En la vida, aunque a menudo no se quiera entender, todo barco tiene su ancla de memoria, y la ciudad de Ieper (Ypres en español) en la región de Flandes en Bélgica, es una parada para el obligado recuerdo de las consecuencias de la guerra.

Recorriendo la Vieja Europa hemos visto los desastres de la Primera Guerra Mundial en el Valle del Soca en Eslovenia, entre trincheras y barro por el Camino de la Paz. En otras ocasiones nos hemos acercado al sufrimiento del nazismo en las oficinas de tortura EL-De Haus de Colonia, o a los bombardeos de Núremberg y los juicios a los altos mandos nazis, en la Segunda Guerra Mundial.
Quizá por eso, nuestra visita a Ypres, llamada la Ciudad de la Paz, suponía un alto en el camino imprescindible, tratando de sentir la profundidad del poema «In Flanders Fields» (En los Campos de Flandes, en español) escrito por el teniente coronel John McCrae Alexander como homenaje a los caídos.

McCrae, soldado canadiense durante la Primera Guerra Mundial -y cirujano en la Segunda Batalla de Ypres- escribió apesadumbrado un bello poema que hoy es icono de recuerdo al desastre humano, antes de morir por neumonía durante el conflicto.
HISTORIA DE YPRES
Lo que hoy vemos en Ypres es el resultado de la reconstrucción de la ciudad desde inicios de la década de los años veinte del siglo pasado. Nada más acabar la Primera Guerra Mundial, en Ypres apenas quedaron algunos muros de aspecto fantasmagórico de la que había sido la ciudad más próspera de Flandes.

Durante la Edad Media Ypres se disputó con Brujas y Gante la hegemonía como centro más floreciente de la actividad textil, protegida por el río y las murallas.
Precisamente fue un rey español, Carlos II quién promovió la mejora de las fortificaciones de Ypres, encargando al célebre arquitecto militar Vauban rodear la ciudad con una sucesión de murallas que protegían la ciudadela. Con el cambio de dominio a manos de la monarquía francesa, Luis XIV solicitó al mismo Vauban añadir nuevos bastiones.

Antes de que se desatase la Gran Guerra, Ypres era un ejemplo de prosperidad y belleza urbana, cuyos edificios góticos, mansiones de comerciantes y empresarios, eran usados en la promoción del incipiente turismo.

Con el estallido de la Primera Guerra Mundial, Ypres se convirtió en una ruta en el avance germano hacia Francia. El frente de Guerra se estabilizó aquí con la resistencia de los Aliados, lo que explica que su destrucción fuese total en cuatro años de continuas batallas.

La primera contienda bélica europea del siglo XX puso de manifiesto las nuevas estrategias para causar más bajas. Además de tanques y aviones, el empleo de la guerra química supuso el inició de las formas más letales para ganar la guerra. En las batallas de Ypres se usó por primera vez el gas cloro, el 22 de abril de 1915.

Con la victoria aliada, los recursos para reconstruir Ypres partieron de las condiciones de la paz de Versalles, por la que Alemania debería resarcir a la ciudad financiando su reconstrucción.

QUÉ VER EN YPRES
A Ypres se suele llegar con la idea de visitar la Lonja de Paños – Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO- y el Museo In Flanders Fields, asistir a la ceremonia Last Post en la puerta de Menin y caminar por su centro empedrado. Pero pronto descubre el viajero que los monumentos, edificios, rincones e historias, son muchas más de las esperadas, y que ver Ypres necesita mucho más que una mañana o incluso un día.

Plaza Mayor (Grote Markt)
La plaza mayor es el centro neurálgico de la ciudad, con su enorme explanada en su día punto de venta del mercado, y convertida hoy en espacio de los grandes festejos y acontecimientos. En un lado es la Lonja de los Paños la que presume con su torre Belfry, y del otro lado insignes edificios con tiendas y restaurantes que animan el ambiente.
También encontramos el monumento de homenaje a los soldados belgas caídos en las dos Guerras Mundiales, donde diferentes asociaciones muestran su respeto.

No lejos se halla el antiguo mercado de pescado, con la pequeña casa de peajes (Minckhuisje) de 1899 aún conservada. Aquí los vendedores de pescado debían abonar el peaje para poder vender.

Se puede identificar su entrada desde la calle Boterstraat por el arco rematado con una escultura del dios Neptuno que se colocó en 1714.

La Lonja de los Paños (Lakenhalle)
La Lonja de los Paños preside la Plaza Mayor de Ypres, monumento destruido durante la Primera Guerra Mundial, pero reconstruido fielmente y hoy Patrimonio de la Humanidad protegido por la Unesco.
Se culminó en 1304, con la función de mercado cubierto para la compra y venta de lana, y su gran extensión -125 metros de ancho- explica por sí solo el volumen de comercio que se movía en Ypres.

En el centro de la Lonja de Paños la torre Belfry actúa como un faro de la ciudad, con 70 metros de alto que opacan incluso a la catedral. La base de la torre funcionaba como custodio del tesoro, mientras que el piso medio fue la Sala de Armas. En cada uno de los lados de la torre gótica el reloj da la hora a los paseantes.
Si subimos a lo alto de la torre desde dentro del Museo In Flanders Field, podremos ver el carrillón de 49 campanas que aún se toca de forma manual, ensordeciendo a los que pasan justo por allí.

En la fachada de la Lonja de Paños que da hacia la Grote Markt podemos distinguir las esculturas de diferentes condes de Flandes, o de la patrona de la ciudad Nuestra señora de Thuyne, o jugar a encontrar el gato que nos recuerda que los felinos son el símbolo de la ciudad. La razón de que sean tan apreciados se explica por el aprecio que se les tenía a la hora de cazar los ratones que devoraban la lana, auténtico tesoro de la economía textil de Ypres.

La leyenda cuenta que cuando el número de crías de gatos era excesivo, se lanzaban desde lo alto de la Lonja de Paños, dando nombre a la acción de tirarlos como Kattenwerpen, augurio de una buena estación. Afortunadamente la tradición es historia y hoy los gatos son motivo de orgullo, representados en las fiestas de Ypres con carrozas y enormes figuras.
Ayuntamiento y Nieuwerck
En el extremo este de la Lona de Paños se encuentra anexado el edificio del Nieuwerck, en el siglo XVII sede de los magistrados de la ciudad. Diseñado por J. Sporeman, se construyó originalmente entre 1619 y 1622. Se caracteriza por estar elevado sobre una hilera de arcos apuntados, grandes ventanas cruzadas y elementos que le dan un aire gótico combinado con relieves decorativos del Renacimiento.

Sirve actualmente como la majestuosa entrada principal al Yper Museum, un museo dedicado a la extensa historia de la ciudad.
Museo In Flanders Fileds Museum
El Museo In Flanders Fields recibe el nombre del poema escrito por John McCrae y que pone de relieve que más allá de los números -600.000 fallecidos en suelo belga y 425.000 tumbas y nombres en monumentos conmemorativos en el frente delas batallas de Ypres- el mejor homenaje que podemos hacer es recordar para no olvidar y repetir los mismos errores.

Se encuentra en la reconstruida Lonja de los Paños de Ypres, un símbolo clave tanto de las penurias sufridas durante la guerra como de la posterior recuperación.
La vocación del Museo In Flanders Fields es preservar el vínculo con este pasado bélico, y entender que los motivos de aquella guerra siguen siendo los mismos motivos que siguen arrastrando a la muerte y destrucción.

El museo narra la historia de la Primera Guerra Mundial en la zona del frente de Flandes Occidental. Durante cuatro años, la guerra se libró en un frente con forma de arco alrededor de Ypres. El museo ayuda a interpretar el paisaje de este Saliente de Ypres como un antiguo campo de batalla.
Desde este emplazamiento emblemático, el museo también presta gran atención al paisaje actual como uno de los últimos testigos tangibles de la historia bélica. A partir de la colección del museo, la exposición permanente relata la historia de la Primera Guerra Mundial en Bélgica, en la región de Westhoek y en las inmediaciones de Ypres.

Cientos de objetos recuperados de los campos de batalla e fotografías de época, se presentan para entender la dimensión de la tragedia. Entre ellos armas, uniformes, equipamiento como las máscaras antigás, documentos y un despliegue audiovisual con testimonios que de personajes relatan sus propias vivencias, estableciendo un contacto directo y realista con el visitante.

Personas de los cinco continentes y de más de un centenar de países participaron en la guerra. Sus historias personales merecen, todas ellas, ser transmitidas. los fallecidos De las 600.000 víctimas mortales que dejó la guerra en Bélgica, más de 550.000 perecieron en la región de Westhoek. Casi 30.000 de ellas eran civiles.
A su llegada, recibirá una pulsera de identificación con una amapola representada. Con ella, podrá elegir qué testigo de la guerra desea conocer durante la visita. Asimismo, el resto de las presentaciones interactivas se mostrarán en su propio idioma gracias a la pulsera.
Puede recorrer el museo con una audioguía. El itinerario básico abarca toda la exposición, aunque se ofrece información más detallada a lo largo del recorrido. Los niños pueden seguir su propia ruta narrativa.
Durante la visita, y tras subir a la restaurada torre del campanario (ascendiendo 231 escalones adicionales), es posible contemplar la ciudad y el horizonte de los campos de batalla de hace cien años.

Iglesia de San Martín
Detrás se encuentra la iglesia de estilo gótico de San Martín, sede de la antigua diócesis de Ypres entre 1661 y 1801. Se accede gratis a su interior donde hay un retablo con la imagen de Nuestra señora van Thuyne, además de la tumba del conde Robrecht van Bethune (León de Flandes). Su inmensa torre de cien metros se yergue espigada, pero a diferencia de la Torre Belfry no se puede visitar.

The Last Post y la Menin Gate
Caminamos por Menenstraat con la Puerta de Menin siempre visible hasta que llegamos al imponente arco conmemorativo que se abre junto al río. Esta inmensa construcción recuerda los arcos triunfales del Imperio Romano, en el lugar de la salida de la ciudad por la que los soldados aliados marchaban hacia el saliente de Ypres donde se desarrollaron las batallas en una franja de 35 kilómetros de ancho.

El ejercicio de la memoria es un acto no solo de respeto, si no de prevención y aprendizaje. Por eso, en el caso de la ceremonia The Last Post de Ypres, resulta imposible no vivir una mezcla de estremecimiento colectivo.
El acto diario de conmemoración es un homenaje a los 250.000 caídos que fallecieron en el Saliente de Ypres durante la Primera Guerra Mundial (1914-1918). Conocido como el Last Post —el tradicional saludo final a los caídos— es interpretado por los cornetas de la asociación Last Post Association en honor a la memoria de los soldados del antiguo Imperio Británico y sus aliados que fallecieron durante la contienda.

El Last Post era una llamada de corneta utilizada en el ejército británico (y en los ejércitos de muchos otros países) para señalar el fin de las tareas diarias y el comienzo del descanso nocturno. En el contexto de la ceremonia del Last Post (y en el marco más amplio de la conmemoración), ha pasado a representar un último adiós a los caídos.
Cada tarde, exactamente a las 20:00 horas, la policía detiene el tráfico que circula bajo el Monumento de la Puerta de Menin (dedicado a los desaparecidos en combate) en la ciudad belga de Ypres, para permitir que los cornetas interpreten su sencillo pero conmovedor homenaje.

El silencio invade a todo el público, solo roto por el toque de corneta que abre y cierra la ceremonia. Hoy es un grupo de gaiteros escoceses de Dundee los que tienen el honor de homenajear a los caídos. Desde la Grote Markt desfilan inflando el pecho para crear una armonía que retumba en la calle de Menenstraat hasta que alcanzan la Puerta de Menin.

Cualquier persona puede asistir a esta ceremonia del Last Post de forma gratuita y sin necesidad de reserva previa, e incluso se puede participar activamente como ciudadano a través de una petición previa.
La Historia del Last Post en la Puerta de Menin comienza el 24 de julio de 1927 con la inauguración del monumento y la interpretación por primera vez de la llamada a cargo de los cornetas del 2.º Batallón de la Somerset Light Infantry.

Durante la ocupación alemana de Ypres en la Segunda Guerra Mundial no se interpretó el Last Post pero desde entonces la ceremonia se celebra cada día. Si bien inicialmente era únicamente un homenaje a los caídos de la Commonwealth británica, con los años se ha ampliado a los Aliados de otras naciones, e incluso a los entonces enemigos; poniendo de relieve que Europa camina de la mano en el recuerdo.

Hoy podemos detenernos bajo la Puerta de Menin y parar el tiempo para ver los nombres de los más de 54 000 soldados desaparecidos grabados sobre la piedra. Son numerosos los viajeros que llegan hasta Ypres para honrar a un familiar muerto en las batallas, depositando fotografías, recuerdos, o amapolas que representan el recuerdo, el sacrificio y el homenaje a los soldados y civiles que murieron en conflictos bélicos.

Murallas de Ypres
Rodeando Ypres, el conjunto de murallas sirvió como defensa durante muchos siglos, hasta que la evolución armamentística las hizo inservibles.
Son las murallas mejor conservadas de Bélgica, aunque han soportado grandes adversidades a lo largo de los diez siglos de vida. En sus inicios no eran más que un montículo de tierra rodeado de canales, pero más tarde, a partir de la fortificación del ingeniero militar Vauban en 1678, se transformaron en un complejo de muros de piedra y torres que protegía a la ciudad de los ataques.
La Ruta de las Murallas, de 5,4 km, es ideal para dar un agradable paseo circular cuyo recorrido comienza en las Casamatas, detrás de la iglesia de San Jaime. La oficina de turismo organiza visitas guiadas en parte del recorrido.

Precisamente las Casamatas son un edificio con mucha historia. Usados como fábricas de cerveza antes, panadería para la guarnición de la fortaleza, y después de la guerra, durante los bombardeos su sólida estructura de piedra sirvió de refugio e imprenta, aunque muchos ciudadanos murieron por el colapso de sus paredes. Los británicos también lo emplearon para recluir a los subordinados de su ejército y hoy es un centro de visitantes que explica la historia de las murallas.

Si continuamos bordeando las murallas llegamos hasta otras casamatas, que en 2014 cobraron de nuevo vida con la apertura de la fábrica de cerveza Kazemetten, cuyas cervezas podemos probar y visitar sus instalaciones. Junto a la entrada destaca la escultura de la parte delantera de un caballo, ‘The Wooden Horse’ obra de Bertrand Catteuw, y que recuerda el potro de tortura usado para el castigo.

Cerca de la puerta de Lille (Rijselpoort) encontramos una casa característica de madera (Stadswoning Het Houten Huis), vestigio de las casas humildes de madera. A principios del siglo XIX Ypez aún tenía más de 90 casas de este material, pero tras los bombardeos todas desaparecieron, siendo esta una reconstrucción fiel.

La Lille Gate es la única conservada en su formato original y resulta interesante por la sala de las esclusas en uno de los lados, que servía para controlar el nivel del agua gracias a su sistema hidráulico.

Junto a la puerta se accede al pequeño cementerio británico en el que se enterraron a 198 soldados ingleses, pero también australianos, neozelandeses, canadienses y diez maoríes. Sus tumbas se asoman al río y al antiguo foso, convertido en un espacio natural con aves que han encontrado la paz y el hábitat que hace cien años los humanos no pudieron conservar.

Vamos completando la ruta pare regresar a la Grote Markt, advirtiendo en el suelo llaves que recuerdan el lugar donde murieron ciudadanos durante los bombardeos de la ciudad. Cada una de ellas esconde historias de resistencia, dolor, sufrimiento y valentía, y gracias a nuestro guía Yvan conocemos algunas realmente conmovedoras.

TOURS Y EXCURSIONES EN YPRES
Hay diferentes tours guiados, algunos desde el ayuntamiento y otros privados con guía en español por el centro histórico y los alrededores de Ypres.
DÓNDE COMER EN YPRES
El Museum Café, situado en el corazón de las históricas Lonjas de los Paños (Lakenhallen) de Ypres junto al In Flanders Fields Museum, ofrece un refugio tranquilo y auténtico para disfrutar de un café, una cerveza regional o un almuerzo en su patio interior.

A pocos pasos, en la animada plaza del mercado principal, se encuentra Les Halles Marktcafé, un establecimiento de cocina belga y francesa que destaca por su terraza exterior, su ambiente animado y una amplia carta de tapas, hamburguesas caseras y cervezas locales como Omer o LeFort. Ambos espacios combinan a la perfección la gastronomía local con la inmersión en el rico patrimonio arquitectónico gótico de la ciudad
DÓNDE DORMIR EN YPRES
QUÉ VER ALREDEDOR DE YPRES
Si deseamos profundizar en las batallas del Saliente de Ypres, encontraremos numerosos lugares -hasta 75 cementerios- que nos permiten conocer la magnitud y barbarie ocurrida aquí.
Dos lugares especialmente reveladores son el cementerio alemán de Langemark, con más de 44.000 tumbas de soldados alemanes, muchos de ellos voluntarios muy jóvenes.
Otro espacio único es el museo de Yser y las ‘Trincheras de la muerte’, las únicas que se han conservado, con 1,5km que de poco sirvieron para los miles y miles de soldados muertos. El centro de visitantes profundiza en la guerra de trincheras estática, y las vistas de la Torre de Yser con 84 metros de altura nos sirven para observar desde lo alto la geografía que hace cien años se tiñó de barro y pólvora.
Desde Ypres podemos llevar a cabo excursiones de un día a Poperinge para conocer los campos de cultivo de lúpulo -oro verde de la economía cervecera- y la ciudad de Kortrijk cuyo centro histórico cuenta con un bello beaterio.
CÓMO LLEGAR A YPRES
La mejor forma de llegar a Ypres es con el transporte público. La estación de tren está muy cerca del centro, y desde Amberes o Bruselas son dos horas y media aproximadamente el tiempo que necesitamos (con un transbordo en Kortrijk). Si viajamos con coche propio o de alquilar nos permitirá acercarnos a lugares de los alrededores de Ypres, pero al mismo tiempo deberemos tener en cuenta las zonas de aparcamiento.
Para movernos por la ciudad no necesitaremos más que nuestros pies o una bicicleta, ya que las distancias son pequeñas y nos permitirá ir conociendo los lugares destacados que hay que ver.
