Cortrique (Kortrijk en flamenco) entra en esa categoría de destinos que no te esperas y eso proporciona una sensación agradable en estos tiempos de saturación turística. En el oeste de la región de Flandes y Bélgica, la población disfruta de una paz que rara vez se rompe.

Kortrijk, además de por su bello centro histórico, destaca por formar parte de la Red de Ciudades Creativas de la UNESCO en la categoría de diseño, como otras ciudades creativas como Berlín, Helsinki, Graz, Saint-Étienne o Detroit.
La centenaria tradición de Kortrijk como ciudad comercial a orillas del río Leie (Lys) le ha valido una gran reputación por su artesanía, su diseño de alta calidad y su espíritu emprendedor.

HISTORIA DE KORTRIJK
El hecho de que a menudo la encontremos referenciada como Courtrai nos habla de un pasado de fronteras y ambiciones monárquicas de una Francia que no queda lejos.
Ya en el siglo I d.C. los romanos fundaron Cortracum o Cortoriacum, origen del nombre actual, lo que la convierte en una de las ciudades más antiguas de Bélgica.
La Edad Media fue un momento de esplendor para Kortrijk, ya que gracias a los privilegios otorgados por los Condes de Flandes se le otorgó el título de ciudad, y por tanto el derecho de organizar ferias y mercados. La producción de paños de lino y prendas de lana convirtió a la ciudad en un núcleo de poder económico, y por tanto pretendida por poderes políticos que se la disputaban.

Especialmente relevante es la fecha de 1302 y la batalla desarrollada a las afueras de Kortrijk. Conocida como la Batalla de las espuelas doradas, el enfrentamiento entre el ejército francés -que había invadido Flandes en 1300 por orden de Felipe IV (apodado históricamente como el Hermoso) atraído por las prósperas ciudades- y la población flamenca, supuso una derrota francesa.

Las tropas del condado de Flandes, formadas en gran parte por artesanos y agricultores movilizados diseñaron un treta que condujo al ejército francés hacia tierras pantanosas donde su caballería quedó atrapada. Tras la batalla, la captura de los estandartes y las espuelas de los caballos muertos, sirvió de trofeo que nombró su victoria.
El conflicto, pese a la batalla, no acabó, y significó que Flandes perdería para siempre Lille y sus áreas colindantes. Flandes, temerosa de nuevas incursiones fortificó sus ciudades, entre ellas Kortrijk.
El mapa «Cortracum vulgo Cortryck«, obra de Joan Blaeu y Willem Janszoon Blaeu en 1652 permite reconocer Kortrijk y apreciar la presencia de los monumentos que hoy se visitan.

Así podemos comprender la configuración urbana de la ciudad, amoldada al cauce del río Leie, que la atraviesa. Las fortificaciones ponen de manifiesto la importancia estratégica de Kortrijk en aquel periodo, especialmente en el contexto de los conflictos europeos de la época.
Entre los siglos XVII-XIX Francia no dejó de ambicionar el territorio flamenco, con continuas incursiones e invasiones que solo acabaron con la caída del imperio napoleónico, dando lugar a nuevo renacer económico de Kortrijk. De hecho aquí se firmó en 1820 el Tratado de Kortrijk, que definió las fronteras aún vigentes entre Francia y Bélgica.

Durante la Segunda Guerra Mundial, el conflicto bélico impactó gravemente en Flandes, invadida por el ejército nazi, y bombardeada en julio de 1944, ocasionando daños en gran parte de los edificios alrededor de la Grote Markt.
QUÉ VER EN KORTRIJK
Con una historia tan intensa, se comprende que dedicar por lo menos un día entero a Kortrijk nos permite profundizar en su patrimonio histórico, sus monumentos, museos y ver los alrededores.

La cercanía con Gante o Brujas -distantes a unos 50 km- o de Lille en Francia aún más cerca, permite incluirla dentro de la ruta el viaje por Flandes.
Si bien visualmente destacan las torres Broel junto al río Leie, y la esbelta figura de la iglesia de San Martín, o el encanto del beaterio, perdernos sin prisas nos hará disfrutar de la estancia. Así descubriremos que Kortrijk atrae a su universidad a muchos estudiantes que animan y dan ambiente a sus bares y restaurantes.
Grote Markt
Alcanzamos Grote Markt, la explanada del antiguo mercado por Korte Steenstraat, que fue la primera calle peatonal de Bélgica. La Grote Markt o Plaza del Mercado es indudablemente el centro neurálgico de la ciudad. Esta irregular plaza con una forma parecida a una L, bulle de vida todos los días con multitud de restaurantes y cervecerías con terrazas, tiendas de todo tipo.

La torre campanario de la antigua lonja de paños preside la plaza. Conocida como Belfort, se tiene constancia del edificio desde menciones de 1248, como lonja de los paños. En lo alto de la torre se encuentran los famosos autómatas que marcan las horas: Manten y Kalle.

En 1382, el autómata original que marcaba las horas (Manten) fue tomado como botín de guerra por Felipe el Atrevido y donado a la ciudad de Dijon. Dicho autómata se encuentra actualmente en la torre de la Iglesia de Nuestra Señora.
La aguja está rematada por una estatua dorada de Mercurio (dios del comercio) que data de 1712. En el lado sureste se encuentra el monumento conmemorativo de la Primera Guerra Mundial, inaugurado el 15 de julio de 1923. La torre fue declarada monumento protegido en 1937 y forma parte de la lista de Patrimonio Mundial de la UNESCO desde 1999.

Ayuntamiento de Kortrijk- Stadhuis
La Grote Markt también alberga el antiguo Ayuntamiento (hoy trasladado a otro edificio), construido en un estilo que combina el gótico tardío y el renacimiento. En su interior se encuentra la espléndida sala de los regidores y la sala del consejo, ambas con chimeneas ornamentadas con esculturas. También alberga vidrieras, pinturas murales y notables mapas topográficos.

Kortrijk ya contaba con una sala de regidores en el siglo XIV, la cual fue totalmente destruida tras la victoria francesa en la batalla de Westrozebeke en 1382. El ayuntamiento se construyó hacia 1520, destacando los nichos de la fachada donde se erigieron estatuas de los principales condes de Flandes.

Horario: en julio y agosto, el histórico ayuntamiento abre todos los días de 14:00 a 18:00 horas. Durante el resto del año, el ayuntamiento puede visitarse con guía previa solicitud.
Biblioteca Central de Kortrijk
En este punto de la ruta por Kortrijk nuestros pasos se detienen frente a la biblioteca central en Leiestraat . Un cowboy nos mira del otro lado del cristal, y nos alegra reconocer a Lucky Luke. Su autor, Morris (Maurice de Bévère) nació aquí, y durante décadas nos alegro a muchos niños con sus comics, en los que los hermanos Dalton, Rantanplán (el perro más tonto -pero adorable- del Lejano Oeste) y el inseparable caballo Jolly Jumper, nos acercaban a los libros y la lectura.

No hay un museo de Morris ni de Lucky Luke en Kortrijk, pero bien podrían homenajear al vaquero con graffitis o algún festival, adorado por toda una generación que creció con Asterix y Obelix, Tintín y Lucky Luke.
Iglesia de Nuestra Señora y Museo 1302
Continuamos con dirección a la Onze-Lieve-Vrouwekerk (Iglesia de Nuestra Señora), cuya silueta nos permite siempre orientarnos. Su construcción comenzó en 1199 por iniciativa del conde Balduino IX. La iglesia se encontraba dentro del recinto condal de Kortrijk, que estaba completamente amurallado y cerrado, a excepción de un tramo junto al río Leie. De esta iglesia de estilo gótico temprano se conservan la fachada occidental, la nave central y el transepto.
Las torres se construyeron a finales del siglo XIII, aunque la iglesia fue reconstruida tras quedar en gran parte destruida durante la batalla de Westrozebeke en 1382. Posteriormente, su interior se decoró en estilo barroco.
Tras la Batalla de las Espuelas de Oro (Guldensporenslag) de 1302, que tuvo lugar en las cercanías, en Groeningeveld, los flamencos colgaron en la iglesia quinientas espuelas de oro pertenecientes a caballeros franceses caídos, como ofrenda de agradecimiento a Nuestra Señora de Groeninge.

Mercenarios bretones confiscaron estas espuelas en 1382, junto con otros objetos de valor, tras la batalla de Westrozebeke, si bien más tarde las espuelas originales fueron sustituidas por copias, que aún se conservan en la iglesia.
El el interior destaca el lienzo La elevación de la cruz (Kruisoprichting) de Anton van Dyck, pintado en 1631, cuyo juego de claroscuros nos sumerge en el cuadro.

También es recomendable presenciar la experiencia multimedia «1302» en la capilla de los Condes. Promovida por el conde Luis de Male en 1370 como su propio mausoleo, se pueden admirar hermosos murales que representan a los condes de Flandes y una estatua de alabastro de Santa Catalina.
Las vidrieras realzan el carácter condal del templo, mostrando a los condes de Flandes, a caballeros con armadura de la época de la Batalla de las Espuelas de Oro. Felipe de Alsacia trajo la reliquia del Sagrado Cabello (Heilig Haar) durante la Tercera Cruzada, conservada en la iglesia de Nuestra Señora.

Además de los retratos de los condes de Flandes, la Gravenkapel de Kortrijk cuenta con una magnífica serie de pequeñas esculturas integradas en los espacios triangulares (enjutas) situados entre los arcos. Estas piezas no solo ofrecen una muestra de los temas más conocidos de la iconografía religiosa, sino también bellas representaciones de escenas más profanas, como los torneos de caballeros medievales.
En la capilla se lleva a cabo cada media hora la experiencia de luz y sonido que reproduce la batalla de 1302. Es gratis, pero debéis reservar una entrada previamente en la página oficial del portal de Kortrijk o en la oficina de turismo.

Horario: todos los días de 10:00 a 17:00 h (última entrada a las 16:15 h para la proyección)
Beaterio (Baggaert) de Kortrijk
La estampa de las casas de las beguinas con el suelo empedrado y las cuarenta casas del siglo XVII bien podrían estar sacadas de un grabado antiguo, transmitiendo un ambiente del que nos sentimos parte mientras caminamos por su recinto.

UNESCO declaró Patrimonio de la Humanidad los trece beguinajes flamencos en 1998. Los beguinajes o beaterios son complejos o barrios cerrados por muros en los que vivían mujeres de forma autosuficiente y dedicadas a la oración.
En el beaterio de Kortrijk se han conservado elementos originales inconfundibles, como la capilla, la puerta de acceso, el campo de blanqueo de sábanas y el carácter recogido del patio interior. Además, las casas, de estilo típicamente flamenco, siguen estando habitadas en la actualidad.
El beaterio de Kortrijk goza de una ubicación muy céntrica y está estrechamente vinculado a la ciudad. Su emplazamiento, originalmente junto al Castillo del Conde -hoy desaparecido-, se debe probablemente a su fundadora, la condesa Juana de Constantinopla.
En 2013 murió en Kortrijk Marcella Pattyn, la última beguina viva, poniendo fin a una forma de vivir que se prolongó casi 800 años. Una estatua de Marcella, a escala real, fue colocada en el beaterio para recordarla.

El movimiento de las beguinas apareció en el siglo XII a partir de un grupo de mujeres de profunda religiosidad que vivían su fe de manera individual. De este modo, sin la obligación de cumplir reglas estrictas y con menos votos, las beguinas podían en cierta manera ser más libres que el resto de mujeres de la época.
Las beguinas no eran monjas, cumpliendo dos votos: castidad y obediencia, por tanto no hacían voto de pobreza, conservando sus propios ingresos para ser plenamente autónomas e independientes en la parte económica.
Estas mujeres esquivaban así un destino marcado en la Edad Media, cuando las mujeres tenían dos opciones: casarse y cuidar de la familia o ingresar en un convento y dedicarse a la oración.

Tenían libertad para retirarse y contraer matrimonio cuando lo deseasen. Esta posibilidad de abandonar el movimiento suscitaba dudas sobre la sinceridad de su vocación, siendo continuamente cuestionadas e incluso perseguidas por la Iglesia.
El beatario surgió probablemente en 1238, pero fue en 1242, cuando se oficializó, y así consta que la condesa Juana de Constantinopla compró una casa en la que ya vivían algunas beguinas.

La condesa Juana brindó apoyo económico e hizo que los bienes materiales de las beguinas de Kortrijk fueran administrados nominalmente por el maestre del hospital de Lille, para que las beguinas no tuvieran dificultades para poseer esta casa.
En 1250, las beguinas de Kortrijk recibieron sus primeros estatutos y, en 1284, se fundó su primera capilla. Si bien a menudo vemos a esposas de terratenientes actuando como protectoras de las beguinas, también hubo contemporáneos que reconocieron que el estilo de vida de estas mujeres estaba inspirado en el ideal cristiano de vivir en pobreza, servicio y devoción.

Hoy en día, el beaterio de Kortrijk es un oasis de paz en medio de una ciudad bulliciosa. Esto hace que vivir allí resulte atractivo y que muchas personas se detengan a visitarlo. No obstante, hubo épocas en las que esa tranquilidad era difícil de encontrar. La mayor alteración de la paz y la tranquilidad en el beaterio se produjo durante los conflictos militares en Kortrijk y sus alrededores. En 1302, durante la Batalla de las Espuelas de Oro, el asedio al Castillo del Conde —ocupado entonces por tropas francesas— causó graves daños al beaterio.
Podemos conocer la preciosa capilla de San Mateo, lugar de oración y donde nuestro guía, Pol Ranson nos sorprende tocando la gaita, cuya presencia en Flandes ya está atestiguada incluso antes que en Escocia.

Iglesia de San Martín (Sint-Maartenskerk)
La iglesia de San Martín atrae todas las miradas en plena Grote Markt (Gran Plaza). Como un faro, esta joya patrimonial domina el centro de la ciudad. Su torre de 83 metros de altura con un carillón completo con 49 campanas del siglo XIX, es el lugar perfecto para admirar el perfil urbano de Kortrijk desde las alturas.

Aunque se construyó entre los siglos XIV y XV -con orígenes precedentes del siglo XI-, el incendio causado por un rayo en 1862 supuso tal desastre que fue reconstruida casi completamente, siendo el campanario de estilo gótico brabantino la parte que mejor resistió el fuego.
La pieza más destacada del interior de la iglesia es el «Tríptico del Espíritu Santo» de Bernard de Rijckere, que data de 1587: una escena de Pentecostés que incluye el bautismo de Jesús y la creación de Adán. El tríptico puede admirarse en la capilla cerrada. También resulta impresionante la singular torre del Sacramento, de 6,5 metros de altura y construida en 1585.

Horario de apertura: De lunes a domingo, de 10:00 a 17:00 horas. Última visita/acceso a las 16:00 horas. Las visitas guiadas al campanario se reservan en la oficina de Turismo Visit Kortrijk
Torres Broel
Las Torres Broel (Broeltorens) son el símbolo reconocible de Kortrijk. Ambas son de época medieval pero alzadas en diferente momento. Son la única parte apreciable de las antiguas murallas que junto al río reforzaban el acceso ante los ataques franceses.

La torre más antigua, en la margen sur del río -es decir según miramos la de la derecha-, se construyó en 1385 para controlar el tráfico en el río Leie. La segunda es de 1415, sobre la isla de Buda y cuya función era ser el almacén de artillería.

Rivera del río Leie
La presencia del río Leie sirve para explicar por qué se desarrolló aquí una producción textil tan importante durante la Edad Media. Para hacer el río Leie navegable para embarcaciones de mayor tamaño, fue necesario rectificar y ensanchar su curso a su paso por el centro de la ciudad.
Entre las torres Broel y el puente De Leiebrug, las orillas del río se reformaron para que sus habitantes disfrutasen de unas plataformas sobre las que relajarse.
Si nos fijamos observaremos el Modified Social Bench #05, obra del artista Jeppe Hein instaló aquí durante la primera edición de la Trienal de Artes Visuales de Kortrijk. Podemos sentarnos para componer una bella fotografía de esta animada zona.

Además, el río se abre a explorarlo con piraguas, kayak o paddle surf, a través de empresas que las alquilan y que nos permiten llegar hasta otras poblaciones en el cauce del Leie.
Isla Buda
La bifurcación del río Leie a la altura de Kortrijk forma la pequeña isla de Buda, cuyo nombre se identificó con la orilla de Buda en la capital húngara, y la similitud de las fortificaciones que servían a ambas ubicaciones.
La isla ha ido ganando tamaño como su fuese un polder, con acciones que han reforzado sus orillas. En Buda, hoy un distrito cultural y de ocio, encontramos pubs célebres y muy recomendables como Kunstkroeg De Doedelzak, donde su decoración con instrumentos musicales hace merecedor tomarse una buena cerveza belga.

El edificio más interesante en la isla de Buda se encuentra cerca del puente de las Torres Broel, la Casa Delplanque. Es del siglo XVIII, siendo hoy en día un centro de producción artística. Detrás, encontramos la Torre Buda, una plataforma donde artistas de muy diversas disciplinas pueden desarrollar su creatividad.
La Buda Factory es un lugar impresionante donde colaboran diseñadores, emprendedores, artistas, estudiantes y ciudadanos activos. El antiguo edificio fue remodelado por el estudio de arquitectura de Peter Swinnen, Arquitecto Jefe de Flandes.
En los alrededores del parque Koning Albertpark surgió la famosa pista de skate, se acondicionaron los muelles y Kortrijk estrenó su propia playa urbana: Buda Beach.
Museo Texture
El antiguo almacén de Lino es hoy sede del Museo Texture que narra la historia de la industria del lino. En tres salas ubicadas en un auténtico almacén de lino (de 1912 utilizado por la empresa Linen Thread Company) a orillas del río Lys (Leie), podrás conocer el desarrollo revolucionario que impulsó la industria del lino en esta región.
Como decíamos Flandes ha sido famosa por sus textiles durante siglos. El lino ha desempeñado un papel destacado en esta historia con productos de lujo como el encaje y el damasco que gozaban de gran popularidad entre la nobleza y la burguesía. Pero la gente común también vestía tejidos básicos producidos aquí a gran escala. A orillas del río Leie surgió una nueva industria que acabaría conquistando el mundo: el procesamiento del lino. El «lino de Courtrai» pronto adquirió fama de ser el mejor del mercado y fue muy codiciado a nivel internacional.
Con algo más de tiempo podemos visitar las iglesias de San Miguel de Kortrijk y San Eloy, la primera cerca del ayuntamiento y la segunda atravesando la isla de Buda y cruzando el puente hacia el norte.

ALREDORES DE KORTRIJK
A las afueras de Kortrijk, hacia el sur, el el pueblo de Bellegem, se encuentra una de las fábricas de cerveza más interesantes del oeste de Flandes, la Brouwerij Omer Vander Ghinste.

A menos que seamos ciegos habremos distinguido letreros de Omer por todo Kortrijk, pero en realidad por casi todas las ciudades de Flandes. Y es que Omer es una de las fábricas de cerveza con más historia.
El mes de mayo de 1892 no solo trajo el florecer de la primavera, sino también el nacimiento de un legado que desafiaría al tiempo. Remi Vander Ghinste, un hombre de tierras y visión, adquirió una pequeña cervecería para su joven hijo de veintitrés años. El muchacho, bautizado con un nombre corto y firme, firmó los primeros barriles con su propia identidad: Omer Vander Ghinste.

En aquellos días, la cerveza no se vendía con herramientas de marketing y publicidad, sino bajo el sello del honor familiar del buen hacer. Omer vertía su pasión en el metal de las calderas, dando vida a una cerveza oscura, madurada en barricas de roble, que los lugareños llamaron con respeto Ouden Tripel.
Pronto llegó el deseo de expandirse, de hacer que su nombre brillara en las tabernas de la región. Omer encargó costosos vitrales para las fachadas de los pubs locales. Con letras góticas y elegantes, el vidrio soplado proclamaba: «Bieren Omer Vander Ghinste. Eran obras de arte magníficas, pero asombrosamente caras.
Cuando el destino bendijo a Omer con su primer hijo varón, una epifanía mercantil y sentimental cruzó por su mente. Mirando los valiosos vitrales instalados por toda Flandes, comprendió que si su heredero llevaba otro nombre, los cristales tendrían que ser destruidos y vueltos a fabricar. Con una sonrisa pragmática y un profundo amor por su estirpe, decidió que el niño también se llamaría Omer.

Así nació un pacto invisible con la historia. Una tradición inquebrantable donde cada hijo primogénito recibiría el nombre de Omer, asegurando que los vitrales del revendedor nunca perdieran su vigencia, y que el alma de la cervecería jamás cambiara de manos.
A través de las décadas, el negocio creció. Llegó el siglo XX y, con él, la segunda generación, que levantó una imponente torre de baja fermentación en 1929 para elaborar una refrescante Pilsner. Con el tiempo, el nombre cambió temporalmente a Bockor, adaptándose a las modas del mercado europeo, pero la esencia familiar permaneció intacta, custodiada por la tercera y cuarta generación bajo el mismo nombre de pila.
El verdadero homenaje al fundador llegó en 2008. La cervecería creó una obra maestra: una cerveza rubia, fuerte, de alta fermentación y segunda maduración en botella. La bautizaron, como no podía ser de otra manera, OMER, Traditional Blond. Su éxito fue tan arrollador que, en 2014, la empresa desterró los nombres comerciales y volvió a reclamar su herencia, llamándose con orgullo, una vez más, Brouwerij Omer Vander Ghinste.
Hoy, bajo la mirada de la cuarta y quinta generación —Omer-Jean y el joven Omer-Géry—, el humo sigue saliendo de las chimeneas de Bellegem. Los visitantes caminan por el nuevo centro de experiencias y levantan sus copas de LeFort o Cuvée des Jacobins. Y si uno mira con atención los vitrales centenarios cuando el sol de la tarde los atraviesa, puede ver el mismo nombre brillando con la misma fuerza que en 1892: una promesa de malta, lúpulo y sangre que el tiempo no ha podido borrar.

Desde Kortrijk nuestro viaje continúa, y Poperinge nos espera para visitar fábricas de cerveza, explorar los campos de lúpulo en época de recolección, y ver las cicatrices de la Primera Guerra Mundial.
EXCURSIONES Y TOURS EN KORTRIJK
DÓNDE COMER EN KORTRIJK
En nuestro paso por Kortrijk tuvimos la oportunidad de comer y cenar, con opciones variadas pero igualmente creativas y al mismo tiempo tradicionales.
Por el día comimos en HOF, dentro del Conservatorio de la ciudad. El ambiente es moderno y el restaurante respira frescor con una decoración moderna. Los platos son variados con un menú que contempla opciones veganas sensacionales. Todo ello maridado con cervezas clásicas belgas o birra artesana.

Para cenar disfrutamos de Jazz en la calle Jan Persijnstraat 12, y decimos que disfrutamos porque es uno de los mejores lugares para comer en Kortrijk, con el aliciente de que el nombre no es casualidad. Un grupo de Jazz ameniza la velada con música muy agradable que pone un diez a sus platos.

Y para continuar la animación el Gainsbar, un bar con terraza sobre la calle en el que siempre hay buena cerveza belga.

OFICINA DE TURISMO DE KORTRIJK
La oficina de turismo de Kortrijk está situada junto a uno de los accesos del beaterio y proporciona mapas e información para conocer la ciudad. Podemos preguntar por las guías en español.
DÓNDE DORMIR EN KORTRIJK
Como mejor opción de alojamiento para dormir en Kortrijk podemos recomendar el Hotel Damier. Es un lugar histórico frente a la Plaza del Mercado, que por su estilo, decoración y atención ha tenido viajeros y huéspedes ilustres. Se tiene constancia de su existencia desde 1398, lo que le convierte en el hotel más antiguo de Bélgica y el tercero de Europa.

CÓMO LLEGAR A KORTRIJK
Aunque Kortrijk cuenta con su propio aeropuerto internacional situado en Wevelgem (a 7 kilómetros), no hay conexiones de vuelos con España, por lo que la mejor opción es volar a Bruselas. Desde el mismo aeropuerto de Zaventem parten los trenes que nos llevan directamente a Kortrijk.
Desde Gante, Amberes o Brujas disponemos también de opciones de trenes con una buena frecuencia para llegar a la ciudad y explorar el oeste de Flandes.
Ya en la ciudad, desde la estación de tren apenas tardamos cinco minutos en alcanzar el centro, o diez hasta la isla de Buda. Una grata forma de moverse y conocer Kortrijk es alquilando una bicicleta, por ejemplo en Perron2 que además tiene una tienda de ropa, y se ubica frente a la estación (lado sur).