Ensoñación de una tarde de Carnaval en Venecia

Hay escenarios que invitan a viajar dentro del propio viaje. Tener una mente que se pierde en ensoñaciones también es otro ingrediente fundamental y si a la mezcla añadimos un alma vetusta y eterna viajera. Tenemos el combo perfecto para ir siempre un poco más allá en cada aventura.

Venecia tiene ese encanto y visitarla durante su afamado Carnaval, la hace aún más proclive a ser uno de esos sitios que se ve con ojos atemporales, como de quien ha vivido otras vidas y recuerda en “déjà vu” sus historias.

Una Venecia teñida de pasado se muestra ante los ojos de mi alma viejuna ©Marcela Pérez Z.
Una Venecia teñida de pasado se muestra ante los ojos de mi alma viejuna ©Marcela Pérez Z.

El efluvio de una Venecia antigua se apodera de las calles al desfile de los elaborados disfraces de los asistentes al Carnaval. Un viaje en el tiempo me transporta varios siglos atrás y esas veredas de caminos andados en otras vidas se abren paso bajo los surcos de mis pupilas transformando su monumentalidad ante mis ojos.

 

El encanto de una Venecia que se revela ante mí como una postal antigua ©Marcela Pérez Z.
El encanto de una Venecia que se revela ante mí como una postal antigua ©Marcela Pérez Z.

Una neblina se condensa en torno a sus majestuosas edificaciones, claros y sombras dibujan las siluetas intuyendo sus relieves. Los misteriosos personajes deambulan teatralizando la escena. La fastuosidad y el colorido de sus ropajes emperejilan las calles salpicando alegría, pero también despertando misterio…

¿Quién se esconde tras esos hieráticos rostros que te miran imperturbables?

Los personajes deambulan alimentando mi ensoñación en el precioso escenario veneciano ©Marcela Pérz Z.
Los personajes deambulan alimentando mi ensoñación en el precioso escenario veneciano ©Marcela Pérez Z.

Sus ojos umbríos como dos grandes abismos te engullen. El vítreo reflejo que destellan, si vences la distancia, y el parpadeo apenas perceptible, delata algo de humanidad, aunque a ratos permanecen tan pétreos sosteniendo la pose, que asemejan más bien figurillas de lladró dispuestas estratégicamente por la ciudad.

El origen del Carnaval veneciano perseguía ese fin. Desvanecer la identidad de aristócratas y nobles tras una máscara y aventurarse a la muchedumbre sin posiciones sociales, sólo con el cometido de abandonarse a una noche de diversión y desenfreno anónimos. En virtud de lo anterior, la traducción literal de la palabra Carnaval, se compone de dos términos latinos: “carnem” y “levare” (carne y abandonar = abandonar la carne) y ésta festividad ha sido adoptada en su mayoría en países de creencias apegadas al catolicismo; aunque la iglesia no reconoce ningún carácter religioso que se atribuya a la mencionada, la misma coincide en fechas previas a la cuaresma.

Festival de disfraces. Es impresionante lo elaborados que son cada uno de ellos. ©Marcela Pérez Z.
Festival de disfraces. Es impresionante lo elaborados que son cada uno de ellos. ©Marcela Pérez Z.

En Venecia, ya existían indicios de su celebración hacia el siglo XI, pero hasta el XIII fue que se convirtió en una festividad oficial, propuesta por Christopher Tolive, secretario del Dux. La idea tuvo tal aceptación por parte de las altas esferas y la población en general, que siguió perpetuándose hasta la decadencia de Venecia con la apertura de nuevas rutas económicas hacia América, lo que hizo que menguara hasta languidecer con la prohibición definitiva de su celebración por parte de Napoleón tras la conquista de la ciudad.

La fiesta no se desempolvaría tras casi dos siglos transcurridos y fue en 1979, que volvió a celebrarse de manera oficial y, hasta el día de hoy, es uno de los carnavales más esperados en todo el mundo por el carácter tan particular de su escenario y, sobre todo, lo elaborado de sus disfraces con los cuales los participantes no escatiman a la hora de crear sus personajes. Esos disfraces meticulosamente pensados llaman la atención de visitantes de todo el globo terráqueo y la ciudad lo sabe. Encontramos máscaras por doquier y no sólo para ser utilizadas y rendirse al anonimato, sino también en múltiples y complejas formas de arte: cuadros, artesanías souvenirs, etc.

Instántaneas del carnaval. Nuestras cámaras echaban humo de tantos ángulos y personajes fotogénicos ©Marcela Pérez Z.
Instántaneas del carnaval. Nuestras cámaras echaban humo de tantos ángulos y personajes fotogénicos ©Marcela Pérez Z.

Dejarse envolver por ésta atmósfera carnavalesca es inevitable. Durante 10 días Venecia transpira Carnaval. Un amplio programa de fiestas se prepara para asombrar a su agradecido público que acude año con año, aún cuando el frío podría ser un elemento desalentador durante éstas fechas, nada reduce el espíritu que se respira y en el que se suceden un amplio abanico de eventos que van desde desfiles de disfraces en la Plaza San Marcos, a regatas por su Gran Canal, así como exposiciones, talleres, la Fiesta de las Marías y el Vuelo del Ángel.

Y es que, ¡quién puede resistirse a Venecia y todo su encanto! En ésta época aún invernal, una bruma que deja briznas de humedad se aglutina y la luz blanca y vaporosa acaricia los contornos de sus grandiosas edificaciones con abanicos de haces que barren la espesura transpuesta de su magnificencia.

Gondoleros surcando los canales de mi Venecia vetusta ©Marcela Pérez Z.
Gondoleros surcando los canales de mi Venecia vetusta ©Marcela Pérez Z.

Los gondoleros aparecen tras soplos de luz navegando cadenciosamente los canales que reverberan como una constelación luminosa que cede al hendido manso de la embarcación. Mi mente sigue en trance y mi alma vieja observa las escenas con una cercana familiaridad.

Sonrisas y alegría provoca el carnaval veneciano entre los asistentes ©Marcela Pérez Z.
Sonrisas y alegría provoca el carnaval veneciano entre los asistentes ©Marcela Pérez Z.

La Iglesia de Santa María de la Salud se convierte en una estampa remota, la Virgen se aupa en lo alto de la cúpula de la basílica, su silueta se adivina generosa en ademán de echar al vuelo sobre el Gran Canal, como refugio de tiempos pretéritos y aciagos en Venecia. Su visión recorta el horizonte desde el Puente de la Academia, la isla de Giudecca y desde las orillas de Plaza San Marcos. Su construcción fue fruto del infortunio que ensombreció a la ciudad durante la epidemia de peste negra que mermó la población sustancialmente. Un personaje crucial, a pesar de su lúgubre origen, deambula también por las callejuelas durante el carnaval: “il dottore della peste” . Su macabro aspecto con una máscara en forma de pájaro, tenía la intención de resguardar bajo ese inmenso pico, hierbas aromáticas para mitigar los hedores, un amplio abrigo de cuero y un sombrero de ala ancha cubría su cuerpo y cabeza, creyendo que así podrían evitar el contagio al atender a los pacientes. Hallarlo entre las calles eriza los pelillos de la nuca y tratamos de no abandonar el ambiente carnavalesco y saludarlo con humor, reanudando en breve nuestro trajín para alejarnos presurosos.

Donde mires encontraras éstos personajes que parecen de lladró ©Marcela Pérez Z.
Donde mires encontraras éstos personajes que parecen de lladró ©Marcela Pérez Z.

Aunque la ciudad en sí, es un recordatorio viviente de ese pasado funesto, más de una iglesia fueron erigidas con la fe de tiempos mejores para Venecia, su apertura al comercio marítimo trajo consigo prosperidad económica, pero de la mano de ésta bienaventuranza, vendría su contraparte y como huella de éstas amargas cicatrices, se eleva también la Iglesia del Redentor. Propuesta por Alvise Moncenigo, doge de la ciudad en ese periodo, encomendado a Dios pide el cese de la enfermedad y como promesa de esperanza, dedica éste templo en agradecimiento a la sanación de la población. La ubicación del mismo en la isla Giudecca, al igual que la iglesia de Santa Maria de la Salud, tuvo como fin ser visible desde cualquier perspectiva. La atmósfera nebulosa envuelve también ésta preciosa iglesia de estilo renacentista y nos invita a seguir recorriendo la ciudad.

Posan con agrado para nuestras cámaras, luciendo sus elaborados disfraces ©Marcela Pérez Z.
Posan con agrado para nuestras cámaras, luciendo sus elaborados disfraces ©Marcela Pérez Z.

Los personajes carnavalescos ocupan todos los escenarios alimentando mi onirismo de una Venecia antigua y uno muy peculiar hace aparición en la Escalera de Caracol en el Palazzo Contarini del Bovolo. Éste palacete parece un secreto bien guardado de Venecia, pues se descubre al internarse en el corazón de Venecia en una estrecha callecita cerca de la calle Campo Manin. Entre la sucesión de arcos que se perfilan en ascendente y viceversa, la silueta de una mujer se dibuja en las escalinatas. Como si el magnetismo insolente de mi mirada acariciase la desnudez de sus hombros, se gira hacia mí en un grácil movimiento y en actitud voluptuosa se inclina sobre la balaustrada y me lanza un beso; con precisión felina mis reflejos se activan y logro capturar la imagen. Sus ropajes me hacen saber que sigo presa de éste sueño con sabor inmemorial. Sigo caminando sonámbula abierta a su belleza embriagante y me rindo a éste sopor, me entrego a ésta Venecia que me abraza y me susurra al oído su historia. Me pierdo voluntariamente entre las páginas de su relato, ajena al ruido, al mundo, a mi presente, me subo al garigoleo de su caligrafía de trazos antiguos y antes de pasar la última página de ésta fantasía, de sobra sé que a Venecia no la olvidaré jamás.

Esto es Venecia un sueño y un viaje en el tiempo durante su impresionante carnaval ©Marcela Pérez Z.
Venecia es un sueño y un viaje en el tiempo durante su impresionante carnaval ©Marcela Pérez Z.

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