El cementerio de los australianos. Recuerdos de la segunda guerra mundial en Mataró

No son pocos los rastreadores de localizaciones de batallas, especialmente de la segunda Guerra Mundial, cuyos escenarios fomentan el turismo histórico. Las playas del desembarco del día D en la Normandía francesa, los bosques de las Ardenas en Bélgica, el itinerario que hizo Patton en Sicilia, los cementerios británicos en Creta, o los de Alemanes o italianos a lo largo del camino de la paz en Eslovenia, son solo una pequeña muestra de la labor de interpretación de la Historia, con el objetivo de no olvidarla.

B 26 Marauder de la RAF
B 26 Marauder de la RAF

La falsa neutralidad de España en la Segunda Guerra Mundial

España, como país neutral en la segunda Guerra Mundial, se salvó de que las cenizas en las que había quedado tras la Guerra Civil, siguieran consumiendo a su población, que aún tuvo que vivir cuarenta años más de represión y dictadura. Pese a esa sensación de que España era un mirador cercano, pero ajeno al conflicto, la pugna entre los Aliados y el Eje se vivió soterrada, con gestiones diplomáticas, ayudas encubiertas, aprovisionamiento de material o minerales valiosos como el Wolframio, facilidades a la hora de usar bases portuarias y en ocasiones acontecimientos bélicos más visibles. Uno de ellos fue el derribo de un avión de la RAF en Mataró.

Los australianos del cementerio de Mataró

En la primera visita que llevamos a cabo a la preciosa ciudad del Maresme, nos topamos -como suele ser habitual en nuestras visitas- con una historia que, como un pequeño apéndice de nuestra ruta por la ciudad, captó nuestro interés.

Tumbas de los pilotos australianos en el cementerio de Mataró
Tumbas de los pilotos australianos en el cementerio de Mataró

En uno de las alas del cementerio de los Capuchinos, un grupo de cinco nichos alineados parece formarse al pasar revista. Allí se enterraron los cuerpos de cinco tripulantes de un avión  B-26 Marauder tipo II, que estaban encuadrados en el XIV escuadrón de la Real Fuerza Aérea británica (RAF).

El tipo II del B-26 Marauder era una evolución de la primera versión, que aunque había mejorado en blindaje y en el diseño de la góndolas de los motores, no era de pilotaje demasiado fácil. En el inicio de la contienda se demostró que no era apto para algunos tipos de maniobras y el bimotor acuñó nombres despectivos como el fabricante de viudas, Widowmaker, en inglés. Más tarde, los pilotos fueron aprendiendo y mejorando su manejo, lo que le convirtió en un avión bastante fiable.

B 26 Marauder de la RAF
B 26 Marauder de la RAF

La mañana del 29 de marzo de 1944 habían despegado desde la base aliada de Ghisonaccia, en la isla de Córcega en una misión de reconocimiento sobre el litoral catalán. El objetivo era detectar posibles movimientos de barcos o submarinos alemanes en misiones de transporte de wolframio. Este mineral tuvo un papel importante en la industria armamentística durante la Segunda Guerra Mundial. La aparente neutralidad de España y la connivencia del régimen franquista bajo un conglomerado comercial llamado Sociedad Financiera Industrial (Sofindus), -una tapadera de los nazis-,  abrió las puertas a las minas españolas, varias de ellas concentradas en Galicia. De hecho, en los años 40, Galicia llegó a concentrar el 70% de la producción española de wolframio.

Mina de wolframio en Casaio (Carballeda de Valdeorras), controlada por los nazis.
Mina de wolframio en Casaio (Carballeda de Valdeorras), controlada por los nazis.

La razón de que no se utilizasen los puertos del Cantábrico eran principalmente dos. Por un lado el Atlántico se había convertido en un tablero de guerra entre buques y submarinos de ambos lados, por lo que los riesgos de hundimiento eran muy altos. Por otro lado resultaba incluso más seguro transportar por tierra el wolframio hasta el Mediterráneo, y de allí hacerlo llegar hasta Marsella o puertos secundarios la Francia de Vichy.

El espionaje de los aliados alertó de que eran los puertos catalanes los usados para el suministro, por lo que las misiones de reconocimiento aéreo se intensificaron con una red de vuelos desde las islas de Córcega, Cerdeña y Sicilia, ya controladas por los aliados.

La tripulación del avión siniestrado estaba formada por seis componentes de nacionalidad australiana, integrados en la RAF y a bordo de un avión estadounidense. Sobre las once y media el aparato tuvo problemas y se estrelló contra el mar.  Ningún tripulante sobrevivió, y los cuerpos de cinco de los seis pilotos fueron rescatados por pescadores de Mataró. La documentación en la ropa de los fallecidos permitió identificar a los aviadores australianos, y un día después fueron enterrados en el cementerio.

Arriba Peedom, Macdonald, Lewis, y abajo Lamond, Woods y  Lanham.

La tripulación australiana la componían el piloto W.C. Macdonald, el segundo piloto, John Walsh Lewis, el navegador C.M. Peedom, el operador de radio R. Lanham, el artillero de torreta F.R. Lamond y el artillero de cola M.T. Woods. El cuerpo de Bill Lamond fue el único que no se halló.

La investigación sobre los tripulantes del avión

Los restos del avión fueron redescubiertos en 1994 por buzos aficionados que tomaron fotografías de los restos. A través de los foros de buceadores la historia se hizo tan célebre que se abrió el debate si era mejor hacer públicas las coordenadas de la inmersión. Es más, los mismos buceadores que lo encontraron hicieron las primeras “catas” arqueológicas al estilo de  Heinrich Schliemann en Troya o Arthur Evans en el Palacio de Knossos, sin tener presente lo que tenían ante los ojos. Los periódicos locales se hicieron eco pero solo el azar hizo que la historia pudiera trenzarse.

Peter Dawson, un amigo de la infancia de Ron Lanham (que era artillero en la tripulación), ha investigado mucho sobre el incidente y ha visitado Mataró en varias ocasiones. Desde 1966 se dedicó a arrojar luz sobre la muerte de su amigo. Su visita más reciente fue en septiembre de 2003, cuando, una vez más, fue testigo del cuidado extraordinario por parte de la población y el ayuntamiento, de las tumbas de los aviadores en el cementerio de Mataró. Durante su visita también colocó una pequeña placa en memoria de Bill Lamond, el único miembro de la tripulación cuyo cuerpo nunca fue recuperado.

La recuperación de testimonios de pescadores que presenciaron la caída estrepitosa del avión al mar, así como la investigación detallada realizada por Pedro Argila de la Fundació Parc Aeronautic de Catalunya (FPAC), han hilado los huecos vacíos o descosidos por el paso de los años. Se sabe que el avión se estrelló contra el agua justo al lado de la playa en Mataró tras rodear un pequeño barco mercante.

Varios pescadores, alertados por el ruido del avión, salen con las barcas “Jerónimo y Pepito” tras ver caer el avión al mar. Intentarán socorrer a los posibles supervivientes, pero no habrá sobrevivientes. Los testimonios de ellos: Son Manel León, Jacint Castellà, Pere Mora, Bernat Fàbregas, Salvador Cabot y Guillem Guardiola, serán décadas después vitales.

Es difícil corroborar la realidad que se desprende de sus recuerdos. Algunos creyeron oír disparos, pero no se puede saber si fueron del avión o del buque. Cuando llegan quince minutos junto al avión estrellado y en llamas, solo logran recuperar los cuerpos de 5 de los 6 tripulantes, alguno todavía anclado a sus asientos, y otros flotando ya inertes con el chaleco salvavidas.

Se desconoce si el avión se estrelló como resultado de los disparos del barco, un fallo técnico, o simplemente una maniobra equivocada de los pilotos. Pero si se ha podido testimoniar que ese barco era un remolcador reconvertido -o camuflado-, de nombre “Romain” que se utilizó para transportar (probablemente wolframio) entre Barcelona y Port Vendres, cerca de Collioure en el sur de Francia. El barco, quizá sabedor de que la verdad podía destapar un secreto a voces, siguió su camino sin mirar el bimotor ardiendo.

Ni la Marina, ni la Fuerza Aérea alemanas admitieron nunca que abatieron el Marauder T. Aceptarlo suponía confirmar la violación de neutralidad de España, cuyos puertos y aeropuertos fueron usados a menudo por los alemanes.

Cementerio de los Capuchinos de Mataró
Cementerio de los Capuchinos de Mataró

La tarde soleada ilumina y airea como pocos el cementerio de Mataro. Sus terrazas mirando al mar desde la colina podrían parecen un bonito lugar para honrar a los australianos. Ante nuestros ojos observamos sus lápidas y rendimos un homenaje silencioso a su memoria.

Charles M Peedom.  24 años. Profesor, alistado en la RAF y a cargo de la ametralladora. Casado, fue llamado a filas 20 días después del nacimiento de su hija. Sería condecorado en 2 ocasiones. Nicho 74

William Bill C. Macdonald. El piloto había nacido en Melton (Victoria). 27 años. Las fotos lo muestran alto y delgado, con el cabello negro y sonriente. Camionero de oficio, y piloto durante la guerra. Nicho 66

John W. Lewis. Segundo piloto. 22 años. Nació en Adelaida, administrativo. Alistado en diciembre de 1941, aunque lo intento dos años antes sin éxito, al ser menor de edad. Nicho 63

Frank R. Lamond. Artillero de la torreta superior. 21 años. Condecorado en cinco ocasiones por su excelente puntería. Su cuerpo no fue hallado.

Michel Tom Woods. Artillero de cola. 28 años. Casado y padre de un niño nacido en 1943, al que no llegó a conocer. Su trabajo era mozo de Almacén. Fue condecorado en 3 ocasiones. Nicho 58

Ron Lanham. Operador de radio. Oriundo de Nueva Gales del Sur. 21 años. Subdirector en una entidad bancaria en la capital de Australia, Sydney. Condecorado 5 veces. Nicho 71

MAPA DEL CEMENTERIO DE MATARÓ

Mapa del cementerio de Mataró
Mapa del cementerio de Mataró
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