Libro Todos los caminos llevan a los Polos

Si es cierto que «Todos los caminos conducen a los Polos» , entonces todo humano debería al menos viajar una vez al Ártico o a la Antártida para corroborar las palabras de las protagonistas del libro y confirmar ese sentimiento de privilegio que todas expresan a su manera.  Afortunadamente no es posible ya que la huella ecológica que deja cada paso que se da en estos paraísos vírgenes supone una impronta demasiado perenne para el ecosistema polar. Es más, los propios habitantes -humanos o no- que habitan allí perciben como un tsunami las agresiones de las que es víctima el medio ambiente en el resto del planeta, y por ese motivo libros como el de Ana Alemany son necesarios.

Libro "Todos los Caminos llevan a los Polos"
Libro «Todos los Caminos llevan a los Polos»

El libro «Todos los caminos conducen a los Polos» reúne historias de mujeres tradicionalmente ocultas tras los icebergs de los estereotipos, los tópicos o los prejuicios ante la supuesta debilidad femenina. Al igual que lo estuvieron y lo están los propios pobladores del Polo Norte, sobre los que pesa un profundo desconocimiento. Solo la labor de gente como el antropólogo Francesc Bailón, permiten rescatar del olvido y la desmemoria los relatos de los inuits.

Pero la lectura de «Todos los caminos llevan al Polo» no es una voz en femenino, si no que va de la mano de personajes sobre los que ya habíamos oído historias, y que nos permiten recuperar del limbo aventuras como las del explorador y piloto Umberto Nobile, extraviado en el polo norte y en cuyo rescato acudió (entre otros muchos) Amundsen, quién pese a tener una enemistad enquistada con el italiano, fue en su búsqueda perdiendo su propia vida. Y es que la historia de los territorios blancos no se puede explicar sin el principio de solidaridad que como un listón imbatible prevalece sobre la ambición.

De ese bien escaso en otras latitudes nos hablan también mujeres como María Campos, capitana del buque científico Sarmiento de Gamboa -figura que da para un libro entero por cierto-, y que se las vio canutas en las maniobras de atraque en la base española en Isla Decepción en la Antártida. Y cuyas palabras que subrayan la solidaridad con el equipo de la base búlgara en situaciones en las que se pone a prueba el valor de la palabra «compañerismo».

Base española en Isla Decepción en la Antártida
Base española en Isla Decepción en la Antártida

En el libro reconoceremos figuras como las de Josephine Peary y Allakasingwah, que gracias a la película de Isabel Coixet ‘Nadie quiere la noche’  se han rescatado de la tormenta más temida, el tiempo. Y descubrimos otras como las de Barbara Hillary, quién con 75 años llegó al Polo Norte, y por si fuera poco con 4 más se atrevió con el Polo Sur. Que fuera la primera afroamericana solo es un matiz, porque detrás de los colores de piel y procedencia social y económica hay un denominador común entre todas estas mujeres, en ocasiones llamado locura, terquedad, huida del confort , compromiso o necesidad.

La lectura del libro sirve de enganche para seguir indagando en historias, como la de Josefina Castellví cuyas sabias frases definiendo la Antártida, «tierra de nadie, patrimonio de todos» son tan inmensas como los icebergs. Contra viento y marea – mejor dicho hielo- científicas como ella han modelado los bloques de los iglus metafóricos que hoy permiten a una nueva hornada de investigadoras luchar contra el cambio climático. Gracias al libro de Ana Alemany hemos descubierto historias como la de Josefina («Pepita») y tirar del hilo de Ariadna para seguir profundizando en las historias de estas mujeres. Un ejemplo es el documental «Los recuerdos del hielo» dirigido por Albert Solé cuya capacidad para producir escalofríos es tan intensa como la del frío polar.

Hay muchas intrahistorias en el libro, y es un gran acierto la mezcla generacional de protagonistas, exploradoras, científicas, deportistas o simplemente soñadoras que viene a ser la mejor palabra para definir quién arriesga para hacerlo realidad. Como bien dice la autora, la única lástima es la de no poder abarcar a tantas almas osadas que son sus pasos sirven para diferentes propósitos, desde la divulgación a la concienciación, desde el cálido homenaje a personas que han dado mucho por hacernos viajar al último territorio virgen de la Tierra.

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