Visita a la histórica villa marinera de Castro Urdiales

Hubo un tiempo en el que el trasiego de pescadores en el puerto de Castro Urdiales colapsaba la bocana del puerto. Hoy son otros “pescadores” quienes se enganchan a los anzuelos de los pinchos y los zuritos, los que faenan por los bares y restaurantes de la noble villa -en realidad ciudad- marinera.

Puerto de Castro Urdiales
Puerto de Castro Urdiales ©Marcela Pérez Z.

El carácter arrojado de sus habitantes, balleneros antaño, aún se percibe en las gentes de ahora, echadas para adelante y afables, ya sea en la barra de un bar o a la hora de ayudar a los caminantes que pasan por Castro Urdiales siguiendo la ruta de Santiago por la costa.

Villa marinera por excelencia, Castro siempre ha estado conectado con el Mar Cantábrico, con sus pescadores en lucha perpetua con una fuente de trabajo con la que conviene mantener siempre el respeto. Después de la descarga llegaba el turno del desmalle de redes y su posterior reparación, con aquellas célebres señoras que durante décadas pasaban horas y horas remendando las redes. Hoy una escultura recuerda su labor cerca de la rampa de San Guillén donde castreños y veraneantes nos hemos bañado muchas veces a la sombra de los barcos que se reparaban o pintaban.

La industria de la pesca ya no es la que era. Nido de pesqueros, el puerto era una paleta de colores verde, azul, y rojo. Hoy los barcos de pesca son de bajura en su mayoría, y el vigía del “Club Náutico” es testigo de nuevas formas de navegar como el paddlel surf o las lanchas de recreo.

Barcos pesqueros en el puerto de Castro Urdiales
Barcos pesqueros en el puerto de Castro Urdiales ©Aitor Pedrueza

Antes de la llegada de los romanos, la zona de Castro Urdiales estaba habitada por tribus de autrigones que habitaron  Portus Amanum o puerto de los amanos y Castrum Vardulies controlado por várdulos.

La ciudad de los Flavios

Bajo el Castro Medieval y marinero con sus calles empedradas está la Flaviobriga romana, una de las colonias romanas más importantes del Cantábrico. La urbe romana, fundada (aunque parece que ya habitada por tropas en un castrum en el peñón de Santa María) en el año 74 d.C. recibió el nombre de Flaviobriga, la ciudad de los Flavios, dinastía que controlaba el poder en el Imperio, con Vespasiano como emperador en ese momento.

El acueducto del Chorrillo que aportaba agua dulce o el yacimiento del “Agora” nos revelan como se romanizó Castro, o como dirían aquí como Castro cantabrizó a los romanos. Bajo un cine precario en la calle Ardigales donde los niños veían películas de Sandokan en los años 80, se excavó un espacio ya conocido como el Ágora. El yacimiento permitió sacar a la luz parte de tres viviendas, de un tramo de la calzada romana, y de un edificio dedicado a la producción del preciado garum romano, la salsa de pescado que formaba parte de la dieta.

Castro Medieval

Durante la Edad Media Castro Urdiales despegó economicamente como salida al Mar de Castilla, permitiendo que la liberación de cargas fiscales atrajera a comerciantes y promoviendo el crecimiento de su población y riqueza.

Aunque se ha datado en 1163 la concesión del fuero de Logroño a la villa de Castro Urdiales -a través de la afirmación de Gabriel de Henao, en su obra ‘Averiguaciones de las antigüedades de Cantabria’, publicada en 1689- el documento más antiguo que confirma su existencia se encuentra en el Archivo Histórico Foral de Vizcaya, con fecha del 10 de marzo de 1.202.

La iglesia de Santa María fue el resultado de esa pujanza de Castro Urdiales como una de las villas más importantes en el Cantábrico para la monarquía castellana. La elección de piedra arenisca para su construcción ha marcado su dramático y paulatino deterioro. Las intervenciones a lo largo de los años han servido poco más que para poner parches a su “enfermedad pétrea”. El famoso mal de piedra hace que los bloques se deterioren hasta hacerse prácticamente arena, como si se tratase de un castillo construido por niños en la playa. Símbolo del auge económico de la villa en la Edad Media, su espigada forma sobre el promontorio vigila la bahía desde hace 800 años.

Iglesia de Santa María
Iglesia de Santa María ©Marcela Pérez Z.

Vespasiano, o mejor dicho la estatua que conmemora al emperador preside la plazoleta frente a la iglesia de Santa María. El templo bien podría ser una catedral tanto por su elegancia como por su elegante posición en el promontorio. Ejemplo de gótico tardío, su fachada tiene un aire salvando las diferencias a la iglesia de Notre Dame en París.

A su lado, como un Sancho Panza bregando para Santa María, el robusto castillo ejerce todavía hoy de compañero de baile del conjunto patrimonial sobre la bahía de Castro Urdiales. Reconvertido en sala de exposiciones, desde lo alto las vistas panorámicas invitan al silencio, quebrado por las gaviotas que planean sobre nuestras cabezas.

Desde el castillo -usado como faro- se comprende mejor el crecimiento de Castro Urdiales, comenzando por la capilla ermita de Santa Ana a la que en otros tiempos solo se podía llegar por un puente que conectaba los peñones donde se alza con el mal llamado Puente Romano, que cuyo arco apuntado delata como medieval.

Si levantamos aún más los ojos vemos los “Jardines” y las casas nobles edificadas a finales del XIX y principios del XX, la Escala del Rey llamada así cuando Alfonso XIII y su esposa Victoria Eugenia visitaron Castro Urdiales en 1907; y el Club Naútico de 1958.

Club Náutico de Castro Urdiales
Club Náutico de Castro Urdiales ©Aitor Pedrueza

La estampa del puerto en bajamar con las chalupas y pequeñas embarcaciones de colores varados desde la darsena con la Iglesia de Santa María y el castillo es la mejor manera de finir con una postal Castro Urdiales. Caminamos por la correría y su pasillo de arcos hasta la plaza del Ayuntamiento.

La Casa Consistorial es de 1654 con dos reformas importantes, una en 1755 por parte de Antonio de Vega y otra más estética de finales del XIX cuando Eladio Laredo aportó el efecto medieval de las almenas en lo alto. Mirando a la plaza uno de los edificios históricos y más elegantes de Castro, la Casa de los Chelines, obra diseñada por el arquitecto bilbaíno Severino de Achúcarro en 1902, y ejecutada por su discípulo Leonardo Rucabado. En sus bajos el Restaurante Marinero, toda una institución y cuyos cristaleras con las langostas mirando a los transeúntes han servido de escaparate para todos los niños de Castro Urdiales. El estilo ecléctico de la Casa de los Chelines, mezclando neogótico con influencias modernistas no rompe con el resto del conjunto que rodea la plaza, donde se han vivido todo tipo de eventos, desde el mercado, a corridas de toros y por supuesto las celebraciones de los triunfos de los remeros de la Marinera.

La Barrera y el ensanche burgués de Castro Urdiales

El nuevo auge económico de Castro Urdiales llegó en el siglo XIX con la explotación minera y la aparición de una clase burguesa -sumada a los nuevos ricos indianos que regresaban de su experiencia en las Américas- abierta a las influencias arquitectónicas modernistas y que a su vez demandaba espacios culturales y de ocio. Así los límites de la antigua muralla en la Barrera (que hacía alusión a una de las dos entradas a Castro) fueron ocupados por una Alameda, cuyo quiosco funcionaba como polo magnético de los bailes y conciertos, rematado en uno de los extremos por el Teatro de la Villa, insigne edificio de 1861 que el sinsentido urbanístico borró del mapa, al igual que lo hizo con la antigua estación de tren.

Pasando por el corredor que lleva a la Iglesia del Sagrado Corazón nos topamos con una de las fuentes más célebres de Castro Urdiales, la de los Leones, esculpida en talleres franceses y que desde 1862 es “castreña”, si bien hasta la Guerra Civil estuvo frente al ayuntamiento. No es la única estatua, no lejos está la de Ataulfo Argenta, uno de los hijos pródigos, pianista excelso cuya vida frente a las incontables adversidades es digna de una película.

Villas, castillos y edificios notables

Un paseo atento por Castro nos descubre un buen puñado de villas señoriales, con estilos variados que van desde el montañés con chalets de torres cuadradas, o casas con reminiscencias modernistas o eclécticas italianas como la villa de Toki Eder en los jardines de Ocharan. Eladio Laredo o Leonardo Rucabado dejaron buena cuenta de su maestría arquitectónica, y edificios como el Casa de los Chelines o el chalet de Sotileza -ambos de Rucabado- o el ya mencionado palacio de Ocharan junto al castillo de inspiración neomudéjar y neogótica, el mercado, el matadero, el edificio Royal, la casa de olores de los Heros, (hoy centro de cultura y exposiciones conocido como la Residencia), el Santo Hospital Civil, el diseño de panteones en el cementerio, la Plaza de Toros o la antigua y desaparecida estación del ferrocarril Castro-Traslaviña, vinieron de la mano del apreciado Eladio Laredo.

Edificio "la Residencia" en Castro Urdiales
Edificio “la Residencia” en Castro Urdiales ©Aitor Pedrueza

En la preciosa villa al lado de la Playa de Brazomar el interior de la “Casa de la Naturaleza”, obra de los los arquitectos Jacobo y Lorenzo Romero, acoge una exposición sobre la historia de Castro Urdiales.

Sobre la carretera Nacional 634, en el paseo Menendez Pelayo las preciosas verjas dejan entrever el Palacio (1901), el Castillo (1904), el Observatorio y los Jardines de Ocharan, resultado de la petición del empresario vasco Luís de Ocharan Mazas y el arquitecto castreño Eladio Laredo. Toki –Eder (Hermoso lugar en euskera) como se denominó fue la residencia del apoderado Ocharan, con un estilo ecléctico que guarda influencias de Palladio, clásicas, y de las villas italianas con toques modernistas. El castillo por su parte es de reminiscencia medieval y toques mudejares en sus arcos de herradura y las almenas de las torres.

Palacio Ocharan en Castro Urdiales
Palacio Ocharan en Castro Urdiales ©Aitor Pedrueza

Figuras como la estos dos arquitectos, Laredo y Rucabado , o la del compositor Ataulfo Argenta constituyen un -a veces desconocido- motivo de orgullo para Castro Urdiales. Por otro lado a Castro le sobran los motivos para tener museos. La vocación por el mar daría para un Museo de la Mar o etnológico sobre la figura del pescador y la mar. Desgraciadamente los años de vacas gordas nunca llenaron las arcas municipales para este necesario fin, y solo algunas contadas excepciones como el yacimiento romano del Ágora o exposiciones temporales de la Casa de la Cultura sacian la sed del conocimiento.

Bares y ambiente

Castro no es el mismo sin sus gentes llenando las calles, como si los bares fuesen incapaces de absorber tanto peregrino del vino y el zurito y no quedase otro remedio que expulsarlos afuera. La Rúa, la Correría, la Calle de la Mar y así hasta casi nombrar todas las calles de la ciudad, forman un ambiente de voces que se superponen, solo rota cuando un grupo de amigos se crece y enjuaga la boca para entonar unas canciones típicas marineras.

En Castro hay muy buenos restaurantes, donde el pescado y el marisco no faltan, y hay quién presume de que la mejor tortilla de España la hace Milagros Quintana en el bar La Fuente, cuyo ambiente recuerda el de las viejas tascas marineras.

Castro Urdiales en Fiestas

En Castro se suceden las fiestas de manera que casi se encadenan, la Pasión viviente de Semana Santa es célebre en todo el norte de España, pero el Coso Blanco con sus carrozas alegóricas es quizá la más importante, sobre todo hace unas décadas cuando reunía una afluencia que desbordaba Castro. San Juan, Santa Ana, El Carmen con la ofrenda en barcos, La Virgen y las marmitas en Agosto, San Andrés…son tantas que casi abruman.

Las alusiones y los homenajes al mar antes se presentían, flotando en el aire, y hoy son tangibles con esculturas que honran a las mujeres que cosían las redes en jornadas sin fín, o a los remeros que desafiaban olas y mar brava. Y es que ese Castro orgulloso aún sigue vivo en los niños que se lanzan desde la ermita de Santa Ana junto a la rampa de San Guillén, o en los valientes que se ofrecen al mar corriendo sobre el palo de la cucaña como malabaristas intentando no resbalarse con la grasa que embadurna el mástil. El premio de arrancar la bandera que ondea en el extremo es el aplauso y las palmadas en la espalda para quién consiga el desafío.

Cucaña en la Fiesta de Santa Ana
Cucaña en la Fiesta de Santa Ana ©Aitor Pedrueza

La marea roja que sigue a los remeros de Castro Urdiales en las competiciones de traineras se mueve como las olas, motivada por los triunfos cuando en la cresta se ganaban trofeos “banderas” por todo el Cantábrico. Al igual que el mar, hay días de frenesí y días de mar como un plato, y las banderas con el escudo de Castro llevan unos años en el cajón.

Playas

Brazomar fue la única playa durante años, donde estuvieron de moda a inicios del siglo XX los baños de mar, y donde a lo largo de décadas generaciones de castreños y de turistas llenaron su arena.

En aquellos años de incipiente turismo, los lugareños miraban con asombro a los veraneantes llegados desde el interior -numerosos eran los de Madrid- que disfrutaban de un clima más fresco en verano, alojados en el Hotel Miramar que tantas veces fue asediado por el bravo oleaje que se batía con saña en los días de galerna.

Antaño, en el camino de la Plaza del Parque de los Jardines hasta el Muelle Don Luis y la playa de Brazomar, coquetas villas y residencias de los más pudientes pugnaban por ser las más esbeltas. El estilo indiano se mezclaba con villas de corte italiano o las formas más racionales del regionalista montañés.

Donde hoy paseamos por el Parque de Cotolino estuvo el camping de Castro, cuyo cercano emplazamiento a la playa era ideal. En lo alto de la colina aún queda vestigio de un pequeño bunker de vigilancia y defensa marítima durante la Guerra Civil, que como el de Islares pronto quedó en desuso tras la retirada republicana.

Quizá para descargar la saturación en los años 80 y 90, se rellenó la ensenada de rocas de Ostende. La decisión polémica en su momento ya ha sido asumida por sus habitantes que de este modo tienen otra opción playera más cercana al centro. El bravo acometer del mar Cantábrico ha ido limando en pocos años la gravilla artificial haciendo la playa más amable y en los extraños días soleados de verano el contraste con la blanca arena hace que las aguas parezcan un lienzo de tonos esmeraldas y turquesas.

En la media luna de la ensenada de Ostende encontramos algunos lugares interesantes, como el edificio del antiguo matadero, en un estilo industrial de principios del siglo XX, y que afortunadamente se conservó tras la desaparición de su uso inicial, para convertirse en aula de música.

En el otro extremo, pasado el polideportivo Peru Zaballa se llega al antiguo cargadero de mineral de Ostende, a donde llegaban los raíles que transportaban su carga para embarcarse y transportarse hacia las fábricas siderúrgicas.

Encima de Ostende está el cementerio de la Ballena, premiado como uno de los más bonitos de España y cuyas privilegiadas del mar Cantábrico y algunos panteones de gran factura merecen el esfuerzo de subir paseando.

Volviendo al “pueblo” está la playa del Pedregal donde la arena la sustituyen los cantos rodados El mar se filtra por debajo del agua y una estatua recuerda a los niños que durante generaciones se lanzaban sin miedo. Muy cerca está el barrio Marinero, cuyas casas no dejan ningún recuerdo, adustas y monoformes, pero cuyas familias de moradores tienen apellidos que son casi dinastías.

Información visita Castro Urdiales

La oficina de turismo se encuentra en el Parque en una caseta donde podemos obtener información de los monumentos y lugares más destacados de la villa marinera.

Como llegar a Castro Urdiales

Las opciones de Transporte Público para llegar a Castro desde Bilbao son frecuentes gracias a los autobuses que cada media hora salen desde la Estación de Autobuses de Termibus y que paran en diferentes puntos de Castro, finalizando su recorrido en la Plaza de Toros. Por otro lado desde Santander hay varios autobuses al día, menos numerosos, que paran en Laredo antes de alcanzar Castro Urdiales.

Los aeropuertos de Bilbao y de Santander son las dos opciones para llegar en avión hasta Castro. Desde ambos hay que alcanzar sendas ciudades para posteriormente tomar el autobús hasta el destino.

Donde dormir – Hoteles y alojamiento en Castro Urdiales

Pese a ser uno de los destinos turísticos más importantes de Cantabria, Castro Urdiales no cuenta con suficiente infraestructura de alojamientos. Aún así podemos encontrar opciones en el Hotel las Rocas en Brazomar y en algunas pensiones en el centro, además de apartamentos en Airbnb.

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Información útil para la visita de espacios de Castro Urdiales

YACIMIENTO  ROMANO DE FLAVIOBRIGA. Calle Ardigales, 5-7.

HORARIO: Martes a domingo 11:00 a 14:00 y 18:00 a 21:00. Visitas guiadas a las 11:15, 12:00, 12:45, 13:30, 18:15, 19:00, 19:45, 20:30. Lunes cerrado. Precio gratis

AULA ARQUEOLÓGICA DE CASTRO URDIALES. Casa de la Naturaleza (Av. de la Playa, s/n. 39700 Castro Urdiales)
HORARIOS: Lunes a viernes de 10:00 a 14:00.

Más información de Castro Urdiales en la web Vive Castro Urdiales

Mapa de Castro Urdiales

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