En Gruyères, Suiza, desde el Moléson se contempla el universo

El Monte Moléson, joya de Suiza

En Suiza, hay una montaña

de las más altas, de las más bellas.

Si tenéis curiosidad,

haced el esfuerzo de subir

a Moléson, a Moléson.

Desde allá arriba, se ve el universo (…)

A Moléson (canción popular)

Desde la cima del Moléson

Los suizos cantan a la montaña Moléson en una de sus canciones, para los habitantes de Friburgo es la montaña de su corazón. Cuando subimos los 2002 metros que nos separan de su belleza pre-alpina, comprendimos en seguida el porqué de esta pasión.

En nuestro viaje a Suiza en verano, éste fue uno de los tesoros que descubrimos en la magnífica región de Friburgo, además de la espléndida ciudad medieval, el encantador pueblo de Gruyères, el chocolate suizo, el queso de Gruyère, y el desconocido secreto suizo: la crème double.

Instalados en el pintoresco pueblo de Gruyères, nos dejamos encandilar por sus numerosos encantos. Entre las montañas Moléson y el Dent du Chamois, se sitúa uno de esos pueblos suizos de postal, una pequeña localidad medieval con sus calles empedradas, sus casas de ensueño, un soberbio palacio del siglo XIII: el Castillo de Gruyères, y dos extraordinarios museos que nadie espera encontrarse en esta localidad idílica. El primero, el Museo HR Giger, dedicado al célebre artista suizo creador de la famosa película “Alien”, donde alucinamos con sus fantásticas figuras de horror. Ya es grande el contraste entre la belleza pintoresca del pueblo de Gruyères y el arte de Giger, aunque el desconcierto aumenta al encontrarnos al lado de este un museo de arte budista: el Museo Tibet. Y las sorpresas en la región de La Gruyère no se terminan ahí,…

Desde el pintoresco pueblo de Gruyères se ve al fondo el Moléson

En Gruyères fue donde degustamos una gastronomía suiza auténtica: descubrimos la fantástica crème double, disfrutamos de la fondieu en un restaurante de Alpages, visitamos la fábrica del famoso queso de Gruyère y visitamos una de las más conocidas fábricas de chocolate suizo: la Maison Cailler.

Y desde Gruyères, partimos a la conquista de la montaña Moléson para asomarnos desde allí al universo.

Verano en Suiza

Espectaculares paisajes alpinos en Suiza. Desde el Moléson. ©María Calvo.

Es diferente visitar Suiza en invierno o en verano, los paisajes cambian cuando están cubiertos de nieve o del pasto verde que comen las vacas suizas. Aunque muchos viajeros se sienten atraídos por las numerosísimas posibilidades que ofrece el invierno en Suiza, las estaciones de esquí y la belleza de tarjeta postal de los paisajes suizos en esa época del año, podemos afirmar que Suiza en verano es igualmente bella. Las actividades al aire libre se multiplican: innumerables rutas de senderismo, ciclismo, visitas a queserías,…En esta ocasión no veremos el Moléson con nieve ni practicaremos esquí en una de las zonas de esquí más grandes del cantón de Friburgo (con ocho telesquíes y 35 kilómetros de pistas). Pero disfrutaremos de sus paisajes en verano.

Además, las temperaturas acompañan en este verano en Suiza tan poco lluvioso, incluso fue demasiado cálido – sobrepasaron muchos días los 30º – por lo que se abrieron muchas posibilidades para viajar por el país en los largos días de verano.

El sendero que recorre la cresta del Moléson

El paisaje idílico de La Gruyère conquista al viajero, simplemente visitando los paisajes de alpages, prados y pastos verdes de las montañas donde se crían las vacas suizas, donde crece el Edelweiss,…Disfrutamos de ellos cuando la noche anterior presenciamos un delicioso atardecer de verano en un restaurante de alpage pegado a los establos de las vacas, un lugar típico con mesas de madera al aire en medio de los prados de la región de La Gruyère.

Pero también conquista al viajero desde las alturas. Descubrir los paisajes de La Gruyère desde la cima del Monte Moléson nos deja sin palabras.

El funicular al Moléson

En funicular a la Montaña Moléson

A 3,8 km de Gruyères se encuentra Moléson-sur-Gruyères donde nos montamos en el funicular de Moléson, uno de los funiculares más modernos de Suiza que nos llevará a la cima en tan solo 5 minutos, de 1100 metros a 1500 metros en un abrir y cerrar de ojos.

Pero dejamos que el tiempo se estire alargando los minutos para disfrutar de este viaje en funicular que se desliza por una vía sobre pivotes por las laderas de las montañas, abriéndose a los paisajes verdes de La Gruyère. El funicular del Moléson parece como un autobús que se desplaza sobre railes, por la forma alargada y los ventanales que tiene alrededor. En una cabina con cabida para 60 personas nos situamos ante las inmensas cristaleras. Estas nos muestran fotogramas continuos del panorama como si se tratase de una cámara de cine que fabrica al instante para nosotros un filme documentando la belleza de la naturaleza suiza.

En la moderna estación del funicular y del teleférico del Moléson

Impresiona la altura que vamos tomando poco a poco en este excitante viaje en el que las vistas panorámicas son cada vez más espectaculares. Primero colinas de pastos verdes entre abetos que se pierden en el infinito, después el cielo azul se une al paisaje haciéndose cada vez más presente. El ruido del funicular recordándonos que estamos en movimiento, que estamos viajando para alcanzar una de las cimas pre-alpinas más bellas de Suiza.

Contemplo de espaldas al viajero giroscópico y a María, nuestra guía, como si se deslizaran por estos paisajes bucólicos. Si miro a un lado, veo el Moléson que nos espera y abajo el perfecto sistema de cables y poleas sobre el que nos desplazamos. En un momento dado dejamos de pasar entre árboles para desplazarnos por una ladera empinada, el desnivel es considerable y del otro lado vemos cómo desciende otra cabina. El entorno comienza a verse realmente espectacular, preludio de lo que veremos más arriba. Las montañas se desdibujan en la calina, las casas allá abajo se ven ya diminutas y al fondo vemos un lago de aguas azul turquesa. A los lados, casi podemos tocar los pastos más altos donde pacen vacas suizas alimentándose de las mejores flores alpinas que le darán ese toque especial a los quesos suizos.

En Plan-Francey para tomar el teleférico hasta la cima del Moléson

Casi sin darnos cuenta llegamos a la cima del Moléson, aunque no vemos todavía la maravilla natural que nos espera, ya que desembarcamos en la estación del funicular, un espacio interior super moderno donde varios viajeros suben o bajan. Constatamos la calidad y la amplitud de las instalaciones, tan necesaria seguramente en temporada de invierno cuando los habitantes de Friburgo suben al Moléson a esquiar.

Plan-Francey, donde nos encontramos, es el punto de partida de una multitud de senderos, de la via ferrata y de un teleférico que lleva a la cima del Moléson. Sin duda, otras posibilidades que se abren a estos viajeros giroscópicos para futuros viajes a Suiza. De momento, nos contentamos con las maravillosas panorámicas desde la montaña Moléson.

A la salida del funicular, una pasarela por la que se accede al teleférico que sube a la cima nos ofrece vistas en primicia del Monte Moléson, que se alza imponente, bellísimo, mirándonos soberbio desde lo alto. Impresionados nos maravillamos con los sitios naturales que hay en Suiza, un país increíble para los amantes de la naturaleza.

El teleférico que lleva a la cima del Moléson

El teleférico que lleva a la cima del Moléson

Un último paso hasta la cima del Moléson, el teleférico con vistas privilegiadas del paisaje que se haya a los pies de este portento natural. Un viaje que es como un suspiro en que vamos rozando las faldas del pico, casi podríamos tocarlo si estiramos los brazos. Y alrededor las perspectivas se abren a los numerosos alpages o pastos que lo rodean, los picos nevados a lo lejos, y hacia abajo el pueblo de Gruyères, el lago y los valles de La Gruyère.

Dentro del teleférico al Moléson

El teleférico está suspendido en medio de este paisaje increíble, los cables tensos, las cabinas que suben y bajan se cruzan, la modernidad técnica del país vuelve a sorprendernos. Los caminos se dibujan en el mapa que vemos desde aquí arriba, los pueblos se desperdigan por todo el valle, la estación del funicular se ve pequeñita, así como los raíles que descienden.

Y aunque solo con ver esta panorámica sería suficiente para maravillarnos, solamente es una de las perspectivas que nos regalará la cima del Moléson. El asombro todavía nos espera más arriba,…

El universo desde el Moléson

A nuestra llegada, en la estación del teleférico hay un mirador desde donde se puede ver todo el panorama y el nudo de cables que llegan hasta abajo por donde vuelan las cabinas del Moléson. Entusiasmados, sacamos las primeras fotografías, vale la pena subir solo para ver estas postales de Suiza.

Maravillados con la primera panorámica desde el mirador del teleférico

Nada más salir del recinto nos asombra una gran plataforma suspendida en las alturas, en la que tranquilos turistas descansan de una excursión en unos bancos con mesas y toman algo charlando como si no estuvieran ante una postal idílica. Para nosotros una de las más bellas del Moléson: la cadena de montañas de los Pre-Alpes que se recortan al fondo del plano, las colinas verdes que bajan hasta los alpages, la colina más cercana se inclina hacia nosotros brillando con su verde intenso.

En la cima del Moléson hay un gran restaurante con terrazas panorámicas exteriores, además de un observatorio astronómico y un pequeño refugio. Desde aquí parten excursiones por la cresta pasando por el Teysachaux hasta Les Paccots, muy tentadoras para unos amantes del senderismo como nosotros, ya que sabemos que caminando es cómo se conocen a fondo los paisajes en los viajes. Pero nos contentamos con el panorama de 360º que nos deja sin palabras.

Vistas panorámicas de 360º desde el Moléson

Nos tomamos nuestro tiempo para contemplar estas fantásticas vistas en cuyos puntos nos vamos deteniendo para caer en la cuenta de todo lo que alcanza la vista desde el Moléson: los Alpes de Friburgo, tras los cuales se hallan los Alpes Berneses y una parta de los Alpes del Valais, y también la maravilla del Mont Blanc. Girando sobre nosotros mismos, la meseta suiza de Fribrugo y el Vaud. Pero lo increíble es que puede divisarse también el lago Lemán y el Jura. Un pedazo enorme de Suiza ante nuestras miradas deslumbradas.

No podía haber mejor sitio para instalar una terraza como la del restaurante del Moléson, que es enorme e invita al viajero a sentarse y disfrutar de estas panorámicas degustando alguna de las delicias de la gastronomía suiza. Es justo lo que vamos a hacer nosotros, ya que es hora de comer. A la entrada nos reciben unas bonitas flores Edelweiss plantadas en un macetero de lo más original: una lechera con la bandera de Suiza. Y también el aroma de la fondue y del queso suizo.

Desde el restaurante del Moléson

Platos de la gastronomía suiza en la cima del Moléson

¡Qué privilegio poder saborear las delicias de la gastronomía suiza en el pico Moléson, contemplando este panorama sublime!. Como siempre hacemos en nuestros viajes, para acompañar a los platos escogemos alguna bebida típica del país. Ayer nos deleitamos con unos frescos vinos blancos suizos para acompañar a la fondue de queso Gruyère y queso Vacherin, la conocida “moitié-moitié” (mitad y mitad) típica de la región de La Gruyère.

El Röstis, delicias de la gastronomía suiza con queso, ¡por supuesto!

En el Moléson vamos a probar un plato diferente que no conocíamos: el llamado Röstis, que es queso Gruyère fundido con jamón, otra delicia de la región, tan calórica como las otras, pero realmente deliciosa. Degustamos lentamente este manjar mientras conversamos con María y nos refrescamos con las cervezas de la región. Enfrente, los visitantes caminan por el sendero que recorre la cresta.

Panorámicas de Suiza desde el Moléson

Una última mirada al universo

Nos despedimos del Moléson subiendo las escaleras que nos llevan al mirador que hay encima del restaurante. Una plataforma colgante sobre el vacío indica los diferentes lugares que se divisan desde aquí arriba. Atada en un extremo de la plataforma, una cuerda se extiende hasta el sendero que hay más abajo: parece que un acróbata piensa aventurarse y caminar sobre la cima del universo. Porque realmente desde el Moléson se contempla el universo.

Una última mirada al universo

Cómo llegar al Moléson

Moléson-sur-Gruyères está a 3,8 km (5 minutos en coche) de Gruyères. Es el punto de partida del funicular que lleva a 1100 metros en 5 minutos y después un teleférico a la cima del Moléson.

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