El Hierro, la isla de la Transición Energética

Cono volcánico en el fin del mundo. Faro de Orchilla. ©Iñigo Pedrueza.

La Isla de El Hierro es una de las menos conocidas de las Islas Canarias. Su pequeño tamaño (269km2) y población (menos de 10mil habitantes), añadida a su situación excéntrica, -es el verdadero Finisterre español-, han hecho que El Hierro haya sido una tierra un poco olvidada por los gobiernos nacionales y regionales. Este olvido, unido a una geografía preciosa, pero dura e ingrata que en el pasado alternaba periodos de cierta bonanza con sequías y hambrunas, provocó la emigración hacia América, el resto de las Canarias o la Península. Esta situación inestable y crítica, -la última de esas sequías terribles data de 1948-, creaba unas condiciones de vida austeras y sufridas. Hoy en día, la memoria de esos días funestos está presente en las conversaciones y el patrimonio de la isla. Es un recuerdo triste que, sin embargo, no han agriado el carácter de los herreños. Una herencia de la que, aparentemente, no se hace victimismo, sino que se utiliza para no cometer errores y procurar que esos tiempos aciagos no vuelvan nunca más.

Otro aspecto diferenciador es el modelo económico de la isla, lo que en las Canarias significa modelo turístico. A diferencia de la mayor parte de las otras islas, el turismo no es masivo, ni ha modificado la vida social de El Hierro. Los turistas son muy bien acogidos, de hecho El Hierro puede ser uno de los mejores destinos (todos son buenos) de las Canarias. Pero sin duda es diferente, El Hierro no tiene grandes hoteles ni resorts, no tiene inmensas playas ni los vastos Parques de Atracciones estandarizados. 

Acantilados Del Valle de Frontera, fondo de un volcán hundido ©Iñigo Pedrueza.

El Hierro tiene la misma naturaleza exquisita de todas las Islas Canarias, tiene deliciosos vinos y recetas gastronómicas, tiene paisajes volcánicos, Laurisilva, pequeñas playas y calas volcánicas donde extasiarse ante la soledad del océano. Posee el espíritu abierto, la magia de una tierra joven, nueva, que surge casi al momento de las profundidades del Océano Atlántico. La naturaleza abruma, por mucho que la isla sea pequeña. Rutas por las coladas de lava, visitas a los conos que el poder telúrico de la Tierra hizo brotar y no deja de hacerlo. Recorridos por algunos de los fondos marinos más espectaculares de todo el mundo, los de la Restinga y el Mar de las Calmas. Panoramas apocalípticamente bellos como el del Valle de Frontera, surgido del hundimiento de un gigantesco volcán, del que la ladera empinada de Frontera es uno de sus lados… 

No hay torres, pero hay miradores como el que César Manrique creó para que no fuera visto, para no perturbar al Gran Lagarto de El Hierro. Hay aromas, como los de los pastos de la zona de El Pinar, que más parece un alpage suizo en la primavera calurosa del trópico español y europeo, que son las Islas Canarias. Hay esencias que fluyen de las cazuelas de selectos y cordiales restaurantes, donde lo importante es el producto: los berros, el queso, las carnes, los frutos tropicales, el pescado recién sacado del mar… Como el patudo (atún rojo) que la cofradía de la Restinga reserva para los restaurantes locales, en lugar de venderlo directamente a los chefs del mundo… Los productos pues, y la acogida, amable y fiable.

Sabinar de El Hierro, ejemplo del espíritu herreño. ©Iñigo Pedrueza.

Muchos de estos atractivos se encuentran igualmente en Tenerife, en La Gomera, La Palma….pero algo cambia en El Hierro, algo la hace diferente. Son pequeñas cosas, son detalles. El que la gente sea abierta, nada que ver con esos prejuicios que se supone a todos los habitantes de una isla pequeña. El hecho de que el turismo sea un complemento, una ayuda, una oportunidad, no un peso, no un lastre ni un destrozo. El que muchos de los herreños hayan nacido en otras islas, en el resto de España o en cualquier punto del globo. La mezcla de orígenes, experiencias y caminos hace que la mestiza El Hierro sea una isla mucho más viva, mucho más abierta, mucho más interesante. Nuestros amigos herreños, de allí o venidos de Italia, de Alemania, de Venezuela… comparten el respeto por una isla que se mueve literalmente cuando los nuevos volcanes surgen en el mar, pujando por sobresalir sobre las olas del Atlántico. La voluntad de crear una nueva Tierra, un poco mejor que la presente. Esa inquietud, esas ganas de cambiar las cosas, ese espíritu sin trabas que busca una vida mejor, sin necesariamente tener que trabajar como un esclavo o explotar la naturaleza hasta destruirla, no esperábamos encontrarlo tan vivo en El Hierro. Así fue y la isla nos ganó.

Siguiendo la estela de la energía.

Aerogeneradores eólicos de El Hierro. ©Iñigo Pedrueza.

Cuando decidimos descubrir la isla de El Hierro, las Canarias ya nos habían maravillado. Tenerife, que es mucho más que sol y playa, y que encierra tantas posibilidades para el turismo calidad y de nicho. Después, La Gomera, que tanto se parece a El Hierro y con el que comparte muchos aspectos positivos, nos enamoró igualmente. Continuando la estela hacia lo más profundo del océano, El Hierro nos llamó la atención cuando vimos un documental en la cadena de televisión ARTE. En ese magnífico proyecto franco-alemán que es un resumen de lo mejor de la Unión Europea, se situaba a El Hierro a la altura de Samsø, la isla danesa ejemplo de la revolución energética. 

España, que siempre es un sinónimo de cosas no demasiado positivas, ejemplo internacional de como perder el tiempo con discusiones fútiles sobre identidades y purezas, por una vez, era reflejada como un ejemplo de modernidad y racionalidad. ¡Y todo gracias a la minúscula isla de El Hierro!. La pequeña El Hierro, era mucho más ejemplar que Madrid o Barcelona, que Bilbao o Sevilla. Una isla con menos de 10 mil habitantes era capaz de llegar a un consenso estructural, capaz de cambiar el modelo energético, con mucho esfuerzo y trabajo, pero sin tirarse los trastos a la cabeza. Un ejemplo de inteligencia que debería tener mucha más repercusión que el fútbol, los cotilleos de los “famosos” o los debates vacuos sobre esencias y privilegios que tanto nos gustan. Un modelo de modernidad, de razón, de ciencia, un proyecto que unía y era positivo para la sociedad. Después de ese documental, investigamos, aprendimos y decidimos que teníamos que visitar esa isla para ver si era tan interesante como parecía.

La naturaleza encandiladora de El Hierro. ©Iñigo Pedrueza.

El Hierro hoy es prácticamente autónomo en energía eléctrica, gracias a la central de Gorona del Viento, que mezcla la producción eólica e hidráulica. Un proyecto impulsado por un puñado de personas desde hace más de una veintena de años y que ha conseguido que El Hierro deje de consumir miles de toneladas de fuel y que la autonomía energética beneficie a la gente que vive en la isla. Un precedente, que si se aprovecha bien, puede ser un caso de estudio, un referente para muchas otros lugares en Europa y el mundo. Un sueño que se convirtió en realidad por el esfuerzo de personas como Tomás Padrón, ingeniero y presidente del gobierno del la isla, del Cabildo, que luchó durante más de 25 años por conseguir la financiación y el apoyo institucional suficiente. En 1997 se aprobaba por fin el Plan de Sostenibilidad de El Hierro, creándose la Empresa Gorona del Viento El Hierro S.A. El Cabildo de El Hierro posee un 60%, Endesa un 30% y el Instituto Tecnológico de Canarias un 10%. En 2014 la central de Gorona del Viento comenzaba a funcionar.

Todo habría sido imposible, sin la colaboración y el interés de políticos, que han contado con el apoyo o el consenso mayoritario de la población local; sin los fondos públicos de los gobiernos locales, regionales y nacionales; sin el dinero de esa Unión Europea que con tanta alegría criticamos; sin empresas eléctricas como Endesa, que en otros casos no tienen ningún interés en el proceso inevitable del cambio de modelo energético. Sinceramente, nosotros ya no estamos acostumbrados a que tantas personas e instituciones sean capaces de colaborar y de ¡buscar el bien común! Lo que parece un cuento de hadas, y más si se trata de España, no sólo se ha llevado a cabo, sino que además está teniendo éxito y funciona.  

Centra hidroeólica de Gorona del Viento.

Todo con la creación de un mix ¡bastante sencillo! Cinco Aerogeneradores de una potencia total instalada de 11,5 Mw proporcionan energía eléctrica cuando el viento sopla. La energía producida cuando es excedentaria, se pierde, ya que no se puede acumular, un grave problema para todos los sistemas de producción. Pero en el caso de El Hierro, los excedentes se utilizan para bombear agua desde un embalse situado al nivel del mar a otro situado a 700 metros de altura, en la parte alta de Valverde, la capital. Cuando el viento no permite cubrir la demanda energética, el embalse superior (de 400.000 m³ de capacidad) se abre y mediante turbinas hidroeléctricas (de 6 MW) se genera la energía necesaria. La antigua central térmica de fuel sigue siendo operativa y se utiliza como recurso de emergencia cuando el embalse superior está vacío y no hay viento. En 2017 el sistema produjo el 47% de la energía consumida, en 2018 el 70%, pero, la empresa Gorona del Viento aspira a garantizar al menos el 90% de las necesidades anuales de la Isla.

El resultado, un sistema más autónomo y sostenible, menos contaminante. Un caso de estudio que puede permitir a ENDESA probar este tipo de conjuntos de producción. Es decir, que aumenta su conocimiento en este sector puntero de la producción enérgetica, I+D realmente aplicada y realmente rentable. Ahora solo faltaría aplicarlo en muchos otros lugares. Todo el conjunto ha permitido a la isla ahorrar 6.000 toneladas de fuel, el equivalente de 40.000 barriles de crudo y reducir las emisiones de 19 mil toneladas de CO2.

Los resultados son modestos si los comparamos con las cifras globales de producción y contaminación, pero lo importante es mostrar la senda.  Aún siendo imposible producir toda la energía eléctrica del mundo de esta manera, este modelo es reproducible en innumerables lugares. Un tipo de mix energético mucho más flexible, maleable y barato en términos de impacto de infraestructuras y riesgos que las centrales nucleares y térmicas. Combinado con sistemas solares y al uso inteligente de pequeñas plantas hidroeléctricas, el porcentaje de producción nuclear, de térmica (fuel, gas y carbón) se podría reducir considerablemente. Pero ¿saben lo mejor?, España es uno de los países con más posibilidades solares de Europa y las pequeñas estaciones de producción hidroeléctrica han existido siempre. Son los molinos y las pequeñas plantas hidroeléctricas que han existido en zonas de montaña de España hasta los años 60 y 70. Incluso regiones como Galicia, cuyo relieve no es tan abrupto, guardan el recuerdo de estas pequeñas estaciones totalmente funcionales y económicamente rentables. El recuerdo y ¡la posibilidad de recrearlas con un coste muy reducido! Y si quieren ver un país donde ya funcionan, vayan a Finlandia donde sigue funcionando microplantas hidroeléctricas que siguen alimentando pueblos y pequeñas fabricas desde el siglo XIX, ¡en un país sin montañas! 

Las alternativas son múltiples y deben adaptarse a las necesidades y las posibilidades de cada lugar, con una política inteligente, basada en objetivos no monetarios y flexible a la hora de conseguirlos. Una política común, a nivel español y europeo, que tenga en cuenta las necesidades de los ciudadanos y de las empresas, no la de los holdings productores y la Bolsa. Hay que fomentar y proteger la autoproducción no contaminante, que siempre será un complemento esencial y beneficioso para el sector eléctrico industrial. Un sector industrial que debe ser subvencionado al principio, para realizar su transición, pero que no puede convertirse en un refugio de capitales especulativos que sólo crean burbujas explosivas. El Hierro es el ejemplo a seguir para el sector eléctrico europeo, pero sobre todo para el español.

Electricidad y más aún.

El embalse inferior del complejo de Gorona del Viento, durante nuestra visita con Cristina Morales, responsable del departamento de prensa de Gorona del Viento. ©María Calvo.

Todo proyecto que busque ser sostenible debe planificarse globalmente, -desde lo local a lo universal-, crecer, adaptarse a los cambios y poseer siempre nuevos desafíos. Así, dentro de la transición energética, -que debe tener como primer objetivo reducir el consumo-, la autonomía energética de El Hierro es sólo en el comienzo. El gobierno local (Cabildo) aspira a sustituir los vehículos que usan gasolina y diesel por vehículos eléctricos en los próximos años; aumentar la producción agraria ecológica o mejorar la conexión de Internet. Porque una isla verde, cuyo consumo energético se basa en energías renovables, es un ejemplo paradigmático puede convertirse en un emblema, en un catalizador. Las ventajas de El Hierro, pequeña población y superficie, obvian sus dificultades, falta de financiación y situación totalmente excéntrica, con el problema de la doble insularidad. Por ello, aún se debe valorar más este ejemplo en su justa medida. No ha sido fácil pero se ha conseguido. Las posibilidades existen, cuando los poderes públicos y las empresas colaboran y, sobre todo, la ciudadanía lo exige, casi todo es factible.

Pero cuidado, ningún modelo funciona eternamente sólo con la fuerza de la inercia. La Central de Gorona del Viento vio la luz por el esfuerzo de muchos, por el consenso de casi todos. Así ha ocurrido con las cosas más bellas de este país y de Europa, pero todo puede desvanecerse si no cejamos en el impulso, si no empujamos, por una vez, en la misma dirección. Gorona del Viento y El Hierro son hoy ejemplos de éxito, de conocimiento aplicado y de políticas públicas eficaces. Es nuestro deber utilizar esa oportunidad para compartir la experiencia con otros lugares y proyectos. El Hierro puede ser un caso de estudio de nivel mundial, por ello debería aprovechar su ventaja para atraer a instituciones interesadas en copiar el modelo, compartir y acompañar esos proyectos, siendo un referente científico y ético. Queda pues mucho trabajo, pero también muchas oportunidades que no hay que desaprovechar.

Faro de Orchilla, el Finisterre español. ©Iñigo Pedrueza.

Dicen que El Hierro es un lugar especial, que un magnetismo telúrico te atrapa. Dicen que sensaciones parecidas al misticismo te acercan a la Tierra. Dicen que hay cosas que no se pueden explicar, sentimientos difíciles de descifrar. Nosotros no compartimos en absoluto esas vaguedades. En cambio, tenemos muy claro porqué es un lugar especial. No tiene nada que ver con el magnetismo ni con el misticismo, no. Tiene que ver con una belleza objetiva y palpable; tiene que ver con un desarrollo moderado y sostenible; con una calidad de vida apreciable; con la existencia de algo de consenso social, con un mar maravillosamente limpio y gentes con las que apetece compartir un atardecer, mientras el mar se traga un sol que escupirá al otro lado del mundo.


Más información sobre El Hierro.

El Hierro, nuestra Islandia Tropical, la isla mundo.

Cesar Manrique, contempla la Isla del Hierro desde el mirador el Mirador de la Peña.

Ruta en ruta bicicleta eléctrica por El Hierro.

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