Visita a la Finca Museo del Marqués de Valdecilla, una joya en la Cantabria Oriental

La belleza de la Casa Blanca y de los jardines

Hoy vamos a viajar al interior de una de las comarcas históricas de Cantabria, la comarca de Trasmiera para conocer un pedacito de su historia, cabalgando entre finales del siglo XIX y principios del XX, para descubrir el legado que nos dejó un indiano, Ramón Pelayo de la Torriente, Marqués de Valdecilla. Un patrimonio cultural y natural que se materializa en la extraordinaria Finca Museo del Marqués de Valdecilla. Pero vamos a revelar también una historia de filantropía, de modernidad, de un personaje adelantado a su época que todavía hoy sorprende por su clarividencia.

En otra ocasión tuvimos la oportunidad de visitar la parte de la comarca de Trasmiera que se extiende por el litoral de la Cantabria Oriental, entre las bahías de Santander y Santoña. Recorrimos a pie varias rutas que atraviesan espectaculares acantilados y playas bellísimas, como la de Langre, Isla, Loredo, Noja o Berria. Miramos en aquella ocasión al Cantábrico desde la cima del Monte Buciero, en Santoña, o desde la senda de los acantilados de Langre.

Pero hoy nos adentramos en el interior de la comarca de Trasmiera, atravesando prados y colinas de la verde Cantabria, al municipio de Medio Cudeyo, en cuya capital, Valdecilla, se encuentra la Finca Museo del Marqués de Valdecilla. Para ello, atravesaremos la localidad de Solares, conocida por las aguas que brotan del manantial de Fuencaliente y por la planta embotelladora de Agua de Solares. Imponente, el hotel balneario de Solares nos llama para otra visita.

Pero hoy nos dirigimos a uno de los sitios más destacables del patrimonio de Medio Cudeyo, que nos sumergirá en una historia de indianos que no nos dejará indiferentes.

Estatua en la finca del Marqués de Valdecilla

Comienza la visita a la Finca Museo del Marqués de Valdecilla

La visita a la Finca Museo del Marqués de Valdecilla comienza tras franquear una imponente portalada de piedra con un formidable escudo de armas barroco y un frontón triangular. De esta forma, nos adentramos desde el principio en un universo de nobleza, si bien hay que saber que es de 1935, de la época la Marquesa de Pelayo, heredera de Ramón Pelayo de la Torriente. Cuando construyó la finca, el Marqués de Valdecilla, dejaba paso libre a las gentes del pueblo, diluyendo así de algún modo las fronteras entre clases. Algo que nos habla ya del espíritu del personaje.

Indudablemente, las miradas se concentran en la Casa Blanca, situada en lo alto de una colina, que visitaremos en primer lugar. Su magnífica arquitectura y ese color blanco hacen de ella el centro indiscutible de la Finca del Marqués de Valdecilla.

Aunque, antes de la visita, contemplamos una parte de los jardines que, con su disposición, las estatuas blancas, la fuente de los niños, junto a la variedad de árboles y la paleta multicolor que despliegan las flores a finales de verano, nos llenan de asombro. Tanto la Casa Blanca como estos exuberantes jardines se bastan para llenar de luminosidad un día más bien nublado, tan típico del Cantábrico.

Ramón Pelayo de la Torriente, un indiano y un filántropo adelantado a su tiempo

El Marqués de Valdecilla

Ramón Pelayo de la Torriente nació en 1850 en la localidad de Valdecilla (Medio Cudeyo) en una familia de comerciantes modestos, y emigró a Cuba en 1864, en una época en la que muchos españoles (sobre todo cántabros, asturianos y gallegos) emigraban en masa al continente americano parahacer las américas. Muchos de ellos retornaban con una gran fortuna y construían palacetes en el entorno rural del que procedían, con fachadas monumentales, pórticos, capillas y jardines exuberantes con especies arbóreas procedentes de América. Eran las “casas de indianos”, que fue como se denominó a las casas de aquellos que volvían ricos de las Indias Occidentales.

Ramón Pelayo de la Torriente fue uno de ellos. Con tan solo 14 años se embarcó en Cádiz con destino Cuba donde ya se encontraba una parte de su familia. Pero su trayectoria fue un poco diferente a la de otros indianos, ya que se fue unos años a Estados Unidos animado por su espíritu inquieto, ávido por aprender. Fue allí donde, en plena Revolución industrial, conoció nuevas técnicas de explotación de tierras que aplicará a su vuelta a Cuba. En Aguacate compra una finca y construye una planta de transformación de azúcar, donde instala varios equipamientos innovadores que aumentaban el rendimiento de la central. También establece una línea de ferrocarril para facilitar el transporte las mercancías, lo que contribuyo al desarrollo de sus negocios.

Además de sus grandes capacidades como empresario y de su perspicacia a la hora de aplicar sus modernos conocimientos adquiridos en EEUU en materia de industria, Ramón Pelayo de la Torriente se preocupaba por que sus 8000 obreros tuvieran sueldo, viviendas dignas, sanidad y escuelas para sus hijos. Además de hacer de su residencia particular un hospital de campaña durante la Guerra de Cuba. Filantropía o inteligencia empresarial, o ambas. Lo cierto es que fue una figura destacable. Por otra parte, como muchos otros españoles, regresa a España tras la independencia, y en 1916 se le concede el título de Marqués de Valdecilla.

Mapa de la Finca del Marqués de Valdecilla ©Turismo Medio Cudeyo

Su labor de filántropo y patrocinador había comenzado ya en su juventud, cuando desde Cuba enviaba dinero a su municipio de origen contribuyendo a la construcción de un nuevo ayuntamiento o para sostener el hospital. Su generosidad continuará hasta el final de sus días con obras benefactoras en su Cantabria natal, donde contribuye a la difusión y modernización de la enseñanza y de la sanidad, financiando la construcción de centros sanitarios, escuelas y centros administrativos. Comenzó su patrocinio en Valdecilla, su pueblo natal donde construyó la casa consistorial, el cuartel de la Guardia Civil, el juzgado, varias escuelas, el mercado de La Ventilla, la fuente de Hermosa y el lavadero. Y sus inversiones desinteresadas se extendieron por todo el municipio de Medio Cuyedo y otros lugares de Cantabria y Madrid. Por toda esa labor de filántropo fue nombrado Hijo Preclaro y Predilecto de Medio Cudeyo en 1923.

Aunque su obra más importante, por la cual es conocido en Cantabria, fue la financiación de la construcción de la Casa de Salud de Valdecilla en Santander en 1929. Aquí siguió el modelo ensayado por Henry Ford (de quien aprendió cuando estuvo en Estados Unidos), donando tierras, edificios, equipamiento y un capital inicial. Como todo lo que construyó, la Casa de Salud de Valdecilla era moderna y novedosa para la época. En la actualidad se conservan algunos de los pabellones de la antigua Casa de Salud y es uno de los hospitales más importantes de Cantabria.

El legado de Ramón Pelayo de la Torriente continúa hoy vigente en el Hospital Universitario Marqués de Valdecilla y en la Fundación Pública Marqués de Valdecilla.

La Casa Blanca, antigua residencia del Marqués de Valdecilla

Quedan algunas huellas de la antigua residencia, como la extraordinaria y elegante escalera de la época

La Casa Blanca, antigua residencia del Marqués de Valdecilla, es actualmente un museo dedicado a la vida y obra de Ramón Pelayo de la Torriente. Aunque apenas puede verse la residencia tal y como era, debido a que ha sido remodelada en su interior, sí quedan algunas huellas, como la extraordinaria y elegante escalera de la época con su rejería y balaustres originales – aunque no la madera de los peldaños y del pasamanos – . También pueden verse algunos de los fantásticas piezas del mobiliario original que pertenecían al marqués.

Tras un breve video de introducción que nos resume la trayectoria vital y profesional del Marqués de Valdecilla y la historia de la Finca Museo, exploramos las tres plantas en las que se expone mobiliario, fotografías y paneles explicativos de la vida del marqués y de sus obras benefactoras.

Desde la terraza de la Casa Blanca las vistas panorámicas de la finca y de los jardines, así como de los valles y colinas del entorno son espléndidas. Adoptamos una perspectiva diferente a la que teníamos en desde abajo, que nos dan una idea de las dimensiones y de la belleza del conjunto de las casas y de la finca del Marqués de Valdecilla.

Vistas panorámicas de la finca y de los jardines, así como de los valles y colinas del entorno desde la Casa Blanca

Innovaciones tecnológicas para mejorar la vida cotidiana

En la Casa Blanca y en el resto de las casas de la finca del Marqués de Valdecilla, pudimos acercarnos al espíritu moderno que lo marcó a finales del siglo XIX cuando viajó a Estados Unidos en la Revolución Industrial. En la década de los 20 del siglo XX, las innovaciones tecnológicas para mejorar la vida cotidiana estaban bastante desarrolladas, y el Marqués de Valdecilla las adoptó en seguida.

En la Casa Blanca llaman nuestra atención algunos muebles y objetos que no habíamos visto antes y que destacan por su modernidad, como un radiador de hierro con una zona de baldas donde podían colocarse fuentes con comida para mantenerla caliente. Era poco habitual tener radiadores en casas particulares en aquella época, y menos aparatos eléctricos dedicados a transformar y garantizar el suministro de electricidad. Pero en la casa del Marqués de Valdecilla existían estas revolucionarias innovaciones que hacían más fácil la vida cotidiana.

Innovaciones revolucionarias para la vida cotidiana

Así, en 1922 se puso en contacto con la empresa Jacobo Schneider para instalar estos radiadores y con la empresa bilbaína de Herrera Cuesta & Co para instalar un aparato del grupo Delco Light no320 (modelo de General Motors) para garantizar el suministro de electricidad.

En las cocinas de las casas del Marqués de Valdecilla el día a día era más fácil gracias a otros avances tecnológicos. Como las neveras con aspecto de mueble que utilizaban hielo para mantener la comida fresca, cumpliendo su función a la perfección. O las calderas comunicadas con las cocinas industriales para disponer de agua caliente en la casa.

La clarividencia del Marqués de Valdecilla nos deja sorprendidos y admirados, tanto como su carácter generoso.

La Casa San Rafael

La Casa San Rafael y la Solana

Continúa el recorrido por la Finca Museo del Marqués de Valdecilla con la visita a la Casuca y a la Casa San Rafael, las dos únicas casas recuperadas para la visita y que nos dan una idea de cómo era la vida en una casa de indianos durante el segundo tercio del siglo XX, y en este caso con las comodidades que ofrecían las innovaciones tecnológicas en su vida cotidiana.

La Casuca

La visita por la Finca Museo del Marqués de Valdecilla continúa en La Casuca, vivienda de la sobrina del marqués, heredera de su fortuna y de su título la Marquesa María Luisa Gómez Pelayo. Una bonita casa que sigue un estilo arquitectónico tradicional, típico de las casas rurales cántabras, con una acogedora solana, y un mobiliario interior típico de la burguesía del momento.

La Casuca, con un estilo arquitectónico tradicional, típico de las casas rurales cántabras

La Casa San Rafael, casa de invitados ilustres

En la Casa San Rafael paraban los invitados ilustres de Ramón Pelayo de la Torriente, como Alfonso XIII, Victoria Eugenia o Primo de Rivera. La Casa Rafael se divide en tres niveles y tiene adosada una pequeña capilla, lo que le da mayor apariencia de nobleza. En San Rafael existe decoración de azulejos de cerámica de Talavera (Fábrica de Ruíz de Luna) tanto en el interior como en el exterior. Desde los balcones hay unas estupendas vistas panorámicas de los jardines y de la finca.

Un paseo por la finca y los jardines del Marqués de Valdecilla

La finca del Marqués de Valdecilla se encuentra en un bello entorno natural, en una colina con vistas panorámicas del paisaje típico del interior de Cantabria, de verdes praderas y suaves colinas. Así como de los grandes sitios naturales de la comarca: Peña Cabarga, Pico Castillo, Cabezas de Liérganes y las cumbres de alto Miera. La riqueza paisajística de este mirador natural nos deja sin palabras.

Balcones de la Casa San Rafael

Un paseo por la finca nos da una idea de sus dimensiones, un total de 15 hectáreas que incluyen las edificaciones que acabamos de describir que ahora contemplamos desde otros puntos de vista. 1300 árboles de diferentes especies autóctonas y exóticas constatan una vez más la riqueza del patrimonio natural de la finca.

Asímismo hay otras dos edificaciones, una en la parte baja de la finca: La Cabaña, un grupo de antiguas cuadras que actualmente es la sede de los programas de empleo y formación. Y La Solana, una construcción de 1744, antigua escuela que pasó a ser la casa de los guardeses. Su arquitectura de estilo montañés con doble altura y una solana de madera.

Las cocheras

Volvemos por el colorido jardín que en este mes de septiembre está todavía cubierto de flores. Este es uno de los rincones más fotogénicos de la finca, con las diferentes estatuas majestuosas entre los parterres, y la Casa Blanca luminosa al fondo.

Todavía hay otro edificio con un enorme depósito de agua verde al lado, se trata de El Garaje construido en la segunda mitad del siglo XIX. La parte inferior se destinaba a las cocheras, y en la parte superior se disponía la vivienda de los empleados. Actualmente está dedicado a espacio de congresos y seminarios que tienen lugar a lo largo de todo el año en la finca.

Un último tesoro: la Fuente de los Niños

La Fuente de los Niños es uno de los elementos más bellos de los jardines del Marqués de Valdecilla, una obra del escultor valenciano Mariano Benlliure que encargó en 1928 la marquesa de Pelayo. Una curiosa escena de siete niños jugando que empujan a otro al agua de una gran concha apoyada sobre un cisna. Una réplica de las fuentes que habría creado el escultor Benlliure en 1912 y 1914 para su casa, hecha también en granito y cerámica policromada y vidriada.

La Fuente de los Niños es uno de los elementos más bellos de los jardines del Marqués de Valdecilla

La finca como lugar de eventos

Además de la visita al museo, a las casas y a los jardines, la finca del Marqués de Valdecilla ofrece espacios para eventos de todo tipo, cursos, conferencias, talleres,….hasta escenarios cinematográficos. Y no es de extrañar, cualquier director de cine que visite el lugar seguro que verá una estupenda película en este escenario extraordinario. Nosotros, desde luego, tenemos la impresión de haber salido del cine tras esta estimulante visita.

Agradecimientos

Agradecemos esta visita de prensa a la Finca Museo del Marqués de Valdecilla a la Oficina de Turismo de Medio Cudeyo, a Ana Cagigas, técnico de Patrimonio del Ayuntamiento y al personal de la Casa Museo Marqués de Valdecilla.

¡Encantadas por la visita!

Cómo llegar a la Finca Museo del Marqués de Valdecilla

La Finca del Marqués de Valdecilla se encuentra en Valdecilla, en el municipio de Medio Cudeyo, a tan solo 30 minutos de Santander por la autovía A7 y a 15 minutos del aeropuerto. Para llegar tienen que atravesar el pueblo hasta que un indicador le señala el camino. La finca está en el Campo de la Botica, en el sitio de La Salve.

El Centro de Recepción de Visitantes se encuentra en la Casa Corpas junto al balneario de Solares

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