Subida al Monte Cerredo desde Castro Urdiales. Panorámicas del Cantábrico

Vistas desde el Pico Cerredo

El Monte Cerredo mira al Cantábrico desde sus 644 metros de altitud, el cual le queda tan cerca – a tan solo 1,5 kilómetros en línea recta – que casi lo puede tocar. Tiene vistas privilegiadas del bonito pueblo de Castro Urdiales, de Islares, de Sonabia y su ballena, de Laredo, de la ría de Treto, Noja e incluso de Santander allá a lo lejos, y al oeste, de Bilbao. Y, por si fuera poco, a sus espaldas puede seguir con la mirada la Cordillera Cantábrica, esa sucesión de montañas que se pierden en el horizonte, casi tocando el norte de Burgos.

Cerredo es una atalaya natural que nos regala estas panorámicas únicas, aunque bien es cierto que la zona que hay entre Castro Urdiales y Santoña posee varios miradores naturales que nada tienen que envidiarse entre ellos, montañas imponentes, con vistas espléndidas de la costa Cantábrica. Como es el caso de la Montaña Candina que mira desde sus Ojos del Diablo la playa de Sonabia, el Cabo Cebollero -que es como una ballena dormida -, Oriñón y su playa, la cual se une con la de Arenillas en Islares. Y al otro lado, mira a Liendo y su bonita playa de San Julián.

Otra de las montañas vigía de la costa cántabra oriental es Buciero, a la que se llega atravesando las bonitas marismas de Santoña, y que ofrece al caminante varias rutas que la rodean y la atraviesan. Es un auténtico espectáculo hacer la ruta circular y contemplar el pueblo de Santoña, la playa de Laredo y la playa de Berria, cercana a la cárcel, cuyos presos construyeron la escalera que baja al Faro del Caballo. Una perspectiva diferente a la de los Ojos del Diablo y de Cerredo ofrecen las culminaciones de Buciero.

Pero acompáñennos a la subida de Cerredo, aunque tengan en cuenta que el regalo de las panorámicas de su cumbre requiere un escuerzo considerable. Ahora lo sabemos: una vez allí nos damos cuenta de que vale la pena haber pasado tantos repechos y haber casi escalado en la parte final. Las panorámicas del Cantábrico y de su costa oriental son realmente magníficas.

Subida a Cerredo. Punto de partida: Castro Urdiales

Hay que andar mucho hasta tener unas bonitas vistas de la costa

No es la primera vez que subimos a Cerredo, aunque para mí será la primera vez en la cima, y aunque conozco el camino, no puedo ni imaginar lo que veré desde la cumbre. De momento, todo es incertidumbre y me centro en recorrer una ruta que ya hice en dos ocasiones.

Para subir a Cerredo hay varias posibilidades: se puede hacer desde los pueblos de Islares, Guriezo, Sámano, Allendelagua,…y, por supuesto, desde Castro Urdiales, punto de partida para nuestra ruta de hoy. Algunos de nosotros lo harán desde el mismo pueblo, otros comenzarán al lado del Colegio Santa Catalina, donde hay sitio para aparcar. Dejamos pues allí el coche y comenzamos la ruta a la 9 de la mañana, a buen ritmo; esperamos estar de vuelta a Castro Urdiales para comer. 

Ponemos el reloj de nuestro contador a cero y comenzamos la subida a Cerredo, atravesando primero el puente que salva la autovía del Cantábrico A8. El desnivel ya es considerable casi desde el principio, y así será prácticamente hasta llegar a una gran antena al lado de la cual hay un cartel que marca que Cerredo se encuentra a 1,5 km. Se necesita estar en forma esta ruta, ya que la dificultad es media, tanto a la subida como a la bajada.

Bosques de encinas y de hayas

Atravesamos un bonito bosque de encinas y hayas, esos bosques autóctonos que tanto encanto tienen en Cantabria, aunque la mayor parte del bosque que hay a lo largo de la ruta a Cerredo es de eucaliptos, y también de pinos. El beneficio económico que proporcionan los eucaliptos tiene como consecuencia el olvido del bosque autóctono, aunque por suerte en algunas zonas, ya cerca de la cima de Cerredo, podemos encontrar nuevas plantaciones de estos árboles. Se trata de iniciativas de pasados gobiernos verdes con gran sensibilidad por la preservación de estos bosques. 

Poco después está ya el sendero que sube hacia la ermita de la Inmaculada de Castro Urdiales, la llamada “Ruta de la Virgen” que hemos hecho en otras ocasiones y que ofrece unas preciosas vistas del pueblo de Castro Urdiales que se ve muy cerca.

Pero nosotros continuamos el sendero de la ruta a Cerredo. Estos primeros tramos no tienen vistas, caminamos entre bosques de eucaliptos, que encontramos que han sido talados casi en su totalidad, y el espacio que dejan da una cierta sensación de vacío. Lo cierto es que la ruta no es muy bonita hasta llegar a los pinares. Pero lo compensa el ejercicio saludable que estamos haciendo y la buena conversación. 

Amigos que nos encontramos de camino a Cerredo

Llega un momento en que el sendero está muy claro, es el que se une con el que sube del pueblo de Sámano. A partir de ahí la subida se hace más pronunciada. Muy pronto pasamos por una enorme propiedad donde pastan ovejas cuidadas por tres bonitos mastines, que hacen muy bien su trabajo y al mismo tiempo saludan amablemente al paseante. Nos quedamos un rato hablando con estos excelentes pastores y aprovechamos para beber un poco de agua.

Un gran repecho nos permite alcanzar cierta altitud y ya comenzamos a tener unas bonitas vistas de la costa, aunque la luminosidad del día no es muy potente y no se aprecia el paisaje. En seguida llegamos a un pinar antiguo donde suele buscar el ganado cobijo: hoy había unos caballos conocidos como “Pottoka” (que significa “caballito” en euskera) o “Monchino” una raza vasco-cántabra de poca envergadura. Son animales dóciles y muy bonitos. En otras ocasiones que subimos a Cerredo nos encontramos vacas que hoy estarán más arriba.

Llegados a este punto ya podemos divisar el Pico de Cerredo allá a lo lejos, que es fácil de identificar por su altitud y por el color blanco de la piedra caliza que lo caracteriza. Ya se ve la antena, uno de los puntos de referencia de la zona: muy cerca parte el sendero que lleva a la cima de Cerredo. Pero para llegar a la antena hay que subir una de las cuestas más duras: se puede ver en nuestras caras el esfuerzo que tenemos que hacer para subir. 

Una de las cuestas más duras: se puede ver en nuestras caras el esfuerzo que tenemos que hacer para subir

Un menhir de camino a Cerredo. Refugios

De camino a Cerredo nos encontramos con el Menhir de Ilso Grande, un megalito orientado hacia el este que llama nuestra atención. Ese es el punto en el que el sendero tuerce a la derecha para iniciar el ascenso al Pico Cerredo. Unas señales de madera marcan el PR-S 117 en diferentes direcciones: 5,1 kilómetros hasta Castro Urdiales. Aunque no es mucha distancia, como es en continuo ascenso, parece más de lo que es en realidad. Ahora estamos en una zona más llana antes de volver a hacer el último esfuerzo para llegar a la cumbre de Cerredo. Otra de las señales de madera indica el camino que hay que seguir hasta el Alto de Cerredo, que está a 1,5 km torciendo desde el Menhir de Ilso Grande a la derecha por una ruta señalizada. 

Pero nosotros vamos a hacer un camino 1 kilómetro más largo: el de la tercera señal, que indica el Alto de Cerredo por el Área Recreativa “La Pedrera”. Es un buen lugar para comer o merendar cuando se hace la ruta a Cerredo. No llegaremos hasta allí, ya que lo que nos interesa es echar un vistazo a los refugios privados que hay a medio camino. Continuamos pues un poco por el sendero PR-S 117 en dirección a Alto Cerredo. 

Gran mole kástica: Cerredo

Llegados a un punto, las vistas de Cerredo son muy bonitas: desde una gran campa verde miramos esa gran mole kárstica de color gris que culmina en el pico. Lo contemplamos con ganas de llegar hasta allá arriba para ver por fin con nuestros propios ojos lo que Cerredo mira cada día desde sus 644 metros de altitud. Pero antes seguimos el camino para conocer los refugios. El primero es grande con una gran zona verde alrededor. El segundo, llamado El Tejo por el árbol que lleva muchos años plantado en esa tierra – que nos recuerda a aquel Tejo que vimos en la Sierra de la Demanda -, es más pequeño, pero está muy bien montado. Un compañero estuvo hace poco con sus amigos y sus niños, y nos confirmó que el lugar es ideal para pasar el fin de semana en plena naturaleza. 

Si seguimos un poco, llegamos al área recreativa, pero decidimos dirigirnos hacia Cerredo campo a través hasta llegar al sendero señalizado con pintura. Ahí nuestros compañeros dan la vuelta para regresar a Castro Urdiales, y dos de nosotros vamos en busca de esas panorámicas del Cantábrico.

PR-S 117 Alto de Cerredo. Panorámicas del Cantábrico

El bonito paisaje de ascenso/descenso a Cerredo. Señales en las rocas

Estamos muy cerca del sendero hasta que vemos marcas de pintura roja y amarilla en las rocas. Este sendero nos guía hasta las faldas del Alto Cerredo. Lo cierto es que ya desde aquí las vistas son preciosas: impresiona el contraste entre las rocas kársticas, con sus agujeros y sus formas extrañas, el verde de los prados y las espectaculares cadenas montañosas que se suceden hasta el horizonte. Seguramente en otra época del año el paisaje estará más bonito, con las flores del brezo y los árboles con hojas. Pero, a pesar de que es invierno y los colores son más amarronados, el paisaje que contemplamos a los pies de Cerredo es de gran belleza. 

Ahora queda la parte más emocionante, un ascenso entre rocas, no tiene pérdida ya que la pintura marca con líneas o con flechas el camino, y con aspas el paso cortado. Es mejor ir despacio, ya que el ascenso al final es casi de escalada fácil, y como llovió el día anterior hay que ser prudentes. Subimos poco a poco por las rocas abruptas de Cerredo, ya lo estamos tocando, en nada llegamos a la cima. 

Impresiona el contraste entre las rocas kársticas, con sus agujeros y sus formas extrañas, el verde de los prados y las espectaculares cadenas montañosas que se suceden hasta el horizonte

De pronto vemos el poste geodésico que se alza para marcar la cima del pico, y al alcanzarlo nos quedamos sin palabras. 365 grados de vistas panorámicas espectaculares. Miramos al Cantábrico y los perfiles de su costa envueltos en una ligera neblina que hace que sus contornos parezcan irreales. El cielo nuboso se refleja en el mar tornándolo gris; seguro que si estuviera azul las tonalidades se corresponderían con él en este inmenso espejo. 

Nos sentamos en las rocas a estudiar geografía partiendo de los lugares conocidos: hacia el oeste la reconocible Cabo Cebollero que desde aquí parece más ballena que nunca e incluso semeja nadar. Seguimos su perfil y adivinamos el pueblo de Sonabia, la imponente montaña de Candina presidiendo el paisaje, y más cerca el pueblo de Islares. Si tuviéramos prismáticos reconoceríamos alguna que otra casa conocida. Más allá, está el Monte Buciero. Y a lo lejos Santander.

365 grados de vistas panorámicas espectaculares

Hacia el este Castro Urdiales, con la iglesia de Santa María, el faro y el puerto cerrado por el rompeolas, que también reconocemos desde la cima de Cerredo. Y, siguiendo la costa, llegamos a la costa vasca que sabemos que está ahí, aunque la frontera es invisible – desde las altura se aprecia más lo absurdo de las fronteras -. Incluso podemos divisar la Torre Iberdrola de Bilbao envuelta en niebla. Impresionan las panorámicas del mar Cantábrico y de los pueblos a vista de pájaro, lugares conocidos que vemos desde otra perspectiva diferente. Y si giramos sobre nosotros mismos, tierra adentro, una sucesión de colinas y montañas que se pierden en el infinito.

Jugamos a subirnos al punto geodésico, ese pilón que referencia una posición geográfica precisa. Como otros de los 11 mil vértices geodésicos que hay por la geografía española – se nos viene ahora a la mente el pilón del Monte Pindo que visitamos recientemente – y que forman la Red Geodésica Nacional, fueron establecidos por el Instituto Geográfico Nacional (IGN). Sirven para construir mapas topográficos nacionales y regionales mediante triangulación. 

Uno de nosotros consigue subirse y señalar al infinito para la foto, el otro se queda a mitad de camino, lo que nos hace estallar en carcajadas, despertando a las vacas adormiladas que descansan en las faldas de Cerredo.

Intento infructuoso de subir al punto geodésico

Tras las risas y la emoción de haber mirado con los ojos de Cerredo las espléndidas panorámicas que contempla a diario, descendemos entre el sendero kárstico, agarrándonos a las rocas para bajar. Se nos hace más sencilla esta bajada que el ascenso. Podríamos seguir el sendero marcado, pero nos lanzamos a la aventura en línea recta arriesgándonos a mojarnos en el humedal donde pastan caballos y vacas. Pisamos con cuidado y menos mal que llevamos buen calzado para evitar la mojadura. Las vacas que rumían en el camino sentadas apenas nos hacen caso y ni siquiera abren los ojos cuando pasamos a su lado, se nota que aquí están la mar de tranquilas, lejos del mundanal ruido. Desde las colinas todavía se ve Castro Urdiales, antes de que bajemos definitivamente y lleguemos de nuevo al menhir y a las señales de madera.

Ahora toca volver sobre nuestros pasos para hacer los 5 kilómetros que nos separan de Castro. Aunque debería ser fácil, la cuesta abajo hace que nuestras rodillas y nuestros pies se resientan mucho más que a la subida. Aunque vamos rápido, todavía tenemos una hora y pico de camino. Volvemos a pasar por el pinar donde descansan los caballos, los bosques de eucaliptos, el bosque de encinas donde nos cruzamos con paseantes con sus perros. Y cerramos la ruta a Cerredo con la última panorámica de Castro Urdiales, su Santa María, su faro y su muelle de Don Luis. Fatigados pero felices terminamos en el punto donde habíamos comenzado, a buena hora para irnos a tomar unos pinchos a Castro aprovechando que el sol ilumina ahora el Cantábrico. 

Descendiendo Cerredo con vistas

Cómo llegar a Cerredo desde Castro Urdiales

Para llegar a Castro Urdiales tanto desde Santander como desde Bilbao, hay que tomar la autovía A-8. Desde el pueblo de Castro Urdiales se sube en dirección al Colegio de Santa Catalina, se cruza el puente sobre la autopista y se sigue el sendero sin desviarse, ascendiendo, dejando a la derecha el camino hasta el Sagrado Corazón, hasta llegar al PR-S 117. A partir del menhir, la ruta está señalizada hasta el Alto de Cerredo.

Ruta a Cerredo señalizada. Refugio. Señales de pintura en la roca

Informaciones y consejos sobre la Ruta a Cerredo

Altitud: 644 metros

Distancia: alrededor de 14-15 km

Tiempo: unas 4 horas ida y vuelta

Desnivel: 760 metros.

Dificultad: media.

Consejos: llevar calzado cómodo, ropa adecuada para el trekking, protección solar y agua. Seguir las indicaciones. Disfrutar de las vistas 🙂

Artículo escrito por María Calvo Santos.

Te ha gustado? Comparte este viaje !

Escribe un comentario!! (Vamos...es gratis y nos hace ilusión saber que te ha parecido.