrado su independencia de los otomanos en 1830 y el plan de abrir el canal se tomó como una cuestión de estado. Sin embargo los elevados costes para un país nacido frenaron la ejecución. Años después, en 1869, ingenieros franceses abrieron el canal de Suez que permitía el acceso directo al Golfo Pérsico, y esto significó a la postre un impulso para el ansiado Canal de Corinto. Entre 1881 y 1893 el ingeniero húngaro István Türr,  retomando parte del proyecto de Nerón -como por ejemplo el mismo trazado-, dirigió las obras, con problemas de bancarrota y financiación en el camino. El 23 de abril de 1882, en presencia del rey Jorge I de Grecia se presentó de forma oficiosa pero en realidad se completaron las obras el 25 de julio de 1893. Incluso solo pudo ser empleado con seguridad a partir de noviembre de ese año, una vez solucionados problemas de corrimiento de tierra. Durante la primera mitad del XIX los problemas de caída de tierra y deterioro de las paredes por el tráfico, afectaron al tránsito, hasta que se aplicó mampostería en las paredes para evitar nuevos derrumbamientos.

Los datos aturden, con una longitud de 6,3 kilómetros, una anchura máxima de 25 metros a nivel del agua frente a 21 en el fondo, y una profundidad de 8 metros. En total, sumando las varias actuaciones para terminarlo, se extrajeron unos 930.000 metros cúbicos de piedras y tierra. Desde el puente peatonal hay 76 metros de caída que al asomarse resultan estremecedores. Las dos paredes calizas son tan verticales ( 80º de inclinación) que se percibe la angostura, y el cielo queda reducido a una franja que parece la estela de un avión. Alrededor de doce mil barcos cruzan el canal de Corinto cada año, la mayoría turísticos.

A veces parece que los barcos se van a quedar encajados en el canal, pero todo está calculado. Para coordinar el tráfico se instalaron a ambos lados del canal sendos puentes hidráulicos que se hunden hasta el fondo dando acceso o bloqueando la navegación. La bandera azul indica que está abierto el canal para atravesarlo y con la bandera Roja indica que hay que detenerse. Por la noche dos luces blancas verticales significan que es el momento de pasar, mientras que una sola señala el stop.

El tráfico de coches se lleva a cabo a través de un puente sobre el canal, desde donde apenas se obtiene por unos segundos la vista azulada de las aguas. Otro puente permite el tránsito de trenes entre el Peloponeso y el camino a Atenas.

Puente de coches del Canal de Corinto
Puente de coches del Canal de Corinto

Desde dónde ver el Canal de Corinto

El mejor lugar para disfrutar de las vistas del canal de Corinto es el puente peatonal situado en el medio del istmo ya que permite una visión casi equidistante de ambos lados. De esta forma independientemente de la hora del día – y por tanto la inclinación del sol- podemos obtener buenas fotografías de uno u otro lado. Si acudimos al mediodía la luz ilumina las paredes, evitando las sombras y el contraste.

Vistas del canal de Corinto desde el puente peatonal
Vistas del canal de Corinto desde el puente peatonal

Junto al puente, y visibles cuando llegamos,  hay varios bunkers de la segunda guerra mundial dispuestos a ambos lados del canal.  Fueron construidos tras la batalla de Grecia y la conquista del territorio heleno por parte de alemanes e italianos. Después de obligar a retroceder a los aliados hacia el Peloponeso, los bunkers permitían el control estratégico del canal y en caso de uso por barcos enemigos, disponer de una posición inmejorable para hundirlos si osaban atravesarlo. Con la retirada alemana el canal quedó inoperativo hasta 1948, a causa de los escombros, trozos de puente e incluso locomotoras lanzados para inutilizarlo en su retirada.

Bunkers alemanes junto al canal de Corinto
Bunkers alemanes junto al canal de Corinto

¿Cuánto cuesta atravesar el canal de Corinto en barco?

Los precios cambian cada año y dependen de la eslora de la embarcación o de la bandera. En 2018 los precios para un barco de menos de 6 metros eran de 50€, mientras que para los que van de 6 a 9 metros el precio subía a los 80€. Cuando la embarcación supera los 9 metros se aplica una fórmula que añade 23€ más por cada metro de eslora. Aunque pueda parecer caro, el tiempo de ahorro y combustible para evitar los 400 km de costa, hace que cruzar el atajo del canal de Corinto sea ventajoso. Los grandes barcos mercantes no lo usan debido a que el tamaño no lo permite, pero aún así es ir y venir es constante. Las embarcaciones más grandes y difíciles de maniobrar son remolcadas y el máximo de ancho de las embarcaciones es de 17,6 metros.

Se permite el pago con tarjeta y en metálico, existiendo un cargo extra del 30% los fines de semana y del 25% en horario nocturno. Hay que mirar el calendario para evitar a toda costa los martes ya que es el día cierre por mantenimiento y dragado del canal.

Cómo llegar al Canal de Corinto

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2 comentarios de “Contando barcos en el Canal de Corinto de Grecia

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