El viaje por el oeste de Flandes (Westhoek Belga) nos conduce a Poperinge, capital del cultivo de lúpulo. Alejada del foco del turismo como Gante, Brujas o Bruselas, el oeste de Flandes no siempre aparece en el radar. Sin embargo es una zona tremendamente interesante, y rascando un poco la superficie aparecen numerosas razones que hacen muy atractiva la ruta de varios días, empezando por Kortrijk, Ieper (Yprez) y completando la visita a Poperinge, donde hacemos parada hoy.

HISTORIA DE POPERINGE
Los ritmos relajados de Poperinge quizá no expresen al inicio su intensa historia, pero ya desde el Neolítico sus habitantes habitaron la zona dejando trazas de su paso. En época romana una calzada romana atravesaba la zona uniendo Cassel en la llanura flamenca con Aardenburg en los Países Bajos actuales.
En el siglo VII, el asentamiento franco se llamaba Pupurningahem y, hacia el año 850, se le conocía como Villa Pupuringa. Para la Edad Media el motores textil primero -Poperinge fue un centro importante de producción de banderas gracias a que en 1147, Teodorico de Alsacia, conde de Flandes concedió privilegios con exenciones de impuestos- y más tarde del cultivo de lúpulo, impulsaron la riqueza de Poperinge.

Esa prosperidad se plasmó con la construcción de varias iglesias, Sint-Bertinuskerk (Iglesia de San Bertino), Sint-Janskerk (San Juan) y Onze-Lieve-Vrouwekerk (Iglesia de Nuestra Señora), algo que a ojos de hoy puede resultar raro para una población pequeña.

Durante varios siglos Poperinge fue mercadeada como territorio en las disputas monárquicas. Durante la guerra de sucesión de Borgoña las tropas francesas la saquearon en 1478. Fue parte de los Países Bajos de los Habsburgo hasta 1678, cuando la firma de los Tratados de Nimega acuerda que pasen a formar parte de Francia. Apenas veinte años después se cede a España en 1697 por el Tratado de Rijswijk hasta que en 1714 se integra en los Países Bajos Austríacos.

El estallido de la Primera Guerra Mundial y la invasión alemana de Bélgica tuvo efectos devastadores en la vecina Ieper (Yprez), destruida hasta los cimientos.
A menudo los soldados británicos o de la Commonwealth llamaban «Pops» a Poperinge durante la Primera Guerra Mundial, quizá con la estima de que fuese, junto a Furnes, la única población belga en resistir la conquista germana.
El frente de guerra se estabilizó aquí, con trincheras que apenas se movían unos metros con cada batalla entre los Aliados y los alemanes. Mientras, más de medio millón de soldados regaban con su sangre los campos embarrados y quemados por las bombas y la guerra química.

Situada a solo 15 kilómetros de los combates, Poperinge pasó de tener una población tranquila de unos 10.000 habitantes a albergar a cerca de 250.000 soldados, enfermeras y personal aliado. Funcionó como un centro vital de ferrocarril y suministros durante la guerra.
En diciembre de 1915, los capellanes militares Philip «Tubby» Clayton y Neville Talbot inauguraron Talbot House (también conocida como Toc H). Fue concebido como un «club para todos» donde el rango militar no importaba, ofreciendo a los soldados un refugio seguro y acogedor —un hogar lejos del hogar— donde descansar, escribir cartas y escapar de los horrores de la guerra.

Tras el último gran conflicto europeo de la Segunda Guerra Mundial, Poperinge recuperó la paz, siendo un entorno de turismo que aprecia la historia y la buena cerveza de Flandes.
QUÉ VER EN POPERINGE
El paseo por el centro urbano de Poperinge revela una conmovedora colección de monumentos donde el orgullo cívico, las raíces agrarias y el trauma de la guerra se entrelazan bellamente.
La explanada del Grote Markt actúa como kilómetro cero, con el ayuntamiento y la iglesia Sint-Bertinuskerk siendo los edificios más representativos, junto al Museo del Lúpulo.

El Stadhuis (Ayuntamiento) y las sombrías «Dodencellen»
Dominando la Grote Markt (la gran plaza central de la ciudad), el Stadhuis es un imponente ayuntamiento neogótico, magistralmente elaborado, erigido en 1911. Si bien su exterior de ladrillo ejemplifica el diseño cívico de Flandes Occidental, el patio interior esconde un lugar de infausto recuerdo.

Aquí se encuentran las Dodencellen (Celdas de la Muerte), auténticas celdas de ladrillo donde los soldados aliados acusados de delitos militares, como deserción o motín, pasaron sus últimas y agonizantes horas. Los grafitis originales, las fechas y las marcas desesperadas talladas en las puertas de madera y la mampostería por los prisioneros condenados permanecen legiblemente conservadas.

A pocos pasos en el patio, un poste de ejecución marca el lugar donde estos hombres fueron fusilados al amanecer (Shot at Dawn), transformando el ayuntamiento municipal en un poderoso monumento que confronta las crudas realidades de la ley marcial.
El Oorlogsmonument en la Grote Markt
Ubicado orgullosamente dentro de la plaza abierta de la Grote Markt, el Oorlogsmonument Poperinge sirve como el punto central de la ciudad para la memoria pública. Catalogado extensamente dentro del Inventario del Patrimonio Flamenco (Inventaris Onroerend Erfgoed), este gran monumento de piedra y bronce actúa como un tributo comunitario a las bajas civiles y militares locales, anclando la identidad histórica de la plaza.
Casa Talbot (Toc H)
Escondida en Gasthuisstraat, la Casa Talbot se erige como quizás el monumento a la solidaridad en tiempos de guerra. Establecida a finales de 1915 por el capellán militar Philip «Tubby» Clayton, esta elegante casa señorial del siglo XVIII funcionaba como un «club alternativo para todos».

Era un oasis libre de alcohol donde los soldados de cualquier rango, desde soldado raso hasta general, podían abandonar las jerarquías militares para disfrutar de una taza de té caliente, una biblioteca de libros o un tranquilo paseo por el jardín trasero. Cuidadosamente conservada hoy como un museo viviente, mantiene su atmósfera eduardiana original y la famosa «Sala Superior», una capilla construida en el ático reformado. Sigue siendo el lugar de nacimiento espiritual del movimiento internacional Toc H.
Sint-Bertinuskerk (Iglesia de San Bertino)
Rasgando el horizonte con su imponente torre gótica del siglo XV, la Hoofdkerk Sint-Bertinus se erige como el monumento más antiguo de Poperinge. El interior de la iglesia alberga excepcionales tesoros de arte flamenco, en particular un púlpito barroco intrincadamente tallado y un elaborado coro del órgano que muestra tallas de madera muy detalladas.

Cada primavera y verano, la iglesia continúa su tradición centenaria de integrar las vides de lúpulo regionales en sus decoraciones litúrgicas, un testimonio de la síntesis de la fe religiosa local y el estilo de vida agrícola.
MUSEO DEL LÚPULO DE POPERINGE
Una capital del lúpulo como Poperinge necesitaba por fuerza un museo dedicado a su oro verde, y no hay duda de que Hopfenmuseum es un templo que honra el gran trabajo que hay detrás de su cultivo.

Cuando decimos que es un verdadero museo hablamos con propiedad. Y es que pocos lugares pueden presumir de mostrar más de 2.500 cervezas de todas las regiones de Bélgica. En las estanterías encontramos clásicos de cervezas de abadía, mezcladas con las más atrevidas propuestas de cerveceros artesanales que ponen énfasis con sus Double IPA o Imperial IPA, en el lúpulo local.

A lo largo de tres plantas, el complejo museístico rinde homenaje al cultivo que ha definido los campos y la vida económica de Poperinge desde la Edad Media, conservando prensas de procesamiento antiguas, básculas y arquitectura antigua que narran por qué la ciudad proporciona la inmensa columna vertebral del cultivo de cerveza belga.

Podemos recorrer el museo con la audioguía, conociendo tanto la historia del antiguo almacén de lúpulo reconvertido en centro pedagógico, como en la actividad agrícola durante todo el año, desde la siembra hasta la recolección a finales de verano.

Hay visitas guiadas para grupos que incluyen la degustación de cervezas, o las actividades que se suceden a lo largo del año con festivales de cerveza como el de septiembre, exposiciones o rutas por los campos de cultivo. Los primeros domingos de mes el acceso al museo del lúpulo es gratis.
ALREDEDORES DE POPERINGE
En coche, moto de alquiler, caminando o en bici -como nosotros- por los senderos habilitados, el entorno de Poperinge se presta para conocer la cultura, historia y vida del oeste de Flandes. Abadías, monumentos conmemorativos de la Primera Guerra Mundial, granjas de lúpulo, agradables cafés que son punto de encuentro y por supuesto fábricas de cerveza como Saint Bernardus.

Chinese Labour Corps Memorial
No lejos del centro de Poperinge está el Memorial del Cuerpo de Trabajadores Chinos, un emotivo lugar de homenaje en el cruce de las calles Sint Jansstraat y Visserijmolenstraat, en la pequeña aldea de Busseboom.

Durante la Primera Guerra Mundial, Gran Bretaña y Francia reclutaron a unos 140.000 trabajadores chinos (el Chinese Labour Corps) para realizar tareas logísticas vitales en el Frente Occidental —como cavar trincheras, reparar vías férreas, manipular municiones y limpiar campos de batalla—, lo que permitió liberar a soldados europeos para el frente.
En Busseboom hubo un campamento del cuerpo de trabajadores chinos. El 15 de noviembre de 1917, trece de estos trabajadores perdieron la vida a causa del impacto directo de un obús en el campamento. El espacio cuenta con un pabellón o refugio de madera diseñado por el artista Stefan Schöning y una estatua de bronce de un trabajador chino creada por el escultor Jo Bocklandt. El sitio se inauguró formalmente como monumento conmemorativo en 2017, coincidiendo con el centenario de la tragedia.
Granja Belhop
Apenas saliendo de Poperinge, dirección oeste, el olor de las plantas de lúpulo perfuma el aire. Como niños encandilados con el sonido de la flauta de Hamelín, nuestras bicicletas toman rumbo hacia Belhop, una de las granjas en la que se enseña cómo se cultiva lúpulo.

El oro verde de Flandes se cultiva guiando las plantas hacia lo alto con estructuras de seis metros que acaban creando pasillos cerrados con el intenso aroma del lúpulo.

Tenemos la fortuna de llegar en época de recolección, y los tractores vienen y van trayendo las plantas de lúpulo para separar las hojas y ramas de los conos.

Posteriormente, esos conos se colocan en secaderos para quitarle la humedad y que ya estén preparados para que los cerveceros los usen en la preparación de sus cervezas. El consorcio de lúpulo belga engloba a los productores locales, indicando con un sello las cervezas que emplean ese lúpulo local.
Nine Elms British Cemetery
Muy cerca de la granja de Belhop está el cementerio británico Nine Elms, en el que las lápidas de piedra vistas en hileras dejan de ser anónimas cuando los pasos nos conducen hasta los nombres que nos cuentan historias personales de soldados nacidos en los territorios que forman la Commonwealth. Canadá, Sudáfrica, Nueva Zelanda, Australia, carne de cañón que perdió su vida en las embarradas trincheras.

Al llegar en bicicleta, los campos de girasoles parecen agachan sus cabezas como si quisieran mostrar respeto por las lápidas de las tumbas calentadas por un sol que se siente impostor.
Estremece el sufrimiento y la sin razón de un Primera Guerra Mundial cuyo frente en los Alpes Eslovenos conocemos de nuestro viaje a Gorizia, recorriendo la ruta del Camino de la Paz.

Cementerio militar Lijssenthoek
Sinos desviamos algo hacia el sur alcanzamos el Cementerio Militar de Lijssenthoek y su centro de visitantes. Aquí la memoria siempre está fresca, recordando la barbarie de un conflicto bélico llamado a ser el último por el agrio resultado que dejó campos de millones de muertos durante la Primera Guerra Mundial.

Durante las batallas estáticas de trincheras, el lugar funcionó como un gran hospital de evacuación de los heridos británicos. La alta mortalidad significó que hoy sea el cementerio de 10.784 fallecidos, incluyendo a la enfermera Nellie Spindler.
Claveles, rosas, o la amapola Roja (Remembrance Poppy) -usada para recordar a los soldados caídos en la Primera Guerra Mundial y en otros conflictos bélicos- contrastan con su intenso color las grises lápidas. Apoyadas en ellas, fotografías, recuerdos, homenajes de hijos y nietos llegados de todo el mundo para conservar viva la llama de la esperanza y el recuerdo.
El centro del visitante del Cementerio Militar de Lijssenthoek reproduce con 1.392 postes de madera, los días de la contienda, con una inscripción que detalla los fallecidos en cada uno de esas fechas.

En 2023 Unesco declaró los Lugares funerarios y de memoria de la Primera Guerra Mundial como Patrimonio de la Humanidad. En total son 139 sitios situados a lo largo del antiguo Frente Occidental que se extiende entre el norte de Bélgica (Flandes y Valonia) y el este y norte de Francia. Engloba grandes necrópolis con decenas de miles de soldados hasta pequeños cementerios militares, tumbas de hospitales y monumentos conmemorativos individuales, en los que murieron combatientes de más de 130 nacionalidades.
El Cementerio Militar de Lijssenthoek permanece abierto desde las 9 de la mañana hasta las 18h. de la tarde, y su acceso es libre y gratuito.
Café De Helleketel
Tan ensimismados íbamos observando la planicie de los campos del oeste de Flandes que sin darnos cuenta nos topamos con De Helleketel, el «caldero de las brujas» en flamenco. Podría ser una analogía de nuestra afición cervecera, porque buscando buenas birras caímos en uno de los mejores lugares para entender lo que significa la cultura de la cerveza en Flandes.

El café De Helleketel en Watou es un histórico y auténtico volkscafé (café folclórico tradicional) fundado en 1895, situado en las laderas boscosas de Helleketelbos, muy cerca de la frontera con Francia.
Es famoso en toda la región por conservar intacta su atmósfera rústica con una decoración curiosa donde las figuras de brujas hechas a mano colgando del techo, antigüedades y una emblemática gramola marca Seeburg (jukebox) de época te transportan en el tiempo.

Aquí se viene a disfrutar de la cocina rústica flamenca. Destacan los boerestuten (rebanadas gruesas de pan de granja con queso o paté local) y sus generosas tablas de embutidos Breughel. Los platos calientes más elaborados suelen reservarse para los fines de semana.
Regentado por Lena, continua la tradición familiar desde 1895 exhibiendo con orgullo su Picon maison, un aperitivo artesanal a base de naranja amarga muy popular en esta zona fronteriza. También sirven cervezas icónicas de la zona como la Helleketelbier o la Zatte Bie (amber ale).

Algo muy peculiar son los volksspelen (juegos de taberna tradicionales flamencos) que los clientes pueden usar libremente mientras toman algo, como el lanzamiento de anillos, la rana, o herraduras y juegos de mesa antiguos de madera.

De Helleketel fue originalmente un bar de cazadores donde estos disfrutaban de una pinta tras buscar liebres (sobre la barra aún se conservan dos liebres disecadas y unas cartas de juego). La abuela de Lena, Emma Masson, fue la primera en gestionar el negocio mientras su marido trabajaba como camionero.
La madre de Lena, Simonne, siguió sus pasos y mantuvo el café en funcionamiento mientras su propio marido conducía para la cervecería local, La Hay. En 1966, a los 13 años, Lena empezó a trabajar aquí, hasta que finalmente tomó el relevo como propietaria de tercera generación. Las mujeres de la familia Masson quienes han hecho surgir la magia en este lugar, de modo que seguro que ahora te es más fácil entender el nombre del lugar.

Hoy De Helleketel es una parada de culto para ciclistas: Al estar rodeado de campos de lúpulo y rutas de senderismo, en verano su terraza exterior se llena de ciclistas y excursionistas que buscan empaparse de la hospitalidad de Lena, tan espontánea como auténtica.
Fábrica de cerveza Saint Bernardus
Con energía tras la parada en Helleketel, aceleramos el ritmo hacia la fábrica de St. Bernardus. Su historia es fascinante y está muy unida a dos abadías de monjes trapenses en Bélgica. No es una cerveza trapense oficial hoy en día, pero comparte la misma alma y el origen de una de las leyendas más grandes del mundo cervecero.

Para entender sus orígenes hay que remontarnos a 1903, cuando las leyes anticlericales en Francia obligaron a los monjes de la Abadía de Mont des Cats a mudarse a la pequeña aldea de Watou, en Bélgica.
Llamaron a su nuevo hogar el Refugio de Nuestra Señora de San Bernardo y para financiarse, empezaron elaborando queso. En 1934, los monjes pudieron volver a Francia y vendieron la licencia de sus quesos a un hombre llamado Evariste Deconinck.

Poco después de la Segunda Guerra Mundial, los monjes de la Abadía de Saint-Sixtus (famosos por hacer la mítica cerveza Westvleteren) decidieron no seguir comercializando su cerveza a gran escala por su cuenta. Por ello invitaron a Evariste Deconinck a elaborar y vender su cerveza bajo licencia. El maestro cervecero Mathieu Szafranski se mudó allí y llevó consigo las recetas exactas y la valiosa levadura de St. Sixtus.

Así nace la cervecera en 1946 con el nombre de Sint-Bernardus en el mismo edificio del antiguo taller de queso. Así llegamos a 1992 cuando el acuerdo con los monjes de Westvleteren finaliza y se acaba la licencia de producción. Los monasterios trapenses decidieron que, para llevar ese sello, la cerveza debía elaborarse estrictamente dentro de los muros de una abadía.

St. Bernardus dejó de elaborar la cerveza oficial de Westvleteren, pero se quedó con algo invaluable, las recetas originales, la levadura y el conocimiento con décadas de experiencia. Siguieron haciendo las mismas cervezas, pero bajo su propia marca.
Después de visitar el museo recuperamos fuerzas en la terraza, con vistas a los campos de lúpulo y degustando sus cervezas mientras probamos varios platos de la gastronomía flamenca en el restaurante.

Con el estómago lleno toca continuar la ruta en bicicleta, mientras van llegando grupos de visitantes a la fábrica para conocer su museo, comer en el restaurante y por supuesto hacer acopio de las cervezas de St Bernardus.
Hoppecruyt
Si la granja de Belhop dominaba grandes extensiones, Hoppecruyt se enclava en pleno centro de la población de Proven, a apenas unos metros de la iglesia. La familia Desmyter lleva desde 1893 volcados en el cultivo de lúpulo, siempre hospitalarios para mostrar sus plantaciones y acercar al visitante al maravilloso mundo de esta planta.

Abadía de Sint-Sixtusabdij en Westvleteren
Abandonamos la granja para retomar el camino que conduce a la abadía de Sint-Sixtusabdij. Junto a la de Notre-Dame d’Orval (Gaume), la Abadía de Scourmont (Chimay), Notre-Dame de Saint-Remy (Rochefort), la abadía de Westmalle (Malle) y la de Achel (Hamont-Achel); la abadía de Saint-Sixtus en Westvleteren es una de las seis abadías trapenses en las que históricamente se han elaborado cervezas.

Los trapenses son una orden religiosa de la Iglesia católica (formalmente llamada Orden de Cistercienses de la Estrecha Observancia). El nombre proviene de la Abadía de la Trappe, ubicada en Normandía, Francia, donde nació esta reforma monástica en el siglo XVII.
Pese a que la abadía no permite el acceso para observar la elaboración de cerveza, podemos degustar sus sensacionales bebidas en su cafetería y centro de visitantes oficial que se llama In de Vrede («En la Paz»).

Es el único establecimiento autorizado en todo el mundo para servir la mítica y codiciada cerveza trapense Westvleteren de forma oficial. Se encuentra directamente al cruzar la calle de la Abadía de San Sixto y cuenta con una cafetería, terraza, beer garden y tienda de recuerdos para comprar sus cervezas, además de queso y otros productos elaborados por los monjes.

La Torre Alemana
La ruta en bicicleta se va cerrando y nos dirigimos hacia el centro de Poperinge, con la última parada para conocer la Torre Alemana.

Conocida en flamenco como la Duitse toren es una estructura militar de ladrillo única construida durante la Segunda Guerra Mundial por las fuerzas de ocupación alemanas. Con sus 13 metros de altura servía como puesto de observación aérea para el enorme aeródromo militar de 125 hectáreas que los alemanes construyeron pero que nunca llegaron a utilizar.

Durante la guerra, estuvo equipada con un foco de búsqueda y un cañón antiaéreo. Durante la década de 1950 el ejército belga reutilizó la torre para vigilar el cielo en busca de aviones del Pacto de Varsovia, transmitiendo los avistamientos a un búnker de mando cercano en Kemmel.
Hoy está abierta al público como un punto de información y mirador gratuito. Los visitantes que suben a la cima son recompensados con una increíble vista panorámica de 360 grados sobre las colinas de Flandes Occidental, la frontera francesa y los bosques circundantes.
TOURS Y EXCURSIONES EN POPERINGE
Si buscamos tours organizados y excursiones podemos optar por algunas con alquiler de bicicleta o visitas guiadas a los lugares más destacados de Poperinge, entre ellos la célebre fábrica de cerveza de Saint Bernardus.
DÓNDE DORMIR EN POPERINGE
Para disfrutar de una experiencia que combina alojamiento y gastronomía en Poperinge, el Hotel Recour es la opción ideal, ya que fusiona a la perfección un diseño de alta gama con una propuesta culinaria de primer nivel.
El Hotel Recour es un elegante hotel boutique de 4 estrellas ubicado en una mansión del siglo XVIII bellamente restaurada, a solo 100 metros de la plaza central Grote Markt. Podemos elegir entre habitaciones románticas y lujosas que conservan elementos históricos originales u otras de diseño ultramoderno, a las que se accede a través de una ingeniosa pasarela interior.
El alojamientoalberga el restaurante Pegasus, uno de los lugares de alta cocina más célebres de Poperinge. Dirigido por el chef Bert Recour, cuenta con 3 tenedores Michelin, ofreciendo una cocina francesa ligera y refinada elaborada con productos locales de la región de Westhoek. E
DÓNDE COMER EN POPERINGE
Hay buenos restaurantes en Poperinge, pero nosotros recomendamos Cirk Gastrobar, que aporta un toque internacional que rompe con la contundencia de la cocina tradicional belga, ofreciendo atractivas tapas de todo el mundo, un menú excepcional seleccionado por el chef y opciones creativas como el ceviche. Su personal es además muy amable.

Podemos continuar buscando ambiente en GAST y el Bar Bazaar, en los que nunca faltarán muchas cervezas belgas con lúpulo local para continuar la noche.
CÓMO LLEGAR A POPERINGE
La forma más sencilla de llegar a Poperinge es volar a Bruselas, desde el aeropuerto de Zaventem podemos optar por tomar un tren de los Ferrocarriles Belgas (NMBS/SNCB); el trayecto dura unas 2 horas y 35 minutos aproximadamente.
La estación Brussels Airport-Zaventem está situada bajo la terminal del aeropuerto. Toma un tren directo hacia Gante (Gent-Sint-Pierre) o realiza un transbordo en una de las principales estaciones de Bruselas (como Brussels-South/Midi o Brussels-North), según el horario específico.
Después del cambio de andén toma el tren Intercity (IC) de conexión que circula hacia el oeste, pasando por Kortrijk e Ypres (Ieper), hasta llegar a la estación de Poperinge.
MAPA DE LOS LUGARES A VISITAR EN POPERINGE
Destacamos los lugares de interés para la visita y viaje a Poperinge, incluyendo museos, restaurantes, y espacios vinculados con el lúpulo y los combates de la Primera Guerra Mundial.