Un insólito jardín chino en Suiza. El Chinagarten de Zúrich

¡Qué sorpresa, un jardín chino en el corazón de Zúrich!

Qué sorpresa encontrarnos un jardín chino en la ciudad de Zúrich, cómo íbamos a pensar que ahí escondido, tímido, agazapado detrás de esa muralla roja habría un jardín tan perfecto y colorido, un pasaje a China sin moverse de Suiza, ¡un hecho del todo insólito!.

Al fondo de una enorme campa de césped verde donde los habitantes de Zúrich se sientan a disfrutar de la tarde soleada, cuando nos dirigíamos a la Casa Heidi de Le Corbusier, que está justo al lado, destaca una muralla roja con tejados amarillos -cuya estética relacionamos automáticamente con China-, por encima de la que asoman varios árboles verdísimos.

Así que nos acercamos, y el colorido de la entrada con su cubierta amarilla, con inscripciones en chino y bonitas decoraciones, y dos leones guardianes, nos llenan de curiosidad, animándonos a entrar a este misterioso lugar del que no teníamos noticias, hasta que curioseamos en la taquilla y leemos: Chinagarten.

Paseando por el verano de Zúrich…de repente un jardín chino

El Chinagarten, en medio de un oasis de paz en el parque del Lago de Zúrich

Zúrich fue una de las primeras paradas en nuestro viaje de prensa a Suiza, una ciudad llena de vida, de ambiente, de gente que conquista las calles, los parques, las orillas del río Limago (o Limmat), y por supuesto, el lago para hacerlos suyos durante el verano. Y es que viajar a Suiza en verano es una buena idea, hay tanta animación y tanto que ver, y el país está espléndido.

Zúrich no es una excepción. Recorrimos la ciudad durante la primera jornada, fundiéndonos con la gente, convirtiéndonos en un habitante más, disfrutando de su excepcional patrimonio monumental, el centro histórico, las aguas del río Limmat, contemplando las postales de la ciudad que son espléndidas desde la orilla izquierda del Lago de Zúrich, con su “jet d’eau”,…Y, al día siguiente, nuestra segunda jornada comenzó por un Zúrich más cultural, con visita al espectacular museo Kunsthaus, paseando por el casco antiguo, por el viejo barrio Schipfe, con la iglesia de Grössmunster como protagonista, tras lo que decidimos seguir la ruta cultural buscando el Zúrich más contemporáneo, el Pabellón Le Corbusier o Casa Heidi, del que ya habíamos oído hablar.

Paseando por el barrio de Seefeld, por la ribera del lago de Zúrich -esta vez la orilla derecha-, nos fundimos en este ambiente de verano: gente dándose un chapuzón, tomando el sol en las playas, en los parques, paseando en barco, dando una vuelta en bici, descansando bajo un árbol,…Y fue así como, dirigiéndonos a la Casa Heidi, nos topamos con el Chinagarten de Zúrich, un jardín exótico que nos dejó fascinados.

El estanque del jardín chino de Zúrich

Cautivados por el Chinagarten de Zúrich

Entrar en el Chinagarten de Zúrich es como encontrarse de repente en un pedacito de China, en uno de esos jardines tradicionales chinos que forman parte de su cultura milenaria, auténticas obras de arte donde todo está en perfecta armonía: la naturaleza, la arquitectura y el hombre. Esa es la sensación que tenemos nada más entrar en el Chinagarten, que reina la armonía en este auténtico remanso de paz.

Todo está hecho para que el visitante se relaje y disfrute de esta belleza, de esta obra de arte concebida para emocionar. Nada más entrar está el estanque y ya desde allí el conjunto del Chinagarten parece perfecto y muy bello. Peces naranjas en el estanque, las hojas que flotan en un vaivén sutil, los reflejos del cielo y de los árboles en el agua, y en el centro un islote con una pagoda de planta circular, con techo con tejas amarillas y columnas rojas. Un pequeño puente que atraviesa el estanque nos lleva hasta ella. Los árboles muy verdes, en pleno esplendor de este cálido verano suizo, adornan el conjunto, así como un grupo de rocas que hacen las veces de montaña.

Atravesando el puente hacia la pagoda circularque hay en el estanque

Todo ello tiene una simbología en la cultura china, nada está por azar en los jardines chinos, y con esa imitación de la naturaleza en miniatura lo único que se persigue es la belleza, el disfrute espiritual.

El ritmo parece aún más lento en el jardín chino de Zúrich, y eso que el ambiente en la ciudad en pleno verano es muy relajado, de tranquilidad total en las playas y los parques en torno al lago de Zúrich. Es como si no existiera el tiempo en esta época del año, la gente no tiene prisa, y eso que estamos en una de las ciudades más grandes de Suiza, pero no se siente el estrés, nadie corre a ningún lado.

Y en el Chinagarten la sensación es similar, acrecentada por la calma que transmiten las aguas del estanque, por los senderos curvilíneos que nos invitan a atravesar el jardín para llegar a las pagodas, al pabellón. Caminamos a paso lento, disfrutando de todo lo que nos rodea. Hay arbustos tallados de forma perfecta, y algunos de los árboles son altísimos -se ve que ya tienen cierta edad (el Chinagarten es del año 1994)-, protectores. Uno de ellos está en flor, unas flores amarillas que con la luz del sol parecen de oro, iluminadísimas. Otros árboles tienen hojas doradas, y eso que el verano está comenzando. Todos ellos contribuyen a embellecer el conjunto del jardín chino de Zúrich.

La pagoda del Chinagarten

Pero una de las cosas que más nos llama la atención, por lo ajenas y por lo hermosas, son las pagodas chinas, con ese colorido, esa decoración minuciosa, los dibujos, las inscripciones, las líneas, las curvas, los animales de cerámica que las decoran,…son auténticas obras de arte que contemplamos desde todos los ángulos.

Una de ellas nos espera al final del camino, es alta y tiene dos cuerpos. Cada uno de ellos está cubierto con un tejado con salientes prominentes, de tejas de cerámica amarilla y un pináculo coronando el todo. El cuerpo inferior es abierto, con columnas rojas y un pequeño balcón de color verde que invita a sentarse y admirar el jardín desde allí. Eso hacemos, nos acercamos y disfrutamos de las vistas espléndidas desde la pagoda. Y al mismo tiempo admiramos más de cerca su estructura: todo llama la atención, los encajes verdes de los balcones, las inscripciones en azul de la entrada a la pagoda, los diferentes cuerpos superpuestos llenos de decoraciones donde se combinan mil y un colores y dibujos. Y la sorpresa de los tejados curvilíneos, ornamentados con filas de dragones. ¡No puede ser más bella!

Los detalles coloridos de la pagoda

Y el mismo tipo de decoración a lo largo del muro que rodea el jardín chino de Zúrich, cubierto todo él con tejas amarillas. Alguna de las puertas tiene la misma ornamentación compleja y colorida de las pagodas. Seguimos caminando y llegamos al pabellón de lectura, un camino cubierto con el mismo estilo decorativo, un regalo para los ojos.

El sentido y el simbolismo de los jardines chinos

Los jardines chinos tienen una larga historia de miles de años que comenzaron a desarrollarse ya con la dinastía Han (siglo III a. C.) y llegaron a su apogeo y adquirir una dimensión artística con la dinastía Ming (a partir de 1368). Se concebían como obras artísticas cuyo fin era sublimar la naturaleza y transmitir las enseñanzas taoístas, siguiendo los principios del Feng Shui: buscar la paz entre el hombre y el medio ambiente.

Así, a través de los jardines chinos, se buscaba recrear el mundo natural en miniatura, adaptándose al medio, sin intentar dominar la naturaleza. Pero siguiendo unas reglas precisas, los elementos que componen estos jardines no se disponen al azar. Lo importante era provocar emociones, sensaciones, buscando la inspiración en paisajes naturales.

Detalle del tejado con el dragón

De este modo, estos artistas se basan en unos principios y elementos que se repiten en todos los jardines chinos. El agua, que tiene un emplazamiento privilegiado, como en el Chinagarten de Zúrich, el estanque, que aporta una sensación de bienestar y tranquilidad. La piedra es otro de esos elementos: se representa bajo la forma de una montaña o una roca; suele haber esculturas de piedra en los jardines chinos.

Los animales y plantas también tienen significados simbólicos. Como los peces y los dragones chinos. Y en cuanto a las plantas, además de la flor de loto y otras, están los llamados “Tres amigos del invierno”: el pino, el bambú y el cerezo, que resisten al frío del invierno. Este es el nombre que recibe el Chinagarten de Zúrich, que procede de uno de los temas de la cultura china. El pino y el bambú se mantienen verdes todo el año, y el cerezo es capaz de dar flor con nieve. El pino representa la virtud victoriosa, se retuerce a pesar de los obstáculos de la vida. El bambú representa la integridad, se dobla pero no se rompe. Y la flor del cerezo simboliza la vida, es de las primeras en florecer en invierno.

Pero hay otros elementos que definen los jardines chinos: están rodeados de muros, ya que tiene mucha importancia el disfrute privado. Y la asimetría es otra de las particularidades de los mismos. Todos tienen puentes, pabellones y pagodas para relajarse, senderos curvilíneos. Los jardines chinos buscan producir sentimientos de armonía y de paz.

La presencia imponente de los árboles

Breve historia del Chinagarten de Zúrich

La historia del Chinagarten comenzó hace ya unas décadas, cuando en 1980 se expusieron en el museo Kunsthaus unos guerreros chinos de terracota que causaron furor entre el público, a raíz de lo cual la ciudad de Zúrich decidió hermanarse con alguna ciudad china. Eligió Kunming (situada en el suroeste de China), y lo que comenzó como un hermanamiento terminó en una colaboración en toda regla. Primero, por parte de Zúrich que ayudó a Kunming a desarrollarse y modernizarse: con la construcción de un sistema de agua potable y alcantarillado, el desarrollo de la red de transporte público, de un plan urbanístico, y también en la preservación de su patrimonio hitórico.

Kunming quiso corresponder a Zúrich con el regalo de uno de los jardines chinos más bellos que hay fuera de China. Artesanos y expertos en jardinería de Kunming participaron activamente en la construcción del Chinagarten en 1993, que se inauguró en 1994 con el nombre de “Tres amigos del invierno”.

Una bonita historia para uno de los lugares más bellos e insólitos de la ciudad suiza de Zúrich.

Los dragones se relacionan con el agua en la tradición china

Epílogo

El jardín chino de Zúrich es uno de esos lugares que invitan a quedarse un largo rato, disfrutando del jardín, del silencio, de la luz,…Es cierto que el recinto del no es muy grande, se recorre rápido. Pero, aún teniendo en cuenta que hay que pagar, vale la pena entrar por la belleza del conjunto y para pasar un rato de tranquilidad. Y, claro, por la sorpresa de estar en un jardín chino en el corazón de Zúrich.

Salimos contentos, realmente sorprendidos por lo inesperado de habernos encontrado en China de repente aún estando en Suiza, y porque estéticamente el Chinagarten es realmente bonito, ideal para los enamorados de la fotografía. Las imágenes hablar por sí solas.

Nos vamos ahora hacia el Pabellón Le Corbusier, que también nos encantó, apasionados como somos de la arquitectura contemporánea. Otro de los lugares para no perderse en Zúrich, que junto con el Chinagarten resultaron ser visitas gratas de lugares que contrastan por sus estilos diferentes, cuya disparidad llama la atención precisamente por estar tan cerca. Desde luego Zúrich es una caja de sorpresas, con tanto que ver y tantos lugares donde disfrutar. Una ciudad deliciosa en verano.

En la entrada del Chinagarten de Zúrich

Cómo llegar

El jardín chino de Zúrich se encuentra en Bellerivestrasse 138, en el barrio de Seefeld, en la ribera del lago de Zúrich, al lado de la Casa Heidi de Le Corbusier.

Horarios: todos los días, 11-19h. Visitas guiadas.

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