La Sauna y Finlandia, aprendiendo un país.

La tienda sauna proviene de las saunas portátiles que se usaban en el ejercito. Hoy son perfectas para los cursos de relajación o yoga sauna. Su vapor es muy particular. Complejo de Revontuli en Jyväskylä. ©Iñigo Pedrueza.

La sauna es uno de los elementos culturales más importantes de toda Finlandia. Si se entiende la sauna se entiende a los finlandeses, su cultura y su cambiante clima. Quizá gracias a la sauna, a la propia dureza del clima y a la necesidad de cooperación, la sociedad finlandesa ha sido menos cruda y salvaje que en otras partes del mundo. La sauna es una especie de compendio de lo mejor del país. Hay cosas malas en Finlandia por supuesto, nadie es perfecto, pero la sauna es un aspecto de esos que se descubren y que, inmediatamente, se desean compartir y copiar. 

Pudimos visitar la sauna Saana (que significa Sauna en dialecto careliano), en Kuopio antes de que se terminase de construir. ©María Calvo.

En la sauna se nacía y muchas veces se moría. La sauna era la primera habitación de las casas en construcción y el lugar de refugio en la guerra y en las profundidades del kaamos, la noche sin fin del invierno. La sauna servía para limpiar la ropa, el cuerpo y la mente. Para ahumar la carne, el pescado y las setas. Hay saunas en cada casa, por humilde que sea; en cada cabaña; en las empresas; en los gimnasios y los hoteles; en el Parlamento y las cárceles. Hay saunas eléctricas; las hay que huelen a humo (savusauna) y a terva, el alquitrán de madera; hay saunas de leña, tiendas saunas; saunas hechas con hielo, con arcilla; saunas contemporáneas y saunas con más de un siglo de antigüedad… Todas son diferentes, todas tienen su proprio carácter, su propio vapor y su encanto. Y una vez que comenzamos a conocerlas, todas nos encantan.

Sauna en cabaña de troncos en Utsjoki, junto a la frontera de Noruega. ©María Calvo.

La sauna en Finlandia es un lugar de encuentro, de soledad, un lugar de silencio casi sacro y de risueña conversación. Un lugar donde celebrar lo peor y lo mejor de cada simple vida. La sauna es un templo laico, un espacio al que se debe entrar con humildad, pero del que siempre se sale reconfortando y fortalecido. La sauna, su vapor, -el löyly– no es una competición, es una prueba de sabiduría, un ámbito donde nos protegemos y nos desarrollamos. En la sauna se pueden hacer amigos y se puede discutir con los enemigos. Un terreno potencial de consenso y de paz. La sauna ha sido fuente de ideas y de soluciones, mientras el cazo de abedul riega las piedras que hierven sin hervir, calientes por la madera de los bosques eternamente verdes, eternamente blancos, eternamente rojos. La intensidad de Finlandia se resume en los sabores de su gastronomía que duerme la mitad del año y que refulge y crece la otra mitad. Finlandia es un país de extremos, y la sauna es su justa medida.

Desde pequeño se aprende a respetar a la sauna, a su vapor y a la gente con la que se comparte. Hay saunas privadas donde se entra desnudo de cuerpo y de alma, para respirar y para escuchar. Sólo se comparten con la familia y con los amigos. Por ello si alguna vez le invitan, entre con prudencia, como quien entra en el más grande palacio. Entre con su bañador o con su desnudez, pero deje todo lo malo que haya en sí a las puertas, como cuando nos descalzamos. 

Sauna en la Villa Apollo, en el archipiélago de Turku, cerca de Parainen ©María Calvo.

Hay saunas públicas, donde todo el mundo entra. Allí, el cuidado y el respeto es el mismo. Comience en la ultima fila, en la más baja, con la humildad del recién llegado. Poco a poco, acostúmbrese al calor abrasador que le quemará un poco las orejas, la cara, lo alto de su terca cabeza y todo el orgullo. Inspire y requeme sus pulmones. Agache la cabeza y escuche el silencioso batir de su corazón que aprende. Salga cuando quiera y note el frío gélido del invierno. Dese cuenta de como ya no le hace tanto daño. Espere un rato a que el viento, la noche del invierno o los rayos del sol prometedor de marzo, calienten su alma y su carne. Sumérjase en las aguas gélidas al menos 10 segundos en invierno y sienta lo que es ser un superhumano. 

Sauna hecha con bloques de hielo en Tahko, cerca de Kuopio, en Carelia. ©María Calvo.

Si es en verano, disfrute de la calidez plácida de los lagos y refresque el gaznate con abundante agua y cerveza, o zumo de bayas del bosque, regalos de una naturaleza salvaje que renace cada año. Y sobre todo vuelva a la sauna, y disfrute del calor que le cobija, que le enrojece, que le da la vida. De esa manera, poco a poco, con la humildad del aprendiz podrá ir escalando, si quiere, de fila, poco a poco. 

Podrá hablar con los animados finlandeses, observará como niños, jóvenes, adultos y viejos comparten el espacio y se amontonan rozándose y sufriendo con placer cada bocanada de nuevo vapor. Un día llegará en el que, por fin, coja el cazo y se decida a arrojar su primer chorro de agua contra las piedras que están tan calientes pero que nunca se ponen rojas. Ese será su primer löyly, y con certeza no el último. La sauna le habrá poseído y será para siempre uno de sus humildes embajadores, esos que agachan la cabeza, no ante los grandes del mundo, sino ante la propia grandeza de las cosas pequeñas de este curioso planeta. En ese momento lo mejor de Finlandia habrá dejado de ser extraño para Usted y Usted será, con plenos derechos, un compatriota de una de las mejores nacionalidades, la de la Sauna.

Y después de la sauna, nada mejor que salir y bañarse en el agua helada o revolcarse en la nieve. ©María Calvo.

Para más información escribanos o visite nuestra guía sobre Finlandia.

PD: La foto de la portada viene de la sauna publica de Rauhaniemi en Tampere, una de las que más nos gusta.

Te ha gustado? Comparte este viaje !

Escribe un comentario!! (Vamos...es gratis y nos hace ilusión saber que te ha parecido.