Nick Cave en el Pori Jazz Festival, Terciopelo negro bajo el sol de medianoche

Los festivales de verano en Finlandia, un espectáculo tranquilo y agradable.

Desde hace un año y medio conocemos Finlandia y sus maravillas: la naturaleza, la calidez humilde de su gente y las posibilidades casi infinitas para el turismo de calidad del país escandinavo. Decenas de Parques Nacionales; museos, cultura y gastronomía; todos los deportes acuáticos y de nieve imaginables, senderismo y rutas de bicicleta; arquitectura y diseño. Todo, en uno de los países más desarrollados, más tranquilos y seguros del mundo. Y, si hacemos caso a esas estadísticas, que nunca son demasiado serías, el país más feliz del mundo. 

No existen los paraísos en este planeta terrible, por nuestra culpa por supuesto, pero si lo comparamos con otros lugares del globo, Finlandia se desmarca por la calidad de vida y el desarrollo de su sociedad. Finlandia sorprende por ser un país con amplios espacios, donde nunca hay demasiada gente, pero siempre hay gente relativamente cerca. Un país con servicios de calidad, alojamientos increíbles, -muchas veces ocultos-, que convive plenamente con la naturaleza. Y sobre todo por su sociedad, más responsable y más justa.

Nuestra guía especializada (www.turismofinlandia.es) es hoy una referencia para quienes quieren visitar Finlandia. A pesar de ello, nuestro trabajo continua y necesitamos ampliar las informaciones, descubrir nuevos lugares y actividades. Queremos seguir promoviendo un turismo diferente, de calidad y nicho, basado en buenos servicios, no en precios que arruinen a las empresas locales y hagan aumentar los gastos públicos. Finlandia no es un destino barato, sin tener unos precios desorbitados como en Noruega, Islandia o Suiza. Sin embargo, sin ser barato ofrece mucho y de gran calidad, muy superior a la de Islandia, y con menos turistas. Un país donde aún caben más turistas y viajeros, de preferencia, gente interesada por la naturaleza, por la sociedad y el modo de vida finlandés, personas que no elijan sus vacaciones únicamente por la moda.

Gente contenta, disfrutando del sol y la música, un Festival inolvidable.

Por todo ello, durante verano pasado nos dedicamos a descubrir la Finlandia Central de Este a Oeste, desde las islas Åland hasta Carelia, conociendo la costa occidental y la región de los mil lagos. Un verano extremadamente caluroso nos acogió con sudores y muchos encuentros, nuevos lugares y personas maravillosas.

A mediados de julio, tuvimos el inmenso placer de participar en uno de los eventos musicales más importantes de Finlandia, el Festival de Jazz de Pori. La ciudad de Pori, en la costa occidental de Finlandia, a 250 km de Helsinki (unas 2 h 45m) es también conocida por sus islas, -que emergen poco a poco del mar Báltico-, y sus playas de arena fina (Yyteri). Playas, que ese verano mo envidiaban nada a las de España, Francia o Italia con temperaturas que, parecen llegar al norte, sólo cada siete años. Fíjense si fue caluroso, que nunca se habían registrado cifras tan altas en Finlandia, nunca en más de 150 años. ¡30º y más, durante días y días!

Una ciudad de debate y reflexión política.

Conferencias sobre política con políticos a pie de calle. Tranquilas y sosegadas, con el público escuchando, sin gritos ni aspavientos. El Suomen Areena.

Conocer Pori, es muy recomendable si queremos descubrir la parte suroeste de Finlandia. Además de la animación del Festival de Jazz, tenemos que citar el Suomen Arena. Este evento transcurre durante una semana en diversos lugares de toda la ciudad. Politicos, activistas de la sociedad civil y ciudadanos debaten sobre las problemáticas sociales en parques y plazas.

Generalmente en finés, algunas de las charlas y debates se hacen en inglés. Durante nuestros días en Pori pudimos asistir a una de las conferencias, siempre públicas, con la participación del Ministro de Economía finlandés, y de varios emprendedores que se han instalado en Finlandia. Todos ellos hablaron de su adaptación a la vida en Finlandia, con esos cambios climáticos tan drásticos. Todos hablaron de los meses de oscuridad, ninguno del sol de medianoche, La luz nunca es un problema. El debate se centró en las ventajas de la sociedad finlandesa, por su calidad de vida y por sus oportunidades empresariales. Escuchar al ex-embajador norteamericano en Finlandia, Mr Bruce J. Oreck, destacando la calidad de la sociedad fue realmente interesante. Escuchar como un americano destacaba cosas obvias en Europa, más aún en Finlandia, como son la seguridad, el respeto de las normas y la colaboración entre los ciudadanos, nos recordó lo que tenemos y solemos menospreciar. Olvidar el valor de obvio acaba haciendo que lo normal se convierta en excepcional. Desgraciadamente en Europa tenemos muchos cantos de sirena y mucho humo para darnos cuenta de lo que estamos echando a perder…

Finalmente, se recordó las ventajas de Pori, por su situación en la costa oeste finlandesa. Tan cerca de Rauma y su centro histórico de casas de madera; de la región del lago Pyhäjärvi; de Tampere(110km); Naantali, Turku (140km) y su archipiélago, lo que conforma un territorio perfecto para una semana de viaje o incluso dos si tenemos tiempo. Naturaleza, deporte, gastronomía, monumentos y arquitectura de Alvar Aalto, diseño y compras…. Y por supuesto mucha música.

El festival de Jazz de Pori 2018 y mucho más.

Animación y baile en el Jazz Pori Festival.

En cuanto supimos que Nick Cave tocaba en Pori, comenzamos a planificar la parada en la ciudad, que todavía no conocíamos, y hacerla coincidir con el Festival. Tenemos que agradecer especialmente la ayuda de Visit Pori y Maria Suomivirtapor un lado, y al propio Festival de Jazz de Pori (Marjo Boelius Aro Mikkomatti y Sanna Gronmark, muchas gracias) por otro. Gracias a ellas pudimos conseguir las acreditaciones de prensa y el alojamiento, algo muy complicado en estas fechas en Pori. Ténganlo en cuenta si desean disfrutar de la próxima edición. Sin estas instituciones y personas hubiera sido imposible cubrir el evento y transmitir nuestras impresiones de este magnífico festival.

Lo primero que hay que decir es que el Festival de Jazz de Pori sorprende por su perfecta organización. Finlandia funciona mucho mejor que otros países porque los finlandeses hacen lo posible porque las cosas funcionen. Cada persona hace su trabajo y respeta a los demás, lo que facilita que el engranaje social se mueva con menos brusquedades, con la fluidez necesaria para que lo razonable ¡parezca normal!. Finlandia es un país donde la razón, el sentido común, parecen más comunes y no tan excepcionales como en muchos otros lugares. Así, la vida es más fácil y más humana. Empezar con esta reflexión un artículo sobre un Festival de música puede parecer extraño, pero tanto la música como los viajes son puertas abiertas, a la duda, a la filosofía, la historia y la cultura. Viajar es comparar, apreciar y copiar aquello digno de ser copiado. Y la música suele inspirar todo ello.

Ambientazo ordenado, sin necesidad de seguridad prácticamente.

El Festival cuenta con dos escenarios (Main stage y River Stage) donde actúan los grupos principales y donde la entrada es de pago. Junto a esta zona, tres escenarios más (Lokki Stage, Park Stage, and Kirjuri Summer Restaurant) ofrecen conciertos gratuitos en julio. Entre los servicios, un gran restaurante y varios puntos donde se puede comer y beber, platos finlandeses y hamburguesas, normales, veganas y vegetarianas, etc… Como en la mayoría de festivales no se puede introducir bebida desde el exterior, pero sí comida. Los picnics en la explanada del Festival ¡son legendarios! No hay limite de edad, pero los niños menores de 12 años deben estar acompañados. Para los niños pequeños, el Festival ha creado el Pori Jazz Kids en la zona gratuita.

El elenco de la 53 edición del Festival de Jazz de Pori, que se celebró del 13 al 22 de julio fue tan numeroso como espectacular. El Festival de Jazz de Pori se ha abierto al soul, las músicas del mundo, el blues pero también al rock y al pop desde hace muchos años. Por ello, los grupos y bandas que actuaban en 2018 en el Parque de Kirjurinluoto tenían muy variados en orígenes y estilos. Mavis Staples, Yazz Ahmed, Aili Ikonen, Hurray for the Riff Raff, James Blunt, Katie Melua, Alanis Morissette, Burt Bacharach, Cigarettes After Sex y Nick Cave, he aquí los principales nombres de los tres días memorables, bajo un sol de justicia que nos trasladaba al sur de está Europa maltrecha. 

Nick Cave, dulzura del terciopelo negro, muy negro.

Nick Cave, una estrella tremenda.

Nick Cave es ya un clásico, por su personalidad, por su larga carrera y por la potencia, tanto de sus letras como de su música. Nick Cave es una personalidad única, pero también una tremenda banda, The Bad Seeds (Las Malas Semillas), sin la que la fuerza innata de Nick Cave tendría dificultades para expresarse. La importancia de sus compañeros es poco conocida pero indispensable. Sin Mick Harvey, Blixa Bargeld o Warren Ellis, Nick Cave no sería tan grande como es. 14 discos y más 40 años de carrera, la de un australiano que ha recorrido el mundo con paradas seminales en el Berlín de los 80 y en la Gran Bretaña actual, la misma que busca un sentido y suele equivocarse al mirar hacia el océano en lugar agarrarse con fuerza al continente. 

Desde su Australia natal y sus inicios en el rock gótico, Nick Cave discute y se enfada. Discute y se enfada con Europa, con América y su comercialismo salvaje, con el genero humano que lo decepciona constantemente. Para ello utiliza músicas desgarradoras y letras que despedazan sentimientos muy profundos y muy duros. Porque las vidas de las estrellas del rock, aparentemente glamourosas y salvajes, no impiden terribles pérdidas y tristezas. Acontecimientos  terribles como los que han grabado la piel dura de este dinosaurio de cuerpo espigado y frágil. 

La música nos lleva, el sol no se acuesta.

Frágil aparentemente, porque al entrar en escena se tensa como un alambre mientras saluda al público. Abandona la cómoda magia de sus músicos, que ya entonan las notas de la primera canción, y cruza radiante la pasarela que le lleva al público. Allí da un primer salto en el aire, como un ritual de entrada, un exorcismo que le permita cruzar la cuarta pared. Al instante se relaja y se dulcifica, comenta las paradojas de la noche sin noche de este norte sin frío, y por detrás de él se avanza el atardecer que le acompañará todo el concierto. Un atardecer de colores cálidos y violentos, que durará dos horas, como el concierto de estas Malas Semillas, germen de muchas y tan buenas reflexiones. Su voz voz potente y suavemente ronca ya se dirige hacia pasajes y letanías, llevándonos de la mano, como llevará, al final del concierto, a los privilegiados que invita regularmente al escenario. 

La cuarta pared está rota desde el principio, con una comunión tranquila entre artistas y público, a la imagen de Finlandia. Nunca habíamos visto botellas de vidrio, ¡vasos de cristal o copas de vino en mitad de un concierto! A los finlandeses les gusta beber, incluso pueden caerse por la velocidad con la que lo hacen. Pero son capaces de disfrutar un concierto de rock con botellas de cristal y copas de champagne o cava (cava de verdad, pues los vinos espumosos españoles son muy, muy comunes en Finlandia) sin lanzarlas al escenario ni que haya peleas. Y todo sin necesidad de cientos de guardadas jurados mal encarados.. Un concierto donde hay niños, jóvenes, adultos y ancianos, todos juntos y revueltos. Ejemplar.

Amor, odio, muerte, pena, letras poderosas y música ¡potente!

Pero volvamos al concierto, a la música, al atardecer que no cesa. No es el lugar para hablar de los problemas personales, los terribles accidentes que han causado tanto dolor a Nick Cave. No más allá de tener que citarlos para comprender las letras de un dolor indescriptible. El dolor y la muerte han estado siempre presentes en la música de Nick Cave, incluso en sus periodos de felicidad personal. Canciones sobre la pérdida, sobre condenados a muerte y, sobre su hijo muerto en un desgraciado accidente. Este terrible hecho acaecido en 2015 provocó un shock terrible en la vida de Nick Cave. Sólo la música y el arte parece que han sido de un cierto consuelo. Bellas canciones surgidas de tan graves desgracias, he ahí una de las paradojas del arte. Porque la música de Cave explora los sentimientos humanos más básicos, el dolor, el amor, el sexo, la muerte y la vida que se escurre, todo muy acerado, con retazos punk y guitarras punzantes e industriales, todo con la dulzura de un terciopelo muy negro.

Una constante en la música de Nick Cave, a pesar de que otras canciones exploran precisamente la felicidad de manera simple y sin complicaciones, como en In to my Arms. Al final, el dolor y el amor se suelen dar la mano como en Henry Lee, una canción tradicional readaptada en dueto con PJ Harvey como musa y coautora, una historia de amor que acaba en un asesinato. Algo parecido a otro clásico del disco -cuyo título no deja lugar a dudas- Murder BalladsStagger Lee. Canciones que no cuestionan la ética o la justicia, sino que exploran los intrincados recovecos de la maldad humana, tanto a nivel individual como social.

La gente disfruta y sonríe. Hacer fotos en Finlandia es muy fácil y muy agradecido. Gracias a todos los modelos sonrientes.

Tanta negrura no puede hacernos olvidar que el amor, también ha sido para Nick Cave, una llave y un motor, tan sincero como ardiente y, sin duda, desgarrador. Sus parejas han sido vitales a la hora de crear letras y lírica, con historias de amor, de drogas, sexo y mucho rock and roll. Musas eternas y sucesivas como Anita Late, Elisabeth Recker, Viviane Carneiro, la espectacular PJ. Harvey, Kylie Minogue y Susie Bick, su actual pareja.

Los orígenes en los berlineses años 80 de Nick Cave fueron influenciados por el punk y el post punk, por la Velvet Underground, por David Bowie e Iggy Pop, por Krafwork y los sonidos industriales de un Berlín crepuscular. Más tarde las influencias vendrían de Tom Waits, PJ Harvey, Leonard Cohen o incluso Jonnhy Cash. Un conjunto heterogéneo de sugerencias para un joven que se ha hecho adulto y que, quizá, ha entendido que quedarse siempre en la misma silla no deja de ser como vivir en un gueto. Su relación con Jonnhy Cash, -un genio que brilló más cuando escapó del cliché y desterró a sus demonios-, es un ejemplo de esos cocteles improbables que enriquecen la música, ese arte esencial para soportar la vida. Gracias a ambos, rock y country olvidaron que son etiquetas, y dieron paso a canciones increíbles. Similar es la relación de Nick Cave, con la música clásica y los arreglos orquestales. En esa evolución, el papel de sus compañeros, con Warren Ellis a la cabeza, ha sido clave. Porque finalmente, Nick Cave es un artista global, cuya música ha sido incluida en Bandas Sonoras, como Red Right Hand, una maravilla que aparece en la serie Peaky Blinders y que Cave, Ellis y compañía, por supuesto, interpretaron en Pori. Nick Cave además ha escrito guiones de películas, novelas e incluso ha sido actor, en teatro y cine. Su sombra negra y aterciopelada muestra, cada vez más, la importancia y el poso de su producción.

Nick Cave en pleno esplendor.

Así fue en el concierto, cuando la luz languidecía haciendo más intenso el atardecer. No intensidad lumínica, pues el sol, al dulcificar su poder, paradójicamente hacía más visibles y poderosos los colores. La música igualmente matizada daba respiros más sensibles, más dulces, aparentemente. El amargor se hacía menos acido cuando la luz reducía su fuerza, pero aumentaba la profundidad cromática. El sol se aliaba con Nick Cave y sus colosos para transmitir simultáneamente, más sensaciones y más sentimientos. De dolor, de rabia, de pena y tristeza infinita, pero también de cierta vana esperanza, de alegría absurda y carcajadas que, finalmente el ser humano no puede retener. Su sombra se alargaba, su magra figura crecía bajo los focos que completaban el espectáculo del sol de medianoche. La sombra de Nick Cave prendía la noche que no era y nos arrumaba con tacto de satén, de terciopelo y seda.

La noche parecía que ganaba y nos llevaba al final del concierto, terminando con esas reflexiones personales que suele provocarnos la música. Sin embargo, un hilo de luz anaranjada o rojiza, ¿esperanza? sigue brillando tras Nick Cave. Las canciones se encadenan con maestría y destreza y, de repente, una agitación recorre las primeras líneas de espectadores. Por uno de los laterales, algunos elegidos se cuelan y se acercan con orden, pero muy nerviosos al escenario. La seguridad les deja pasar mientras les cuenta metódicamente. Parece que el serio Nick acostumbra a terminar sus actuaciones rodeado de sus más fieles espectadores. Los más fieles y los más valientes se atreven a subirse a ese escenario expuesto a la vista de todos, a la mirada lejana del sol que casi se ha ocultado por completo. Pero estamos en Finlandia, todo es ordenado y sencillo. Mi compañera duda, yo me resigno a hacer las fotos y cargar con las bolsas, que podríamos haber dejado en una esquina y probablemente estarían a la vuelta… Supongo que también por vergüenza, esta vez…, prefiero quedarme del otro lado y ser un espectador encantado. Ella, la privilegiada reportera de El Giróscopo Viajero, duda y duda y cuando la barrera comienza a cerrarse, se decide por fin. Me lanza la bolsa con la cámara y la comida y echa a correr. Son solo unos metros, pero no lo va a conseguir. La cuenta está hecha y la pelirroja que controla el acceso va a cerrar, definitivamente, la puerta hacia la estrella… Han pasado veinte personas, pero llegan tres más, una chica morena muy tatuada y nerviosa, un chico alto y nuestra pimpante reportera.. Y la chica pelirroja sólo agarra al chico alto, dejando colarse por la barrera a dos chicas muy nerviosas, ¡una tatuada y otra Giroscópica!

La noche no llega, el día no se va, el concierto continúa.

Ya está dentro. Ahora la vemos todos. Sobre el escenario. Con veinte elegidos. Con Warren Ellis. Con Nick Cave y con el sol cayendo sin caer, calentando sin calentar, brillando por debajo del horizonte. La voz grave de Nick Cave sobrevuela el escenario, dirige al nuevo coro, entre el sudor, la emoción, el alcohol y las luces que comienzan a encenderse. Sus melodías ahora son corales y suenan como una orquestada versión. Ya no es una voz, ahora es un coro que entona mal que bien, que tropieza y se levanta de nuevo, que ríe, llora y grita. Las últimas letanías brillan resplandecientes. Todo, tan cerca de la noche, pero siempre con esa franja leve, ese hilillo de luz amarilla, naranja, roja, morada, verde, una pequeña franja de algo parecido a la esperanza.

Un poco de esperanza, brindando con nuestros colegas norteños.

Informaciones prácticas.

Pori se encuentra a 245 km de Helsinki, dos horas y media en coche y unas tres en transporte público (tren o autobús). El transporte público en Finlandia es bastante barato con lo que no será un problema llegar a Pori. Recomendamos alquilar un coche, sin embargo, ya que el alojamiento es muy, my complicado durante el Festival, por lo que una buena idea puede ser alojarse en la zona de Eura/Pyhäjärvi, o en alguno de los campings o cabañas de los alrededores de Pori, hacía Yyteri u otras zonas.

Para comprar las entradas o si necesitan otro tipo de información no duden en escribirnos usando nuestro formulario.

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