Road trip por Islandia. Cerrando el Círculo Dorado

El géiser Strokkur estalla ante nuestras miradas asombradas

Amanece helado en nuestra campervan, los cristales empañados por la escarcha, apenas nos movemos de nuestros sacos para espantar el frío que ya se instaló dentro. Estamos en un camping perdido próximos a la zona de Gullfoss, preparados para hacer la Ruta del Círculo Dorado. La noche anterior vimos auroras boreales que bailaron durante horas en una noche fría ajenas a nuestro asombro primerizo. Asistimos a un auténtico espectáculo de luces ora rosadas ora de un verde tenue, dándonos la bienvenida a este país extraordinario.

Nos dormimos así, no queriéndonos perder este fenómeno inaudito, en nuestra cama improvisada en la parte de atrás de la furgoneta, al calor de la calefacción del vehículo que terminamos apagando. Ahora nos despertamos con esa sensación de haber visto algo fantástico, prolegómeno de tres de las maravillas naturales de Islandia que nos esperan en una ruta conocida como el Círculo Dorado, que define muy bien este país de agua, hielo y fuego. Recorriéndola, comprenderemos mejor el origen de Islandia.

Caminaremos por esa gran falla que pasa justo por debajo de la península de Reykjavík, pisaremos la Dorsal Atlántica que recorre su geografía en diagonal de suroeste a noroeste. Una zona sometida a los efectos del vulcanismo. La cascada de Gullfoss, o el poder de la falla de la corteza terrestre y de los glaciares. El Valle de los géiseres, o la fuerza de las entrañas de la tierra. Y el Valle de Thingvellir, ejemplo de la deriva continental. Estos extraños fenómenos que presenciaremos en el Círculo Dorado de Islandia no son más que manifestaciones sorprendentes de la fuerza telúrica de la tierra.

El Círculo Dorado es la ruta más turística y popular de Islandia, tan accesible desde Reykjavík, tan al alcance del viajero. En seguida nos ponemos en marcha por esas carreteras islandesas que se pierden en el horizonte entre campos de lava y volcanes. Estamos a un paso de nuestra primera parada en la cascada de Gullfoss. Una nueva ruta dentro de este road trip por Islandia que será un hito en los viajes giroscópicos.

Gullfoss o la cascada que se traga la tierra

La espectacular cascada de Gullfoss

Comenzamos trazando el círculo en la cascada de Gullfoss. Cuando llegamos al sitio donde se encuentra Gullfoss no hay rastro de la cascada, sólo un centro de visitantes y una larga pasarela por la que caminan algunos madrugadores. El paisaje es desolador: el frío invernal ha dejado sin vida la hierba verde que cubre la llanura en verano. Ahora solo vemos una gran extensión parda y una colinas cubiertas de nieve solo a trozos. Y el viento congelado contribuye a esta desolación, ya que ahuyenta a los visitantes porque sopla hoy con más fuerza. Nada hace pensar que en medio de este panorama marchito haya maravilla natural alguna. Y sin embargo, el río que vemos al fondo serpenteando por la llanura nos atrae como un imán, como llamándonos, por lo que nos encaminamos por la pasarela de madera expectantes…

De pronto, inesperadamente se abre la tierra ante nuestros pies, el río Hvítá con su caudal generoso se lanza en un primer salto de agua. Este, con el frío, congela el vapor de agua que se pega a las paredes del cauce convirtiéndose en hielo. Es la primera de las cascadas de Gullfoss. Unas escaleras metálicas nos invitan a bajar a un mirador. No se oye nada, solo el silbido de un viento que sube más frío desde la cascada de Gullfoss. Bajamos la escalera, y vamos caminando por la pasarela lentamente, postergando la emoción que ahora sí estamos seguros que nos producirá la contemplación de Gullfoss. Ya podemos escuchar ese sonido ensordecedor que seguro que se oye en cascadas del mundo como Iguazú. Nos asomamos al abismo, el río Hvítá se arroja suicida por una segunda cascada (oblicua a la primera) a las profundidades de la tierra, haciendo que lo perdamos de vista.

Gullfoss o la cascada que se traga la tierra

Boquiabiertos nos dejamos envolver por este ruido estruendoso, preguntándonos adónde irá a parar toda esta agua que se traga la tierra. Contemplamos cómo Gullfoss se precipita brutalmente por un estrechísimo cañón con una altura de 70 metros. Este impresionante salto de agua de 32 metros es la llamada “cascada dorada” de la que hablan todos los prospectos turísticos de Islandia, ahora comprendemos porqué se llama así. El río Hvítá continúa su andadura entre este inmenso cañón de dos kilómetros y medio, que aprovechó a lo largo del tiempo las antiguas fisuras de lava.

Desde el mirador superior de Gullffos vemos abajo otro camino que lleva a este increíble salto de agua, por el que pasan los visitantes en verano acercándose todo lo que pueden a la maravilla, sacando esas fotos espléndidas de arco iris sobre la cascada de Gullfoss. Pero es invierno en Islandia y el camino al segundo mirador está nevado y no podemos acercarnos. Una lástima. Aún así bajamos para situarnos lo más cerca posible y ver la cascada de Gullfoss desde otra perspectiva.

Desde este mirador se aprecia perfectamente la doble fractura de la llanura por la que corre el río Hvítá, que se originó con la rotura de las dos placas que conforman el paisaje finlandés. El desplazamiento de un enorme bloque de roca creó la cascada de Gullfoss. El día no puede ser más gris, más helado, y sin embargo la contemplación de esta maravilla natural y el omnipresente estrépito de Gullfoss cambia nuestra perspectiva. Islandia es un país de sorpresas, el prodigio está en cualquier lugar escondido en este horizonte volcánico.

El silencio aparente de este road trip por Islandia

Una de las estrellas del Círculo Dorado: la Cascada de Gullfoss

Regresamos a la ruta del Círculo Dorado para dirigirnos a la segunda parada que ya no nos habla sólo de Islandia como tierra de agua, como lo ha hecho Gullfoss, sino también de Islandia como tierra de fuego, camino de los géiseres más célebres.

Entretanto, el camino discurre por el silencio de la Islandia invernal, que tras la visita a Gullfoss se hace más patente por el contraste. Pasamos del estruendo al silencio que puebla los paisajes en este road trip por Islandia. Desde nuestra campervan van desfilando esos páramos, esas llanuras inertes, sembradas de volcanes, donde reina un silencio congelado, que parece más intenso en esta estación del año. El invierno en Islandia, con sus mundos de quietud de glaciares, de nieve cadenciosa, de frío intenso nos hace pesar que el silencio es aún mayor. Carreteras interminables, inhabitadas que nos dan la sensación de que no hay vida en este país.

Y sin embargo, son percepciones falsas, Islandia ruge por dentro. Tras su aparente silencio se esconde una tierra en constante movimiento.

Asombro ante el géiser Strokkur, un gigante de vapor de agua

Por el valle de Haukadalur corren aguas hirvientes procedentes de los géiseres, como el Géiser Blesi

Lo sabe bien Geysir, el géiser que dio nombre a todos los géiseres de la tierra y que ahora está dormido. Llegamos al valle de los Géisers, Haukadalur, trazando otra línea del Círculo Dorado que une las cascadas de Gullfoss con el Parque nacional de Thingvellir. Aquí se hallan seis de los mil géiseres que se han contabilizado en nuestro planeta – la mayoría se encuentran en el Parque de Yellowstone, en Estados Unidos -.

El primer día en Islandia ya habíamos descubierto que la isla está llena de sitios geotérmicos. En Reykjanes visitamos el segundo geoparque de Islandia (Reykjanes Unesco Global Geopark), la maravilla del  Geositio de Gunnhuver, y ahora estamos en el valle de los Géisers, y nada parece indicar que bajo nuestros pies haya tal actividad. Pero el campo geotérmico de Haukadalur se extiende por una zona neovolcánica en la que los continentes derivan, y el magma seguramente forzó su camino a través de esta zona a lo largo de varias fisuras. Lo que explica la actividad geotérmica del Valle de los géiseres.

Strokkur comienza a rugir

Contemplamos el valle de Haukadalur que tiene una superficie de unos 3 kilómetros cuadrados, por el que corren aguas hirvientes procedentes de los géiseres, como el Géiser Blesi, que es el que primero vemos, que actualmente está en reposo. Es una piscina de agua azul hirviente a juzgar por el vapor que emanan y al ver un pequeño cartel que señala 80-100º.

Un pequeño número de personas que vencieron el frío se concentran en un punto concreto y ante nuestra sorpresa, una inmensa columna de agua surge de las entrañas de la tierra. Es el gigante Strokkur, el géiser más célebre de Islandia, que puede alcanzar los 20 metros de altura. Podemos escuchar las voces de asombro de la gente, mientras corremos a presenciar ese extraordinario fenómeno que tendrá lugar de nuevo dentro de unos 5 o 10 minutos.

Hay muchos otros géiseres en el valle, pero Strokkur es actualmente el géiser más enérgico de Islandia y de su pasado poco se sabe, que fue creado en una erupción que hubo en 1789, y que estuvo en reposo durante un tiempo. Sus actuales erupciones recuerdan a las que tenía en sus inicios, cuando expulsaba agua, gas y vapor con una fuerza increíble que asombraba a los visitantes, tal y como continúa haciendo ahora.

El furor del gigante Strokkur

Islandia es una tierra extraña donde ocurren fenómenos extraordinarios. Es uno de los pocos lugares del mundo donde hay géiseres, ya que presenta unas condiciones hidrogeológicas favorables: depósitos de agua subterránea que absorben el calor de rocas calentadas por el magma subterráneo y emergen a la superficie a través de estrechas fisuras como un surtidor. Es la presión de esta agua caliente sobre el agua superficial, lo que genera una erupción violenta.

El vapor de agua se confunde con este día gris de invierno tiñendo de blanco el paisaje terroso y haciéndolo irreal. Extraña el silencio de la gente que no se atreve a decir nada por miedo a interrumpir las piruetas del gigante Strokkur, que no se sabe cuándo va a volver aparecer. Esperamos expectantes al lado de los demás, delante de una fisura enorme que se abre en la tierra desbordada de agua hirviendo. Podríamos creer que se está cociendo algo en el interior de la tierra, asoman burbujas gigantes, que por los murmullos excitados, suponemos que es el anuncio de la llegada del géiser Strokkur. Y sin más tiempo a pensar, una nueva columna de agua y vapor ardiente es proyectada al cielo por una tierra rabiosa.

Estamos ante la segunda maravilla del Círculo de Oro de Islandia, un fenómeno sobrecogedor que nos deja sin palabras una vez más en esta intensa jornada de ruta. Con la fuerza de Strokkur todavía en nuestras retinas, nos encaminamos a la última parada del Círculo de Oro.

Caminando entre dos continentes por el valle de Thingvellir

La inmensa falla de Almannagjá marca la separación entre la placa norteamericana y la euroasiática

El Círculo Dorado se cierra en el Parque nacional de Thingvellir, donde hacemos un viaje por la naturaleza, la geología y la historia de Islandia. Nos acercamos de nuevo a la capital, estamos a solo 45 kilómetros de Reykjavík, en un sitio natural e histórico de excepción. En cuanto entramos al inmenso Parque Nacional de Thingvellir, caemos en la cuenta de que estamos caminando entre dos continentes, por la parte elevada y visible de la dorsal Atlántica. Una herida abierta por la que aflora corteza terrestre de forma continua, haciendo que Islandia se divida en dos, y que Europa y América se alejen irremediablemente.

El Parque Nacional de Thingvellir es una inmensa llanura de 237 kilómetros cuadrados rodeada de montes nevados que alcanzan los 1000 metros de altitud, y posee varias zonas para caminar y descubrir el paisaje típico de Islandia de inmensos campos de lava, volcanes y crestas. En una zona del parque hay un campo de lava cubierto de abedules y de coníferas: es un intento de recuperación del patrimonio silvícola del país. Aunque es extraño ver árboles en Islandia, puesto que los colonizadores utilizaban la madera para construir sus casas y barcos, consiguiendo que los bosques del país fuesen desapareciendo con el tiempo.

La casa de verano del Primer Ministro islandés, en el Valle donde se creó el primer parlamento en Islandia

Thingvellir es un sitio histórico para los islandeses, ya que en este imponente entorno natural de fallas y crestas se encuentra uno de los parlamentos más antiguos del mundo. En la parte oeste de Thingvellir – que significa “llanura del parlamento” – está la llamada “roca de la ley”, el Lögberg, donde se celebraron las asambleas políticas del Parlamento islandés (Althing) desde el año 930 hasta la independencia del país de Dinamarca en 1944. En el libro Landnámabók aparece datado el origen del Parlamento islandés y también los nombres de los colonos desde el año 874. El linaje del primer colono es el más poderoso de la isla, Ingólfr Arnarson, y es el que favorece la necesaria creación de una asamblea para coordinar los intereses de todos los colones procedentes de diversos lugares del norte de Europa. Hay que tener en cuenta que Islandia estaba alejada de todo desde el punto de vista geográfico y climatológico, por lo que estas asambleas y la ayuda mutua era fundamental.

En la actualidad el sitio del Alping, donde se celebró la primera asamblea en 930 y la declaración de independencia en 1944, está dentro del Patrimonio de la Humanidad dela UNESCO. Mientras caminamos entre crestas de paisaje volcánico, somos conscientes de la importancia histórica del lugar, y en un momento dado pasamos al lado de la residencia de verano del Primer Ministro de Islandia, un lugar de lo más simbólico para el político más importante del país.

La cascada de Öxarafoss se precipita en la gran falla, ofreciéndonos un bonito espectáculo

Aunque lo que más impresiona de Thingvellir son las fallas paralelas, una primera línea es la de Hrafnagjá, la más larga, con 11 kilómetros de largo y una profundidad de 30 metros. Pero la más espectacular es la inmensa falla de Almannagjá, que mide 7,7 kilómetros y en algunas zonas tiene una profundidad de 40 metros. Almannagjá marca la separación entre la placa norteamericana y la euroasiática, la imagen viva de la deriva continental. Recorremos este imponente cañón por un sendero conscientes de que este no es un paseo por un sitio cualquiera, ¡estamos pisando el rif que separa dos continentes!, un lugar en movimiento que se desplaza unos milímetros cada año.

Caminamos por la falla de Almannagjá y en el camino nos encontramos con una sorpresa, una bonita cascada que se precipita en la falla, ofreciéndonos un bonito espectáculo. Se trata de la cascada de Öxarafoss formada por el río Öxará, un buen lugar para pararse a contemplar la belleza del entorno y para reflexionar sobre su importancia geológica. Al reanudar la ruta por la enorme falla de Almannagjá, llegamos a un mirador desde donde se aprecia la grandiosidad del valle de Thingvellir. Desde allí podemos tener una visión de conjunto de las lineas de fallas, del lago más grande de Islandia, el lago de Thingvallavatn, donde desemboca el río Öxará, y de la residencia de verano del Primer Ministro.

El viento sopla helado en nuestros rostros, recordándonos la dureza del invierno islandés. Las panorámicas de la deriva continental compensan estas sensaciones. A continuación experimentaremos otras bien diferentes cuando descubramos las profundidades de la falla de Silfra.

Snorkel en la falla de Silfra

Snorkel en la falla de Silfra

Durante la visita al Parque Nacional de Thingvellir, nos adentramos en otra falla, pero bajo el agua, haciendo snorkel en la falla de Silfra, uno de los mitos para los submarinistas de todo el mundo. Una experiencia increíble poder nadar en las aguas cristalinas (¡y heladas!) procedentes del glaciar Langjökul, con una visibilidad que permite alcanzar hasta los 100 metros de distancia.

Pero sobre todo nadar en las entrañas de la tierra, sabiendo que ésta se está separando, y que lo que vemos no siempre estuvo así, resultado de los movimientos telúricos a los que se ve sometida la tierra. ¡Qué sensación extraña y maravillosa flotar entre dos continentes!. Y al llegar a la llamada “Catedral de Silfra”, una de las partes más bonitas de la falla, la anchura es mayor y los colores más azules, y nos movemos como pez en el agua entre las paredes volcánicas de Silfra. Y al final de esta experiencia de snorkel en una falla, el lago Thingvallatan, donde flotamos unos minutos reflexionando lo que acabamos de vivir.

Tras la visita al Parque Nacional de Thingvellir, nos llevamos asombrados una visión muy completa de la deriva continental, caminando por la espectacular falla de Almannagjá y haciendo snorkel por la falla de Silfra, dos perspectivas diferentes, pero maravillosas.

Viajeros giroscopios felices en Islandia. Panorámica Del Valle de Thingvellir

Una vez cerrado el Círculo Dorado de Islandia, comprendemos mejor la geología del país, tras asombrarnos con la cascada que se pierde en las pronfundidades de la tierra en Gullfoss, la tierra escupiendo vapor de agua desde el geiser de Strokur; y la falla que separa Europa de América en el Valle de Thingvellir. Las maravillas geológicas de Islandia nos acercan a los inicios del mundo, un viaje imprescindible.

Cómo llegar al Círculo Dorado

La primera parada desde Reykjavík es el Valle de Thingvellir, que se encuentra a 47 kilómetros. Hay que ir por las carreteras 49, 1 y 36 . Y de Thingvellir al Valle de los Géiseres hay 60 kilómetros, en unos 50 minutos estarán allí. Y, por último, el Valle de los Géiseres está a 9,7 kilómetros de la Cascada de Gullfoss también por la carretera 35.

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