Experiencia Pilar 7, subiendo a lo más alto del Puente 25 de abril de Lisboa

Portugal tiene un aire bohemio que inspira al viajante y lo invita a perderse en esa atmósfera romántica. Lisboa, su capital es un ejemplo perfecto y en nuestro reciente viaje saboreamos cada instante sintiéndonos parte de la ciudad y casi un par de lisboetas más mimetizados con el día a día. Nos dejamos hipnotizar por sus callecitas empedradas de pendientes desafiantes y la vibración del tranvía atravesando las arterías de ese corazón lisboeta que se enamora cada noche con los acordes nostálgicos de un fado. Pero también nos obnubilamos con las propuestas emergentes de fantásticas actividades para llevar a cabo en Lisboa, fuera del espectro al que nos tiene acostumbradas y, la visita a las entrañas del Puente 25 de abril, se cuela entre éste abanico de posibilidades.

Diminutos ante el Pilar 7 del Puente del 25 de abril ©Marcela Pérez Z.
Diminutos ante el Pilar 7 del Puente del 25 de abril ©Marcela Pérez Z.

¿Se imaginan poder subir a lo alto del puente y desafiar su inmensa verticalidad?

¡Pues es posible hacerlo y nosotros lo hicimos!

Pero antes de subir a lo alto del Puente 25 de abril, un ‘tour’ de realidad virtual nos lleva por partes inaccesibles para el público en general, donde sólo pueden acceder los valerosos profesionales que dan mantenimiento a la estructura metálica del puente. Se trata de un vertiginoso recorrido que nos ofrece unas espectaculares vistas panorámicas del río Tajo. La aventura resulta tan real, que éste temerario paseo nos hace sentir ligeras cosquillas en la barriga al experimentar la sensación de caminar cual funambulistas cuidando de no equivocar el paso y mantener el equilibrio. Fue curioso que antes de vivirlo en carne propia, pudimos observar a una pareja que estaba en medio de su recorrido y lanzaban expresiones de asombro e incluso impresión para quienes no dominan muy bien el vértigo. Y luego pudimos constatar el porqué ésta es una experiencia única y ¡qué no te puedes perder!

Nuestro compañero giroscópico Aitor viviendo la experiencia virtual ©Marcela Pérez Z.
Nuestro compañero giroscópico Aitor viviendo la experiencia virtual ©Marcela Pérez Z.

Con éstas imágenes en la cabeza, estamos ansiosos por ir ganando altura y llegar al fin hasta el Pilar 7 donde nos espera un elevador panorámico que nos llevará hasta un mirador de cristal suspendido a 80 metros de altura. La expectación crece al descubrir la historia del puente a través de pequeñas salas de exhibición que nos muestran la historia de éste maravilloso gigante de acero que se eleva majestuoso sobre el río Tajo. Su construcción requirió de casi 6000 kilómetros de cables tensores que podemos apreciar en el recorrido por su interior, parecieran ser las arterias que lo mantienen vivo, si aguzamos el oído; al paso de los automóviles y el tren, que transitan por él, escucharemos el potente rugido de su torrente que estremece.

Estamos subiendo y se acerca el momento de coger el elevador y conquistar su cúspide, sus paredes transparentes nos permiten gozar de las vistas mientras ascendemos y una vez arriba, nos encontramos con el mirador de cristal. El fenómeno que causa es peculiar, porque la gente intenta primero dar un pequeño paso para tantear si la superficie es firme y se puede andar -a pesar de que sea perfectamente segura y de un grosor idóneo-. Pero la percepción juega con nuestra mente, aunque una vez aparcado el temor inicial, es un espectáculo para los ojos.

Las entrañas del Puente 25 de abril parecieran las arterias que lo mantienen vivo ©Marcela Pérez Z
Las entrañas del Puente 25 de abril parecieran las arterias que lo mantienen vivo ©Marcela Pérez Z.

Nosotros aprovechamos para llenarnos bien las pupilas de esas maravillosas vistas girando lentamente en 360º para disfrutar de cada ángulo. Lo recorremos sin apuro, nos admira pensar en todo el trabajo realizado para construir semejante obra de ingeniería. No es la primera vez que nos maravillamos con unas vistas como éstas, pero cada escenario es único e irrepetible. Nos recuerda tanto a nuestro ascenso por el Puente de Portugalete en Bilbao.

Preciosas vistas cerca de Plaza del Comercio hacia el Puente 25 de abril ©Marcela Pérez Z.
Preciosas vistas cerca de Plaza del Comercio hacia el Puente 25 de abril ©Marcela Pérez Z.

Un vistazo más y emprendemos el descenso y esa misma tarde aún con el sentimiento de la experiencia a flor de piel, nos acercamos hasta la Plaza del Comercio para disfrutar del ocaso a la margen del río y avistar a lo lejos como se traza divinamente la silueta del Puente 25 de abril, ese que horas antes nos ofrecía una perspectiva opuesta de la ciudad. Y es que Lisboa ésta llena de contrastes e insistimos, de romance… Basta mirar esa dualidad presente incluso en su atardecer, donde hasta los astros son presas del idilio, la Luna sale tras un cielo violáceo y añil para cortejar al Sol en su último suspiro que se pierde entre un firmamento ocre y cobrizo, parecieran cielos distintos y sin embargo hay cabida para esa confluencia celestial en tiempo y espacio. Lo que casi sin perseguirlo, nos lleva a pensar en el gran Fernando Pessoa… ¡Cómo no iba a inspirarse con éstos paisajes! Casi podemos intuir su sombra en la distancia, su mirada se pierde en la lejanía y su pecho, como el nuestro, henchido de inspiración por éstas estampas lisboetas da rienda suelta a nuestra imaginación y a sus versos. Y, ¡qué mejor manera de cerrar ésta crónica que con el precioso andar de su letras, observando, quizás como ahora nosotros, éste fascinante espectáculo a la vera del Tajo.

Como Pessoa Lisboa nos inspiró con éstas postales ©Marcela Pérez Z.
Como Pessoa Lisboa nos inspiró con éstas postales ©Marcela Pérez Z.

Oda marítima (fragmento):

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