El carnaval de día de Santa Cruz de Tenerife, Canarias. El carnaval de la gente

El Carnaval de día de Santa Cruz de Tenerife. La cerveza Dorada, siempre presente

Viajamos a Santa Cruz de Tenerife en febrero. Vamos al Carnaval de día, en domingo de Carnaval, una festividad reciente que nos intriga. Ya han pasado algunos de los días más importantes del célebre Carnaval de Tenerife: la Gala de Elección de la Reina del Carnaval, el viernes de Carnaval con la Gran Cabalgata Anunciadora, y el sábado de Carnaval con el día del Baile, …Quizás desembarcamos en las Canarias con la fiesta más célebre dando sus últimos coletazos, tan deseosos como estábamos de vivir por fin el Carnaval de Tenerife.

Aprovechando el viaje a la isla de la Gomera, hemos parado a propósito en nuestra ya querida isla de Tenerife para volver a los lugares que más nos gustan, Tegueste, el Parque de Anaga, el Teide,…en realidad todo el norte nos gusta. Y en esta ocasión, tendremos la suerte de conocer Guia de Isora, ese municipio donde siempre hace sol, cuya belleza está enmarcada por el Acantilado de los Gigantes.

Sabíamos que podríamos parar a la ida en plena época del Carnaval de Tenerife, por lo que una buena parte de nuestro equipaje estaba compuesto por pelucas, bigotes, gafas, maquillaje, disfraces de colores estridentes, …Al llegar a Santa Cruz no pudimos evitar parar en alguna de esas enormes tiendas que hay con productos de carnaval, a comprar más accesorios para disfrazarnos al menos un par de veces. Pilar, una amiga de Tegueste, nos había hablado entusiasmada del Carnaval de día de Santa Cruz de Tenerife cuando le contamos que iríamos en esta época. Apenas se habla del Carnaval de día de Santa Cruz de Tenerife, ya que es una festividad menor y relativamente reciente, empezó a hacerse en 2008.

Preparados para el Carnaval de día de Santa Cruz de Tenerife

En el Carnaval de Tenerife parece primavera

El cielo azul anuncia un luminoso día de invierno. En Canarias da igual que estemos en pleno febrero, las temperaturas son templadas para esta época del año. A no ser que los vientos alisios cubran el Teide con una bruma espesa, que traerá la consabida lluvia vertical, el tiempo es siempre magnífico. Es extraño para unos peninsulares, y más del norte, pensar en disfrutar de un carnaval con buenas temperaturas. En lugares como Galicia el carnaval se disfruta tanto como en Tenerife, pero con frío, claro. ¡En Santa Cruz de Tenerife parece primavera!.

Bullicio en el centro de Santa Cruz de Tenerife

Con la mayoría de los días grandes de Carnaval terminados, no sabemos con qué nos encontraremos. Disfrazados de pies a cabeza, parece que desentonamos un poco al salir a las calles de Santa Cruz de Tenerife, que todavía se despereza después del Carnaval de noche. De hecho, muchos carnavaleros vuelven todavía a esa hora de la juerga nocturna. Se oye el bullicio a lo lejos, más allá del puerto, en las calles del centro, aunque todavía es temprano.

Atravesamos el Mercado de Nuestra Señora de África, la Recoveca, la gente acudiendo a él como si fuera un día normal. Pero, de pronto, algunas notas de color, discordantes hasta el momento, nos dicen que algo se está preparando. Dos hombres de bigote, lucen orgullosos largas pelucas fucsias y unos trajes imitación de superhéroes conquistando algunas sonrisas en el puesto de flores. Frescos, entusiastas, se dirigen, como si no hubieran salido anoche, hacia el centro de Santa Cruz.

Una bici de otra época y un señor montado en ella con traje y sombrero de copa. El Carnaval es un tiempo sin tiempo

Nos relajamos de repente, pensábamos que íbamos a ser los únicos carnavaleros de la ciudad. Imaginad qué triste llegar a Santa Cruz de Tenerife en Carnaval, y ser los únicos disfrazados, mientras la gente vuelve al día a día.

Nos dirigimos tranquilamente, algo emocionados, hacia las calles del centro. Por el puerto todavía medio desierto, hay disfraces que van también hacia allí. Empiezan a pasar mascaritas, una bici de otra época y un señor montado en ella con traje y sombrero de copa, una familia vestida de hada (padre, madre y bebé, todos bien combinados con sus alas rosas), unas jovencitas se pintan las uñas en una esquina, ya disfrazadas con faldas de tul rojas,…

En seguida, llegamos al final del puerto, y para nuestra sorpresa nos encontramos con cientos de jóvenes allí reunidos, la mayoría disfrazados: presidiarios, pingüinos, cabareteros, tigres, …y mucha gente simplemente con un sombrero, o un bigote, o las faldas de tul que venden en los chinos y tiene todo el mundo – la verdad es que son muy lucidas -.

Algunos disfraces están elaborados. Nos sorprende una pareja mayor, ella vestida con su vestido de lunares y su peluca rubia, ¡él también!; otros estupendos de cubanos, con su loro en el hombro,…Pero la mayoría de la gente se disfraza de cualquier forma, ¡qué importa!, lo que importa es el espíritu del Carnaval…

Liberdad…hacer todo aquello que no está permitido el resto del año, invertir los papeles. Y, sobre todo, reírnos de nosotros mismos.

El espíritu del Carnaval

Supongo que el Carnaval es eso, transformarse, convertirse en alguien que no eres aunque sea por unos días. Con cualquier prenda, maquillaje, accesorio, con la ropa del baúl de la abuela, con un disfraz elaborado durante mucho tiempo, …lo importante es que el mundo se ponga al revés. Que los jóvenes se disfracen de viejos, los viejos de jóvenes, los hombres de mujeres y las mujeres de hombres. Y la libertad,…hacer todo aquello que no está permitido el resto del año, invertir los papeles, las diferencias sociales, de edad, de sexo. Y, sobre todo, reírnos de nosotros mismos.

A nadie le importa, los prejuicios no existen, la gente se atreve, osa ser diferente, feo, hortera, puta, superhéroe, un animal, cantante, bailarín, payaso, …la timidez que se apodera de muchos durante el año, desaparece en Carnaval. La verdadera máscara que nos ponemos cada día, también se cae. En realidad, en Carnaval somos nosotros mismos, no sabemos cuál faceta elegir, tenemos tantas dentro que querríamos mostrar, que casi nos cuesta elegir.

Siempre me apasionó disfrazarme, siempre me apasionó el Carnaval. Olvidarse de la monotonía del día a día, y salir a la calle vestido de otro, altivo, con ganas de divertirte, de estar de buen humor, de reír, de bailar, cantar,…sin rumbo fijo. Me encantaba disfrazarme con ropa vieja y salir a la calle a molestar a la gente a ver si adivinaban quien era. También me disfracé con trajes elaborados, pero disfrazarse de cualquier cosa, de mascarita, de “choqueiro”, como dicen en Galicia, es lo mejor. Lo gracioso era que nadie te conocía y podías vacilar a la gente sin pudor.

El Carnaval que más conozco es el Carnaval de Galicia: el Entroido de Xinzo de Limia, aunque también tuve la suerte de vivir una vez el Carnaval en Brasil. No el Carnaval de los desfiles espectaculares, sino el Carnaval de las calles, de la gente, en donde todos se fusionan en un extraordinario caos.

Estupendos de cubanos, con su loro en el hombro

Porque el Carnaval también es caos, grupos por un lado, comparsas por otro, filas de mascaritas siguiendo a una charanga aquí, otra por allá,…Es como un tremendo caos que tampoco necesita estar ordenado. Y uno se incorpora a un grupo, después a otro, en un movimiento continuo, una búsqueda continua de la diversión, del disfrute, del exceso, de lo extraordinario,…sin límites. En realidad, todos los carnavaleros huyen de lo cotidiano, del gris de muchos días, de los pesares,…

En Carnaval se instaura un tiempo extraordinario que no es el que vivimos normalmente, es un tiempo a parte. Como si hubiera un paréntesis una vez al año y el reloj dejara de existir. Es un tiempo fuera del tiempo.

Y algo une a la gente en Carnaval, una despreocupación, una alegría colectiva, un encantamiento,… que no es sino el espíritu del Carnaval que se instaura en esta época del año.

El Carnaval de día de Santa Cruz de Tenerife. El Carnaval de la gente

El Carnaval de día de Santa Cruz, el carnaval de la gente

Continuamos nuestro recorrido y más allá vemos a más grupos de gente bailando en una plaza, alrededor de diferentes bares improvisados, divirtiéndose en familia, con amigos,…Hay muchos niños, gente mayor, en realidad gente de todas las edades mezcladas. Es cierto que antes, delante de un gran palco, habíamos visto una gran cantidad de jóvenes. Pero ahora no sabríamos decir qué grupo de edad abunda. Lo que está claro es que eso no importa, la edad es lo de menos, la gente está disfrazada, siendo otra persona, haciendo lo que desea, que es divertirse. En la Plaza de la Candelaria, en la Plaza del Príncipe, en la Calle Castillo hay escenarios con actuaciones musicales, la gente baila.

En seguida nos fundimos con la multitud, en la atmósfera de color y alegría que se respira en este día luminoso en Santa Cruz de Tenerife. Lo cierto es que no esperábamos esto. Asociábamos el Carnaval de Tenerife con las enormes y espectaculares carrozas, con maravillosas mujeres vestidas con trajes impresionantes conocidos como “fantasía” que superan los 3 metros de altura y los 100 kg, auténticas obras de arte con las que desfilan por las calles, mostrando la belleza al mundo. Por algo, el Carnaval de Tenerife fue declarado Fiesta de interés turístico internacional en 1980, y posiblemente será Patrimonio Mundial de la Humanidad en breve.

Jóvenes disfrazados

Pero nosotros nos encontramos con un carnaval diferente, en el que la gente, los habitantes de la ciudad salen a la calle, no para admirar un fantástico espectáculo, sino para convertirse en protagonistas del Carnaval, dejando de ser espectadores. Formando parte de una multitud festiva en la que se mezclan padres, madres, abuelos, nietos. No hay una zona clara marcada para gente más mayor, o un horario solo para jóvenes o para niños. No, los habitantes de Santa Cruz salen a la luz del día a divertirse, todos mezclados, disfrutando sin barreras. El Carnaval de día de Santa Cruz de Tenerife es el Carnaval de la gente.

Y la gastronomía tinerfeña. Papas asadas

Y claro,…está la gastronomía. Numerosos puestos se dispersan por todo el paseo y por las plazas de Santa Cruz. Pero las protagonistas indiscutibles son las papas asadas. En todos los puestos hay largas filas de gente esperando su turno para hacerse con la enorme papa asada abierta y rellena de atún, maíz, queso, mojo,…en realidad, pueden elegirse los ingredientes.

Nos acercamos a alguna de las filas, mientras los trabajadores de los puestos faenan con movimientos rápidos rellenando papas que salen directamente de grandes hornos de leña. Se nos hace la boca agua pensando en lo buenas que estarán estas papas asadas: la delicia del producto, la papa cultivada en Tenerife, en esas tierras volcánicas, fértiles, encima cocinada en hornos de leña, y aderezada con el sabor del mojo.

Se nos hace la boca agua con las papas asadas del Carnaval de Santa Cruz de Tenerife

Cuando llega nuestro turno, sentenciamos: ¡un auténtico manjar!. Y como estamos en Carnaval, fiesta de excesos, nos ponemos de nuevo en la cola tras bailar un poco, para repetir y volvernos a regalar otra de estas papas asadas.

Se agota el Carnaval, ¡viva el Carnaval!

Se va agotando el Carnaval, pero todavía está vivo. El Carnaval de día se celebra un domingo, pero días después continúa el sarao. Aún queda el martes con el Gran Coso Apoteosis, en el que siguen los desfiles de comparsas, de grupos musicales, murgas, carrozas, reinas del carnaval y espontáneos. Y el miércoles de Ceniza, el Entierro de la Sardina, la gente vestida de luto para despedir al Carnaval. Doña Cuaresma ha vencido a Don Carnal, preso de sus vicios y excesos.

La gente está exhausta de tantos días de fiesta, pero apuran el último instante, aún les queda el sábado de piñata, exprimen el Carnaval hasta el final. Saben que hasta el año que viene no podrán convertirse en otro, no podrán poner de nuevo el mundo al revés.

El Carnaval se termina, ¡viva el Carnaval!
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