Excursión a los pueblos palafitos de la Ciénaga Grande de Santa Marta

El viaje por Colombia nos estaba descubriendo paisajes sublimes con un contraste visual y climático profundo. Desde el intenso verdor del eje Cafetero llegamos a la costa caribeña de Colombia, para conocer Cartagena de Indias.

Nueva Venecia, uno de los pueblos palafitos de la Ciénaga grande de Santa Marta
Nueva Venecia, uno de los pueblos palafitos de la Ciénaga grande de Santa Marta

Además de la maravillosa e histórica ciudad, merece la pena salirse de los círculos turísticos, y dedicar tiempo a lugares menos conocidos en los que el turismo comunitario está dando los primeros pasos. De este modo se puede ayudar a desarrollar de forma sostenible nuevas propuestas que doten a los más necesitados de alternativas económicas. Así, tomamos rumbo para conocer los pueblos flotantes construidos sobre palafitos: Nueva Venecia, Buenavista y Bocas de Aracataca.

Familia en la Ciénaga grande de Santa Marta
Familia en la Ciénaga grande de Santa Marta. Excursión a los pueblos palafitos de Colombia.

Un ecosistema único

El hábitat de la Ciénaga Grande de Santa Marta es un oasis de vida silvestre a ambos lados del agua. La parte más invisible, la submarina, cuenta con muchas especies de peces, anfibios y fauna que vive en unas aguas de baja profundidad en la mayor parte de la superficie lacustre.

Garza blanca en la Ciénaga Grande de Santa Marta
Garza blanca en la Ciénaga Grande de Santa Marta

Lo normal es que solo sea un metro y medio lo que separa el fondo de lodo y las barcas, lo que permite impulsarse con los remos que recuerdan a los gondoleros de Venecia. Sin embargo el glamour, la opulencia y el turismo aquí no tiene cabida.

Sobre la masa acuosa son las aves las grandes protagonistas que campan a sus anchas utilizando cualquier apoyo para posarse. Casi doscientas especies lo habitan de forma permanente, y más de quinientas migratorias pasan estacionalmente por los humedales. Las aguas dulces del  río Magdalena que bajan de la la Sierra Nevada de Santa Marta, desembocan en la laguna, mezclándose con el mar salado.

Fauna y flora se ha adaptado, siempre sensibles a los cambios de clima. Los manglares actúan como barreras naturales ante huracanes y tormentas, siendo una fuente de carbono que equilibra los efectos del cambio climático. Incluida en la lista Ramsar, el humedal de Santa Marta es uno de los  ecosistemas de este tipo más importantes de América.

Manglares para reforestar la ciénaga
Manglares para reforestar la ciénaga. Excursión a los pueblos palafitos de Colombia.

El complejo equilibrio del ecosistema sufre ante la presión humana, el cambio climático o los huracanes. Por ello la reforestación promovida  por la gente que lo habita, permite paliar los efectos y no romper el balance natural de la Ciénaga Grande de Santa Marta.

Historia de los Pueblos de Palafitos

Aquí la historia no se escribe en libros, se cuenta oralmente y transmitida como una leyenda. Hacia 1847 los pescadores que salían a faenar por la laguna, buscando nuevos caladeros, pensaron que para no regresar cada día, podían construir unas chozas flotantes para pasar la noche. Poco a poco esas casa flotantes se fueron haciendo permanentes y habitables, llegando toda la familia. Así nació la primera de esas  comunidades, Nueva Venecia, a las que más tarde se sumarían Buenavista y Bocas de Aracataca.

Casas palafitos de Buenavista
Casas palafitos de Buenavista. Excursión a los pueblos palafitos de Colombia.

Su gente no ha vivido ajena al conflicto armado de Colombia. En 2000 varios grupos de las FARC llevaron a cabo una sangrienta incursión en Bocas de Aracataca matando a decenas de personas con el pretexto de que ayudaban al gobierno suministrando información sobre los movimientos de la guerrilla.

Unos meses después lo hacían en Nueva Venecia y Buenavista. De hecho en la iglesia de Nueva Venecia aún se puede leer el recuerdo de la matanza, pesando como una losa de miedo que flota en la memoria colectiva.

Placa conmemorativa de la matanza de Nueva Venecia
Placa conmemorativa de la matanza de Nueva Venecia

Los olvidados de Colombia

Durante muchos años su población ha vivido olvidada, como náufragos en una isla desierta a tiro de piedra de la marabunta de Barranquilla, Santa Marta o Cartagena.  Llegar aquí, aunque sea una sola vez en la vida, es un ejercicio contra la desmemoria, algo que todo viajero debería probar para ponerse en el lugar de su gente.

Sin una red de agua potable, con pocas alternativas económicas más allá de la pesca, con un calor y humedad sofocantes, y a la merced de una logística muy restringida para llegar o salir, la población de los palafitos necesita no sentirse olvidados.

Una de las casas palafito de Nueva Venecia
Una de las casas palafito de Nueva Venecia. Excursión a los pueblos palafitos de Colombia.

Si los hombres tienen pocas opciones para trabajar, la situación de las mujeres aún es más reducida, constreñidas a ser madres, a menudo muy jóvenes, y siendo muy complicado estudiar viviendo en «islas flotantes» en las que la formación es muy elemental.

Cuesta imaginar que la plácida y extensa laguna sea a la vez un «desierto» que impide saciar la sed. La salinidad es alta y aunque no es indicada para el consumo humano, durante mucho tiempo se usaba cuando no había otra opción. Los pueblos de palafitos de la Ciénaga no cuentan con suministro potable, pero sí eléctrico. Es decir, todo lo que se bebe se trae desde tierra firme.

Moverse de casa a casa requiere usar una embarcación
Moverse de casa a casa requiere usar una embarcación

Por si fuera poco esfuerzo y lucha contra las condiciones adversas, una nueva amenaza se instaló hace años, extendiéndose como una  plaga. Se trata de la Hydrilla verticillata -también conocida como tomillo de agua o rabo de caballo-, que está ahogando literalmente la Ciénaga. Aunque se desconoce su origen y llegada a la laguna, es probable que viniese como polizón, adherida en barcos desde Asia.

Hydrilla verticillata, planta invasora en la Ciénaga Grande de Santa Marta
Hydrilla verticillata, planta invasora en la Ciénaga Grande de Santa Marta

Su adaptación al ecosistema de aguas salobres le ha permitido colonizar grandes extensiones de la laguna, reduciendo el oxígeno de las aguas, y al mismo tiempo ocasionando problemas de movilidad en las barcas y en las redes de los pescadores, que ven mermada la cantidad de las capturas de sabaletes, róbalos o mojarras.

Nosotros mismos lo vivimos en primera persona, asombrados de la capacidad para cerrar el cauce de los canales con sus estepas que desde el lecho marino se asoman a la superficie.

Excursión a los pueblos palafitos

Amanece sobre la Ciénaga Grande de Santa Marta y ni el astro solar logra batir la poderosa niebla que envuelve con su mística la gigantesca masa de agua salobre. Cielo y mar se funden haciendo imposible diferenciar donde empieza y acaba cada uno. Nuestros ojos nos engañan ante lo que pareciera un desierto de arenas blancas en las que las únicas olas las generamos nosotros con nuestro discurrir.

Pescadores entre la niebla de la Ciénaga Grande de Santa Marta
Pescadores entre la niebla de la Ciénaga Grande de Santa Marta. Excursión a los pueblos palafitos de Colombia.

Nuestra barca motora avanza sin que nosotros sepamos qué dirección emboca. Pareciera que el humo de los puros de los Hombres Grises del libro Momo de Michael Ende, hubiese ganado la batalla. De hecho aquí, en este hábitat aún inerte a causa de la nula visibilidad, nos sentimos como la pequeña niña protagonista, siguiendo a una tortuga Casiopea a la que confiamos nuestra suerte.

Cormoranes descansando en la Ciénaga Grande de Santa Marta
Cormoranes descansando en la Ciénaga Grande de Santa Marta

El contraste por fin llega, distinguiéndose ya a la distancia diminutas islas nacidas con manglares que crecen como si fuesen pequeños planetas al estilo del libro del Principito. Más allá son las canoas de los pescadores las que rompen la monotonía, levantando curiosos la vista hacia nosotros, quizá maldiciendo el ruido de la motora o las ondas que espantan su pesca.

Pescadores en la laguna
Pescadores en la laguna

Cormoranes dueños -o reyes- de este mundo siguen con los ojos nuestra navegación sin inmutarse, apoyados en palos clavados que les sirven de pedestal. La boscosidad que se antojaba lejana ya va creciendo y después de una hora estamos llegando a un canal que atravesamos a menor velocidad para observar las aves.

Garza real
Garza real

Este ecosistema delta-estuarino alberga cerca de 200 especies, entre residentes y migratorias, que encuentran refugio en sus manglares y bosques anfibios.

A ambos lados garzas reales, gavilanes caracoleros, patos malibú y cucharo, o hasta un águila marina, escrudiñan nuestro paso como si nosotros fuésemos el animal de zoo. El avistamiento de aves se convierte en un arte para nuestros objetivos, pero en cierto momento enfundamos para poder disfrutar del mejor regalo visual, la memoria, haciendo que nuestros prismáticos oculares disfruten sin un trozo de plástico de por medio.

Águila marina
Águila marina

Al salir del canal nos cruzamos con una canoa rebosante hasta arriba de agua dulce, como si fuese un petrolero que surca el océano lentamente. Ese es el suministro de agua potable con el que los habitantes de los pueblos palafitos sobreviven.

El agua potable se transporta en barcazas hasta los pueblos palafitos
El agua potable se transporta en barcazas hasta los pueblos palafitos

¿Tierra firme?

Llegamos a Nueva Venecia, el primer pueblo palafito que visitamos. Aquí los días no se miden por los pasos dados, o por los kilómetros recorridos. Como admite su gente: «nuestros pies son nuestras canoas». El paseo más largo son apenas un centenar de metros, atravesando un frágil puente de madera que, simulando al de Rialto en Venecia, conecta algunas casas con la pequeña iglesia, las nuevas escuelas en las que los trabajadores se afanan por darles el último toque, o el campo de fútbol en el que los niños pasan horas jugando su propio mundial.

Iglesia de Nueva Venecia
Iglesia de Nueva Venecia

Preguntamos si podemos sumarnos a su partido y nos reciben como si fuésemos un fichaje llegado para su improvisado Mundial. Tras un buen rato el calor y la humedad nos ha agotado y tomamos un descanso. Nos piden si podemos comprarles agua y nos embarcamos en una canoa hasta una casa aledaña que funciona como tienda, y en la que el agua se compra en bolsitas de plástico individuales. Compramos un buen puñado para repartir con todos los niños y nos despedimos con una foto de equipo.

Jugando a fútbol con los niños de Nueva Venecia
Jugando a fútbol con los niños de Nueva Venecia

El artesano que pintaba canoas

Edrulfo Pacheco es el «artesano» de los pueblos palafitos. Recibe con una sonrisa a los viajeros en su casa flotante en la que los pinceles se apoyan sobre su mesa de trabajo. Aquí se esmera con paciencia pintando las pequeñas canoas que ha tallado a partir de retazos que el río Magdalena transporta con el cauce que muere en la ciénaga.

Edrulfo Pacheco pintando barcas
Edrulfo Pacheco, el «artista» de los pueblos palafitos, pintando barcas.

Reproduce las embarcaciones que usa la población local para moverse, y que sirven para los que llegamos aquí nos llevemos un bonito recuerdo, bautizando con el nombre que deseemos la canoa.

Buscando un modelo de vida y turismo
Buscando un modelo de vida y turismo

Buenavista

De nuevo en  el barco sorteamos los campos de Hydrilla verticillata para llegar a Buenavista. Antes de atracar en el restaurante donde comeremos nos da tiempo de ver la vida loca, con los pescadores tejiendo las redes, la gente acudiendo a cortarse el pelo o a tomar una cerveza en las billares, cada uno con su casa flotante.

Billares, una de las pocas opciones de ocio en los pueblos palafitos
Billares, una de las pocas opciones de ocio en los pueblos palafitos

Nos espera una mojarra pescada en la laguna, el plato esencial de los moradores de los palafitos, que no pueden elegir mucho, intentando criar algunas gallinas en cualquier rincón flotante que sirva para plantar también un árbol frutal.

Desde la mesa disfrutamos de la comida, con vistas a algunas casas de colores en las que algunos artistas han dibujado y pintado mensajes con temática de la vida cotidiana.

Casa palafito con la fachada decorada
Casa palafito con la fachada decorada

El sol en lo alto marca ya el momento de regresar. Aún nos espera un buen trecho en barco deshaciendo el camino en la laguna hasta el puerto de atraque. La madre de una adolescente nos pide si podemos llevar a su hija en la barca de regreso y ahorrarse un gasto que es un lujo. Aquí la solidaridad cobra otro sentido.

Tour en barco a los pueblos palafitos de la Ciénaga Grande de Santa Marta

Las excursiones para conocer los pueblos flotantes de la Ciénaga Grande de Santa Marta permiten ayudar a las comunidades locales. Sé siempre respetuoso con ellos, pidiendo permiso para sacarles fotos.

Mapa de la Ciénaga Grande de Santa Marta

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