Berlín en bici. En pasado, en presente (parte I)

Ligeros de equipaje, montamos en nuestros vehículos de hierro, preparados para recorrer durante ocho intensos días la ciudad de Berlín en bici. Sin esta ligereza, no podríamos llenar nuestras maletas de retazos de la historia de una ciudad que se conjuga en pasado y en presente. El peso del ayer es demasiado grande, sabemos que apenas caben pedazos deshilachados del mismo en nuestras pequeñas alforjas, a pesar de lo cual iremos guardándolos con celo, para evitar que se quiebren en el camino, tal es la fragilidad de la historia, insoportable la levedad del ser.

Preparados para descubrir Berlín en bicicleta

Sin embargo, desde que comenzamos a volar en nuestros velocípedos por las calles de Berlín, pudimos comprobar que desde el presente los habitantes de la ciudad intentan crear espacios en los que pasado y presente se aglutinan, se abrazan, manteniendo viva la memoria en el ahora, mientras la vida se instala con fuerza en el día a día de los berlineses. Sin esa convivencia de ambos tiempos, Berlín se moriría, marchito por el olvido.

Sentimos pues el empuje de una fuerza invisible que nace de las entrañas de una ciudad que supo lo que era el odio y el dolor, pero también la solidaridad y los sueños. Sin descubrir de lo que está hecha, no podríamos comprenderla. Por eso nos preparamos para aprender a mirar Berlín con conocimiento, con sigilo, para no pasar por los lugares sin saber escuchar lo que tienen que contarnos.

Atravesando las entrañas del pasado de Berlín

Nuestros ingenios de dos ruedas sabrán conducirnos por la ciudad con sabiduría, parando donde seguro encontraremos huellas de la memoria, pasos frescos del ahora. Un vehículo simple y veloz, que conseguirá que nos desplacemos con ímpetu, a un ritmo que no conocíamos, por las calles empedradas y secretas del Berlín del siglo XXI.

Berlín en bici

Una buena parte de los berlineses escogen la bici para moverse por la ciudad. Por todas partes hay tiendas que ofrecen alquiler de bici en Berlín, con distintos precios, entre 8 € y 15 € el día. Cualquiera puede alquilarla, no es necesario ser residente; así muchos turistas deciden recorrer Berlín en bicicleta. En nuestro viaje a Berlín, nosotros optamos por una pequeña tienda de alquiler de bici que estaba en nuestro barrio de Neukölln, cuyos dueños ofrecían además servicio de reparación. Preferimos alquilar aquí nuestras bicis entre sorprendidos y satisfechos por haber encontrado una ciudad donde todavía queda o ha resurgido ese espíritu comunitario, de solidaridad, de comercio local sin pretensiones, sólo con el objetivo de ofrecer un servicio bien hecho y a buen precio.

Aprendiendo rápido a movernos en bici por las calles de Berlín

Carriles al principio invisibles para nosotros se funden con aceras que tienen el mismo tono. En algunas de las viejas calles de Berlín, los carriles bici son de suelos adoquinados, por lo que cuando cogemos las bicis apenas los identificamos. Después, poco a poco, vamos haciendo nuestra esta vía que sólo abandonaremos para pararnos a descubrir los rincones de esta magnífica urbe. En muchos otros lugares, este carril sí es más fácilmente identificable, con su bici pintada en el suelo.

Con el paso de los días, vas aprendiendo el complejo lenguaje de los ciclistas alemanes, – quizás universal -, ya que nunca nos habíamos movido mucho por ciudades en este medio de locomoción. Pero lo cierto es que en Berlín fuimos conociendo poco a poco las señas y las reglas conocidas por todos, también por peatones y automovilistas, los cuales respetan bastante al ciclista y su espacio, cediéndole el paso en muchos casos o circulando con extrema atención, cuidando su integridad.

Los berlineses conquistan las calles en sus bicis

Nuestras expertas compañeras de viaje, convertidas en viajeras giroscópicas por unos días, nos enseñaron en un curso acelerado este código no escrito que nos sirvió de mucho en nuestro descubrimiento de Berlín. Atentos, copiamos en todo momento esos ágiles movimientos a la hora de cruzar una enorme avenida a toda velocidad, de adelantar a un coche sin pegarse mucho a él, de respetar los pasos de peatones. Seguimos esos ademanes diestros, con los ojos puestos en toda partes, como forma de anticipar los posibles peligros. Disfrutamos de la despreocupación cuando atravesamos un parque, un canal o la propia ciudad de noche, cuando apenas hay tráfico, el silencio reina y sentimos esa brisa deliciosa en la cara, y terminando por fundirnos con la ciudad, haciéndola nuestra.

Conocedoras de Berlín, nuestras guías nos mostraron una metrópoli insólita, llevándonos a rincones que no vienen en los folletos de viaje, presentándonos un Berlín desde un viejo plano de los años ochenta, cuando el Muro todavía no había caído. Buscamos la ciudad de aquella época en la ciudad de ahora, dos planos callejeros superpuestos, Berlín en pasado, Berlín en presente.

Berlín, una ciudad llena de bicis

No podríamos haber elegido mejor medio de locomoción para recorrer esta extraordinaria ciudad. La autonomía de movimiento, pararse en cualquier lugar y poder dejar las bicis abrazadas entre ellas a cualquier árbol, argolla, valla,…o aparcamiento de bicis, y quedarse a disfrutar de los lugares sin preocupación, sin tiempo. La impresión de recorrer veloces los barrios de Berlín sin perder un instante. Y, sobre todo, la sensación de libertad, de estar todo el tiempo en movimiento, dejándote llevar al ritmo de dos ruedas por las arterias de una ciudad que te llama, que te espera.

Berlín: una ciudad viva, vibrante, que se construye en presente

Vida en el barrio de Neukölln. Impregnándonos de los lugares

Salimos de nuestro barrio de Neukölln dispuestos a conquistar la ciudad de Berlín. Todos los días partiremos del mismo punto y pasaremos por el mismo canal, cruzando puentes y parques, comprobando que los habitantes hacen suya la ciudad. Constantemente los encontramos disfrutando del sol del verano en el césped, en un banco, a las orillas del río o del canal. En seguida nos damos cuenta de que Berlín está viva. En cualquiera de los barrios por los que pasamos, sentimos que la ciudad vibra, que sus habitantes la construyen en presente.

El puente que atravesamos todos los días con nuestras bicicletas

En el bohemio barrio de Neukölln hay movimiento a todas horas. Gentes de diferentes orígenes habitan en perfecta armonía, mezclándose, compartiendo espacios, haciéndose visibles. Pequeños establecimientos se multiplican en el barrio: panaderías regentadas por amables alemanes de origen turco; tiendas de alquiler de bicis que llevan habitantes del barrio que conocen bien su trabajo; jóvenes que tienen sus talleres de diseño, galerías y tiendas en espacios con escaparates donde puedes verlos trabajar,…Pequeños cafés y restaurantes llenos de vida que organizan conciertos, actividades culturales,…que tanto de noche como de día atraen a las gentes del barrio, que disfrutan relacionándose.

El ritmo de la ciudad también nos llama la atención. La gente no tiene prisa en general, se para a disfrutar de esos fantásticos desayunos (que hacen las veces de comida) al lado de un canal, a charlar con amigos en un café, a tomar una cerveza de medio litro mirando al río o leyendo en un parque. Trabajando, se toman el tiempo de hablar con los clientes, percibes que muchos hacen su trabajo con gusto.

Se está tan bien en verano en el Britzer Garten de Neukölln

 Nosotros aparcamos a menudo la bici para impregnarnos de la vida de los barrios de Berlín, para convertirnos en un habitante más, al menos por el tiempo que dure nuestro viaje a Berlín. Nos sentamos en uno de los parques del barrio de Neukölln, el Britzer Garten, probamos los magníficos desayunos en una terraza al lado de un canal,… siempre es un buen momento para pararse y refrescarse con una buena cerveza de medio litro. Nos sorprende al principio ver a la gente caminando por la calle con una cerveza en la mano, una imagen que se repetirá a lo largo de nuestro viaje por Berlín y a la que nos acostumbraremos. Suelen comprarse en tiendas-quiosco, a precio irrisorio (1,50€), y es una costumbre que confirma el gusto de los alemanes por la cerveza.

Nuestras rutas diarias en bici por Berlín son agotadoras, andamos cada día muchísimos kilómetros en esta ciudad, pero este medio de locomoción nos permite conocer lo máximo posible de esta enorme ciudad, ahorrando tiempo, y parándonos a habitar por unas horas los lugares.

El placer de haber conquistado la calle

El Aeropuerto de Tempelhoff. Un desierto habitado en el corazón de Berlín

Montados en nuestras bicis, a un paso de Neukölln, nos encaminamos a un lugar insólito, sorprendente: el Aeropuerto de Tempelhoff abre su espacio aéreo a los habitantes de la ciudad, un desierto habitado en el corazón de Berlín.

Nuestras miradas turbadas se pierden en el horizonte de unas pistas aéreas que en tiempos de la Guerra Fría fueron unas de las más frecuentadas del mundo. Podía llegar 1 avión por minuto cuando la ciudad de Berlín del Oeste estuvo aislada del mundo durante un año entre 1948 y 1949: el famoso bloqueo de Berlín Occidental y el puente aéreo ideado por los aliados para abastecer la ciudad. Imágenes del pasado se superponen a las del presente, nos cuesta imaginar el estruendo de los aviones que sobrevolaban constantemente este espacio aéreo, ahora que nada más escuchamos el silencio de la ciudad.

Tempelhoff, un aeropuerto tomado por los habitantes de Berlín

Los berlineses decidieron conquistar las pistas de despegue y aterrizaje, de desfiles y maniobras militares del Aeropuerto de Tempelhoff, herencia de un pasado no tan lejano, y hacerlas suyas dándoles un uso muy diferente al que estaban destinadas. En lugar de dejar que el mercado inmobiliario se hiciese con este pedazo de oro en un barrio muy atractivo, fueron los habitantes mismos los que decidieron tomar lo que era suyo.

Asombrados, nos encontramos con huertos urbanos que veremos en muchos otros lugares a lo largo de nuestra visita a Berlín. En pleno verano, admiramos los tomates, lechugas y legumbres de estos berlineses, satisfechos, que descansan contemplando los frutos de la naturaleza y de su dedicación en pleno centro de Berlín. Sentimos de nuevo esa placidez de la gente que se toma su tiempo para disfrutar del momento. Quizás es la falta de sol que después tendrán a lo largo del año, no olvidemos que estamos en Alemania. O simplemente que ese disfrute reside en su espíritu.

Zonas delimitadas para nidificación de aves, pistas aéreas convertidas en pistas de patinaje, rutas de bicicleta, e incluso de bike surf. Zonas de picnic y de paseo, el Aeropuerto de Tempelhoff convertido en el parque urbano más grande del mundo. Los autóctonos habitando en el presente espacios del pasado, aglutinando dos tiempos distantes. Los aviones dan paso a las cometas

Tempelhoff, un buen lugar para dar una vuelta en bici

Más allá, el Aeropuerto de Tempelhoff se encuentra casi tal y como era en tiempos del nazismo, cuando Hitler encargó que lo transformase en “Weltflughafen” (aeropuerto internacional), por lo que con la construcción de la colosal terminal semicircular en 1939, Tempelhoff se convirtió en el mayor edificio del mundo. Pudimos visitar en nuestro viaje a Berlín ese aeropuerto a imagen y semejanza del poder nazi, fundado en el colosalismo. Un lugar imponente y escalofriante, escenario teatral para grandes congregaciones donde se mostraba ese poder megalómano.

Actualmente, Tempelhoff ha dejado de ser aeropuerto para dejarse tomar por el pueblo. Los hangares se han convertido en estudios de arte y grabación, lugar de conferencias y congresos, centros deportivos, oficinas, discotecas,…Un lugar que en otros tiempos fue símbolo de un poder totalitario, lo es hoy de solidaridad y ciudadanía. En la terminal semicircular pudimos ver lugares acondicionados para refugiados de la guerra de Siria.

Parque de Gleisdreieck Conquistando nuevos espacios

Nuestras compañeras de viaje quieren mostrarnos otro desierto habitado, otro lugar del pasado conquistado y habitado por los berlineses en el corazón de Kreuzberg: el Parque de Gleisdreieck. Lo descubrimos en nuestras bicis, pedaleando por las diferentes zonas de un parque sorprendente.

En el parque de Gleisdreieck hasta se baila tango

Unas antiguas vías pobladas de yerbas nos hablan del abandono de los últimos 40 años y de un pasado: plataformas ferroviarias, tramos y estaciones en desuso para adaptarse a una nueva realidad tras la reunificación de Alemania. Berlín había dejado de mirar hacia atrás. Hasta hoy, en que este espacio se conquista para uso público y se transforma en uno de los pulmones de la ciudad. Una extensión verde de diez hectáreas que va desde el canal Landwehr, cercano a Postdamer Platz, hasta los puentes de Yorck (sur de Berlín).

Paseamos con nuestras bicis en mano al lado de otros apacibles ciclistas o caminantes. Algunos atraviesan las vías que ya forman parte de su parque. Orgullosos, pasan horas en él, paseando, reposando, haciendo deporte, …¡hasta bailando!. Miramos pasmados mientras un grupo baila tango, mientras los niños y los perros corren y juegan por el césped, los amantes del skate se tiran una y otra vez por las pistas, y otros ciudadanos se entretienen cuidando sus huertos urbanos.

También en el Parque de Gleisdreieck se muestra la cara de una ciudad multicultural, una ciudad viva, que vibra al paso de nuestras bicis.

El Parque de Gleisdreieckse muestra la cara de una ciudad viva, que vibra al paso de nuestras bicis.

No es el único día que pasamos por el Parque de Gleisdreieck Otra mañana llegamos con nuestras bicis al Spectrum Science Center, el museo tecnológico alemán. Su aspecto atemporal llama mi atención, ese edificio con forma de nave que recuerda a una estación. En realidad era una antigua estación de trenes de mercancías. Nos adentramos por esa vía adoquinada al apacible Parque de Gleisdreieck una vez más. De nuevo huertos urbanos, no parece que estemos en una capital, es todo tan tranquilo, la naturaleza expandiéndose.

Llegamos a uno de esos rincones que tanto me gustan de Berlín: un bar integrado en la naturaleza, muebles improvisados de materiales reciclados, la gente disfrutando de este sol de verano, tumbada, leyendo un libro, charlando,…hasta parece que aquí no hay espacio para las nuevas tecnologías. Aparcamos nuestras bicis y pedimos bebidas raras: Fritz Kola, Bionade, Club Mate, …Siempre nos gusta probar lo diferente. En este ambiente placentero, perdemos la noción del tiempo.

Bares improvisados en medio de los parques de Berlín, junto a huertos urbanos

Parques improvisados en Berlín. El disfrute del instante.

En nuestro viaje a Berlín atravesamos en nuestros velocípedos zonas verdes tomadas por los habitantes. Y el hecho de ser verano los animaba todavía más, los parques, las riberas del Spree se convierten en espacios de vida. Para comprender cómo los berlineses hacen suyos estos lugares, es necesario habitarlos con ellos.

Uno de esos parques que me encantó se construyó al lado de a una de esas iglesias en las que domina la verticalidad, de ladrillo rojo y tejadillos verdes. Es un espacio amplio, la gente practica deporte, skate, anda en bici,…Pero lo que me llamó la atención fue un viejo edificio de ladrillo reconvertido en biergarten, con tumbonas de tela fuera. Mirando la estampa de la gente tumbada al sol, regocijándose en este momento estival, pensé en la cubierta de un barco, o en uno de esos destinos paradisíacos de anuncio.

Espacios al aire libre tomados por los habitantes de Berlín

Bicis aparcadas en primer plano, la fila de gente en sus tumbonas de colores, y el contraste en el escenario: al fondo edificios antiguos, en las paredes los omnipresentes graffitis de Berlín. El goce de esta gente puede leerse en sus ojos cerrados que buscan el sol; en las posturas, brazos detrás del cuello, sonrisa; en el placer de leer, de abrazarse, de refrescarse con una cerveza,… No puedo dejar de mirar esta estampa: ahí está la vida, ahí el disfrute del instante.

El Tiergarten, pulmón verde de Berlín

Después está el Tiergarten, el gran pulmón verde de Berlín, a un paso de la Puerta de Brandemburgo. Me gustó verlo desde lo alto del Parlamento, desde donde se puede calcular su tamaño: una inmensidad de bosques, parques y jardines diseñado al estilo inglés. Antes, en el siglo XVII, Federico III había establecido que el Tiergarten sería “un parque de ocio para el pueblo”. Y así sigue siendo: un punto de encuentro para pasear y disfrutar. Llegamos en nuestras bicicletas y atravesamos el Tiergarten, admirando su frondosidad, su belleza. Hay gente que da un paseo en una de las barquitas que hay en un inmenso estanque.

Momentos de placidez en el Tiergarten de Berlín

Me impresiona el puente dedicado a la líder comunista Rosa Luxemburgo situado sobre el Landwehrkanal, un canal que se construyó a mediados del siglo XIX para aliviar la circulación sobre el río Spree. Y pensar que aquí fueron arrojados los cuerpos de Rosa Luxemburgo y Karl Liebknecht. Un puente de hierro pintado de verde que en realidad son varias pasarelas peatonales desde donde se ve el Tiergarten. Dejamos la belleza del puente, las luces y sombras que comienza a proyectar el atardecer en Berlín.

No nos queda más que pasar por uno de los biergärten de la ciudad.

Los Biergärten. Más vivos que nunca.

Los Biergärten, otros espacios conquistados hace tiempo por los berlineses, otro espacio del pasado y del presente. Terrazas al aire libre donde se sirve cerveza y la comida típica de la región, aunque en algunos Biergärten la gente se lleva sus viandas, tal y como era originariamente.

La historia de los Biergärten se remonta a hace 200 años, cuando el rey de Baviera autorizo a los productores de cerveza a venderla. Se almacenaba en sótanos para mantener su frescor, y también se plantaron árboles para mantener la temperatura de los depósitos. Los viajeros que pasaban por allí disfrutaban de la sombra y de cerveza. Fue así como nacieron los Biergärten.

Los Biergartën vibran en el corazón de Berlín

A orillas del Spree en el Tiergarten, pasamos por un Biergarten. Se hace de noche y lucecitas de colores comienzan a iluminar las cervezas. La gente no tiene prisa, sigue charlando, bebiendo y riendo. Desde luego, los Biergärten son lugares de disfrute.

El primer Biergarten que visitamos tiene enormes mesas de madera amarilla, bancos llenos de gente, un bullicio contenido, alegre y desenfadado. Nos sentamos a disfrutar de estos lugares para nosotros desconocidos, aunque tengan muchos paralelismos con lo que conocemos en España. Tomamos unas buenas jarras de cerveza, el primer sorbo, largo, apaga esa sed de verano. Conversamos y observamos a la gente a nuestro alrededor. Nos volvemos a fundir con el Berlín escrito en presente.

Strandbars en Berlín. La vida palpita a orillas del río Spree

Berlín no deja de sorprendernos, encontramos huellas del pasado por toda la ciudad. Llegamos en nuestras bicis al lado de la antigua línea fronteriza, a orillas del río Spree, que fueron revitalizándose a medida que avanza la reconstrucción de la ciudad. Se han instalado Strandbars, es decir bares de playa, bares a cielo abierto que funcionan sobre todo entre mayo y octubre.

La vida palpita a orillas del río Spree

Nos asomamos al río Spree ya que nos habían hablado de la piscina flotante de Treptow, el Badeschiff. Vemos tumbonas de playa, un área de voleibol, la piscina flotante que en invierno se usa como sauna cubierta, es también restaurante, y los domingos celebra una fiesta reggae llamada “Yaam”. La gente se sienta a tomar una bebida refrescante, a conversar con los amigos, a relajarse y ver los barcos que navegan por el Spree.

Pena que no tengamos tiempo para visitar esta extraordinaria piscina flotante. Optamos por recorrer la zona del Arena Berlin. Es temprano por la mañana y nos acercamos a este inmenso pabellón (nada menos que 7000 m2), pero está cerrado, no podemos verlo en funcionamiento. En él tienen lugar conciertos, fiestas, ferias.

El Arena, un edificio del pasado transformado para el presente

Nos llama la atención el antiguo edificio industrial de ladrillo que en 1927 era una terminal de autobuses y durante la guerra arsenal. En las paredes sobresalen figura sorprendentes de ladrillo sorprendentes. Entramos en un pequeño pabellón donde tiene lugar un mercadillo de antigüedades y productos de ocasión. Berlín es un auténtico paraíso para aquellos a los que les gusta perderse entre magníficos objetos del pasado.

Paseamos por la zona y vemos otras partes del recinto del Arena Club: una antigua tornería es actualmente un club, café y teatro con vistas al río Spree. La gente disfrutando del sol y de la conversación, como en toda la ciudad. Parece que la ciudad de Berlín también quiere reconciliarse con el río que la recorre. Realmente estamos ante una ciudad llena de vitalidad y diversión, que ha sabido conquistar los espacios del pasado y conquistarlos para su presente.

Berlín se reinventa

Nos montamos de nuevo en nuestras bicis contentos por ver cómo los berlineses han conseguido construir la ciudad en presente, una ciudad vibrante que estamos habitando durante nuestro viaje. Nuestros velocípedos todavía nos llevarán a otros lugares de este Berlín, una ciudad que mantiene viva su memoria en el ahora, en la que la vida late con fuerza, una ciudad que ya hemos hecho nuestra.

Berlín, una ciudad que mantiene viva su memoria en el ahora, en la que la vida late con fuerza, una ciudad que ya hemos hecho nuestra

Berlín está en construcción desde siempre. Las tragedias de la historia han marcado su ritmo: en la II Guerra Mundial se destruyó casi toda la ciudad; muchos espacios fueron abandonados cuando el Muro la dividió. Berlín transformado en un inmensa obra, la más grande de Europa, que todavía no ha terminado. Berlín es una inmensa ciudad sin centro, en realidad tiene muchos, se habla de ella como “ciudad archipiélago”. Su geografía se hizo más compleja por la historia turbulenta del siglo XX. Pero Berlín ha terminado creando un contramodelo que nada tiene que ver con su eterna rival, París, u otras capitales europeas: el de una ciudad moderna, que ha sabido reinventarse. Berlín se construye ahora en presente.

Agradecimientos

Una vez más agradecemos a Julia Rautenberg de Visit Berlín, el darnos la oportunidad de descubrir Berlín, esta ciudad que nos tiene atrapados y a la que esperamos volver. 

Muchas gracias, igualmente a Marcus Farr Jefe de Presa del Kulturforum de Berlín. Gracias por todas la gestiones realizadas que nos ayudaron a visitar museos y exposiciones.

Gracias también a Manuel Roy, guía canadiense de Berlin Serious Tours, que os abrió las puertas del antiguo Aeropuerto de Tempelhof, y nos mostró un capítulo fundamental de nuestra historia.

Gracias a nuestras guías y amigas Cristina y Anja, sin ellas no hubiéramos podido descubrir Berlín en a través de un viejo plano de los años ochenta. No olvidaremos cómo vibraba la ciudad bajo las ruedas de nuestras bicicletas, en los biergartën, en las calles y en los parques. ¡Por las historias, las risas y los momentos compartidos!

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