Visita a Vilanova i la Geltrú

Vilanova i la Geltrú se extiende sobre la costa como si su extensión fuese el resultado de una colada de lava desparramada al llegar desde las montañas del Garraf. Equidistante casi en los mismos kilómetros de Barcelona y de Tarragona, ejerce, con su propio carácter ‘vilanoví’, de nexo entre ambas capitales de provincia.

Hacía ya tiempo que la población costera estaba entre nuestros planes de visita, esperando paciente como si fuese un marcapáginas de un libro. Del extremo de esa marcador sobresalía como la punta de un iceberg un anhelo, conocer el Museo del Ferrocarril de Cataluña, excusa suficiente para acercarse a descubrir una joya de la provincia de Barcelona.

El Museo del Ferrocarril de Vilanova i la Geltrú
El Museo del Ferrocarril de Vilanova i la Geltrú

A tiro de piedra de la ciudad condal, por fin llegó el día de acercarnos, y como no podía ser de otra forma, a bordo del tren que horada las montañas del Garraf para mostrarnos tras el túnel la preciosa luz de la costa Mediterránea. El ferrocarril nos sirve de compás de espera para leer sobre Vilanova i la Geltrú, haciendo de prefacio para el itinerario que haremos por su centro histórico.

Historia de Vilanova i la Geltrú

Se olvida con frecuencia que la historia de Vilanova i la Geltrú no comienza con la actividad comercial de la Baja Edad Media. Mucho antes fueron poblaciones de íberos cosetanos los que habitaban la zona, cuyo poblado de Adarró es visitable,  así como la villa de explotación agrícola romana situada dentro del territorio de la provincia Tarraconense. La eclosión del comercio íbero con Roma proporcionó un impulso destacado del asentamiento, que permaneció activo hasta el siglo VI de nuestra era.

Ya en la Edad Media encontramos el núcleo de La Geltrú (cuyo topónimo parece tener raíces germánicas), compuesto por el castillo, la iglesia y un entramado de calles, todo ello protegido por murallas. Los escudos, los nombres de las calles y pequeños detalles esculpidos en las entradas de las casas, murmullan en nuestros oídos el origen o vocación de sus habitantes allá por los siglos

La leyenda más difundida sobre la fundación de la población, y que marcaría a la postre su devenir histórico, fue la huida de una parte de los habitantes de la Geltrú. La Geltrú se encontraba a un par de kilómetros al interior, como pasaba en ocasiones con las villas costeras que sufrían razzias de piratas. Agricultores, pero también pescadores vivían protegidos en el recinto intramuros. Al parecer, uno de los señores feudales de la Geltrú hacía uso recurrente del derecho de pernada, por el cual podía violar a las mujeres que se casaban. Una parte de los geltrunenses, hastiados de las desmanes del noble, se instalaron a las afueras, creando con el paso de los años un asentamiento denominado Vilanova de Cubellas. En 1232 el rey Jaume I concedió la carta puebla a Vilanova suponiendo el inicio del desarrollo urbanístico paralelo a la Geltrú, y contando con murallas, iglesias y un trazado urbanístico.

Plaça de les Neus
Plaça de les Neus

En la Edad Media y principios de la Moderna se fue asentando una actividad agraria importante, en la que tendría una importancia destacada el crecimiento de producción de vino. Ya apreciado desde época romana, de la que hay testimonios de las vides cultivadas por las poblaciones ibéricas de Lacetanos, los vinos elaborados en las poblaciones de Cubelles i Vilanova siguieron la senda marítima abierta por la expansión de la corona de Aragón en el Mediterráneo. Pere III ya otorgaba licencias de carga a ambas poblaciones en sus playas, allá por 1340.

Viñedos en las huertas y campos aledaños a Vilanova i la Geltrú
Viñedos en las huertas y campos aledaños a Vilanova i la Geltrú

En 1768 se firma el Real Decreto en el cual se determina el nombre compuesto y unión de Vilanova i la Geltrú. Y tan solo diez años después, la población comienza a exportar productos a América gracias el decreto de libro comercio de Carlos III.

Habrá que esperar al siglo XIX, cuando la producción y exportación de vino llega a cotas notables, tal y como ya se menciona en el Diccionario geográfico-estadístico-histórico de España y sus posesiones de Ultramar, obra de Pascual Madoz. Según el autor, ese año se cargaron en barcos de la playa de Vilanova, 118.500 hectolitros de vino, por 27.300 de aguardiente. Tal eclosión económica transformó la población, hasta el punto que se le denominó la Habana chica. Además de los vinos, Vilanova i la Geltrú llegó a ser a mediados del XIX la tercera ciudad textil de Cataluña

La Habana Chica

Mucho se discute sobre la escasa participación de los territorios mediterráneos en la época colonial de la monarquía. Sin embargo se suele obviar que la burguesía catalana fue partícipe, especialmente a partir del siglo XVIII, del comercio transcontinental con los que obtuvieron pingües réditos que promovieron la economía industrial del siglo XIX en Cataluña. Y que del mismo modo permitieron la transformación de un antes tejido social y económico rural, hacia una modernidad más urbanita e intelectual.

Interior del Museo del Romanticismo Can Papiol
Interior del Museo del Romanticismo Can Papiol

Familias de terratenientes se subieron al ‘caballo de vapor’, y las inquietudes culturales de esos nuevos burgueses dejaron huellas arquitectónicas y sociales en la Vilanova i la Geltrú que hoy descubrimos.

No en vano, a la villa costera se le denominó la Habana Chica, apodo que demuestra la proliferación de sociedades culturales, deportivas y sociales. De forma paralela las otrora residencias austeras de los más pudientes, pasaron a embellecerse al calor de las nuevas corrientes arquitectónicas y decorativas. Bellas fachadas vistieron el frente marítimo, jardines ejercieron de punto de encuentro, casas modernistas se alzaron en la Rambla se construyeron teatros, y masías bebieron de la influencia de arquitectos ilustres.

Carruajes en la Casa Museo Can Papiol
Carruajes en la Casa Museo Can Papiol

De ese poso alegre, expresión del «vivir feliz» de Cuba, se forjó un carácter hospitalario y festivalero. Cultura y ocio son dos de los pilares del día a día en Vilanova i la Geltrú, cuya agenda de actividades parece sacada de una capital de provincia.

Una de las casas que hacía el comercio con Rusia era la compañía de la familia «Fuster i Cabanyes». Ya en 1791 contaban con un despacho abierto en San Petersburgo. Allí se enviaban vinos de las cepas de los viñedos de xarel y macabeu, solo interrumpidos por la Guerra de Independencia contra los franceses.  Posteriormente fueron los países del norte de Europa el mercado pujante que demandaba los vinos de Vilanova i La Geltrú.

En la Masía d'en Cabanyes podemos conocer más sobre los aires ilustrados de los intelectuales locales
En la Masía d’en Cabanyes podemos conocer más sobre los aires ilustrados de los intelectuales locales

La muerte Llorenc de Cabanyes i Fuster y la sucesión en Josep Anton de Cabanyes i Ballester, hombre según mencionan desarraigado y sin amistades en Vilanova, no propiciaron la prosperidad de la casa tan floreciente en la última década del siglo XIX.

Otra de las sagas de comerciantes locales que desplegó sus velas y vinos fueron los hermanos Samà, que prosperaron con el comercio en América.

Bordeando la llegada de 1900, en 1893-1896 la filoxera llegó a Vilanova i la Geltrú, diezmando sus viñas y dañando durante décadas el comercio de vinos. Al mismo tiempo, la derrota en la Guerra de Cuba, puso fin a la época de los indianos.

FIESTAS

Hablar de Vilanova i la Geltrú y no mencionar sus fiestas es no entender estilo de vida de sus habitantes. Locales y foráneos o inmigrantes recién aterrizados, viven por igual los eventos que desbordan de jolgorio la ciudad.

Els tres Tombs

Entrando el año, el 17 de enero, la festividad de San Antonio es el pistoletazo de salida para calentar el cuerpo. «Els tres tombs», los tres tumbos o vueltas, reproducen la tradición precristiana en la que se daba tres vueltas alrededor de una hoguera en la que se quemaban ramas verdes. La religión católica absorbió la tradición pero sustituyendo la hoguera por la iglesia de San Antonio Abad como eje de rotación, y bendiciendo a los animales, otrora de carga o producción agrícola y hoy sobre todo mascotas.

Iglesia de Sant Antoni Abat de Vilanova i la Geltrú
Iglesia de Sant Antoni Abat de Vilanova i la Geltrú

Carnaval

La vida es un Carnaval, y si no que se lo digan a Vilanova i la Geltrú. Aquí se vive con inusitada alegría, sin envidiar el carnaval quizá más famoso pero más internacional de Sitges. Momentos casi épicos de su carnaval son la merengada infantil, que se le llama jueves lardero, «La Llegada» («l’Arrivo») del Rey Carnestoltes con el gran desfile de carrozas y gente disfrazada, «El Caramel» (el rey del carnaval infantil),  por supuesto «Las Comparsas» («Les Comparses») con la espectacular batalla de los caramelos, y el miércoles de ceniza con el entierro de la sardina, último de los actos del carnaval

Festa Major

En pleno verano Vilanova i la Geltrú no renuncia a seguir de fiesta, especialmente con la Fiesta Mayor. Un gran número de actividades rodean el homenaje a la patrona de la Verge de las Neus, entre ellos Baile de Diablos, pasacalles con el Dragón de la Geltrú, Baile de Bastones, Castellers y mucho mucho más.

Y antes, en el mes de julio, la música internacional llega con  el Festival Internacional de Música Popular Tradicional de Villanueva y Geltrú, dedicado a las músicas del mundo.

Pero los festejos acompañan a lo largo de todo el año, como las Festes de Sant Pere, y su tradicional concurso de All Cremat (Ajo quemado), o la Semana del Mar.

Qué ver en Vilanova i la Geltrú

Cuando se piensa en Vilanova i la Geltrú vienen a la cabeza algunos puntos de referencia, pero cuando se bucea un poco más, el viajero se topa con multitud de lugares menos conocidos y que merecen extender la visita al menos un fin de semana. Sin ni siquiera incluir fiestas o eventos como sus célebres carnavales o la fiesta dels Tres Tombs, algunos de esos sitios imprescindibles son el Museu del Ferrocarril con colección de locomotoras de vapor más importante de Europa; la Biblioteca-Museu Víctor Balaguer, y su selecta colección de arte catalán de los siglos XIX y XX, pinturas cedidas por el Museo del Prado, y piezas etnográficas de culturas como la egipcia, la filipina, la japonesa o las precolombinas; el Museu Romàntic Can Papiol, que muestra como era la vida de una familia acomodada en el siglo XVIII y XIX; o la Masia d’en Cabanyes con su centro de interpretación del Romanticismo.

Pero además de los monumentos, una de las de las características de Vilanova i la Geltrú son los detalles de autenticidad que convierten a la población en una postal, pero en una postal auténtica.

Casa colorida en la Rambla de Vilanova i la Geltrú
Casa colorida en la Rambla de Vilanova i la Geltrú

Villa medieval de la Geltrú

Caminar por las calles del germen urbanístico de la Geltrú es posiblemente la mejor forma de iniciar la ruta cronológica para entender el desarrollo y crecimiento de la población hoy en día.

Calles estrechas, arcos apuntados, o la misma nomenclatura de las calles que habla, contando el oficio de sus gentes. El castillo y la iglesia son a simple vista los edificios más visuales, pero con un poco de atención se consigue comprender cómo era la vida ocho siglos atrás. El pont del Nin servía de acceso a la Geltrú y traspasada la calle de la Unió que da nombre al ‘abrazo’ entre las dos poblaciones, y que está por encima del torrente de la Pastera, ya encontramos espacios importantes en el pasado, como la Peixateria Vella, el antiguo mercado de pescado que durante un siglo funcionó como tal.

Paseando por la Geltrú medieval
Paseando por la Geltrú medieval

La Plaça del Pou o Plaça dels Lledoners sigue siendo un remanso de paz o un lugar de encuentro ajetreado dependiendo de la hora del día. A la sombra de sus árboles buscan cobijo los ciudadanos en los días de calor, que se refrescan con el gua del pozo, cuya presencia queda testimoniada con la fuente. La breve parada nos sirve de anticipo para el asalto del castillo.

Castillo e iglesia de La Geltrú

Desde el aire, a vista de pájaro, es fácilmente identificable la villa medieval de la Geltrú. Sus calles abigarradas y carentes de las formas rectilíneas de los ensanches, delatan su origen. Rodeada de murallas, el castillo era la fortaleza del señor feudal. La actual fisonomía, fruto de reformas posteriores, especialmente la de 1918, dejó como resultado un aspecto más palaciego y residencial, que propiamente defensivo, como el original del los siglos XII y XV.

Hoy sede del Archivo Histórico Comarcal, es a la vez magnífico recinto para las bodas civiles. Los rincones de la antigua villa, como alrededor de la Parroquia de Santa María de la Geltrú permiten aislarse del rumor del mar, escuchando el sonido y las voces seculares de la piedra. La iglesia aloja un bello retablo de madera policromada dedicado a la Asunción de la Virgen, datado del siglo XVII, representando la comunión entre cielo y tierra.

La huella del Romanticismo

Además de las reminiscencias marineras y la sal flotando junto al puerto, otra de las cosas que define claramente a Vilanova i la Geltrú son las huellas arquitectónicas dejadas por la corriente del Romanticismo.

Reproducción del estudio de Joaquim de Cabanyes en la masía d'en Cabanyes
Reproducción del estudio de Joaquim de Cabanyes en la masía d’en Cabanyes

A finales del siglo XVIII y comienzos del siglo XIX, el movimiento movimiento había calado en toda Europa. La expresión de la subjetividad y la libertad creadora rompía con al academicismo y el racionalismo del arte neoclásico. A ello contribuyó la exaltación del folclore y el nacionalismo en Cataluña, y las nuevas generaciones de ilustrados, artistas e intelectuales, rompieron las fronteras encorsetadas de la sociedad. Fruto de ello el romanticismo caló en la arquitectura, en el diseño y decoración de las fachadas de los edificios insignes. En Vilanova i la Geltrú aún encontramos palacetes y mansiones de gran factura como la Casa Renard, Foment Vilanoví, Casa Cabanyes, Casa Samà, Xalet del Nin y Can Pahissa.  Pero el arte del romanticismo trascendió lo civil, permeando lo secular, y trasladado a la construcción o reformas de templos como ermitas e iglesias, entre ellas la de  San Cristóbal, San Gervasio y Santa María de la Geltrú.

Rambla

La Rambla más larga de Cataluña – más de un kilómetro- comienza con un monumento en forma de obelisco, obra de Josep Maria Subirachs, al presidente de la Generalitat Francesc Macià, hijo pródigo de Vilanova i la Geltrú, donde nació en 1859. No fue el único personaje público sobresaliente nacido en la localidad, ya que entre otros muchos encontramos al pintor Joaquim Budesca Català, al ya mencionado poeta Manuel de Cabanyes, al arquitecto Josep Font i Gumà, a la  catedrática de Ciencias Políticas Maria Montserrat Guibernau i Berdún, al empresario y político Francesc Gumà i Ferran, al escitor Oriol Pi de Cabanyes i Almirall o  al genial filósofo Eugeni d’Ors, filósofo.

Recorrer la rambla es un ejercicio casi de senderismo urbano, en el que al estilo de un museo a cielo abierto de la vida actual, encontramos comercios, restaurantes y edificios de bella factura. En época de fiestas como el carnaval o la Diada de Sant Jordi se engalana para ver como fluye por su caudal callejero una riada de gente.

Grafiti representando la vida de barrio de Vilanova i la Geltrú
Grafiti representando la vida de barrio de Vilanova i la Geltrú

Un túnel salva las vías del tren, reflejo de como las vías separaban como una cicatriz la población. A esa altura hay que estar atento para localizar Can Pahissa, el edificio modernista más bello de Vilanova i la Geltrú. Los bellos arcos de la entrada ya avisan de que los interiores están a la misma altura. Y por la verja del jardín se divisa el área de esparcimiento con una fuente.

 Can Pahissa, edificio modernista en la rambla de Vilanova i la Geltrú
Can Pahissa, edificio modernista en la rambla de Vilanova i la Geltrú

Mientras caminamos por la rambla, constatamos el pulso vital y auténtico de la gente de Vilanova i la Geltrú, una de las características principales de una población con mucho aprecio por su identidad. A ambos lados se suceden edificios de bella factura como Casa Magrinyà o Casa Renard, en el número 114-116, construida en 1923 por el arquitecto Josep Maria Miró i Guibernau.

Cuando alcancemos la altura de la avenida de Francesc Macià, es menester girar hacia la plaza de la Vila, un espacio porticado de estilo colonial, centro neurálgico de la vida popular, y presidido por el Ayuntamiento, obra de Francisco de Paula del Villar, primer arquitecto de la Sagrada Familia de Barcelona en 1867. La Plaça de la Vila es una de las más grandes de Cataluña, y además de alzar la vista a los edificios que se asientan en los arcos porticados como el Centro Artesano (1866), hoy Biblioteca Joan Oliva i Milà, o Casa Olivella (1868), hay que fijarse en el mosaico del pavimento con empedrado portugués y cenefas en blanco y negro. La plaza es el reflejo y resultado de la intervención de los indianos en su localidad natal, a la que quisieron engalanar con las fortunas amasadas en las actividades económicas de ultramar.

Mucho que ver en Vilanova i la Geltrú. Detalles del ayuntamiento y la Rambla
Mucho que ver en Vilanova i la Geltrú. Detalles del ayuntamiento y la Rambla

Culminando la Rambla, el Teatro Principal y rodeando el edificio accedemos a la iglesia de los patrones de la ciudad Sant Antoni Abat y la Mare de deu de les Neus. El imponente campanario barroco señala como un faro la ubicación de la iglesia, peculiar por sus dos fachadas, una dedicada a Sant Antoni Abad y la que da a la Plaça de les Neus.

Biblioteca Museu Víctor Balaguer

Víctor Balaguer i Cirera fue una de las figuras ilustres del movimiento denominado Renaixença catalana y de la recuperación de los Jocs Florals. Personaje multidisciplinar, fue miembro de la Real Academia  Española, escritor, masón, poeta, político y ministro de Fomento y Ultramar.

Víctor Balaguer i Cirera
Víctor Balaguer i Cirera

La Biblioteca Museu Víctor Balaguer, fundada en 1884 bebe de ese pensamiento liberal y transversal, adoptando todos los conceptos de arte e intelectualidad en el paraguas arquitectónico del edificio. Singular y uno de los museos pioneros en Cataluña, alberga una colección muy variada de piezas y obras de artistas catalanes como Santiago Rusiñol, Ramon Casas, Joaquim Mir, Xavier Nogués i Ramón Martí Alsina entre otros.

Sala de la Biblioteca Víctor Balaguer en Vilanova i la Geltrú
Sala de la Biblioteca Víctor Balaguer en Vilanova i la Geltrú

Una de las partes del museo que asombra por la importancia de las obras y sus autores es la exhibición permanente de una veintena de óleos del Barroco español y europeo del depósito histórico del Museo del Prado con cuadros de El Greco, Ribera, Goya, Rubens o Murillo.

No renuncia le museo al arte contemporáneo, con una colección sobresaliente pintura y escultura del siglo XX. Completando el abanico de temas, el interior del Víctor Balaguer reúne una colección etnográfica de gran interés, con objetos del Antiguo Egipto-incluyendo una momia de un niño-, Filipinas, China, Japón o arte precolombino.

Piezas etnográficas del Museo Víctor Balaguer
Piezas etnográficas del Museo Víctor Balaguer

Cerrando el círculo del itinerario se alcanza la biblioteca, un templo de sabiduría revestido por obras magnas de la filosofía, religión, historia y literatura. Permanecer en su interior observando la colección alimenta la sed de conocimiento, y nos recuerda la visita a otro espacio similar en la ciudad de Puebla, en México, la Biblioteca Palafoxiana.

Museu Romàntic Can Papiol

El Museo Romántico Can Papiol está ubicado en pleno centro histórico del antiguo núcleo de la Geltrú, a apenas unos pasos de la iglesia de Sant Antoni Abat.

Estancia de Can Papiol
Estancia de Can Papiol

Francisco de Papiol y Padró, fue un abogado y terrateniente que llegó a ser diputado por Cataluña en las Cortes de Cádiz de 1812. El edificio lo hizo construir a finales del siglo XVIII, y a su muerte sin descendencia, la casa pasó a ser propiedad de la familia Torrents. En 1961 se convirtió en museo y su interior evoca con un absoluto rigor, cómo era la vida cotidiana de una familia adinerada en el siglo XIX. El ambiente de suntuosidad de las salas, decoradas con mobiliario de la época, contrasta con estancias separadas para los trabajadores, o con una fachada del edificio de corte neoclásico en la que los excesos ornamentales se reducen a un falso esgrafiado.

La contextualización de Can Papiol resulta sumamente interesante, y no solo por la parte visual que salta inmediatamente a los ojos con los carruajes o la pomposidad de las estancias. si no también con espacios más íntimos como la cocina o la despensa, que muestran la vida de los sirvientes de los dueños.

Espacios de Can Papiol
Espacios de Can Papiol

La visita al Museu Romàntic Can Papiol expresa también, una vez superadas las apariencias de sobriedad, el lujo de la época, reflejado en el acceso a la cultura a través de la biblioteca o el arte, como a las modas del XIX como el estilo de las camas o el ocio -salas de baile, billar y música- frente a la devoción cristiana de la capilla. Otros espacios como las cuadras, la bodega y el jardín, ayudan durante la guía y visita a entender de forma global la sociedad del siglo XIX.

Museo del Ferrocarril de Cataluña

Ante nuestros ojos la mayor colección de locomotoras de vapor de Europa, y una de las mejores propuestas de revalorización del patrimonio industrial. Y es que el Museu del Ferrocarril de Catalunya propone al visitante una historia fascinante que no se acaba con los estético, si no que, trascendiendo lo visual, logra permear para hacer comprensible la importancia que tuvo en el desarrollo económico. Traqueteando por los raíles de toda la península viajaron personas, pero también ideas políticas e intelectuales o mercancías, reduciendo considerablemente las distancias geográficas.

Visita al Museo del Ferrocarril Vilanova i la Geltrú
Visita al Museo del Ferrocarril Vilanova i la Geltrú

No olvidemos que la primera línea inaugurada en la península (posterior a la de Cuba, entonces colonia española) fue la cercana línea Barcelona – Mataró en 1848.

Hoy en día el viaje en tren desprende connotaciones románticas, a menudo relacionadas con la vocación de descubrir lo que nos espera en el andén siguiente. Implica partir y llegar, y antes de que las comunicaciones por aire se universalizasen, el ferrocarril abrió la senda en el campo de las comunicaciones terrestres.

Apenas a unos metros de los andenes de la estación de cercanías de Renfe, la fachada del museo del ferrocarril llama poderosamente la atención. A punto de sumergirnos en su interior, la locomotora Virgen del Carmen – récord de velocidad en 1966 con 200 km/h- fa la bienvenida a los viajeros del siglo XXI. Uno de los aciertos del museo ha sido preservar gran parte de las infraestructuras y maquinaria original, como la mesa de enclavamientos que gestionaba las vías de entrada a la estación de Francia, como los depósitos de agua.

Vista área del Museo del Ferrocarril de Cataluña
Vista área del Museo del Ferrocarril de Cataluña

Como si fuese el escenario de un circo, la rotonda con el puente giratorio ejerce de punto panorámico para deleitar los sentidos. Y no solo los ojos se abren desorbitados, si no que en los días que las máquinas de hierro sacian su sed con agua para generar el vapor que mueva sus motores, el sonido y olor, incluso el tacto, contribuyen a embaucarnos más en el mundo ferroviario.

En el museo los niños juegan a ser grandes maquinistas, y los adultos se convierten en niños, algunos recuperando recuerdos de su infancia vinculados a los trenes. Por aquí la locomotora Martorell, la más antigua conservada de España (1854); por allá la poderosa Mamut cuya masa nos estremece. A unos pasos la Perruca, nombrada como Topo por su capacidad para moverse en zonas de túneles. Sin olvidar a réplica de La Mataró, la primera locomotora que circuló en España.

Replica de la locomotora de que circuló en 1848 cubriendo la línea Barcelona Mataró
Replica de la locomotora de que circuló en 1848 cubriendo la línea Barcelona Mataró

Y así presentan sus respetos las diferentes locomotoras y vagones, cada uno con su historia y características, como el Ou (el huevo) de 1940, cuyo nombre describe su forma; Zorrilla, la vagoneta de tracción manual que nos transporta a las películas del Lejano Oeste estadounidense, o el coche de viajeros Harlan, de 1878, que llegó a Vilanova i la Geltrú en 1881 desde el otro lado del Océano Atlántico.

Además de las locomotoras de vapor, el museo cuenta con otras más modernas, movidas por diésel o electricidad. Bordeando el futurismo de los años 70, la locomotora Talgo 353 demuestra la razón de haber sido la más rápida del mundo, gracias a la eficiencia de sus formas aerodinámicas.

Locomotora Talgo 353 en el Museu del Ferrocarril de Catalunya
Locomotora Talgo 353 en el Museu del Ferrocarril de Catalunya

Baix-a-mar

El mar besa Vilanova i la Geltrú conocedor de la relación indisoluble que tienen. Bien es cierto que de aquellos tiempos en los que la playas eran el punto de carga de los vinos han pasado. Pero la «muralla» de casas que miran orgullosas al mar, defendidas por los mástiles de los barcos y yates del puerto recuerda ese engarzamiento entre tierra firme y mar adentro. Entre palmeras sobresalen formas marineras como la de la Casa del Mar, antigua lonja de pescadores, ahora Centro Cívico de Mar.

De la arquitectura popular marinera sobrevive Ca Mà de la Fassina. Es el único testimonio de las casas con azoteas porticadas que había junto a la playa. Antigua vivienda de pescadores, la Fassina es el nombre que remite al destilado de aguardiente que se vendía a los marineros. El pórtico hacía la función de protección para guardar aparejos, reparar las redes o resguardar las embarcaciones.

Paseando por la marina de Vilanova i la Geltrú
Paseando por la marina de Vilanova i la Geltrú

En el barrio del puerto, Baix-a-mar los restaurantes de Vilanova i la Geltrú se encargan de saciar a los exigentes locales y foráneos que son conocedores de la grata gastronomía local. Recorrer el Passeig del Carme buscando una terraza o lugar donde comer el fin de semana o en verano puede resultar un dilema ante la cantidad y calidad de lugares. Nosotros optamos en esta ocasión por el Restaurante Macot, situado frente al puerto y cuyo carta y menú nos parecieron excelentes.

Una fideuá bien servida en el restaurante Macot
Una fideuá bien servida en el restaurante Macot

El plato más célebre de la tradición gastronómica loca es el xató, una ensalada a base de escarola, bacalao, anchoas y la salsa del xató: elaborada con almendras y avellanas tostadas, migas de pan con vinagre, ajo, aceite, sal y ñora. Tampoco hay que olvidar el ‘all cremat’ las gambas, ‘sepia a la bruta’ caracoles de mar y en general el marisco de su costa.

Ribes Roges

El camino por el paseo de Ribes Roges toma la dirección de su homónima playa, pero antes es menester la parada junto a la Torre Blava. Se trata de una torre de defensa del siglo XIX, construida en el contexto de la tercera guerra carlista, que el artista Josep Guinovart ha reinterpretado como un espacio de homenaje a la gente del mar.

Junto a la media luna que separa la playa de Ribes Roges de la playa de la República, un escollo sirve de pedestal para la  escultura de Oscar Estruga Vilanova denominada Pasífae. Recrea el mito helénico del minotauro, con un formato curioso, al hacer una metáfora de la fagocitación de Pasífae, la mujer del rey de Creta, Minos. El mito cretense cuenta que Poseidón, dios del mar, envió un toro blanco a Creta para que su rey, Minos, le sacrificase en su honor. Minos se negó, maravillado por la bravura del animal, y Poseidón, enfurecido clamó venganza, provocando que Pasífae, cayera enamorada del toro.

Dédalo, era un genio reconocido de la época y la reina de Creta requirió sus servicios para satisfacer su pasión por el toro. Ordenó a Dédalo construir una vaca de madera cubierta con piel de vaca, Pasífae se escondió dentro y la llevó en medio del prado para atraer al toro blanco. El toro al ver a la bella vaca, entregó su fogosidad haciendo que Pasífae consumara su amor. De esa unión antinatural nació el minotauro Asterión, encerrado por Minos en un laberinto, y alimentado con la carne de siete mozos y siete doncellas exigidos como tributo a Atenas. La mitología griega cuenta que Teseo se introdujo en el laberinto con la ayuda de Ariadna y su estrategia del hilo para orientarse. Gracias a ello logró matar al minotauro y liberar a los pueblos de la obligación de sacrificar a sus habitantes.

La escultura del toro de bronce hace de separación entre la playa de Ribes Roges al norte y la playa d’Adarró por el sur.

Espai Far – Faro de Sant Cristòfol

El Faro de Sant Cristòfol, ‘ojo’ nocturno de Vilanova i la Geltrú es la sede del Espai Far, un museo dedicado al patrimonio marinero de Vilanova, y cuyo objetivo es la conservación, difusión y estudio de la cultura y el patrimonio marítimo local, siendo a su vez punto de información turística.

Espai Far - Faro de Sant Cristòfol
Espai Far – Faro de Sant Cristòfol

En el interior del histórico faro de 1905 hay varios espacios interesantes como el Museo del Mar de Vilanova y la Geltrú, el Espacio Víctor Rojas-bote de salvamento de 1916- y el Museo de Curiosidades Marineras Roig Toqués, que pone especial énfasis en su famosa Carpa Juanita.

Masia d’en Cabanyes

Caminamos hacia las afueras de Vilanova i la Geltrú. Pese al crecimiento de la población, la masía aún se encuentra aislada, y a falta de transporte público que nos permita llegar, el paseo sirve de introducción para entender su historia. LMasiá d’en Cabanyes, fue un palacete en el que, entre otros familiares, residió el poeta romántico Manuel de Cabanyes.

Masia d'en Cabanyes
Masia d’en Cabanyes

La familia Cabanyes hizo fortuna con el cultivo de viñedos y la producción de vino y aguardiente, comercializados sobre todo en el norte de Europa y Rusia. Las extensiones alrededor de la Masía son hoy espacio de ocio para los ciudadanos de Vilanova i la Geltrú, que acuden a pasar al día al aire libre, o a participar en numerosos eventos organizados en el recinto. Destaca en el bosque aledaño, el denominado Pi Gros de la Masia d’en Cabanyes, un ejemplar que ronda los 300 años.

Visita a la Masia d'en Cabanyes
Visita a la Masia d’en Cabanyes

Si atendemos a las señas arquitectónicas del edificio, se perciben reminiscencias de las villas italianas con líneas de Palladio. Pero la fusión juega con el concepto espacial de las masías, sumando alegorías que podrían recordar a las casas de las haciendas algodoneras del sur de Estados Unidos. Declarado bien cultural de interés nacional, el palacete neoclásico construido en 1798 está considerado un caso atípico y excepcional de arquitectura catalana de finales del XVIII. La obra se ha atribuido al arquitecto italiano Domenico Bagutti.

Convertido en Centro de Interpretación del Romanticismo (CIRMAC), la masía ahonda en el legado familiar, y el modus vivendi de una familia adinerada que ponía en relieve sus gustos refinados e intelectuales. La conservación de las estancias originales del siglo XIX, con objetos y decoración de la época es una propuesta a un viaje histórico.

Detalles del interior de la Masia d'en Cabanyes
Detalles del interior de la Masia d’en Cabanyes

El patrimonio artístico de la Masia d’en Cabanyes, incluye doce grabados de la serie «Disparates«, obra de  Francisco de Goya, adquiridos por el pintor Joaquim de Cabanyes.

Playas

Las playas de Villanueva y la Geltrú son sin duda uno de los atractivos de la ciudad. Cinco arenales se extienden a lo largo del municipio, cuatro de ellos con el sello de bandera azul. Son garantía de disfrutar gracias a la arena dorada, aguas sin oleaje fuerte y dotadas de todos los servicios de vigilancia y ocio: Playa El Far o  Sant Cristófol, Playa Platja Llarga, Platja de l’Aiguadolç (nudista), Playa Ribes Roges y la Playa Sant Gervasi.

Cómo llegar a Vilanova i la Geltrú

Vilanova i la Geltrú es perfectamente accesible tanto en coche desde Barcelona por la C-32 como de Tarragona por la AP-7; o en tren con el cercanías de la R-2, con una duración del trayecto de tres cuartos de hora aproximadamente.

Información práctica

Horarios y teléfono de los principales espacios turísticos a visitar en Vilanova i la Geltrú.

Oficina Municipal de Turismo

Dirección: Parc de Ribes Roges s/n 08800 Vilanova i la Geltrú
turisme@vilanova.cat
Teléfono: +34 93 815 45 17

Punt d’Informació Turística

Dirección: Plaça de la Vila, 11 baixos 08800 Vilanova i la Geltrú
turisme@vilanova.cat
+34 93 814 00 00 Ext. 3218

Museu del Ferrocarril de Catalunya

Dirección: Plaça d’Eduard Maristany, s/n 08800-Vilanova i la Geltrú

Teléfono: 938158491
comunicacio@museudelferrocarril.org
www.museudelferrocarril.org

Museu Romàntic Can Papiol

Dirección: Carrer Major, 32 08800-Vilanova i la Geltrú
Teléfono: 938930382
museupapiol@vilanova.cat
www.museucanpapiol.cat

Horario:

 

De mayo a octubre

Viernes, sábados y domingos de 11 a 14 h y de 17 a 19 h.
De noviembre a abril

Viernes y sábados de 11 a 14 h y de 17 a 19 h
Domingos de 11 a 14 h

Las visitas al museo son siempre guiadas, y se realizan cada hora en punto. La última visita comienza una hora antes del cierre del museo. Se recomienda realizar reserva previa a través del web www.museucanpapiol.cat

Biblioteca Museu Víctor Balaguer

Horario: De martes a viernes de 10:00h-14:00h y de 17:00h-19:00h.
excepto jueves de 19:00h-21:00h.
sábado de 11:00h-14:00h y de 17:00h-19:00h.
domingo de 11:00h-14:00h.
lunes cerrado.
Acceso gratuito todos los jueves tarde (19:00h-21:00h) y el primero domingo del mes.

Centre d’Interpretació del Romanticisme Manuel de Cabanyes

Dirección: Carrer de la Masia Cabanyes, s/n 08800-Vilanova i la Geltrú
Teléfono: 938115715
masiadencabanyes@ccgarraf.cat
www.masiadencabanyes.cat

Espai Far

Dirección: Pujada del Far de Sant Cristòfol, 2 08800-Vilanova i la Geltrú
Teléfono: 600509223
espaifar@vilanova.cat
www.espaifarvng.cat

Torre Blava-Espai Guinovart

Dirección: Passeig de Ribes Roges, s/n 08800-Vilanova i la Geltrú
938154202
informacio@victorbalaguer.cat

Mapa turístico de Vilanova i la Geltrú
Mapa turístico de Vilanova i la Geltrú
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