Cicloturismo en Finlandia, Ruta costera en bici por el Archipelago

El archipiélago de Finlandia desde la torre de Hanko. ©Iñigo Pedrueza.

Resulta difícil resumir en un artículo de unas pocas páginas cuatro días de pedaleo por las penínsulas, las islas, los fiordos y los eskers del sur de Finlandia. Cuatro días intensos en compañía de amigos del mundo del periodismo y de profesionales de la promoción turística. Cuatro días en los que visitamos varios puntos de la ruta costera o “Coastal Route” en inglés, (Rannikkoreitti en finlandés o Kustrutten en sueco). Un recorrido que acaba de balizarse y abrirse al los amantes del turismo en bicicleta entre las ciudades de Salo y Ekenäs/Rasepori, en la zona sur de Finlandia entre Helsinki y Turku.

Son 200km que recorren en un bucle, la parte intermedia de está gran ruta que une Helsinki, la actual capital de Finlandia, y Turku, antigua capital durante el periodo sueco y puerta occidental del país. 200km que atraviesan brazos de mar entre islas y puentes, colinas, zonas de cultivo, y bosques, pero que siempre se abren hacia el Golfo de Finlandia. Una región mitad terrena mitad marítima, el archipelago de Finlandia. La ruta que realizamos salía de la ciudad de Salo y pasaba por algunas de las más antiguas fundiciones y altos hornos de Finlandia como el de Mathildedal;. Después se visitaba un Parque Nacional, el de Terjo y recorre la isla de Kimitoon. Después de coger un ferry pasamos a otra isla, la de Rosala y su centro de interpretación vikingo. Más tarde descubrimos la antigua base militar de la isla de Örö y después hicimos escala en el islote del faro de Bengtskär, punto más septentrional de Finlandia. Otro ferry nos llevó a Hanko ciudad península, balneario y antiguo teatro de la Guerra de Continuación contra los soviéticos. La ruta se termina en Ekenäs/Rasepori, pequeño puerto bucólicamente situado en el fondo de un largo fiordo (como Salo). Muy cerca, Lehtola reserva sorpresas a modo de quesos únicos, y Fiskars, ciudad de origen de la conocida marca de utillaje y herramientas y polo del diseño y la artesanía. Uff, me quedo sin aire, normal tras tantos kilómetros, tantas experiencias y tantas emociones en el sur de Finlandia.

Un viaje único, personalizable a nuestra propia medida.

Uno de los bunkers que recuerdan los conflictos que afectaron a está zona, hoy tan agradable y pacifica. ©Iñigo Pedrueza.

La región sur de Finlandia, la que recorre esta ruta costera, es una zona repleta de naturaleza, como no podía ser de otra manera en el país de los bosques y los lagos. Sin embargo, la región sur destaca más por sus fiordos y por el inmenso archipiélago que contiene miles de islas, que por sus lagos. La naturaleza destaca con tres parques nacionales, Tejo, Archipelago y Archipelago de Ekenäs, junto a decenas de zonas de marismas costeras e islas de gran belleza e interés. 

La historia está presente en toda la región, una de las primeras en ser ocupada por los humanos en su expansión hacia el norte de lo que hoy es Escandinavia. Yacimientos arqueológicos de la época vikinga en Rosala; algunos de los primeros puertos establecidos por el Reino sueco, como Ekenäs; lugares de batallas entre suecos y rusos, y finlandeses y soviéticos, como la península de Hanko. Todo ello muestra que lo idílico de la zona oculta también un pasado tortuoso, que para no repetirse debe recordarse. Rastro de esas batallas son los bunkers, los cañones y baterías costeras, las trincheras y las tumbas de tantos soldados que perdieron la vida en las ridículas veleidades humanas. 

Mathildedal, una antigua fundición de la edad moderna convertida en pueblecito de artistas y emprendedores.©Iñigo Pedrueza.

Ese pasado que hay que recordar, deja paso a magnificas playas, a senderos bucólicos y al descubrimiento de la gran gastronomía local, empezando por sus pescados, siguiendo por su delicioso pan, sus cervezas artesanas, quesos deliciosos y, terminando, por postres tan sabrosos como ligeros. Finlandia y su archipiélago suroeste ofrece una gama de colores y sabores que se degustan según transcurren las estaciones. La llegada de las patatas nuevas al comienzo del verano, las bayas en su plenitud y las setas en el periodo otoñal, la Ruska, cuando el bosque de abedules se tiñe de colores dorados y rojizos. Más tarde llegará el invierno con la nieve y el aroma ahumado de la terva, el alquitrán natural de las saunas y de muchos de sus platos típicos. O las noches frías del kaamos, la noche casi total, donde la meditación se intensifica para recobrar las fuerzas y enfrentarse ella largo verano de nuevo.

Una ruta en bici, aunque no lo parezca.

Parque Nacional de Teijo, un ejemplo de la cuidada naturaleza finlandesa. ©Iñigo Pedrueza.

Pero no nos alejemos del núcleo del artículo, la Ruta ciclista del archipiélago de Finlandia. La ruta une Salo, la isla de Kimitöon (pronunciar “Chimiton”), Rosala, Örö, Bengtskär, Hanko, Ekenäs y Fiskars. Ciudades y pequeños pueblos que son tan bucólicos como cuidados, pero ademas de bonitos están siendo un germen de recuperación de los espacios rurales, muchas veces por citadinos de Helsinki que cambian totalmente de vida. Nuevas empresas, nuevas proyectos para revitalizar una zona idílica. 

Una de ellas es precisamente la que alquila bicicletas en distintos puntos del archipiélago. Así se puede coger la bici en un punto y dejarla en cualquier otro de la red. Además la empresa puede ayudarnos a conseguir los alojamientos o llevarnos las maletas entre un punto y otro. Perfecto para los cicloturistas que no quieran llevarse la bici a cuestas, como nosotros. Por ejemplo se puede recoger la bicicleta en Salo y comenzar allí, disfrutando de su gran mercado. Saliendo de  Salo nos encontrarnos con los primeros pueblecitos de la Ruta costera ejemplos de ese cambio del que hablábamos antes. 

200km de paisajes muy diferentes.

El pan, un tesoro desconocido finlandés. En Mathildedal.©Iñigo Pedrueza.

Entre Salo y Dalsbruk, la ruta recorre zonas boscosas y suaves colinas cerca de la costa. Las ferrerías de Tejo, Mathildedal y Kirjakkala ofrecen un curioso pasado preindustrial, fue fundada en 1686 y que continuó durante el siglo XIX y XX. La monarquía sueca promovió ese tipo de asentamientos dada la abundancia de madera y agua, materias primas para los aserraderos y las fundiciones, a su vez clave para la marina y el ejercito sueco. Finlandia está repleta de este tipo de fundiciones, sobre todo en la costa o en los rápidos que generan la diferencia de altitud entre los lagos, como en Tampere, Verla, Mänttä, Forssa, Imatra, Fiskars o Eura.

Hoy en pueblecitos como Mathildedal las antiguas fundiciones preindustriales han dejado paso a artesanos cerveceros, panaderos y hoteles boutique. Maija es nuestra guía en la primera parte del viaje y con ella recorremos la antigua fabrica y conocemos a sus nuevos habitantes emprendedores. La antigua fundición de Mathildedal es quizá el mejor ejemplo de todo lo que decíamos antes. Varios emprendedores han dado vida de nuevo a los antiguos edificios. Pequeños proyectos que cada vez son más sólidos pero que mantienen el anclaje local, la perspectiva ecológica, la búsqueda de la calidad y un cierto modelo de vida tranquila por encima de todo. Ejemplos son: el Hotel Café Mathildedal con su restaurante y cafetería deliciosa, dirigido por Krista Gustafsson; la tienda de ropa de diseño hecha con lana de alpaca de Ruukin Kehräämö ja Puoti; el pub bar Terho y Kylâ la micro cervecera; una panadería (Mathildedal Manor); la pequeña fábrica de chocolate PetriS Chocolate). 

Con Kate Simon y Krista Rantanen, El Giróscopo siempre con grandes compañías de las que aprender mucho. ©Iñigo Pedrueza.

Mathildedal comparte su belleza con el Parque Nacional de Tejo, con el que linda. Un parque por el que se puede hacer footing como si se tratase de un pequeño parque municipal, pero que contiene lagos, senderos, bayas y setas, además de posibilidades acampada y tiendas en los árboles. Allí conocimos a otra Krista, Krista Rantanen, que compagina una vida de investigación científica con rutas guiadas por los Parques nacionales, y que muestra que la vida no tiene porque ser igual para todos, que hay oportunidades para quienes arriesgan y luchan por cambiar algo. Finlandia es naturaleza sobre todo, pero también oportunidades de presente y de futuro.

Siguiendo hacia el sur, Dalsbruk con sus sopladores de vidrio o Kasnäs, estación balnearia y cafés agradables, la marina abierta a los veleros, son otros ejemplos de esos pueblos del sur de Finlandia, pequeños pero animados. La ruta, que recorre en estos momentos la isla de Kimitöon ha sido terrestre, aunque hemos atravesado varios puentes sin darnos cuenta. La gran isla de Kimitöon no parece tal y, más tarde y más al sur el puente de Lövö, nos muestra más claramente el paisaje al saltar de isla en isla. Y cuando llegamos a Dalsbruk y Kasnäs queda claro que se trata de pequeños puertos abiertos al Báltico. Kimitöon con sus pequeñas granjas y sus pueblos que rezuman de vida en el verano en una zona bastante agrícola donde uno puede imaginarse vivir, pescando y viendo pasar las estaciones intensamente.

Jarl Hohental, joven, soplador de vidrio en Dalsbruk. ©Iñigo Pedrueza.

En esta zona el paisaje cambia, las islas e islotes se hacen nuestras compañeras y la roca muestra su potencia entre los bosques, ahora menos densos. Cientos de islas, cientos de kilómetros de costa agradecen al visitante con playas y pequeñas calas donde uno casi siempre está sólo, pero nunca solo del todo. Cafés y alojamientos con encanto, se pueden encontrar por toda la ruta hasta el resort de Kasnäs con su marina y sus decenas de barcos anclados.

Vikingos, islas secretas  y el punto más al  sur de Finlandia, el Faro de Bengtskär. 

Centro de interpretación Vikingo de la isla de Rosala ©Iñigo Pedrueza.

Desde el puerto de Kasnäs, un ferry gratuito que funciona en verano, -de junio a finales de agosto-, nos lleva a Rosala, una de las grandes islas del archipiélago exterior. Unos cientos de habitantes viven todo el año pero muchos más pasan sus vacaciones en verano, en sus cottages o cabañas. Paisajes pintorescos como dirían los escritores decimonónicos, barcos de pesca y un curioso centro etnohistórico, el Rosala Viking center. Allí, una familia muy aficionada a la historia ha recreado con pasión algunos de los edificios vikingos y embarcaciones, de los que se han encontrado restos en la zona. 

Al parecer la isla de Rosala fue un importante centro vikingo desde el final de primer milenio hasta el siglo XII. Imponente es la casa del jefe vikingo, construida con grandes troncos de pino y que rezuma el olor a terva, el alquitrán orgánico que además de calafatear barcos y casas, sirve para dar sabor a comidas y bebidas El centro de interpretación tiene alojamientos de varios tipos, sauna, y también reproduce casas vikingas con grandes hogares donde se puede cocinar y disfrutar de los sabores locales. Se puede aprender, comer y dormir como un vikingo de principios del segundo milenio. La gran casa del jefe vikingo es un lugar muy especial para dormir ya que se trata de un gran espacio abierto y oscuro. Los banquetes de las delicias locales, iluminados por velas, hacen de este centro vikingo un lugar perfecto donde hacer una fiesta. Comer, beber y echarse en el catre que tenemos a nuestras espaldas. Nosotros no participamos en pantagruélicos festines, pero poco faltó ya que la comida fue deliciosa. Las cervezas artesanas locales nos ayudaron también a profundizar la conversación, pasando momentos únicos con nuestros anfitriones y nuestros compañeros de viaje Benjamin y Kate.

El archipiélago, el atractivo de una campiña tan cercana a la capital.

Pueblo de Rosala en la isla homónima. ©María Calvo.

Por supuesto, en toda la zona hay saunas en todos los alojamientos y playas de arena fina a pocos pasos para disfrutar de los cambios de temperatura. La sauna de la que hablaremos en otro artículo es un elemento indispensable para comprender lo que es Finlandia y la sociedad finlandesa. Los pueblos son pequeños centros de pescadores, donde los lugareños tienen que ayudarse durante el largo invierno. La zona es mayoritariamente suecoparlante, lo que añada interés a esta región finlandesa donde se dice “tack” en lugar de “kiitos”. 

Además de la pesca, muchos artesanos y pequeños emprendedores han escogido la zona por su belleza, y por no estar realmente demasiado lejos, ni de Turku ni de Helsinki. A más o menos 1h y 15 minutos de muchos de sus pueblos, muchas personas que trabajan en Helsinki o Turku viven en Kimitöon, en Ekenäs o Fiskars, donde han encontrado alquileres más baratos y mayor calidad de vida. El mar nunca esta lejos y muestra su carácter en Hanko y el archipiélago, donde las playas atraen a muchos turistas y aficionados a los deportes náuticos, la vela, el kayak, el paddle surf e incluso el surf. Al tener brisa marina, los mosquitos no son tan activos y los panoramas desde las colinas que rodean Hanko, Rosala o Örö son excepcionales. 

Cafetería de verano, que podría estar en Londrés pero que está en Kasnäs, en el archipiélago de Finlandia. ©María Calvo.

La isla secreta.

Örö es otra sorpresa en el viaje. Llegamos tras coger un barco taxi y descubrir la nueva joya del archipiélago, que fue una isla secreta hasta 2015. La zona militar se abrió recientemente al publico y ahora depende del Parque Nacional del Archipelago y de Metsähallitus, la institución publica finlandesa que regula la explotación forestal en el país. En la isla se pueden observar y visitar varios bunkers y los inmensos cañones de 305 mm con los que los finlandeses defendieron en faro de Bengtskär contra el ataque soviético durante la Guerra de Continuación en 1944. Lugar estratégico desde la época rusa, cuenta con baterías costeras equipadas de cañones de 305 que generalmente sólo se instaban en acorazados. De fabricación rusa, Los finlandeses los mejoraron, sobre todo en cuanto a los aspectos balísticos, tras la independencia en 1918. La mejora sorprendió con un alcance de casi 40km para defenderse precisamente de los soviéticos durante la batalla de Bengtskär.

La isla comparte los aspectos militares, baterías, bunkers y barracones, carreteras construidas por reclusos, con una naturaleza que paradójicamente se desarrolló durante su uso militar. Al haber sido una zona militar durante décadas, muchas plantas endémicas o raras se encuentran sólo allí. Hoy es Parque Nacional abierto a todos. Varios alojamientos y servicios funcionan durante el verano.

El faro de Bengtskär, el sur del norte.

Llegando en bici, bueno en barco al faro de Bengtskär, el punto más al sur de Finlandia.©Iñigo Pedrueza.

Como decíamos es muy complicado hablar de tantos aspectos en un articulo corto. Pero no podemos dejar de mencionar el imponente faro de Bengtskär, que con sus 55 metros de altura es el más alto de Escandinavia. Su importancia a la entrada del archipiélago ha sido vital ya que los fondos bálticos, sobre todo los que se encuentran en la zona del archipiélago, tienen un calado muy corto y exigen una navegación, incluso hoy, muy precisa con cuidado constante. Toda Escandinavia, pero especialmente Finlandia se eleva casi un cm por año desde el final de la glaciación, cuando la corteza terrestre fue liberada de la presión de los más de dos kilómetros de hielo que cubrieron toda está zona durante milenios. Una vez que los glaciares desaparecieron, dejando sólo las trazas de la erosión en la corteza terrestre, la tierra comenzó a elevarse libre de ese enorme peso. Así pues, el Báltico es cada vez menos profundo y la línea de costa se va modificando, y la tierra gana superficie lentamente. Por el escaso calado, los fondos bálticos y las miles de islas, islotes y escollos, hacen necesaria una navegación muy puntillosa, con lo que los faros han sido fundamentales. Y siguen siendo importantes.

Montamos nuestra bicicletas en un nuevo barco, esta vez más grande y donde compartimos espacio con una cohorte de periodistas de toda Europa. Los grandes periódicos visitaban Finlandia con motivo de la Presidencia rotativa de la Unión Europea, que corresponde en el segundo semestre del año a Finlandia. Juntos visitaremos Bengtskär, la isla del faro. Ya hemos comentado su imponente figura y su importancia, ahora sólo diremos que sigue siendo uno de los lugares más concurridos de la zona del archipiélago. Para llegar, ha que utilizar los ferries que salen de desde Rosala como desde Hanko.

Ferries públicos y gratuitos que comunican las islas y hacen posible que se viva en está zona de Finlandia. ©María Calvo.

El faro está regentado por una familia especialmente activa, la misma que también ha creado el centro de interpretación vikingo y que capitanea el barco que nos lleva desde Örö. Durante el verano se puede visitar y conocer la historia de la isla, la de los fareros y la de la batalla que tuvo lugar en sus rocas. Parece increíble poder imaginar que cinco familias vivieron en la isla con casi 20 niños durante años, con su escuela y sus rutinas. Una pequeña isla, un pequeño mundo en mitad del báltico, que a veces se agita y hace imposible acostar en ella.

Además de la rutina de los fareros la pequeña isla fue escenario de una importante batalla. El faro fue invadido y bombardeado durante la Guerra de Continuación entre finlandeses y soviéticos. Hoy en su restaurante se puede rememorar la victoria finlandesa y el recuerdo de las bajas de ambos bandos, mientras degustamos deliciosas sopas de pescado o salmón, con patatas nuevas y svart bröd (pan negro en sueco). Los postres son también deliciosos. Dulces sabores para recuerdos mucho más amargos, pero los finlandeses siempre consiguen sonreír, ¡aunque sea a medias!

Hanko, ciudad balneario, ciudad industrial y campo de batalla.

La torre de Hanko, observatorio y deposito de agua. ©Iñigo Pedrueza.

Finlandia sorprende constantemente. Hay gente que imagina un país aburrido y uniforme, un país simple y constante, pero la realidad es totalmente opuesta. Siempre encontramos aspectos inesperados, sorpresas y lugares donde aprender o disfrutar. Hanko, que parecía ser una ciudad típica de veraneo con playas, grandes hoteles y lujo, dista mucho de confirmar ese cliché. Creada en torno a 1872/74, la península de Hanko cobró importancia por ser el único puerto de aguas abiertas de Finlandia durante el invierno. Puerto y ferrocarril llegaron pronto junto a las mercancías de Finlandia, que se exportaban al resto de Europa: mantequilla, madera, granito a cambio de todo tipo de materiales necesarios para el Imperio Ruso, del que formaba parte el Gran Ducado.

Durante el verano, la élite de San Petersburgo encontró un estupendo lugar para pasar sus vacaciones lejos del ajetreo, las intrigas y la inquina de la capital. La muestra son los numerosos palacetes y el Gran Casino que aún se alzan en el barrio más chic de Hanko. Una avenida arbolada parte del centro de la ciudad casi paralela al mar y, a cada lado de la misma, aparecen hermosas casonas de madera que pertenecieron a las familias adineradas de la ciudad. Hoy algunos son cafés o Bed and Breakfast, permitiendo al viajero contemplar el lujo cálido y acogedor del cambio de siglo del Imperio Ruso, domado por el carácter finlandés. La avenida termina en el Gran Casino, un antiguo club para esa élite que se enriquecía con el comercio y que veraneaba antes de que veranear fuese algo habitual.

Casa señorial de la edad de oro de Hanko de finales del XIX, principios de XX. ©Iñigo Pedrueza.

Caminamos y descubrimos Hanko. acompañados del conversador Jon, director de la oficina local de turismo con el que las conversaciones siempre son tan agradables como interesantes. Con él subimos a la altísima y roja torre de observación, antiguo deposito de agua. Desde ella se contempla perfectamente Hanko y todo el archipiélago que la rodea, con el brazo de tierra que la hace península. Allá a lo lejos, los confines del mar de Finlandia. Por ese mismo mar huían del hambre y la necesidad los emigrantes cuando Finlandia era pobre. Y por ese mismo mar llegó la guerra, el mar que hoy es fuente de turismo y de vida. La historia es muy caprichosa.

Ese carácter dúplice de Hanko, se vería confirmado tras la independencia de Finlandia en 1917, fabril y portuario, lujoso y lleno de glamour. Sin embargo, la historia de Hanko cambiaría de nuevo durante la II Guerra Mundial. La URSS, aliada de circunstancias de la Alemania nazi, se repartía Polonia, mientras ocupaban los Países Bálticos e invadían Finlandia en 1939. En la Guerra de Invierno, los finlandeses lucharon solos contra los soviéticos y aunque consiguieron una victoria pírrica, o una derrota limitada, según se vean las cosas, tuvieron que ceder territorios en Carelia. Y también la península de Hanko, que los soviéticos convirtieron en base naval. Durante un año y medio Hanko fue ocupada por 30000 soldados y personal civil que fortificaron algunas islas y una línea de frontera, unos kilómetros al este de la ciudad de Hanko. Trincheras y barreras de grandes rocas se alzaron en una doble línea de frente destinada a impedir los ataques de tanques. Con Hanko al norte y la costa estonia al sur, las baterías costeras podían proteger la entrada al Golfo de Finlandia y a Leningrado. En 1941, con el ataque nazi a la URSS, la Guerra de Continuación comenzaba y los Finlandeses tuvieron que luchar de nuevo contra los soviéticos, en este caso con la alianza de circunstancias de Alemania. La historia decididamente da muchas vueltas. Hanko estaba rodeada por los finlandeses y los soviéticos intentaron ampliar su control estratégico tomando el faro de Bengtskär pero la batalla fue ganada por Finlandia. La complicada situación soviética haría poco después que la URSS abandonase Hanko.

Toda esa complicada historia se recuerda en el museo de la Linea de Frente de Hanko, a pocos kilómetros del centro. Este museo situado prácticamente sobre la antigua linea de frente muestra trincheras y blocaos, tanques y cañones que participaron en la guerra. Sobre todo, recuerda a los contendientes de ambos bandos, a la vida durante la ocupación y la guerra. Aspectos muy humanos y olvidados, como el de los niños pequeños que fueron enviados a Suecia para huir de la guerra o el de los visitantes rusos que vuelven hoy a Hanko para conocer el lugar en el que nacieron cuando la ciudad era un enclave soviético en Finlandia. Yvonne y Sonja, -responsables del Museo-, nos explicaron quién visita el museo, mientras tomábamos café y degustábamos los sabrosos munkki (donuts) locales. Nos dijeron que la gente que visita el museo lo hace con el interés por recordar o por explicar y que, tanto rusos como finlandeses, o alemanes, lo hacen desde el respeto por los que murieron en una guerra que se había podido evitar. El trabajo didáctico y en absoluto partidista, de el museo y de su personal merece toda la admiración. Hoy la guerra es un juego en nuestros tranquilos países desarrollados, pero hace menos de un siglo, batallábamos a muerte en Finlandia, en Francia o España. Olvidar la historia es enconarse en repetirla.

De nuevo en tierra. Camino a Ekenäs.

Casco antiguo de Ekenäs, con el campanario de su iglesia. ©Iñigo Pedrueza.

Es muy curiosa la experiencia de sentirse en tierra tras abandonar la península de Hanko y el archipiélago de Finlandia. Hanko parece posada sobre el mar, siempre a punto de zarpar, y en cambio cuando nos internábamos con Ville, nuestro nuevo cicerone, pedaleando hacia el interior de las tierras, parecía que volvíamos a la Tierra de verdad. A veces aparecían aún barreras de grandes piedras alineadas. No son cromlech sino más rudimentarias, pero eficaces, barreras antitanques con las que soviéticos y finlandeses defendían el istmo. Pronto la península deja lugar al continente. En realidad un estrecho canal glaciar comunica el océano con el puerto de Ekenäs encastrado en el interior, pero la impresión es la de recobrar la tierra firme. 

La agricultura retoma el control sobre la pesca, con campos verdes entre verdes bosques. La ruta es más plana y menos ondulada que la primera, la de Kimitoon, con lo que rodamos sin problemas. Nuestro equipo ya se ha soldado y parece que llevamos meses con Kate, cuando en realidad sólo han sido cuatro días. Ella retornara a Londres y a su Cheshire pero solo será un hasta pronto, nuestros caminos volverán a cruzarse, for sure! Pero no hablemos de despedidas, seguimos pedaleando tras la estela de Ville, buscando una fuente de reputadas cualidades en mitad de un bosque. La encontramos y unos metros más abajo una pequeña playa y el fiordo que une el mar con Ekenäs aparece. Así es Finlandia, a cada paso una sorpresa modesta en mitad de un majestuoso marco.

Casco antiguo de Ekenäs y sus casas de madera pintada. ©María Calvo.

Ekenäs es un pequeño y coqueto pueblecito, con un casco viejo muy antiguo, no en vano fue uno de los primeros puertos establecidos por los suecos allá por el siglo XVI. Milagrosamente muchas de sus casas de madera se han conservado y hoy toda su parte vieja es un ejemplo de lo que sería un pueblo de pescadores y artesanos de hace más de 500 años. Alrededor del núcleo antiguo, nuevos servicios, algunos hoteles y restaurantes han aparecido animados por los turistas que visitan la zona o por los antiguos habitantes de Helsinki que se han establecido aquí. Situada a menos de 100 kilómetros de Helsinki, mucha gente ha decidido vivir en la zona, más barata y con más naturaleza que la capital, Espoo o Vantaa.

Al comenzar el último día de viaje, una sorpresa nos espera, alargaremos el viaje unas horas para visitar Lehtola y su quesería. Un proyecto apasionante, la quesería de Tenalaost que ha conseguido crear productos de gran calidad, con leches locales o importando quesos holandeses que se curan con un ritual secreto que el maestro quesero no quiso revelarnos. Con el regusto del queso en la boca, dejamos nuestra bicis, compañera de cuatro días de aventuras en los que cruzamos puentes y llanuras, montamos en barcos, visitamos museos y bunkers, faros y palacetes. Las dejamos en uno de los puntos de la red de alquiler, confirmando la facilidad y la utilidad de sistema y empezamos a entristecernos. Tenemos que decir adiós a esta ruta cicloturista, a los guías y a todas las personas que nos han acogido y ayudado, con una lagrimilla a punto de salir del ojo. Kiitos paljo, Tack så mycket amigos, no os decimos adiós, sólo hasta pronto!

Agradecimientos.

La gastronomía, la joya secreta que siempre sorprende en Finlandia. Pescado blanco del archipiélago con deliciosas salsas. ©Iñigo Pedrueza.

Un abrazo muy fuerte para Maija Pirjola, Benjamin Donner, Jon Lidström y Ville Vuorelma que tan bien organizaron este viaje y que con tanto cariño nos acogieron. Muchas gracias a Visit Salo, Visit Kimitöon, Visit Hanko y Visit Ekenäs/Raseborg que hicieron posible este viaje.

Muchas gracias especiales a Kate Simon, periodista del Daily Telegraph, CEO de Traveltappers y compañera infatigable de viaje, con sonrisa irónica y humor ácido siempre. Con ella el viaje fue pura diversión. Por favor amigos británicos pensaos bien lo del Brexit: don’t leave us please! ¡os necesitamos para tanta cosas en Europa!

Faro de Bengtskär @Iñigo Pedrueza.

Saludos para Krista Gustafsson, Sini Honkala, Krista Rantanen, Elina Rantamäki y resto de emprendedores y amigos de Mathildedal. Gracias a la responsable de marketing del Resort de Kasnäs, a la familia del Centro Vikingo de Rosala, al capitán del barco y al personal del faro de Bengtskär.

Abrazos para Yvonne Korenius y Sonja Backman del museo del frente de Hanko, y para nuestra guía en la isla de Örö, de donde aprendimos mucho sobre la guerra y la paz.

Saludos para el personal del hotel Regatta de Hanko y el hotel Sea Front de Ekenäs y para los dueños de la quesería de Tennola que regentan con pasión uno de los mejores proyectos que se puede tener en una vida.

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Mapa de la Ruta Costera por el Archipiélago de Finlandia.

Mapa de la Coastal Route.
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1 comentario de “Cicloturismo en Finlandia, Ruta costera en bici por el Archipelago

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