Playa fluvial de Baamonde, Lugo. Baños estivales y ruta por el río Parga

La playa fluvial de Baamonde

Las aguas de la playa fluvial de Baamonde son como espejos en este luminoso día de verano. La vegetación frondosa de robles, abedules, fresnos, alisos….se refleja devolviéndonos imágenes de mil tonalidades de verdes, sólo rotas por la cascada que forma la represa. Desde cualquier punto del Área Recreativa de Baamonde contemplamos una postal de este pequeño paraíso de la Galicia interior, un rincón en el que parece que el tiempo se detiene. Como las aguas del río Parga que también se paran aquí para formar su playa fluvial, procedentes de su fuente, allá en la Sierra de Cova da Serpe, antes de continuar su camino hasta confluir con otro río, el Ladra. Lo acompañaremos durante un tramo de sus 32 kilómetros en una ruta de senderismo que nos llevará a un paisaje completamente diferente a aquella ruta que hicimos en pleno invierno también por el río Parga. Hoy la luz es intensa, cálida, bien diferente a aquella que caía oblicuamente sobre las aguas desbordantes del Parga y sobre los bosques desnudos. 

Aquella era parte de la Ruta del Agua y de la Piedra de Guitiriz, ésta se corresponde con un pedazo de la Ruta dos Caneiros. Ambas pueden hacerse desde el Área Recreativa de Baamonde, pero hoy no haremos ninguna completa: sólo caminaremos a orillas del río Parga desde aquí hasta el Puente de Santo Alberte, conocido por los peregrinos que hacen el Camino de Santiago. 6 kilómetros ida y vuelta descubriendo esos senderos silenciosos de los bosques de Galicia, entre cuyas arboledas se cuela la luz del sol a ratos, y en los que descubriremos interesantes construcciones. 

Ruta de senderismo a orillas del río Parga

Aunque nuestra primera parada está en la playa fluvial de Baamonde, que cautiva al visitante por su espectacular belleza natural, invitándolo a quedarse y disfrutar de las largas horas de luz del verano en Galicia. A darse un baño quizás en sus aguas refrescantes, o a comer y descansar bajo la sombra de los robles. A lo que seguirá una tranquila ruta por el río Parga.

Reflejos y baños en la playa fluvial de Baamonde, un mar de sensaciones

Un baño en la Playa fluvial de Baamonde

Hoy es uno de esos días memorables en Galicia, por la luz y el calor, poco habituales al menos en las provincias del norte, en los que amanece ya luminoso y cuando se acaba el día todavía hace calorcito. De esos días de verano largos y, no sólo porque estemos al oeste de la Península Ibérica, donde hay más horas de luz, sino porque el tiempo parece que se alarga, pasa despacio. Nosotros llegamos sin prisa al Área Recreativa de Baamonde, en la provincia de Lugo, con intención de salir a caminar a orillas del río Parga. Pensábamos hacer la Ruta dos Caneiros de unos 13 kilómetros, pero saldremos de este punto siguiendo el curso del Parga hasta donde nos lleven nuestros pasos. Venimos sin rumbo fijo, con ganas de caminar a la sombra en este verano cálido.

Pero retrasamos la ruta de senderismo porque la playa fluvial de Baamonde nos llama desde sus aguas critalinas, desde sus mil y un reflejos. Parece una postal o un fotografía congelada en el tiempo, si no fuera por el movimiento de algunos bañistas y ociosos disfrutando de sus aguas y de la hierba. El Área Recreativa de Baamonde es una zona de árboles exuberantes, de vegetacion densa, y muchos de estos árboles amantes de los ríos deben llevar aquí largos años, acompañando al Parga a su paso por Baamonde. Nos acercamos a la orilla y ya obtenemos la primera postal de una serie que iremos coleccionando para el recuerdo: la cascada que forma la represa, conocida como “Caneiro” en gallego. Se trata de una especie de cosntrucciones para retener y desviar el agua del río, en el pasado para llevarla a molinos, como el gran molino de piedra que hay aquí en el Área Recreativa de Baamonde. Aunque seguramente hoy estará en desuso, ya que los “caneiros” se utilizan sobre actualmente sobre todo para pescar. De ahí el nombre de la ruta de senderismo que puede comenzar o terminar aquí: la “Ruta dos Caneiros”, en la que hay numerosas represas de este tipo. 

La cascada del Área Recreativa de Baamonde

Aquí se retiene el agua para el placer de los bañistas que tienen una piscina de aguas transparentes en la que parecen estar disfrutando. El contraste entre el movimiento del agua de la cascada por la que penetra la luz, y la tranquilidad del agua de la piscina natural es evidente desde este punto. Por otra parte, nos dejamos abrazar por los árboles que nos refrescan y nos dan sombra. Sus ramas cuelgan por encima del río Parga como queriendo alcanzarlo y beber de su agua fresca, y a mirarse presumidas en sus aguas-espejo. No es de extrañar, parecen sacadas de un cuadro. 

Una libélula, el tiempo detenido

Me alejo y veo a los bañistas por detrás de la cascada, como si salieran de ella por arte de magia. Aunque hay algo todavía más sorprendente: algunos caminantes pasan caminando por encima de ella. El misterio se resuelve cuando me acerco y veo que realmente se puede caminar por encima de ella, por el “caneiro” que hace las veces de un puente y nos deja pasar a la otra orilla del río Parga. ¡Qué sensación caminar por ella!, lo cierto es que en la playa fluvial de Baamonde los sentidos están despiertos, escuchando el sonido del agua, sintiendo su frescor en las manos o en los pies, escuchando al río Parga llegar para seguir su camino. Y si afinamos más el oído, está el canto de los pájaros, el sonido de las hojas que se mecen con la brisa suave, y el de los insectos que revolotean por todas partes. 

Camino por esta pasarela de madera y me paro a contemplar una libélula roja, o cientos de cristalitos blancos que parece que se forman en el río y que no son más que los destellos del sol. Es verdad que se para el tiempo aquí, y más cuando meto los pies en las aguas tranquilas de la piscina natural, con sus aguas quietas. Aquí los reflejos del molino viejo y de los numerosos árboles que quieren mirarse en estas aguas desdoblan este lugar en dos, creando una realidad nueva que tiembla cada vez que muevo los pies. Si miro a la cascada, me relajan también sus aguas cayendo a un ritmo constante, dándole de beber a las hierbas que crecen allí mismo. Sólo hay que afinar un poco la vista, otro de los sentidos que se mantiene despierto aquí con tantos estímulos, para ver peces nadando. También nadan los niños felices y chapotean los adultos disfrutando de este pequeño paraíso. Me lanzo a estas aguas frecas disfrutando del baño y de la tranquilidad, dejándome mecer por este sopor, haciendo mío también este vergel.

Comida en el Área Recreativa de Baamonde

Comida en el Área Recreativa de Baamonde

Me despierto sólo con sensación de hambre y me reúno con mis compañeros para sentarnos en una de las mesas de piedra del Área Recreativa de Baamonde, donde desenvolvemos bocadillos, empanada y demás vituallas para disfrutar de otro momento placentero a orillas del río Parga, frente a la playa fluvial. La sombra es agradable, también la compartimos con otros excursionistas que comen en las otras mesas. Disfrutamos de este momento con vistas a la playa fluvial y al río Parga.

El Área está impecable, limpia y dispone de instalaciones distintas: baños, merendero,…Nos extraña que nos cobren cuando estamos sentados a la mesa, ya que estamos en un lugar público. Al parecer el Área Rebreativa de Baamonde es de gestión privada. Tras un café y un descanso, comenzamos la ruta siguiendo el río Parga hacia Santo Alberte.

Ruta de senderismo por el río Parga hasta el Puente de Santo Alberte

Ruta de senderismo por el río Parga

El sendero parece la continuación de la playa fluvial de Baamonde, con las luces que se cuelan entre las ramas de los árboles para jugar con las sombras. Y el río Parga discurre paralelo, tranquilo, dotando a nuestro paseo de un ritmo lento. La luminosidad del día parece que no llega en este camino arbolado de castaños, robles, avellanos, pinos, acebos…, que junto con el frescor que viene del río hacen que sea una caminata agradable.

Por momentos nos sorprenden tramos de muro con piedras perfectamente superpuestas, incluso con puertas que llevan quién sabe adonde, como si nos invitasen a entrar a un mundo mágico. Algunas parecen disimuladas entre troncos y hojas de roble, como si sólo perteneciensen a seres que habitan los bosques de Galicia. 

Muros misteriosos con puertas que se abren a mundos mágicos

La señal del tren nos indica que por aquí pasa una vía – la que comunica A Coruña con Lugo – y que quizás rompa nuestro silencio en breve, pero no pasa nada. Seguimos nuestro camino entre conversaciones y silencios, recordando aquel invierno no tan lejano siguiendo también el curso del río Parga en la Ruta del Agua y de la Piedra de Guitiriz. El inicio de la estación nos había regalado una tregua de días luminosos tras las tempestades caídas que habían inundado el sendero que discurre junto al río Parga. En esta ocasión habíamos partido de Guitiriz, dirigiéndonos hacia la aldea de Parga.

Este que vemos no es el río Parga del invierno, aquel tenía el caudal más alto por las lluvias caídas. Y los árboles tampoco son los mismos: aquellos desnudos nos enseñaban todas sus grietas y brazos entrelazados. Y dejaban colarse la luz que tanto necesitábamos en aquellos momentos invernales en los que era escasa, templando nuestros cuerpos y pensamientos, animando el paseo. Ella también era distinta, la luz, más baja, creando efectos enigmáticos en el bosque desarmado. 

Puente medieval y Ermita de Santo Alberte

El puente medieval de Santo Alberte

Lo que sí tienen en común aquella ruta invernal y esta estival es que discurre todo el tiempo siguiendo el curso del Parga, y aún continúa cuando llegamos al Puente medieval de Santo Alberte, un puente del siglo XIV de estilo Gótico con dos grandes arcos, uno ojival y otro que sufrió modificaciones en el siglo XVIII. Al parecer, el puente se construyó sobre un puente romano. Por San Alberte pasa el Camino Norte de Santiago, y el puente servía a los peregrinos como paso para llegar a la capilla y al hospital de peregrinos, del que hoy quedan restos. Aquí también confluían otros caminos reales antiguos: es el caso de la calzada que iba de A Coruña a Madrid.

Estamos a medio camino entre Parga y Baamonde. Al puente medieval y a la ermita de Santo Alberte se puede llegar por la carretera N-VI, a tres kilómetros de Baamonde. Por San Alberte pasan también varias rutas de senderismo: la Ruta das Bidueiras, una ruta circular de 10,5 km y la ruta a la que aludíamos antes, que hicimos en invierno. Se trata de la Ruta da Auga e da Pedra (PRG-99), que comienza aquí y discurre a orillas de los ríos Parga y Ladroil a lo largo de 20 kilómetros.

Nos dirigimos ahora a la Ermita de Santo Alberte, situada a la sombra de un robledal, que recuerda a numerosas ermitas de Galicia, construida en el siglo XIII. Nos sentamos en los bancos de piedra que rodean esta belleza gótica, estilo que puede verse en su cabecera, la ventana del ábside, o los contrafuertes gruesos. Mientrsa que su fachada frontal y su campanario son de estilo Neoclásico (siglo XVIII). Llaman la atención los canecillos que sostienen los alerones del tejado, que son cabezas esculpidas, humanas y animales, así como figuración erótica.

La Ermita de Santo Alberte

Investigo los alrededores de la ermita y descubro una bonita fuente con un frontis renacentista cubierto de musgo, cuyas aguas se asegura que son milagrosas y curan hasta el habla. Después me entero de que por eso la llaman “A Fonte da Fala” (“la Fuente del Habla”). También contemplo el bonito un cruceiro con doble imagen: por un lado un cristo, y por otro una Virgen coronada, y el capitel ornamentado con conchas del peregrino y con coronas de espino.

Tras el descanso, pensamos si seguir con la Ruta dos Caneiros o volver sobre nuestros pasos. Optamos por lo segundo, aunque la tentación de seguir la ruta es muy grande. Deshacemos el camino andado, remontando las aguas del río Parga que nos acompaña de nuevo parsimonioso en el camino. Y cuando llegamos al final, todavía disponemos de tiempo para disfrutar un rato más de la playa fluvial de Baamonde, tal vez, darnos un baño refrescante. No es aquel final de ruta del invierno por el río Parga, cuando ya atardecía y apenas había tiempo para nada más. Eso sí, recordamos aquel atardecer cautivador, porque la luz de invierno tiene algo especial. Vamos a esperar a ver si ocurre lo mismo con la luz del verano y nos regala otra puesta de sol para recordar.

El Cruceiro de Santo Alberte

Informaciones prácticas.

El Área Recreativa está gestionada por el CERCUD, Centro Recreativo Cultural y Deportivo de Baamonde, pago de entrada en temporada estival (alrededor de 1,5€), salvo socios. Se encuentra a sólo 500 metros de Baamonde.

De aquí parten las siguientes rutas de senderismo: Ruta da Auga, Ruta dos Caneiros (Río de Baamonde – Santo Alberte) entre el Ladra y el Parga – Pozos do Ollo – Lagoas de Riocaldo).

Caminando por la cascada de la playa fluvial de Baamonde

Cómo llegar a la playa fluvial de Baamonde (Lugo)

Para llegar a la playa fluvial de Baamonde, si se viene por la autopista A6, es salir a la altura de Baamonde por la salida 522B. Hay que pasar el pueblo hasta llegar a una rotonda y coger la segunda salida; a 250 metros hay un desvío a la derecha hacia Bóveda, y a 400 metros está el Área Recreativa de Baamonde.

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2 comentarios de “Playa fluvial de Baamonde, Lugo. Baños estivales y ruta por el río Parga

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