Road Trip por la costa dálmata en Croacia II . De Dubrovnik a Split

Seguimos recorriendo la costa dálmata en un road trip que nos conduce a lo largo de una estrecha franja entre el azul del Adriático y las montañas rocosas a un viaje lleno de tesoros que descubrir. Un mar sembrado de islas que vemos desde tierra y que más tarde tendremos la fortuna de ver desde la cubierta de un barco de vela que nos conducirá de isla en isla, en una de nuestras primeras travesías surcando el Adriático.

La magnífica ciudad de Dubrovnik visa desde la carretera
La magnífica ciudad de Dubrovnik visa desde la carretera

De las murallas de Ston y Mali Ston nos acercamos a otra ciudad amurallada: Dubrovnik. Antes de llegar paramos un momento para verla desde lo alto de la carretera, una auténtica postal que tuvo que ser reconstruida tras la guerra de la antigua Yugoslavia, y que hoy nos regala una península rodeada de azul intenso en la que se asienta un casco antiguo cubierto de tejados anaranjados y abrazado por murallas por las que se puede pasear.

Dubrovnik, una de las joyas que nos encontramos en esta ruta por la costa dálmata y en la que sentimos necesidad de quedarnos. Desde ahora, y a lo largo de toda la visita a Dubrovnik comprendemos porqué la llaman “la perla del Adriático”. 

Parada en las aguas cristalinas de Srebreno

Srebreno
Srebreno

Antes de continuar nuestro viaje, volvemos atrás para recoger a otro viajero giroscópico que se incorpora a nuestro road trip. En el camino no podemos resistirnos y paramos en el pueblo de Srebreno, donde descubrimos un paisaje paradisíaco, un panorama que se repetirá a lo largo de nuestro viaje por la costa de Dalmacia. Las casas que miran al mar y son observadas por las imponentes montañas salpicadas por otras poblaciones, la luz intensa que ilumina este día de principios de verano y que nos invita a bañarnos en esas aguas relucientes. Barcos que se mueven en un vaivén dulce en la bahía que contribuye al sopor de los bañistas que se doran sobre la cama de piedras de la playa principal.

Seguimos un sendero y buscamos una cala tranquila en la que darnos un buen chapuzón para combatir el calor. En seguida vemos que las aguas son azul turquesa en una zona, por lo que decidimos buscar por allí la cala deseada, ¡y la encontramos! Hasta la bautizamos con nuestro nombre emocionados por el deseo de conquistarla. Aunque no es fácil bajar, ya que es una zona rocosa, allí está esperándonos, un trozo de playa para nosotros solos.

Parada en Srebreno para darnos un chapuzón en sus aguas cristalinas
Parada en Srebreno para darnos un chapuzón en sus aguas cristalinas

Casi entramos en esas aguas transparentes sin darnos cuenta, ya que la temperatura del agua es buenísima, aunque el verano haya recién comenzado. Nos estamos dando uno de esos primeros deliciosos baños que anuncian muchos otros en aguas del Adriático.

Fascinados por Dubrovnik

El día luminoso continúa reflejado en la piedra de las murallas y los edificios señoriales de Dubrovnik. Estamos por fin en una ciudad que queríamos conocer hace tiempo, y a pesar de que está bastante volcada hacia el turismo, nos encontramos que está llena de vida, y las gentes del lugar se mezclan con los viajeros que quieren pasear al menos un día por sus calles o por sus murallas. En el artículo de El Giróscopo viajero “Viaje al corazón de Dubrovnik, la perla del Adriático” se lo contamos.

Dubrovnik, Patrimonio de la Unesco
Dubrovnik, Patrimonio de la Unesco

Patrimonio Mundial de la Unesco, el casco antiguo de la ciudad de Dubrovnik (o Ragusa, como se conocía la ciudad hasta 1808) es una auténtica maravilla arquitectónica con sus callejuelas medievales, plazas, palacios, iglesias…el puerto viejo. El descubrimiento de sus tesoros nos revela el pasado de una ciudad que estuvo bajo el control de Venecia, después del reino de Hungría, de los turcos otomanos, …

Tras pasar el puente levadizo, la Puerta Ploce nos engulle y nos convertimos en espectadores maravillados de todo lo que desfila ante nosotros. Por una tarde, nos fundimos con la ciudad de Dubrovnik, nos admiramos con la belleza de la calle principal, la Placa, por la que pasean viajeros perdidos en la admiración de los magníficos edificios aristocráticos. Nosotros preferimos perdernos por las callejuelas llenas de faroles que cuelgan de los edificios de piedra blanca, impolutos, por las callejuelas habitadas por gentes del lugar, sentarnos a su lado en el puerto viejo, mirando cómo parten los barcos que llevan a la isla de Lokrum, o atravesar puertas que nos llevan a lugares sorprendentes, cafés imposibles situados en rocas que miran al Adriático. Al final, reposo en la plaza del reloj admirando la arquitectura que nos rodea a la luz del atardecer.

Del puerto de Dubrovnik parten barcos hacia las islas
Del puerto de Dubrovnik parten barcos hacia las islas

Y antes de que se apague, subimos en teleférico a lo alto del monte Srd, añadiendo otro de punto de vista diferente de la ciudad que todavía no nos ha liberado de su encanto. A medida que subimos, la fascinación por Dubrovnik aumenta: las vistas panorámicas de la ciudad amurallada son espléndidas.

Rozando las nubes desde las Murallas de Dubrovnik 

En nuestro road trip por la costa dálmata nos quedamos prendados de la ciudad de Dubrovnik, no podíamos abandonarla después de haber pasado una jornada por sus calles mágicas. Por lo que decidimos quedarnos una mañana más para visitar las murallas de la ciudad.

De pronto fuimos conscientes del privilegio de poder tener tantos puntos de vista diferentes de la “perla del Adriático”. Primero desde el cielo, la pequeña ciudad amurallada con sus tejados naranjas; después desde la carretera, atrayente, bella, rodeada de azul; una vez dentro del casco viejo, imponente, rezumando pasado y tiempo por cada piedra de calles, plazas y edificios; desde el cable car, una auténtica joya con luz de atardecer. Y ahora, desde las murallas, un paseo por las nubes.

Las murallas de Dubrovnik nos llevan de paseo por las nubes
Las murallas de Dubrovnik nos llevan de paseo por las nubes

Recorriendo los dos kilómetros de las murallas de Dubrovnik, apreciamos cada rincón del casco antiguo, esta vez con luz de amanecer. La Placa, arteria principal que la recorre, todavía casi desierta a estas horas, la plaza donde está la fuente de Onofrio a vista de pájaro, tramos de murallas por las que pasean viajeros madrugadores, vistas desde las propias murallas, torres y bastiones con sus banderas perfectamente restaurados…

Por momentos subimos en altura y tenemos una perspectiva más amplia de la ciudad de Dubrovnik, para en el momento siguiente volver a acercarnos, casi llegando a tocar las casas de los habitantes.

Las aguas del Adriático estás especialmente transparentes en este día azul y las tonalidades se pueden distinguir perfectamente. Jardines, palacetes, calles que se cruzan, iglesias, un giro para meterse en el mar y después un viraje más para ver el magnífico conjunto del puerto viejo. En algún momento pareciera que estamos caminando por calles altas, con tejados y cúpulas a nuestra altura. Es extraño y maravilloso recorrer las murallas de Dubrovnik.

La bellísima ciudad de Dubrovnik desde las murallas, visita indispensable
La bellísima ciudad de Dubrovnik desde las murallas, visita indispensable

Poco a poco subimos y casi sin darnos cuenta alcanzamos una altura que nos permite ver la ciudad amurallada en todo su esplendor, uno de los conjuntos arquitectónicos más bellos que hemos visto. Nuestra mirada reposa sobre esta postal que llevaremos guardada en nuestro equipaje y nos acompañará en muchos otros viajes.

En la carretera

Tenemos que continuar el viaje, todavía nos esperan muchos kilómetros hasta Split, y queremos ver lo máximo posible. Por eso tomamos de nuevo la carretera. La sensación de estar en movimiento, de ver cómo pasan paisajes diferentes de la costa de Croacia ante nuestras miradas expectantes, que el tiempo parezca precioso y se alargue a nuestro antojo hace que nos sintamos en una road movie, siguiendo la línea de la costa que se pierde en el infinito.

Nuestros pensamientos se pierden en el infinito de este road trip
Nuestros pensamientos se pierden en el infinito de este road trip

Nos cuesta no pararnos en cada pueblo por el que pasamos, parecen tan bonitos. Dejamos atrás un cartel que indica Sarajevo, Mostar y Metkovic, y en seguida pensamos en aquellos terribles tiempos de guerra en los que oíamos los nombres de Sarajevo y Mostar casi todos los días. Nos invade una profunda tristeza pensando en todo lo que esconden los muros de las ciudades, en todo el peso del pasado reciente que todavía se respira en Croacia. En la carretera siempre se crea un espacio único de silencio y reflexión, un tiempo sin tiempo en el que nos paramos a mirar de verdad el mundo que nos rodea.

Los lagos de Bacinska Jezera, bureks en la playa de Gradac, gastronomía croata en Makarska

Seguimos haciendo kilómetros en nuestra ruta por la costa de Dalmacia adentrándonos un poco en el interior y encontrándonos con una sorpresa: los magníficos lagos de Bacinska Jezera, en Ploce, espejos que salpican los bosques verdes de la región. Los contemplamos un buen rato soñando con visitarlos en nuestro próximo viaje a Croacia. Están situados entre el mar y el delta del río Neretva, en un valle rodeados de montañas. En total siete lagos: Plitko, Vrvnik, Sladinac, Podgora, Crnisevo y Ocusa, ¡una belleza!. Nos llama la atención que en muchos lugares de las carreteras de la costa croata hay puestos de fruta y licores con saquitos de pomelos colgando. Nos acercamos a avituallarnos y la amable dependienta nos ofrece un delicioso licor croata. Continuamos el camino con buen sabor de boca.

Los lagos de Bacinska Jezera
Los lagos de Bacinska Jezera

Más tarde, decidimos parar en el bonito pueblo de Gradac, más bien en la larga playa, de piedras, claro, como la mayoría de las playas de Croacia, algo que no nos entusiasma pero que se ve compensado por las aguas cristalinas del Adriático. Allí compramos unos bureks de patata, una auténtica delicia que conquistó nuestro paladar desde el primer día que pisamos Croacia. Tras un fantástico baño, los comemos mirando al mar.

Siguiente parada: Makarska. Un pueblo presidido por imponentes montañas y con un bonito paseo marítimo lleno de terrazas des restaurantes y cafés de diseño. Es algo que vimos constantemente a lo largo de nuestro viaje a Croacia: las formidables terrazas bien preparadas que invitan a sentarte y probar las especialidades gastronómicas de Croacia mirando al mar y los barcos que salen rumbo a la isla de Brac. En cada lugar intentamos comer algo diferente, y aquí probamos los deliciosos gnoquis, tan presentes en la gastronomía croata, que acompañan a la Pasticada. De postre un café helado (ice coffe) – helado, café y nata – que nos seduce de tal forma que acabamos pidiéndolo en paradas posteriores.

Una imagen típica de la costa dálmata
Una imagen típica de la costa dálmata

El calor nos anima de nuevo a parar para bañarnos en las aguas del Adriático, no excesivamente cálidas a principios de junio, pero increíblemente cristalinas. El baño es aún más delicioso cuando nos convertimos en privilegiados espectadores de una tormenta sobre el mar. El cielo gris y la lluvia y los rayos cayendo en el horizonte mientras estamos en el agua.

Tormenta en el Adriático
Tormenta en el Adriático

Última parada antes de Split: Omis

Este pueblo es mucho más grande que los anteriores, pero tiene en común el hecho de encontrarse entre una magnífica montaña y el mar Adriático. Seguramente si nos informamos, podríamos hacer muchas rutas de senderismo por esas montañas de Omis y ver la costa desde otra perspectiva, seguro que las vistas son espléndidas desde ahí arriba.

Paseamos por la playa y ya nos entran ganas de bañarnos de nuevo viendo a unos niños jugando en la arena gruesa. Pero decidimos recorrer el pueblo, las bonitas calles del casco antiguo llenas de terrazas y ambiente. Llegamos hasta el castillo que mira a la ciudad, y nos quedamos un rato admirándola, para después bajar al río entre imponentes montañas lleno de bonitas barcas amarillas y azules. Pena no podernos quedar más tiempo, pero tenemos todavía tenemos que llegar a Split, donde nos quedaremos a pasar la noche y parte de la jornada siguiente.

En el camino, el pueblo de Omis
En el camino, el pueblo de Omis

Fin del road trip: Split y Trogir, Patrimonio de la Unesco

Nuestra ruta por esta parte de la costa dálmata se termina aquí, dejaremos el otro tramo para el próximo viaje a Croacia. De Split les hablaremos próximamente, aunque podemos decir que también nos encandiló. Una ciudad cargada de historia que posee un casco antiguo excepcional y un gran encanto tanto de día como de noche. Nos perdimos durante horas por sus callejuelas, plazas y monumentos y encontramos auténticos tesoros.

Recogemos en Split al último viajero giroscópico que nos acompañaría en nuestra travesía por las islas de Croacia y hacemos una última parada a 20 kilómetros. Nos recibe luminosa la bellísima ciudad medieval de Trogir, Patrimonio de la Humanidad, situada en una pequeña isla unida a tierra firme por un puente. Fortalezas, la catedral, palacetes…callejuelas llenas de encanto que desembocan en el paseo marítimo. Todavía tenemos tiempo para sentarnos en una terraza frente al río admirando la magnífica arquitectura que nos rodea.

Split, otra de las grandes ciudades que visitamos en la costa dálmata
Split, otra de las grandes ciudades que visitamos en la costa dálmata

Cerramos nuestro road trip entusiasmados por todo lo visto y sobre todo porque es el inicio de otro viaje intenso que nos conmoverá profundamente. Una singladura que nos embarcará en un velero para surcar durante días el Adriático recorriendo algunas de las islas croatas más bellas.

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