El Museo del Cine de Turín, historia del celuloide en la Mole Antonelliana

Nuestra visita de prensa en la hermosa región del Piamonte fue una grata sorpresa. Después de un fructífero recorrido por sus tierras fértiles y pródigas, descubrir la ciudad de Turín fue la cereza del pastel.

Nos encanta patear las ciudades de cabo a rabo, pasearnos por sus callejuelas, desentrañar sus historias, maravillarnos con sus rincones más secretos y entre estos andares sin rumbo sin falta encontramos verdaderas joyas.

Aunque he de decir, que la Mole Antonelliana, no es precisamente una que pueda pasar desapercibida a la vista, su tamaño la hace visible desde casi cualquier punto de la ciudad, no en balde ostenta 167.5 metros de altura. Originalmente iba a ser una sinagoga, al menos eso fue lo que se tenía planeado cuando inició su construcción en el año 1863, posteriormente se convirtió en el símbolo de unidad de Italia, para ser hasta nuestros días sede del Museo del Cine de Turín.

La inmensa Torre Antonelliana es imposible que pase desapercibida ante nuestros ojos
La inmensa Torre Antonelliana es imposible que pase desapercibida ante nuestros ojos

La eterna fábrica de sueños, esa que nos hace viajar a mundos nuevos, a lugares nunca antes vistos o imaginados, ser espectador o sentirnos parte de la trama, esa que nos hace reír, llorar, enfadar, que nos embarga de emociones mientras el proyector está encendido y al apagarse la magia no se agota sigue fluyendo dentro nuestro.

Me confieso una cinéfila empedernida, es por eso que el Museo del Cine de Turín ha calado hondo y me he divertido como una cría. He recorrido entusiasmada su inmensa estructura. Construcciones como ésta nos resultan familiares, de esa época en que tuvo esplendor el hierro, tras la adición de nuevos materiales que trajo consigo la Revolución Industrial, nacieron conglomerados revestidos de metal y remaches. Una corriente urbanística de finales del siglo XIX, principios del XX, que fue utilizada en distintos puntos terráqueos de la mano de la arquitectura Art Noveau y el posterior Art Decó.

Construcciones majestuosas fueron surgiendo como gigantes de acero vigías de las ciudades en Europa y resto del mundo: La Torre Eiffel (París), Blackpoool Tower (Inglaterra), Washington Monument (EUA), Home Insurance Building (Chicago, EUA), el Monumento a la Revolución (México) y ésta misma la Mole Antonelliana (Turín), por mencionar sólo algunos de éstas edificios que pronto acuñarían el término de “rascacielos” debido a sus colosales dimensiones.

Maquetas de la Torre Antonelliana
Maquetas de la Torre Antonelliana

Como toda innovación las críticas de los más tradicionalistas no se hicieron esperar y la Mole Antonelliana fue objeto de muchas de ellas. Había quienes lo consideraban un horrendo edificio que sólo era un inmensa oda al mal gusto. Con el tiempo esto cambió afortunadamente y le concedieron los merecidos honores, tan es así que hoy en día se yergue como símbolo de la ciudad y como ya hemos dicho, alberga el magnífico Museo del Cine de Turín.

Ya vamos intuyendo su silueta entre las callejuelas que nos dejan ver los primeros trazos de su puntiaguda e infinita torre. Llegar hasta los pies de ésta majestuosa construcción, nos maravilla a escasos metros. Nos detenemos boquiabiertos para intentar captarla cuan larga es con las lentes de nuestras cámaras… Cuesta… Apenas si cabe entera a más de 50 pasos… Queremos descubrir su interior, colarnos en sus entresijos. Un mirador panorámico nos espera como primer encuentro. Hacemos la fila y esperamos pacientes nuestro turno, ya que cada tanda para poder subir por el ascensor incluye sólo a 8 participantes.

Mientras tanto ya logramos acceder a la planta baja, donde una tienda de curiosos souvenirs relacionados con el séptimo arte y una cafetería en misma temática nos entreteinene la mirada con buenas primeras impresiones. Inicia nuestro ascenso por el medio del edificio. Tenemos una vista de 360º del interior nivel a nivel. Un ligero escalofrío nos recorre, un tanto el vértigo y un mucho el sobrecogimiento de ver tal homenaje al cine. Se nos llenan los ojos de afiches, escenografías, locaciones, flashazos de montón de filmes conocidos representados de una y mil maneras. Y aún arriba del todo nos espera  aún más, una espectacular vista panorámica de la ciudad.

Vista panorámica desde lo alto de la Mole Antonelliana
Vista panorámica desde lo alto de la Mole Antonelliana

El mirador de la Mole Antonelliana

Nos recreamos la pupila con sus cuatro puntos cardinales. Los sitios donde hemos estado, los sitos hasta donde nos gustaría llegar. Pensamos que es muy probable que necesitemos volver, porque como en cada viaje siempre terminan faltándonos días para bebernos hasta el fondo los lugares. Un último adiós desde lo alto a la hermosa ciudad de Turín y así como subimos iniciamos el descenso y echamos otro vistazo de vuelta, ya memorizando qué pisos queremos visitar sin dilación. Nuestro espíritu más imberbe y fanático se despierta, revoloteando inquieto con el sueño intacto de cuando se es pequeño y vamos por primera vez a una feria, a un parque de diversiones.

Un mirada indiscreta a la sección de cine erótico del Museo del Cine
Un mirada indiscreta a la sección de cine erótico del Museo del Cine

El cine es magia y es atemporal, da igual la edad que se tenga, siempre nos transporta a un sinfín de emociones, nos captura, nos envuelve, nos lleva irremediablemente a soñar y en el Museo del cinema de Turín podemos hacerlo tangible, convirtieédonos en personajes de nuestros filmes favoritos, de los de culto, de lo que marcaron época, de acariciar años más pueriles en un abrir y cerrar de ojos. De ser quienes queramos ser.

Lo mismo podemos sentirnos protagonistas o antagónicos, buenos o villanos, víctimas a victimarios, según el rol que cada uno decida elegir: en escenarios como el de Drácula, o perseguidos mientras los acordes hacen despertar del letargo a la memoria con esa música que nos hace sentir la presencia de Tiburón a espaldas nuestras. Adentrarnos en el intrincado suspense de Hitchcock y tener ganas de pegar un alarido desgarrador como Janet Leigh en “Psicosis”.

Curiosos homenajes a estrellas de la pantalla grande como Ingrid Bergman
Curiosos homenajes a estrellas de la pantalla grande como Ingrid Bergman

O bien sentarnos en la silla de Director y dirigir la escena dando un “¡Acción!” a la magia… Guiñar un ojo a Ingrid Bergman y saltar a caracterización para mimetizarnos entre los personajes de Star Wars y subirnos a una nave espacial con algún ser venido de otras galaxias. O remontarnos a millones de años y compartir cámara con feroces ejemplares salidos de ”Jurassic Park”.

Hacer una pausa de tanta adrenalina y retozar en las butacas reclinables del lobby, donde una inmensa estatua nos custodia y demanda buena conducta, porque en el cine hay que prestar todos los sentidos, apagar los móviles y estar bien alertas y calladitos para disfrutar mientras la magia sucede.

Una sala de cine en medio de la Mole Antonelliana para disfrutar algún filme mientras descansamos los pies
Una sala de cine en medio de la Mole Antonelliana para disfrutar algún filme mientras descansamos los pies

Cada nivel se alcanza por escaleras y escaleras que nos llevan por diferentes escenarios. Cruzamos de una locación a otra, sin casi percatarnos y nos reímos un montón al descubrirlas, reconocerlas y actuar entrando un poco en personaje. De pronto podemos ser un dibujo animado y saludar de colegas a “Bugs Bunny” o interactuar con el frustrado “Silvestre” que nunca sale victorioso tras la caza de “Tweet”. Colarnos en una persecución galáctica y ser el blanco de enemigos, mientras huimos presurosos con cualidades de gacela a la siguiente simulación.

Aitor de El Giróscopo Viajero estrenándose en la pantalla grande
Aitor de El Giróscopo Viajero estrenándose en la pantalla grande

Pero las estrellas de la pantalla grande no se resumen a los más emblemáticos, o a nosotros mismos, también llenan la escena aquellos que han participado con su carisma e inteligencia en filmes como “Lassie”, aquel perro entrañable que conquistó la pantalla. O echar una mirada profunda a las entrañas robotizadas de algunos que otros que parecían cobrar vida real gracias a los impresionantes efectos especiales utilizados en dichas películas.

Intentando seguir las huellas del "Coyote" para pillar al "Correcaminos"
Intentando seguir las huellas del “Coyote” para pillar al “Correcaminos”

Visitar el Museo del Cine de Turín es tal cual una ¡experiencia de película! Sin duda un viaje fantástico recorriendo todos los géneros conocidos del cine: comedia, horror, ficción, fantasía, suspense… Y además, una mirada profunda a cómo nació éste arte, así como los diferentes proyectores que han ido utilizándose a o largo de décadas. Además de un interesante compendio de filmes netamente italiano de distintas épocas.

Si estás en Turín, ¡no te lo puedes perder!… Luces, cámara… ¡Acción!

Tours con entrada, y visitas guiadas a la Mole Antonelliana

Como llegar a la Mole Antonelliana y el Museo del Cine

La torre de la Mole Antonelliana se divisa desde muchas partes de Turín, y si estamos caminando por el centro de la ciudad podemos llegar sin problema a pie. de todas formas los autobuses 61, 55 y 56, y el tram 13 o 15 nos dejan al lado, en la parada Rossini, en la calle Po. El bus 68 que para en Verdi en Via Rossini o el tram 16 con parada en el Palazzo Nuovo son otras opciones para llegar al Museo del Cine.

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