Suiza, verano y vanguardias en el país de los Alpes

La Suiza de postal existe, pero junto a ella el Alien de Giger acecha. Gruyères tiene de todo. ©Iñigo Pedrueza.

Recién llegados de una semana perfecta en Suiza, este será el primer artículo de una larga lista. Los viajes de prensa no suelen dejar más de un par de artículos, generales o un listado de cosas prácticas que se pueden hacer en los destinos que se han conocido. Desde El Giróscopo Viajero preferimos dar rienda suelta a las sensaciones que nos ha provocados cada viaje. El viaje es el protagonista y cuando pide la palabra se la damos.

De Suiza hay mucho que decir porque se trata de un destino que reúne una gran cantidad de atractivos turísticos. Desde los más generalistas y populares, hasta los nichos que hoy en día son cada vez más esenciales para todos los analistas y profesionales del sector. Si a ello unimos una organización casi perfecta gracias a la Oficina de Turismo de Suiza en España y a las instituciones turísticas de los cantones de Zurich, Friburgo, Vaud y Ginebra el viaje de trabajo se convierte en un experiencia que va mucho más lejos. Organización y relaciones humanas que superan el trato profesional para convertirse en amistades, que esperamos el tiempo fortalezca. Y junto a todo esto, un tiempo maravilloso, una naturaleza que impresiona, una gastronomía deliciosa, alojamientos llenos de encanto, transportes puntuales y rápidos, y un panorama cultural que van mucho más allá de los tópicos.

Suiza es un destino que roza la perfección turística, y que sólo tiene un problema, un hándicap de difícil solución y del que hay que hablar desde el principio: el precio. La Confederación Helvética es uno de los destinos más caros de toda Europa, más que Islandia o Noruega, más que Londres, que París o Barcelona. Los precios de Suiza son generalmente altos o muy altos, pero de este problema, se debe hacer una ventaja. Los precios altos garantizan salarios altos y se deben a una gran productividad de una economía diversificada. Un país donde la agricultura está protegida y sigue siendo un sector que permite vivir con dignidad, donde la industria se dedica principalmente a los sectores de punta y con alto valor agregado, donde el arte y la ciencia se valoran y se apoyan. Otros factores completan la explicación sobre el auge económico suizo, pero en todo caso, pensamos que bajar los precios y competir reduciendo las ventajas y valores sociales no es positivo para ningún país. Suiza por suerte puede permitirse ese nivel económico y su apuesta debe encaminarse hacia el turismo de nicho, aquel que ofrece un valor añadido único. Un turismo de calidad con profesionales que realizan un buen trabajo y que viven de él.

La noche de Zurich, colorido y buen ambiente junto a los ríos y el lago. ©Iñigo Pedrueza.

No se puede discutir que los países vecinos de Suiza ofrecen contenidos turísticos similares a precios mucho más bajos. Por ejemplo, Francia o Alemania, sobre todo este último, es un destino turístico muy económico. Berlñin es una ciudad encantadora y asombrosamente barata, a pesar de lo que nos suele parecer, aunque es cierto que las regiones alpinas de ambos países son también caras. Italia o Austria tienen precios más similares a los Suizos en general pero no tan altos.

Partiendo de este hecho, las ventajas de Suiza vienen dadas por sus particularidades locales, por una declinación especial del país más alpino de Europa.

1- Calidad y profesionalidad. Alojamientos especiales y gastronomía selecta.

Precisamente el precio reduce la afluencia de turistas con lo que los servicios turísticos están menos abarrotados, la naturaleza y las ciudades menos repletas que el centro de Barcelona, Paris o Berlín. Los precios son altos pero la calidad también lo es, tanto en el sector hotelero, como en la restauración. El nivel de los alojamientos tanto en la profesionalidad como el encanto especial es muy alto. Esto nos lo esperábamos y se ha confirmado, en cambio nos ha sorprendido muy gratamente la gran calidad gastronómica de los restaurantes suizos, por encima de la media de España, Francia o Italia, en atención y trato. Y, sobre todo, en diversidad y variedad de platos y sabores. La gastronomía suiza va más allá de sus exquisitos quesos, de la fondue de Gruyere y del chocolate. Sus quesos son deliciosos, el chocolate grandioso, pero el resto de su gastronomía y la imaginación de sus chefs magníficos.

2- La cultura y el arte: De lo clásico a la vanguardia.

Cuadro de Ferdinand Hodler en el Kunsthalle de Zürich. ©María Calvo.

Igual de importante o quizá más son los atractivos culturales y artísticos. Porque a nivel cultural, los museos que hemos podido visitar en Zurich, Friburgo, Yverdon-les-Bains, Lausana y Ginebra se encuentran entre los más innovadores e interesantes, por fondos y valores museísticos, de toda Europa. Por ejemplo, colecciones fantásticas de pintura clásica y contemporánea en la Kunsthalle de Zürich. Esculturas de Giacometti y pinturas de Ferdinand Hodler, -vaya descubrimiento- Van Gogh, Andy Warhol o Chagal. Un museo único con obras que sólo se pueden ver en Suiza.

Ese atractivo artístico hace a Suiza destino único si queremos contemplar la obra del autor de la iconografía de Alien el octavo pasajero, Hr Giger, cuyo principal museo se encuentra en el pintoresco pueblo de Gruyères. O los innovadores y vanguardistas barrios de arte de Zürich-West o le Quartier des Bains en Ginebra. Dos barrios populares increíbles donde se mezclan arte de vanguardia, cafés, restaurantes y un ambiente pluricultural que nos recuerda a lo mejor de Berlín, Londres, Madrid o París. Sin olvidar el innovador Musée Maison d’Ailleurs, centrado en la ciencia ficción y toda la filosofía que esta corriente conlleva. En Yverdon-les-Bains en el cantón du Vaud.

EL lado más salvaje de Suiza, terror gore, ciencia-ficción y erotismo en el Museo Hr Giger en Gruyères. ©Iñigo Pedrueza

La posibilidad de realizar un recorrido por Suiza visitando museos de Ciencia Ficción y fantasia, arquitectura o de arte contemporáneo pueden ser opciones únicas en Europa. Sobre todo en un territorio tan reducido y con las ventajas de sus paisaje y gastronomía.

La arquitectura es otro de los elementos artísticos que debemos reseñar. Por un lado la arquitectura tradicional alpina, que se expresa de maneras diferentes en cada región de Suiza. Por el otro las propuestas más modernas y contemporáneas que también se reparten por todo el país haciendo de la arquitectura y el diseño suizo uno de los más interesantes de Europa. No olvidemos que Le Corbusier nació en Suiza y sus seguidores han puesto al diseño y la arquitectura suiza en lo más alto.

3-La fiesta y la diversión en Suiza.

Los museos de Suiza son únicos, pero su ambiente y fiesta también es muy reseñable. El verano que sorprende por la forma en la que los suizos se lo apropian. Totalmente, con calma y sin prisa, así, la noche llegaba y la gente continuaba bañándose en los lagos, tomándose unas cervezas en el césped y haciendo pic-nic con una guitarra y algo para comer.

Es cierto que Alemania, sobre todo Berlín es un referente comparable a España por su fiesta y animación (los países del Este y los Balcánicos también) pero Suiza no se queda a la zaga. El barrio Oeste y los bares junto al lago y el río de Zürich; el festival des Arts de Lausanne o el Quarier des Bains de Ginebra, destacan por su marcha, su animación y buen ambiente. Algo que rompe con el cliché de los suizos como personas frías y poco animadas. Nos ha sorprendido el buen ambiente, la fiesta, pero sobre todo la cercanía de los suizos. Bien dispuestos y educados, la mayoría de los suizos hacen que rápidamente nos sintamos como en casa, en casa.

El ambiente de Zurich o Ginebra, de Yverdon, con sus lagos y ríos, canales repletos de gente, que disfruta totalmente de un verano tropical nos hicieron ser uno más en cada una de las ciudades de Suiza. Porque si la fiesta es agradable, el ambiente lo es mucho más. Suiza es animada pero tranquila y muy segura. La policía está presente en las calles pero como en Alemania o Francia la gente vive, y viviendo lucha contra los extremismos, sin dejar de perder la libertad. Y que siga así.

En verano Suiza es cultura y es animación y playa, fluvial pero playa. ©Iñigo Pedrueza.

4- Los Alpes y la naturaleza más especial.

Si se dan cuenta aún no hemos hablado de la naturaleza, de las montañas o la nieve, lo que muestra la cantidad y calidad de los atractivos turísticos de Suiza. De las montañas y la nieve, de los deportes de invierno, poco podemos decir ya que el viaje se ha desarrollado en un verano increíble ¡con temperaturas cercanas a los 40 grados! Poca lluvia y, sobre todo mucho deporte acuático, en el que Suiza destaca, y mucho. Vela, paddle surf, piragüismo… son los deportes para el verano en Suiza. Eso y la escalada, el senderismo, el cañoning, barranquismo o las vías ferratas. Una, increíble, en un lado que cae al vacío desde la cumbre del Moleson a 2000 metros de altura nos llamaba, pero por problemas de agenda no la pudimos hacer. Queda pendiente. Sin olvidar el Museo Olímpico de Lausana, otro atractivo único del país.

La nieve y el esquí son de sobra conocidos y su turismo estable y confirmado, por lo que Suiza, sin descuidarlo, debe invertir en una imagen moderna y profesional, llena de espontaneidad y fiesta, de vanguardia y modernidad. Su gastronomía y sus paisajes harán el resto y completarán un viaje de ensueño para quienes decidan conocer el país de los Alpes.

De la naturaleza nos llevamos la impresión increíble del poderío alpino, de sus cumbres que rozan el cielo y de sus crestas que se alinean como penachos orgullosos un aire fresco de libertad individual. Durante mucho tiempo los montes, las cordilleras fueron fronteras que separaron a los humanos. Hoy, las cosas han cambiado un poco y las fronteras, parece que se diluyen permitiéndonos viajar. A pesar de los movimientos de reflujo y del atavismo que no se va del todo, cuando viajamos abrimos la mente a lo diferente. En mi caso, los viajes me diluyen, me cuestionan la identidad, a la personal me refiero, las otras no son me interesan demasiado, nada si son atávicas. Así pues, esos penachos, esas crestas de piedra no me sugieren ni límite, ni miedo, ni orgullo, a penas son la promesa de un viaje futuro en donde me reencuentre con mis nuevos amigos suizos.

Zurich, cultura y animación en torno al lago y el río Limmat

La belleza de Zurich, mirando al río Limmat

Zurich nos sorprendió con su parecido increíble a la ciudad de Berlín. El año pasado estuvimos por estas mismas fechas, en pleno verano de viaje en Berlín, una ciudad cuyas plazas, calles, espacios del pasado han sido conquistados por la gente. Esa misma sensación tuvimos en Zurich, la de una ciudad que los habitantes y viajeros que la visitan hacen suya. Las calles del casco antiguo, los puentes, las plazas, pero sobre todo las orillas del río Limmat y del lago, auténticos puntos neurálgicos de Zurich.

Estos dos excelentes días de verano nos llevan a explorar la ciudad comenzando por el agua – Zürich es una ciudad de agua, también lo atestiguan sus 1200 fuentes -, que nos atraen con su fuerza. Las razones son evidentes: las vistas a orillas del río Limmat y del Lago de Zurich son espléndidas postales de la ciudad, y la gente que se reúne numerosa a sus orillas nos llama poderosamente. Los barcos bus (Limmatboot) llevan y traen pasajeros que se desplazan o simplemente quieren ver la ciudad desde otro punto de vista. Atravesando puentes vemos el casco antiguo que luce bellísimo al otro lado, y en las orillas nos encontramos con enormes biergärten (terrazas al aire libre donde se sirve cerveza y la comida típica de la región) llenos de gente bebiendo, comiendo y bailando al aire libre. Otra imagen de Berlín.

El lago de Zurich está lleno de vida, de gente, de ambiente, día y noche

Ya en el Lago de Zurich, nos damos cuenta de la importancia para los suizos de sus lagos. Son como el mar que nunca tuvieron y han olvidado que no tenían, ya que los lagos tienen sus playas, espectaculares zonas de baño (badis) y de relax que más tarde se transforman en bares cuando cae la noche; la gente practica deportes acuáticos, surcan las aguas en barco y hacen vida a orillas de su enorme lago. Nos fundimos con los habitantes de Zurich, bañándonos en sus limpias aguas, tumbándonos en el césped contemplando la ciudad al atardecer, impregnándonos de la vida y la animación del verano en Suiza.

Al día siguiente, comenzamos una ruta más cultural. Zurich tiene mucho que ofrecer en cuanto a cultura se refiere. Visitamos uno de los museos más importantes: el Kunsthaus, donde descubrimos maravillados obras de reconocidos maestros de la Edad Media al Impresionismo, como Picasso, Monet, Magritte, Van Gogh, …y otros autores que todavía no conocíamos, como Ferdinand Hodler. La Kunsthaus es un museo para pasar horas, pero hay muchos más como el Museo Nacional que no tenemos tiempo de visitar. Paseamos por el casco antiguo, por el barrio Schipfe, el más viejo, con la iglesia de Grössmunster presidiendo la ciudad con sus torres.

Seguimos nuestra ruta cultural en busca de arquitectura contemporánea, como hacemos en todos los viajes giroscópicos: nos encontramos con la maravilla del Pabellón Le Corbusier, la Casa Heidi Weber; al lado la sorpresa del Chinagarten Zurich, pabellones y pagodas en un jardín exótico. Ambas visitas combinadas con un buen chapuzón en la otra orilla del lago, ya que el calor es sofocante.

La Ópera de Zurich. La ciudad tiene mucho que ofrecer a nivel cultural

Continuamos esa búsqueda en el barrio oeste de Zurich, la antigua zona industrial, hoy barrio de moda. Tomamos un tranvía para no perder tiempo; sorprende el estupendo funcionamiento del transporte público en Zurich: tranvías, trolebuses, Limmatboot o barcos-buses, …frecuentes, puntuales. Gracias a ellos podemos recorrer la ciudad de Zurich más rápidamente, aunque en realidad es mejor hacerlo a pie, ya que no es muy grande.

Atardece cuando descubrimos la Prime Tower, la Kunsthalle, antigua fábrica de cerveza Löwenbrau, hoy Museo de Arte Contemporáneo (Museo de Migors y galerías de arte independiente); Im Viadukt, un viaducto reconvertido en tiendas; Shiffbau, reconstruido sobre una antigua fábrica de barcos, hoy teatro, centro de eventos más concurrido,…todos ellos interesantes ejemplos de arquitectura contemporánea.

Música en directo, ambiente alternativo,…el barrio del Oeste de Zurich nos conquista con su frescura y su vida. Recorremos a pie los bares, restaurantes, pubs, llenos de jóvenes que disfrutan de la música, de unas buenas cervezas a orillas del río Limmat, dándose un buen baño en esta cálida noche de verano. Nosotros nos fundimos como uno más en la ciudad de Zürich.

Región de Friburgo. Las sorpresas de Gruyère. Patrimonio, paisaje y gastronomía

La parte baja de Friburgo a orillas del Sarine, mira a la parte alta

Friburgo nos recibe con un calor extremo, apenas podemos caminar por esta magnífica ciudad de arte e historia, aún más sabiendo que hay una parte alta y una parte baja. Eso que a una joven estudiante se le ocurrió la genial idea de hacer un recorrido de minigolf urbano para los de una parte vencieran la pereza de llegar a la otra. En lugar de coger el trenecito climatizado que recorre la ciudad nos aventuramos a conocerla a pie, por sus calles empedradas, atravesando sus puentes sobre el río Sarine, admirando su belleza arquitectónica y también natural, por las Gargantas del Gottéron ,…aunque el calor acaba venciéndonos y vamos a una singular piscina amurallada con vistas privilegiadas a la ciudad: losBains de la Motta.

Más tarde no dejamos de visitar uno de los muchos museos de la ciudad, asombrándonos con la obra de los artistas contemporáneos Jean Tinguely y Niki de Saint Phalle, que se suman a muchos otros que iremos descubriendo en nuestro viaje por Suiza.

Gastronomía Suiza: queso Gruyère, chocolate Cailler, crème double. La sorpresa de los vinos suizos

La famosa fondue de gruyère, pura delicia

Todavía nos chupamos los dedos pensando en algunas de las especialidades de la gastronomía de Suiza. Acompañados de María, una guía excepcional, nos internamos en el corazón de los Prealpes, en pequeños restaurantes de Alpage, praderas en altura donde pastan las vacas suizas y nos ofrecen la mejor calidad. Fondue de queso Gruyere y queso Vacherin, acompañadas de un vino blanco suizo que descubrimos aquí y cuyas distintas denominaciones de origen iremos degustando a lo largo de nuestro viaje por Suiza.

La crème double o doble crema/nata, especialidad de Gruyère, que acompaña a merengues o se unta sobre una buena hogaza de pan para desayunar. Ya de Suiza, visitamos la Fábrica Gruyère y la Fábrica de chocolate Cailler, adentrándonos en la historia y secretos de dos puntales de la gastronomía suiza. Todas estas delicias gastronómicas que se quedarán ya para siempre fundidas en los recuerdos de Suiza.

Gruyères, pueblo encantador lleno de sorpresas. El Monte Moléson.

Gruyères, uno de los lugares más encantadores de nuestro viaje a Suiza, una magnífica ciudad medieval con sus calles y plazas empedradas, sus casas de madera con flores, típica estampa de Suiza. Y la maravilla del Château de Gruyères, un castillo que domina el paisaje verde de los Prealpes de Friburgo desde las alturas. Admiramos su increíble estado de conservación, sus estancias amplias, su jardín francés, su asombrosa exposición de cuadros fantásticos.

Y la gran sorpresa: el Museo de H.G. Giger, que contrasta con el pueblito pintoresco donde se encuentra. Giger se enamoró de Gruyères e instaló su fascinante museo y su pasmoso Café Giger. El diseño oscuro, macabro, pero increíblemente bello, esas formas fetichistas, pornográficas, humanoides,…entrar en el Museo H.G. Giger es entrar a un mundo absolutamente cautivador. Y coronarlo con un “Café Alien” en el embrujador Café Giger y una visita a su tumba en el cementerio de Gruyères, convierte el viaje a Gruyères en un periplo lleno de desconcierto y emoción. Todo completado con una visita al Museo Tibet – ambiente zen en esta admirable exposición de arte budista del Himalaya que contrasta pasmosamente con el lugar donde se encuentra: una capilla desacralizada – que está justo al lado del Museo Giger.

El paisaje magnífico de Gruyère desde el Castillo de Gruyères

Pensábamos que no podría ser más desconcertante esta visita a Gruyères, pero después de estos lugares tan dispares y bellos a la vez, subimos en funicular y después teleférico al Monte Moléson, situado a 2002 metros de altitud, para descubrir un panorama extraordinario de una buena parte de Suiza desde la cima: desde el Lago Léman al Mont-Blanc, y desde la región de los 3 lagos a las famosas cimas de la zona de Berna. Disfrutamos de espectaculares vistas disfrutando de nuevo de la gastronomía de Gruyère: Röstis, delicias de montaña hechas de queso gruyere y jamón. Nuestra visita a Gruyère no podía ser más completa, con estas panorámicas del asombroso paisaje de Suiza.

Cantón del Vaud: Lausana, la bella olímpica. Los baños termales de Yverdon-les-bains

Siguiente parada en nuestro viaje a Suiza: el cantón del Vaud, donde descubrimos primero la pequeña localidad de Yverdon-les-bains, entre el Jura, las colinas de Broye y a orillas del lago de Neuchâtel. Una visita inesperada porque habíamos previsto ir al Festival de Jazz de Montreux, pero no pudo ser y nos sorprendimos con la belleza y los misterios que esconde Yverdon-les-bains. Recorrido por el patrimonio arquitectónico de la ciudad y visita al insólito museo de la “Maison d’Ailleurs”, el primer museo europeo de Ciencia Ficción situado en un palacio saboyano del siglo XIII. Otra excelente sorpresa en nuestro viaje a Suiza: en el lugar menos pensado, una localidad conocida por sus baños termales, un museo de la Ciencia Ficción, entrada a un mundo en el que tienen cabida las identidades, el transhumanismo, el consumo, la publicidad, el capitalismo, la música, el arte, el cine, …y sobre todo, la filosofía, tan necesaria en los días que vivimos…

El colorido de Yverdon-les-Bains

Combinamos esta visita cultural con una visita de agua a esta villa termal. Primero un buen baño en una de las playas del lago de Neuchâtel, después relax en el Centro termal, en esas deliciosas aguas sulfúreas, y una cena de excepción en el Gran Hotel les Bains.

Lausana, capital olímpica

En nuestro viaje a Suiza visitamos varias ciudades importantes: Zürich, Friburgo, Lausanne, Ginebra,…podría decirse que fue un viaje urbano. Hoy toca la visita de Lausana en el puerto de Ouchy, una de las partes más bellas, donde se encuentra el impresionante Museo Olímpico – recordemos que Lausana es una capital olímpica -. El museo nos sorprendió por su espectacular diseño contemporáneo y sus salas de exposición, un museo para disfrutar durante horas. Además el, en lo alto del Museo Olímpico, que sigue el interesante y hermoso diseño del museo.

Lausana, ciudad olímpica

Pena no poder haber disfrutado del paseo en barco por el Lago Lemán a causa de la lluvia. Lo hicimos igualmente, y después despejó un poco para poder salir a cubierta y admirar los viñedos en terrazas de Lavaux que están dentro del Patrimonio de la UNESCO.

Lausana es una ciudad bella que se encuentra en diferentes alturas, desde el casco antiguo en la zona alta hay hermosas vistas de la ciudad y del Lago Léman, aunque nos costó verla toda a causa de la intermitente lluvia. Aún así pudimos descubrir de la mano de nuestra guía Véronique el ambiente nocturno de la ciudad que terminaba su Festival des Arts, reuniendo durante varios días a jóvenes estudiantes que asistieron a conciertos y disfrutaron en bares por toda la zona vieja de Lausana.

Ciudad iluminada de día, ciudad lluviosa por la mañana. Aún así nuestra guía Ana nos acompañó a la catedral gótica del siglo XIII y vimos de lejos el barrio de Flon, un barrio de antiguos almacenes que se rehabilitó y recobró vida no hace muchos años y que se ha convertido en un innovador espacio de vida moderna. Tendremos que regresar a Lausanne para ver el esplendor de la ciudad con otra luz y sin lluvia.

Ginebra, ciudad contemporánea

El famoso “Jet d’eau” de Ginebra

Termina nuestro giroscópico viaje a Suiza en la célebre ciudad de Ginebra, sede europea de la ONU y de la Cruz Roja, acompañados de excelentes representantes de la Oficina de Turismo que nos enseñarán dos caras de la ciudad a lo largo de dos días. El primer día, el centro de Ginebra, el casco antiguo, un recorrido dirigido por una guía que nos cuenta la historia de la ciudad para comprenderla mejor. Recorremos las calles de Ginebra, la Grand-Rue donde nació Jean-Jacques Rousseau, subimos a las torres de la Catedral de San Peter para ver la ciudad desde lo alto, no tan bella como Lausanne o Zürich, pero con atractivos que descubrimos a lo largo de nuestra visita.

Volvimos a degustar la deliciosa fondue de queso Gruyere y Vacherin que, aunque es verano, presta igualmente, acompañada de un vino suizo, esta vez de este cantón. Visitamos una chocolatería suiza, artesana. Y lo mejor, emocionados pudimos fabricar nosotros mismos una navaja suiza en la célebre casa Victorinox, un recuerdo que nos quedará ya para siempre de Suiza.

Al final de la tarde llegamos, entre lluvia otra vez, al símbolo de la ciudad: el Jet d’eau”, ese surtidor de agua de 140 metros de altura que sale del Lago Léman y que puede verse desde casi cualquier rincón de Ginebra. Nos espera un crucero por el lago de nuevo bañado por agua, menos mal que al volver la luz es magnífica con un arco iris entre el “Jet d’eau”, el faro y los barcos que pasan. Una estampa magnífica de Ginebra que quedará en nuestras memorias.

Museo de Etnografía de Ginebra (Musée d’ETnographie de Genève). ©Iñigo Pedrueza

La otra cara de Ginebra se nos muestra al día siguiente: una Ginebra contemporánea, menos conocida pero fascinante. Recorremos el barrio de Bains, un barrio popular y moderno que goza de cierta celebridad en los últimos tiempos. Restaurantes, bares, una animada vida nocturna, y galerías de arte contemporáneo que visitamos con una de las galeristas. Una asociación de galerías que acoge las mejores exposiciones convirtiéndose en una plataforma europea de arte contemporáneo. Y, por supuesto el MAMCO (Museo de Arte Moderno y Contemporáneo), cuyas salas recorremos con su director, que nos ayuda a comprender y a apreciar las obras de Félix González Torres, Sherrie Levine, …entre otros artistas de arte contemporáneo.

Agradable despedida degustando especialidades de la gastronomía suiza en un restaurante del barrio de Bains con Lucie y Julie, organizadoras de una visita a Ginebra que nos sorprendió gratamente.

Balance del viaje a Suiza

Nos quedamos en primer lugar con la gente, los excelentes organizadores, los guías, la gente que conocemos en el camino, porque los viajes están hechos sobre todo de gente que se cruza en el camino, con la que conversamos largamente, que nos acompañan orgullosos a visitar las maravillas de su país. Ese breve espacio de tiempo que pasamos con ellos se convierte en una parte importante del viaje sin los cuales perdería encanto vida. Los lugares sin la gente carecen de interés, sólo los comprendemos mejor cuando los miramos a través de sus ojos.

En segundo lugar, contemplamos un panorama completo e interesantísimo de algunas de las principales ciudades de Suiza: Zürich, Friburgo, Lausanne, Ginebra, descubriendo su patrimonio, su paisaje urbano. Descubrimos unas urbes llenas de vida en verano, volcadas a los lagos, con una enorme inquietud cultural que se ve en sus manifestaciones, fiestas, museos, espacios improvisados.

Y, finalmente, un pedazo de los paisajes rurales de Suiza, esas tarjetas postales que tenemos todos en mente cuando pensamos en este país. El paisaje de Alpage de Gruyère, las colinas verdes de los Prealpes, las vacas suizas pastando, la alta montaña, el Moléson con vistas panorámicas espectaculares. Y la gastronomía, esas delicias de las que todo el mundo habla: la fondue, el queso Gruyère, el chocolate suizo,…y de las que se habla menos, el vino suizo. Manjares que consiguen que nos fundamos todavía con más fuerza en este país en el que nos sumergimos desde el primer momento, enamorándonos de él, queriendo regresar.

De viaje por Suiza

Agradecimientos.

Este viaje no hubiera sido posible sin la colaboración el apoyo y la ayuda de la Oficina de Turismo de Suiza en España. Un fuerte abrazo para Elena Affeltranger Media Manager en Suiza Turismo. Gracias a Swiss Air y Swiss Travel System cuyo pase nos permitió recorrer Suiza en tren (SBB/CFF), tranvía, autobús, barco, y teleférico

Igualmente el viaje no hubiera sido el mismo sin la acogida cariñosa y profesional de las Oficinas de Turismo locales, los hoteles y guías que nos ayudaron a conocer Suiza.

Muchas gracias a Isabelle Zeyssolff directora del hôtel Florhof y a su equipo que tan bien nos recibieron nada más llegar a Suiza.

Al Kunsthalle Museum de Zürich por su magnífica presentación de arte clásico y contemporáneo. Y también a los responsables del Pabellón Le Corbusier de Zürich y del Chinese garten, espléndidos ejemplo de arquitectura contemporánea.

María Muñiz de Fribourg Région que nos paseo por su bello cantón. Unos días inolvidables que nos convirtieron a la religión de la Crème Double!! Gracias también al hôtel au Sauvage y al restaurante Pinte des trois Canards de Friburgo, por sus deliciosas comidas.

Gracias à Patrick Schibli responsable de comunicación en Château de Gruyères, al Museo Hr Giger y al Bar Hr Giger y  al Museo del Tibet todos ellos de Gruyères.

Un saludo para la Nathalie Pythoud del restaurante Le Sommet del pico de Moleson.

Gracias a Turismo de la Región del Vaud por brindarnos la posibilidad de conocer la región, como Yverdon-les-Bains.

A Stéphane Antoine y su esposa, responsables de la restauración y gerente del Grand Hôtel d’Yverdon-les-Bains. Una noche muy especial donde aprendimos muchísimo. Un verdadero placer.

A Melinda Iuliaro que guió magníficamente por la Maison d’Ailleurs, museo de la ciencia ficción que llena de filosofía Yverdon-les-Bains.

Espectaculares paisajes alpinos en Suiza. Desde el Moléson. ©María Calvo.

A Veronique Jayet Projet Coordinator de Lausanne Tourisme, con la que pasamos una tarde lluviosa pero encantadora en Lausana.

Gracias a Nadia Valentin y Sandra Bercht del Museo Olímpico de Lausana, por permitirnos conocer ese monumento tan importante para el deporte.

Un placer haber conocido a Ana Cetkovic guía de la ciudad de Lausana, que vimos bajo la lluvia pero que nos encantó.

A Lucie Gerber y Julia Cuenod de la oficina de Turismo de Ginebra, Geneva Live Tourism, que nos descubrieron una ciudad magnífica, Ginebra, y la amistad de los suizos.

Gracias por sus conocimientos, amabilidad y profesionalidad a Marlyse Beldi, excelente guía de la ciudad de Ginebra. Aprendimos tanto que sólo queremos volver!

A Garret Landolt responsable de las relaciones exteriores del Mamco, Musée d’art moderne et contemporain de Genève, que nos guío por las salas complejas e interesantes de este precioso museo. Un privilegio.

A Laetitia Thetaz, de la Galeria Ribordy y Cécile Togni de la Galeria Laurence Bernard que descubrieron para nosotros la vida cultural y artística del Quartier des Bains de Ginebra.

A Guillaume Beurgaud, Store Manager de la tienda Victorinox de Ginebra. Nos llevamos una navaja suiza en el corazón.

A Xavier Collange, director del Hôtel Bristol Genève, por mostrarnos y explicarnos la filosofía de ese magnífico establecimiento de Ginebra.

A los hoteles Hotel Florhof de Zürich; Hôtel de Gruyères; Grand Hôtel d’Yverdon-les-Bains; Carlton de Lausanne; y Bristol de Ginebra, donde nos trataron de manera exquisita y profesional. 

A todos ellos un fuerte abrazo y hasta pronto.

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