Travesía y aventuras partiendo de Fort William a Stirling en Escocia

La gente en Escocia se caracteriza por su amabilidad y simpatía y eso aunado a paisajes que resplandecen gracias a su clima húmedo y cambiante son ingredientes que lo hacen un sí o sí en nuestro itinerario viajero. En un día lo mismo te puede salir un sol resplandeciente, que llover a cántaros, correr un viento que sientes que te eleva por los aires o instalarse sobre nuestras cabezas ese cielo plomizo que nos regala las melancólicas postales a las que estamos acostumbrados.

Nuestro reciente periplo por la Isla Skye había dejado un inigualable regusto a plenitud. Embriagados de tanta belleza teníamos la sensación de que sería difícil superar o siquiera igualar aquellos días de ensueño entre los verdes paisajes color esmeralda que nos acogieron durante varios días, pero Stirling apareció en el itinerario para completar el viaje y de qué manera.

Uno de los impresionantes de la Isla de Skye ©Marcela Pérez Z.
Uno de los impresionantes parajes en la Isla de Skye ©Marcela Pérez Z.

La pequeña ciudad nos quedaba de paso en nuestra vuelta hacia la recta final del viaje. Era nuestra penúltima parada, antes de partir y quizás éste cuentagotas que marcaba nuestros reloj, hizo que viviéramos a tope nuestras últimas horas en Escocia.

Stirling se halla cerca de dos de las grandes ciudades escocesas: Glasgow –desde donde partiríamos de vuelta- y Edimburgo, lo que convierte a ésta ciudad en una puerta de entrada, ya sea si nos aventuramos hacia las Highlands o simplemente a salir un poco de ambas urbes y tocar un ambiente más provincial.

En nuestros día de tránsito provenientes de Fort William -como última parada para pernoctar en Stirling-, se presentaron ciertas complicaciones que nos impidieron seguir con nuestro itinerario pautado y vernos obligados a improvisar. La amenaza de lluvia y posterior diluvio nos hizo replantearlos la visita a un espacio cerrado para guarecernos momentáneamente y aprovechar las horas. Es por ello que visitamos la destilería Ben Nevis, que por otro lado era algo que teníamos pendiente si se está en Escocia, aprender someramente el proceso para conseguir éste elixir dorado. Al salir un tanto mareados por las pequeñas pruebas de diferentes “whiskies”, parecía que había amainado el aguacero, así que retomamos curso para conocer el impresionante Viaducto de Glenfinnan (por donde transita el tren Hogwarts” de la saga Harry Potter) y posteriormente adentrarnos en el Valle Perdido (Lost Valley”) que resguardan las imponentes montañas “trillizas” conocidas como las “Three Sisters“.

Vistas del Valle Perdido de las Tres Hermanas ©Marcela Pérez Z.
Vistas del Valle Perdido de las Tres Hermanas ©Marcela Pérez Z.

En lugar de coger una ruta más directa desde éste punto hasta Stirling, preferimos rodear aprovechando la cercanía para sumar a nuestra ruta de castillos un par más. Sabia decisión porque ambos resultaron espectaculares.

CASTILLO STALKER Y KILCHURN

El primero, el Castillo Stalker se eleva impresionante en una pequeña isla en el lago Laich y es protagonista -por obvias razones-, de muchas postales del país escocés. Como dato curioso, éste castillo apareció en la película “Los caballeros de la mesa cuadrada y sus locos seguidores”, un filme de Monty Phyton de 1975.

El Castillo Stalker luce espectacular en medio del lago ©Marcela Pérez Z.
El Castillo Stalker luce espectacular en medio del lago ©Marcela Pérez Z.

Para poder visitarlo hay que hacer reserva previa al tratarse de una propiedad privada, pero si no hay tiempo de tales formalidades, para compensar tendremos unas excelentes vistas para contemplarlo desde un cafecito -del mismo nombre- apostado estratégicamente con grandes ventanales orientados a la maravillosa postal. Excusa perfecta para hacer una parada y honrar la hora del té saboreando a la par de un momento estupendo en éste precioso distrito costero de Appin en la zona Oeste de las Highlands.

Para llegar hasta el segundo, el Castillo Kilchurn, nos dirigimos en dirección sureste sobre la A85 para encontrar el aparcamiento que se halla a unos 300 metros de la fortificación, un paseo agradable que nos lleva por debajo de unas vías de tren oxidadas que ya pos sí solas y el contraste que hacen con la vegetación y el reflejo de las montañas en el agua, nos capturan las lentes unos instantes.

Paisajes color esmeralda en en Fort William
Encontramos paisajes color esmeralda en toda Escocia ©Marcela Pérez Z.

Andamos unos metros más y ya vemos a campo abierto la figura del Castillo Kilchurn en la lejanía, una vereda llana nos invita a seguir su lineal trayecto hasta encontrarnos de frente con las ruinas de la imponente fortificación custodiada por la cresta del Ben Cruachan, y rodeado por las calmas aguas del Loch Awe.

Abrimos la puerta con sigilo, parece que somos los únicos visitantes, así que ignoramos si se puede entrar o estamos allanando sin malicia. De cualquier forma es tarde para dar marcha atrás, una vez hemos ingresado, quedamos embelesados por su silueta que se eleva imponente reflejándose en el lago y el trazado de su perímetro abrazado por el verdor que caracteriza a Escocia. Las dimensiones de sus muros nos hacen sentir mínimos, lo exploramos a nuestras anchas con la curiosidad de un niño, nos asomamos por cada ventana, por cada resquicio, subimos y bajamos por la escaleras acondicionadas tras el cascarón y disfrutamos de las espectaculares vistas que nos reciben desde cada ángulo.

El Castillo de Kilchurn nos salude esplendoroso en la lejanía ©Marcela Pérez Z.
El Castillo de Kilchurn nos salude esplendoroso en la lejanía ©Marcela Pérez Z.

Imaginamos las historias que allí se sucedieron, a los guardias flanqueando y oteando para olfatear cualquier acto enemigo por mar o tierra para atajar pronto un conato invasivo. Perdemos la noción del tiempo entre ensoñaciones magnificadas hasta que una chica y su perro nos sacan del delirio y nos percatamos de la hora, ya pasan de las 18 h y hay que seguir camino hasta Stirling, además nos damos cuenta de que está allí para cerrar el espacio y nos ruborizamos al pensar que antes hemos perpetrado sin preguntar a nadie.

ESCOCIA Y SUS ALEGRES PUBS

Arribamos al fin a Stirling y nos recibe amable con su aire pintoresco y con un ambiente universitario gracias al impresionante campus que cuenta con excelentes instalaciones, las cuales acogen a estudiantes de todo el mundo en sus aulas y en sus bonitas y confortables habitaciones, en las que en verano, cuando la actividad académica está en calendario vacacional, es posible pernoctar por un precio bastante razonable.

Bien llegados al alojamiento de la instalaciones universitarias en Stirling y tras dejar nuestras maletas, nuestra idea era bajar al centro para cenar algo y disfrutar del ambiente de la ciudad un viernes por la noche. El cuerpo se hallaba agotado tras tanto trajín, pero usualmente dejamos una pequeña reserva para darlo todo. ¡No todos los días se está en Escocia y en buena compañía!

Rebuscando algún sitio relajado y con buena comida, encontramos una pizzería italiana (Napizza) en el corazón de Stirling, llevada por auténticos italianos. Siempre somos partidarios de consumir las especialidades del país, pero ya habíamos comido mucho fish&chips, haggis (una especie de morcilla escocesa), entre otras delicias locales, así que necesitábamos hacer un pequeño cambio gastronómico. No contábamos con que el lugar sería pequeñito, por lo que debíamos volver hasta pasada una hora y yo, la artífice de la elección, me sentí algo avergonzada por la demora, así que me acerqué hacia la Baker St. buscando algún sitio para tomar algo “meanwhile” y hallamos una más que grata sorpresa.

Atraída casi hipnóticamente por una música que sonaba fuerte, alegre y con ritmos que invitaban a mover el esqueleto, llamé a mis compañeros y cruzamos sin dilación la puerta del “Claymores Public House”, una entrada -o mejor dicho inmersión- al genuino hábitat de un pub escocés.

Nuestro amigo Podgie regalándonos los CD's de su música ©Marcela Pérez Z.
Nuestro amigo Podgie regalándonos los CD’s de su música ©Marcela Pérez Z.

Amigos y conocidos, nos habían hablado del ambiente en los pubs y de ese carácter dicharachero de los escoceses, que si bien es cierto ya habíamos constatado y nos lo habíamos pasado muy bien hasta entonces, pero sin duda esa noche subimos más que varios niveles de diversión en ese pequeño bar de ésta acogedora ciudad.

Un grupo de tres integrantes en el escenario eran los responsables de tal ambientazo. Uno tocaba la flauta, otro el acordeón y el cantante la guitarra acompañada de una portentosa voz que, al principio resultaba casi estridente con el volumen a tope de los altavoces, pero al calor de unas cuántas cervezas y la algarabía de la gente, en breve nos hicimos del sitio y contagiados de aquella fiebre escocesa nos unimos coreando a grito vivo -sin sentido alguno del ridículo- las canciones que sonaban sin pausa.

En aquel pequeño lugar reinaba la fraternidad, claramente allí no importaba, edad, raza o condición. Había jóvenes, adultos mayores y varias cabecitas canas, todos divirtiéndose sanamente sin poses, sin prejuicios, sin colores. En su mayoría se podía distinguir a locales, pero también había un par de extranjeros más, como nosotros, perdidos en la marea escocesa y, ya sea que si la música como lenguaje universal, une y la cerveza otro tanto más, todos cantábamos sin importar la letra, meciéndonos abrazados sin dar señas de que simplemente nos acabábamos de conocer.

Yo quería filmar esa peculiar escena de convivencia mágica, así que me coloqué en mejor ángulo visual sobre la escalera llamando sin querer la atención de “Podgie”, el cantante, quien reparó en nosotros y enseguida se percató de que éramos especímenes de otro terruño, porque después de incordiarlo con mi cámara un rato, me preguntó al micrófono nuestra procedencia. Nuestra mezcla era casi igual de peculiar que la del bar: Francia, España y México.

A partir de ahí, hubo aún mayor –si cabe- confluencia solidaria, nos saludaban y abrazaban como si nos conocieran de toda la vida dándonos una cálida bienvenida a su espacio. Nos invitaban a cervezas, whisky, chocando vasos a cada poco para brindar al menor pretexto, bailaban con nosotros y las carcajadas que soltábamos divertidos se unían en sintonía. En resumidas palabras nos hicieron sentir como en casa, como en familia.

La banda nos dedicó alguna canción, una más aposta que otra, la primera curiosamente habitual de su repertorio que trata de la “Quinta Brigada”, un grupo de voluntarios irlandeses que fueron a combatir a España, durante La Guerra Civil y otra más, que por pura coincidencia hace alusión a mi nombre “Song for Marcella”.

Parecía que aquella noche estaba hecha para nosotros, para aparcar la nostalgia de la inminente despedida y decir ”hasta pronto” a lo grande a un país que nos acogió con amabilidad y belleza. Esa noche en Stirling fue un espectacular cierre con broche de oro de nuestro soñado viaje, aunque aquí no termina nuestra aventura. El encuentro con Podgie Shebeen y su banda, no sería el último. Al final del concierto se acercó a nosotros para obsequiarnos unos CD´s de su música y al hablar brevemente con él, nos contó que tocarían en Glasgow al día siguiente, mismo día que nosotros partiríamos con destino allí. Así que ya podrán intuir, que como fieles fans en los que nos habíamos convertido ya, les seguimos a más de un pub y  allende habrá más anécdotas en nuestro artículo referente a Glasgow, porque lo merecen sin duda (sonrisa incluida tras teclearlo).

Por lo pronto, al margen de nuestra gran noche, a la mañana siguiente nos restaba conocer más de Stirling, de su castillo, de William Wallace y de todo lo que tiene por ofrecer.

QUÉ VER Y HACER EN STIRLING – TURISMO

Antigua prisión de Stirling (Old Town Jail)

Antigua Prisión de Stirling ©Marcela Pérez Z.
Antigua Prisión de Stirling ©Marcela Pérez Z.

Habíamos visitado una similar en Belfast (Irlanda del Norte), éstas prisiones fueron comunes durante la época victoriana y se caracterizaban por la crueldad con la que los presos era tratados y en las que no había distinción, lo mismo podía juzgarse a niños, mujeres y hombres por delitos cometidos de mayor o menor grado, siendo muchas veces severas e injusta las penas y los trabajos forzados un pan de cada día. Y no es que nos guste escuchar del sufrimiento ajeno, pero es interesante visitar este tipo de sitios para hacer una reflexión acerca de nuestra propia bajeza humana y cómo no repetir los errores del pasado.

El girscópico viajero Aitor siendo condenado el la Prisión de Stirling ©Marcela Pérez Z.
El girscópico viajero Aitor siendo condenado el la Prisión de Stirling ©Marcela Pérez Z.

Afortunadamente las condiciones para los confinados cambiaron hacia el año 1935 para cerrar definitivamente sus puertas hacia la década de los 90. Hoy se pueden hacer recorrido amenos y teatralizados, que le dan un toque humorístico rompiendo con el carácter lúgubre de un recinto que fue destinado en su momento para fines por demás cruentos.

En lo alto de éste antiguo recinto carcelario, podemos apreciar una impresionante vista de Stirling y una verdadera peculiaridad, el “Kings Knot” (Nudo del Rey), que con simétrica perfección sobresale en el campo por sus figuras circulares concéntricas de distintos tamaños y relieves cubiertos por el verde césped, los cuales a ciencia cierta y según lo que nos contaron los “centinelas” de la prisión de Stirling, se dice que pudo ser un lugar destinado a dar discursos por parte del rey o incluso festines, aunque parece poco factible al tratarse de un espacio descubierto y prácticamente desprotegido que hubiera sido vulnerable a la vista de posibles enemigos.

Desde lo alto de la Antigua Prisión de Stirling podemos apreciar el Nudo del Rey ©Marcela Pérez Z.
Desde lo alto de la Antigua Prisión de Stirling podemos apreciar el Nudo del Rey ©Marcela Pérez Z.

Monumento a William Wallace

William Wallace, un personaje del que todos hemos escuchado, ese que fuera llevado a la pantalla grande por la industria del cine americano. Personificado por Mel Gibson en la película “Braveheart” –con algunas errores históricos-, éste hombre sí que tenía un corazón valiente o es al menos lo que nos hacen creer a través de relatos ensalzando su nombre y reputación al grado de haber sido reivindicado como héroe de Escocia. Durante la época renovada de los sentimientos nacionalistas, en 1869 se erigió éste colosal monumento en su honor, que puede verse desde cualquier punto de la ciudad, debido a su localización en el monte Abbey Craig y a la imponente altura del mismo –unos 70 metros aprox.-

Impresionante luce a lo lejos el monumento de William Wallace ©Aitor Pedruez
Impresionante luce a lo lejos el monumento de William Wallace ©Aitor Pedrueza

Se compone de 4 salas que nos llevan en un recorrido a través de la historia en las batallas libradas entre ingleses y escoceses. La primera sala, “Hall of arms” donde podemos conocer más de sus orígenes y de cómo llegó a convertirse en ese héroe que lideró la primero contienda en la que los escoceses saldrían victoriosos frente a los ingleses, la conocida batalla del Puente Stirling.  Su impresionante espada pende en el medio de la sala, o al menos, esa que se  dice perteneció al gran William Wallace: una enorme Claymore, que por sus tremendas dimensiones de peso y tamaño, parece humanamente imposible que alguien pudiera manejarla con maestría. La sala “Hall of Heroes” trata de la visión de los poetas del personaje de William Wallace a través de sus escritos, así como de otros hombres y mujeres que comparten ésta categoría heroica del pueblo escocés y en la sala “Royal Chamber” conocimos más de la historia de cómo y por qué fue construido éste inmenso monumento en honor a Wallace hace más de 500 años y por último, como la guinda del pastel, “The Crown Spire” un mirador impresionante desde donde se puede admirar en panorámica de 360º la ciudad de Stirling.

Cementerio antiguo de Stirling

A espaldas de la Iglesia “Holy Rude” se sitúa en un lugar privilegiado con vistas hacia el Castillo de Stirling, éste cementerio que guarda verdaderos obras de arte en sus impresionantes mausoleos entremezclados con el verdor del paisaje magnífica postal que acompaña en su descanso eterno a muchos ilustres personajes en la historia de Escocia y donde podemos admirar también unas estupendas vistas del Castillo de Stirling. Curiosamente coincidimos con un grupo de escoceses que parecían estar memorando una fecha importante y ataviados con sus emblemáticas galas se cruzaron en nuestro camino durante nuestra visita.

Espectaculares vistas desde el cementerio hacia el castillo de Stirling ©Marcela Pérez Z.
Espectaculares vistas desde el cementerio hacia el castillo de Stirling ©Marcela Pérez Z.

Otros lugares de interés en Stirling

Y por supuesto, no podemos omitir el Castillo de Stirling, el cual nos fue imposible visitar por el margen de tiempo que teníamos, pero va bien guardar pretextos para volver. Si usted tiene la oportunidad de visitarlo, no lo dude, es uno de los más grandes e importantes del Reino Unido. Por su situación geográfica como puerta de entrada a las Highlands fue objeto de muchos asedios, al menos 8 y su historia se remonta a los siglos XV y XVI. Desde lo que se puede apreciar a distancia, luce imponente al haber sido edificado sobre un peñón.

Para nosotros llegó la hora de decir adiós a Stirling y partir hasta nuestra última parada del viaje: Glasgow. Pero nos vamos con excelentes apreciaciones de nuestra penúltima travesía. Ya queda poco para finalizar el periplo y sin embargo, aún antes antes de partir, ya tenemos claro que queremos volver a ésta tierra acogedora y de gran belleza, así que no estamos tristes, porque sabemos que el corazón volverá a traernos de vuelta.

Gracias a la oficina de turismo de Stirling por su predisposición durante la visita a los monumentos de la ciudad.

Excursiones y Tours en Striling

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