Islandia en Campervan, mucho más que un viaje

Playa de Reynisfjara y promontorio de Dyrhólaey, al sur de Islandia. Una de las zonas más espectaculares que visitamos. ©Iñigo Pedrueza.

Todo viaje comienza mucho antes dar el primer paso. Siempre hay una preparación y un proceso que mezcla deseos imaginados e ideas preconcebidas. Muchas veces esto nos ayuda a evitar problemas, otras desvela secretos y sorpresas, como cuando alguien nos cuenta la trama o el final de un libro. Sin embargo, hay destinos, hay viajes, que por mucho que se anticipen, que se describan, sorprenderán siempre, y descubrir Islandia es uno de ellos.

Depende por supuesto, del bagaje, la experiencia y la personalidad de cada viajero. Tampoco, la sorpresa implica que el viaje nos vaya a encantar o defraudar, pero la batería de sensaciones y de estampas no nos dejará indiferentes.

Los viajeros y los turistas somos tan diferentes que muchas veces de poco sirven los relatos de otros viajes. Esperamos que éste, al menos, sirva para aguzar el interés sobre ese maravilloso país que es Islandia.

Islandia, la frontera de Europa.

La mitad de Islandia pertenece geográficamente a América, la otra a Europa. La isla no es más que la cumbre de una inmensa cordillera submarina, la Dorsal Atlántica, donde la corteza terrestre se expande y amplía las placas Norteamericana y Euroasiática. Islandia es un territorio joven y sometido a cambios drásticos, por el clima, las erupciones volcánicas y los terremotos. Si a ello añadimos que Islandia es un país donde el ser humano ha llegado recientemente, -apenas a comienzos del siglo X-, tendremos completo el retrato general: un territorio con una naturaleza salvaje y poca presencia o acción humana. Pocas ciudades, carreteras básicas y servicios mínimos fuera de la zona de Reykjavik. Hoteles correctos pero bastante espartanos. Aunque en la actualidad el parque hotelero se está renovando y ya existen algunos alojamientos modernos con diseño contemporáneo y todos los servicios, por ejemplo el que se encuentra junto al Blue Lagoon y algunos más. Todo ello a precios altos, o muy altos.

La rusticidad de ciertas infraestructuras (otras en cambio son resplandecientes, como las centrales geotérmicas o las piscinas públicas que todo pequeño pueblo posee) debe tenerse en cuenta cuando viajamos a Islandia. Ello y la falta de hábitos turísticos, lo que hace que el trato sea poco empático y un poco brusco. Unido a un inglés con un acento muchas veces indescifrable (al menos ellos saben inglés, no como nosotros en España…), el carácter nos sorprenderá al principio. Todo esto no quiere decir que los islandeses no sean amables, porque lo son, pero la forma de ser, sorprende bastante al comienzo. Las grandes inmensidades, las distancias y el hecho de que la mayor parte de la población resida en la conurbación de Reykjavik no facilita el contacto humano. Como en la novela de Verne, el viaje a Islandia es más un viaje hacia el interior de la Tierra y de nosotros mismos, que hacía el otro. Islandia es sobre todo naturaleza y mineralidad, son paisajes, carreteras sin fin que se alargan paralelas a una costa plana, jalonada de penínsulas recortadas de un lado, macizos montañosos sublimes, glaciares, bloques de basalto o volcanes adormecidos del otro. Ni siquiera la fauna le hace sombra. Las aves son magníficas pero a veces están de vacaciones en el Ártico o en África, y los cetáceos inmensos, ellos, hay que ir a buscarlos al océano que muchas veces se vuelve bravío.

Campos de lava y musgo en la península de Reykjanes, junto al aeropuerto de Keflavik. Una zona desconocida y muy interesante. @Íñigo Pedrueza.

Islandia es un mar de lava petrificado donde la naturaleza y el ser humano se han anclado con dificultades. Las raíces no son profundas, ni las de los escasos árboles, algo que falta constantemente en el paisaje, ni las de los hombres, que fuera de la capital son sólo invitados de circunstancias. Invitados testarudos y constantes que han conseguido sacar alguna riqueza de este territorio norteño donde hay más coladas de lava, glaciares y morrenas que campos de cultivo. Fuera de Reykjavik las granjas se desperdigan, cada vez a más distancia entre los accidentes geográficos descomunales. Una llanura kilométrica, un par de cráteres perfectos y después una pequeña granja con varios edificios, canales de drenaje y algunos caballos que pacen o se alinean ofreciendo la grupa al viento gélido. Esa es Islandia. Las ovejas descansan en los establos, demasiado preciadas para perderlas en mitad de una tormenta de nieve. Como la que recorrimos de camino al glaciar de Skaftafel, a 90 km/h con camiones que nos lanzaban marejadas de ventisca al pasar.

Pero Islandia cambia, y unas horas después el sol alumbra un mar verde de roca convulsa y musgo fosforescentemente verde. Un par de pájaros desconocidos glosan ruidos increíbles y se pavonean en lo alto de un caos de lava seca. La carretera atraviesa esas inmensas áreas de malpaís que antaño fueron barreras casi infranqueables para los islandeses. Todo recorriendo sólo un tramo de la Ring Road, por el sur, entre Sellfoss y Skogafoss. Lo hacemos en una furgoneta que es nuestro hotel, nuestra casa y nuestra oficina, nuestro mejor instrumento para el viaje, la campervan. La mejor manera de viajar y conocer Islandia, la más barata, la más parecida a como es el país, rústico y salvaje, en contacto con la naturaleza.

Islandia en campervan.

Auroras boreales en Geysir. Salimos de las campervans para disfrutar con calme de este espéctaculo. ©Iñigo Pedrueza.

Lo dice el título y el artículo debería hablar sobre todo de la campervan. Pero nosotros lo hemos obviado ya que Islandia obvia al humano y sublima la naturaleza, lo telúrico, lo alza sobre todo y el hombre se vuelve pequeño y nimio. El campervan es el mejor medio de transporte y de viaje por Islandia, y es sólo eso, ya que no venimos a Islandia de paseo, venimos a experimentar y a empaparnos, a veces literalmente de este nuevo mundo.

El humano es insignificante cuando se hace de noche y sólo hay luz en el cielo, cuando las auroras boreales refulgen en un cielo fino. Bandas y cortinas blancas, matizadas por los lados de verde o violeta. Habrá que pararse, poner el trípode y la cámara, esperar unos segundos para que la foto se acerque al mito esplendoroso de la aurora boreal. Lo ven, me vuelvo a perder, porque Islandia hace que perdamos el norte, que los días dejen de engarzarse en semanas y que la vida normal tenga sentido. Islandia es muy cara, pero ya lo hemos olvidado. El tiempo es cambiante y riguroso, pero no nos importa, el viento limpia el aire, el sol ilumina lateralmente y tiñe de colores vivos las paredes rocosas, destaca los musgos, los minerales, curva las fumarolas y tuesta nuestra piel. Lloverá después, para que el verde sea tan verde, para que las cascadas broten y desborden la meseta central. Puede que, más tarde, cuando aparezca un otoño crepuscular, nieve, y la nieve lo cubra todo de blanco. Un blanco inmaculado sobre cumbres que probablemente nadie aún haya pisado. Y ese blanco que cae, pero que cesará con el último viento del día, sacará los colores del polvo de estrellas que provoca las auroras. Con un poco de suerte las veremos metidos en una piscina a cielo abierto y a 40º.

Más de dos páginas y aún no he hablado de las campervans. Justo eso es viajar en estas furgonetas adaptadas para ser nuestro medio de transporte y nuestro hogar en Islandia: disfrutarlas olvidándolas, inmersos en la naturaleza. Que no hable de ellas, significa que sus ventajas son de largo mucho más numerosas que sus pegas, que las tiene. Que no las mente quiere decir que son nuestro instrumento para realizar un viaje que es El Viaje. No se viene a Islandia a comer bien y barato, no se viene a alojarse en un resort y sorber cócteles, se viene a Islandia a sufrir con el principio del mundo. A sufrir o a disfrutar de una experiencia única, de sensaciones desconocidas en otras partes del planeta, Islandia es un viaje de los de verdad, de los que exige nuestra participación física y mental. Claro está, es de los que ofrece, de los que da, los que se recuerdan y se rememoran. No se diluirá en el tiempo porque lo habremos vivido intensamente.

Disfrutando del Campervan en Islandia.

Faro de Hópsnesviti, en Grindavik. Desconocido y maravilloso cementerio de barcos. Mágico. ©Iñigo Pedrueza.

El viaje nos recompensa, pero nos exige. Muchos kilómetros a recorrer, nosotros hicimos más de 2700 en una semana, por carreteras tan bellas como exigentes. Rectas inmensas, curvas y pendientes, asfalto en mal estado y baches muy grandes, piedras sueltas por todas partes y ausencia de arcenes. El tráfico no es muy grande, sobre todo saliendo de Reykiavik, pero hay bastantes autobuses, tractores, camiones e inmensos 4×4 con ruedas ciclópeas. Tampoco se conduce rápido, pero cruzarse, como decíamos antes, a 90km/h en una carretera sin arcenes, con una ventisca de nieve (exagero un poco) es una prueba realizable, pero que implica un cierto hábito de conducción, ausencia de miedo y constante atención.

Cerca de los puntos turísticos más conocidos encontraremos bastantes coches y autobuses, por lo que se recomienda cuidado. Lo mismo con los animales (ovejas o renos) que pueden cruzar o “pastar” en mitad de la carretera. Hay también muchos puentes o pasos limitados a un carril pero sin semáforo, por lo que hay que calcular en la inmensa recta si llegaremos antes que el autobús blindado que avanza hacia nosotros. Está al alcance de cualquiera que conduzca y sea prudente, no me crean todo lo que digo. Y luego podrán contar batallitas. Conducir por las faldas de volcanes; sobre llanuras donde desaguan glaciares; bajo fiordos, en túneles que parecen una sauna de varios kilómetros; junto a antiguos puertos balleneros, fábricas de aluminio o faros que recuerdan cementerios de barcos… las carreteras de Islandia son únicas.

Y sigo sin hablar del campervan. Recapitulemos. Una furgoneta (hay varios tamaños), con calefacción, internet, nevera, hornillo para cocinar, sacos de dormir, una gran cama en la parte de atrás y departamentos para colocar maletas y demás. Un vehículo que será nuestro hotel y que nos permite visitar toda la Islandia que quepa en nuestro viaje.

Esto, como todo, dependerá del tiempo y la disponibilidad, del dinero y de nuestros gustos. Que sirva como ejemplo nuestro viaje personal. El último viaje en campervan duró 8 días, con uno dedicado a la capital, Reykjavik. Personalmente, pensamos que en una semana apenas se puede ver:

la increíble y bastante desconocida península de Reykjanes (donde se encuentra Keflavik y el aeropuerto internacional);

la igualmente espectacular península de Snafellnes al norte de la capital y al sur de los fiordos del oeste;

– la zona de Thingvellir y Haukadalur (el valle de los Geysers);

– y el sur de Islandia hasta Skaftafell y la laguna glaciar de Jokulsárlon.

Puerto de Stykkishólmur, nuestro punto más norteño en este viaje increíble. Península de Snaefellsnes. ©Iñigo Pedrueza.

Y con cierta prisa, que es lo que tiene ir de viaje de trabajo y no de placer. Sólo eso, y sin la exhaustividad que hubiera sido necesaria. Nada de Landmannalaugar, ni mucho menos de los fiordos del Oeste, del Este o el centro y el norte, Akureyri, Husavik o el círculo de Diamante. ¿Es posible ver más en ese tiempo? Sí, sin duda, pero el viaje entonces se limitará a un road trip sin bajarnos casi del vehículo. Hay personas que hacen la Ring Road, la vuelta al país en 8 días. Limitaciones de tiempo y de dinero obligan, pero nos parece imposible. Preferimos recomendar ceñirse a un viaje menor como el nuestro, o focalizarse en el norte, con Snaeffelness; o en el sur hasta los fiordos del Este, pero dejando de lado Snaeffelness. Es nuestra opinión. Y para los que tengan suerte y posibles, lo ideal es estar tres semanas o un mes en Islandia, sin duda. La inmersión será increíble.

Consejos prácticos.

Acantilados de Arnarstapi. Increíble. El campervan te permite verlo casi todo. ©Iñigo Pedrueza.

Viajar en campervan es el medio más eficaz para conocer Islandia gastando el menor dinero posible. Además del componente económico, tiene la ventaja de garantizarnos un hotel calentito y siempre con vistas. El parque hotelero islandés es limitado y en la temporada alta (julio y agosto) resulta difícil encontrar un hotel fuera de Reykjavik y menos aún, barato. Islandia es un país para moverse y hacer kilómetros, por lo que el alquiler de coche es obligatorio. Dadas las distancias y la espectacularidad de los paisajes, es posible que cambiemos de planes, con la campervan (o la autocaravana) podremos modificar nuestro recorrido. Únicamente, hay que recordar que la nueva ley de 2017 obliga a pasar la noche en un camping o lugar equivalente autorizado a ello. Hasta 2016 la acampada libre era posible. Desgraciadamente, el aumento del turismo y ciertos comportamientos incívicos de los turistas (abandono de basura y otros detritus, entrada en terrenos privados o en zonas protegidas), junto a la acuciante falta de infraestructuras como papeleras o baños, han hecho obligatorio pernoctar en lugares adaptados. Los campings no son tan modernos ni cómodos como los de Francia, sólo son más caros. A pesar de ello, siempre será mucho más barato que alquilar un coche y pagar un hotel. Lo decimos en serio, créannos.

Un pequeño recordatorio. Las campervans no tienen baño -las autocaravanas sí- y no olviden que en Islandia no hay árboles, ni maleza, ni casi vegetación… por todo ello y porque el café es muy bueno y barato, -de verdad-, les conminamos a usar las gasolineras que se encuentran por todo el país para ir al baño. Un café tres euros, con la posibilidad de repetir, (con moderación, y paguen uno por persona, por favor, no queden mal) yendo al baño, nos parece algo al alcance de todos. Por otro lado, los campings cuentan con duchas y servicios. Recuerden, no hay árboles…

Centro de Reykiavik, desde la iglesia de Hallgrímskirkja. ©Iñigo Pedrueza.

Por ultimo, decir que el viaje en campervan es increíble, pero no está hecho para todos los viajeros. Si no está dispuesto a dormir, comer y viajar en el mismo vehículo, le recomendamos que alquile una autocaravana o un coche y hoteles. El viaje puede costar el doble, pero las comodidades serán mayores, evidentemente. Decimos esto, porque, tras una semana, era complicado saber donde estaba la ropa limpia, la sucia, el cepillo de dientes y el cable del ordenador. Un objetivo rodó y rodó (por suerte son manuales analógicos, baratos y resistentes), el bañador acabo por error en el cubo de la basura y, para dormir, todos los trastos, ropa y alimentos debían pasar a los asientos delanteros. No hubo ningún problema de frío, ya que la calefacción posee una batería que se carga mientras el campervan circula, y circulamos, no les quepa duda. Nevadas, sol, múltiples aparatos electrónicos, todo lo aguantó, eso sí, es conveniente un adaptador si llevan ordenador o varias cámaras.

El problema principal puede ser que si llueve, la ropa mojada y, el tener que descalzarse y meter las botas húmedas en los departamentos bajo la cama, exigirá una cierta pericia y mucho orden. Eso o, asumir que el desorden, la ropa mojada, el barro, todo es una insignificancia, teniendo en cuenta que recorremos Islandia obnubilados por lo que más allá de las ventanillas nos permite ver, hacer y sentir, nuestra casa hotel.

Agradecimientos

Queremos dar un abrazo especial a nuestro amigo Miguel Rodríguez -y a sus empresas Todo Islandia y Reykjavik Auto, que tan amablemente nos prestó la campervan con la que pudimos realizar este viaje y escribir sobre Islandia. Porque de la colaboración hemos pasado a la amistad, porque el vil metal ya sólo es esa condición impuesta que nos obliga a trabajar, y porque sobre las necesidades perentorias planea el cariño y la filosofía. ¡Gracias amigo! Y como los abrazos, además de gratis, son beneficiosos, otros muchos para Jesús Rodríguez y su Café Roma, a Estrella y Luciano, con quien Islandia se encarnó y se hizo humana.

Agradecemos también a la compañía aérea Wow Air, que nos llevó a Islandia, especialmente a Sverrir Falur Björnsson; a Íris Tryggvadóttir de Artic Adventures que nos sumergió en la falla de Silfra (¡Gracias Igor!); ellos también nos llevaron de excursión sobre el glaciar de Skaftafell: gracias a Luke, Hodei Orueta y Anula por la compañía y las conversaciones; y también a Atli Kristjánsson del Blue Lagoon y Heiðdís Einarsdóttir de Visit Reykjavik.

Agradecer es honrado, por eso también abrazamos, esperando que les lleguen estos abrazos sinceros a: Manolo Fernández y su programa Toma Uno, de Radio 3 y a Alex Dutilh y su programa Open Jazz, de France Culture, que nos acompañaron por las extensiones y los volcanes de Islandia componiendo una playlist inolvidable.

Para más información no duden en contactarnos. Y si lo que desean es reservar un campervan, autocaravana o coche de alquiler en Islandia, dígannoslo y les pondremos en contacto con las empresas que conocemos en Islandia. Y por supuesto toda la información sobre Islandia en nuestra Guía de Islandia.es

Atardece en el fiordo de Hvalfjördur al norte de Reykjavik. ©Iñigo Pedrueza.

Resumiendo un viaje en Campervan:

A favor.

– Se trata de uno de las maneras más baratas de conocer Islandia, sino la más barata. Esto no quiere decir que sea barato, porque nada es barato en Islandia, pero es la manera más económica de moverse y conocer el país.

– Tendremos hotel, coche, conexión internet, mini cocina, nevera, calefacción y mirador.

– Dormir viendo las auroras boreales, desplazarse por todo el país.

Con la campervan en el puente entre las placas de América y Euroasia (Miðlína) cerca de la zona geotérmica de Rejkjanes. ©María Calvo.

En contra.

– La Campervan no está hecha para todo el mundo. El espacio es reducido y al final la ropa y los objetos se mezclan en un batiburrillo complejo. Existen varios tipos de campervans, algunas más grandes y cómodas, pero más caras. La autocaravana es la mejor de las alternativas si busca comodidad y espacio.

– Si el tiempo es malo, la campervan muestra sus limitaciones, pero el problema sería similar en un hotel.

-Desde enero de 2017, una nueva ley obliga a pernoctar obligatoriamente en un camping o aparcamiento autorizado (normalmente pequeños bares o granjas que lo permiten). La causa, la basura y otros desechos que la acampada salvaje provocaba en los últimos años. El aumento del turismo y la falta de infraestructuras ha hecho que el gobierno tome está decisión. Hay que añadir entre 10 y 20€ por persona y noche a nuestros gastos. La electricidad y las duchas suelen ir a parte. Los campings no son tan buenos como los de Francia u otros países europeos, pero van adaptándose progresivamente. Durante el invierno y fuera de la temporada alta muchos campings, sobre todo fuera de Reykiavik, están cerrados pero permiten que pasemos la noche en ellos. Sin duchas ni baños, pero gratis (for free, sí)

3 comentarios de “Islandia en Campervan, mucho más que un viaje

    1. Aitor Pedrueza

      - Edit

      Reply

      Gracias Jesus! Esperemos que se animen muchos viajeros a recorrer Islandia en camper o autocaravana. Es una experiencia sensacional y que se graba para siempre en la mente.

  1. Me ha emocionado como has contado vuestra experiencia, se nota que Islandia deja huella y que sin duda es un destino muy especial.

Escribe un comentario!! (Vamos...es gratis y nos hace ilusión saber que te ha parecido.