El Blue Lagoon o la Laguna Azul de Islandia. Baños en las entrañas de la tierra

Bienvenidos al Blue Lagoon de Islandia

La Laguna Azul o Blue Lagoon (Bláa lónið) se divisa entre campos de lava, un paisaje sorprendente que nos entusiasma en el primer día de nuestro viaje a Islandia. Por la carretera serpenteante nos dirigimos a las columnas de humo que se ven en horizonte: allí está el célebre Blue Lagoon (Bláa lónið), ese inmenso balneario geotérmico de aguas azul turquesa con el que soñamos desde que planeamos nuestro road trip por Islandia. El recomendable ir al Blue Lagoon (Bláa lónið) el primer o el último día, como una forma de inaugurar el viaje a esta isla llena de sorpresas, o como brocha final a las emociones sentidas a lo largo del periplo.

Nosotros escogimos ir al Blue Lagoon (Bláa lónið) en nuestra primera jornada en Islandia y la sorpresa fue tal, que aún habiendo imaginado lo que es pasar unas horas el la famosa Laguna Azul, nos quedamos maravillados. Fue como adentrarse en las mismísimas entrañas de la tierra, conociendo uno de los elementos esenciales de este país de agua, hielo y fuego.

La sorpresa ya había comenzado con el amanecer, cuando empezamos a explorar una Islandia silenciosa todavía, que se desperezaba poco a poco mientras nosotros la recorríamos en la que sería nuestra casa durante ocho días. Una campervan a través de cuyas lunas panorámicas, contemplábamos con pasmo volcanes, campos de lava, cuevas, faros solitarios a orillas del mar…Fotografías de paisajes tan ajenos a nosotros que nos asombraron desde los primeros instantes.

Islandia en campervan, una experiencia inolvidable

Antes de llegar al Blue Lagoon (Bláa lónið) recorrimos una buena parte de la Península de Reykjanes, dejándonos guiar por sus faros. Siguiendo la línea de costa, nos detuvimos en sus playas, acantilados, y nos adentramos hacia el interior escuchando el crujir de la lava bajo nuestros pies en Reykjanesbaer, el puente que une el continente americano y el euroasiático. Y nos asomamos a cráteres de volcanes en esta maravilla geológica que es la Península de Reykjanes – que forma parte de la red Reykjanes Unesco Global Park. Para terminar en el geositio de Gunnuhver, la antesala de lo que nos encontraríamos en el Blue Lagoon. Entre grandes fumarolas la fábrica se delinea a medida que nos acercamos; ríos de agua hirviendo recorren la tierra y el cráter de barro hirviente más grande de Islandia.

Nunca jamás habíamos estado en un lugar tan extraño, sintiendo que la tierra ruge, escuchándola, viendo cómo escupe humo, hiriendo los suelos con sus aguas hirviendo. Desde que pisamos estas tierras supimos que nos adentrábamos en un mundo diferente. Nuestra estancia en Islandia prometía ser un viaje al centro de la tierra. Ansiamos continuar explorándola, descubrir sus más recónditos lugares, sus secretos más íntimos.

¿Pero qué es el Blue Lagoon (Bláa lónið)?

La irrealidad del Blue Lagoon

Llegamos al Blue Lagoon (Bláa lónið) a última hora de la tarde, cuando ya habíamos descubierto un pedazo de Islandia y nos parecía que llevábamos ya semanas por esos parajes extraordinarios esculpidos por la inmensa fuerza de la naturaleza. Un recorrido por la Península de Reykjanes, buena preparación entender el origen el Blue Lagoon (Bláa lónið).

Se preguntarán qué es la Laguna Azul, pues bien, se trata de un balneario geotérmico con aguas minerales terapéuticas situado en el campo volcánico más reciente del oeste de Islandia. Pero la historia del Blue Lagoon (Bláa lónið) es apasionante, y nos permite comprender muchas cosas de este país extraordinario que se aleja de los lugares a los que estamos acostumbrados, aunque bien es cierto que puede recordarnos a Tenerife, La Gomera o Madeira.

Como les contábamos, esta aguas de silicio proceden de las profundidades de la tierra, situadas a 2000 metros, compuestas por agua del mar y agua fresca que se mezclan a temperaturas extremas y se sacan a la superficie a través de perforaciones realizadas por la planta geotérmica, Svartsengi, que comenzó a ser explotada en 1976.

Descubrimos maravillados que la fábrica utiliza el agua subterránea – que está ¡a 250º! – para crear electricidad y agua caliente para abastecer una buena parte de Islandia: toda la zona suroeste, y la gente la usa sobre todo para calefacción, y les sale muy barata. La fábrica no explota el agua llena de silicio porque tiene una alta concentración en sílice y sales minerales, por lo que las vierte a una gran laguna artificial, que no es más que la célebre Laguna Azul o Blue Lagoon (Bláa lónið), que tiene un total de 9 millones de litros.

Enormes tuberías transportan agua desde la fábrica de Svartsengi a los hogares islandeses

Todavía tardaron unos años los islandeses en empezar a bañarse en esta agua, y eso que una de las costumbres más extendidas en Islandia es la de las piscinas termales públicas que están al aire libre, tanto las piscinas con instalaciones como los hotpots o piscinas naturales. Fue en 1981 cuando empezaron a utilizar libremente las aguas azules del Bláa lónið), y vieron que tenía propiedades curativas para la piel debido precisamente al sicilio. En 1987 se abrieron las piscinas al público, y en 1994 una clínica especializada en el tratamiento de la psoriasis. Ya en 1999 se crea un espectacular complejo con una piscina termal, tiendas y un restaurante. Sus aguas azules, curativas y la belleza excepcional del entorno convirtió el Blue Lagoon (Bláa lónið) en uno de los sitios más visitados de Islandia.

Entrada al Blue Lagoon (Bláa lónið)

En ese inmenso campo de lava donde se sitúa el edificio principal de la Laguna Azul diseñado por el arquitecto Sigríður Sigþórsdóttir, siguiendo un estilo contemporáneo que extraña en un primer momento: una construcción tan moderna, con sus líneas minimalistas, en medio de este paraje extraordinario de lava. Pero al mismo tiempo, parecen haberse fundido el uno en el otro con el paso del tiempo.

Café-restaurante con vistas al Blue-Lagoon

Exploramos el interior del edificio del Blue Lagoon (Bláa lónið) antes de hacer cola para que nos den la pulsera que nos permitirá entrar al complejo. Pasamos por la tienda con productos procedentes de las aguas de sílice, y llegamos al café-restaurante, a través de cuyas inmensas cristaleras se contemplan las aguas azules del Blue Lagoon (Bláa lónið). Asombrados nos apresuramos a entrar a los vestuarios.

Los espacios para cambiarse son increíblemente modernos y espaciosos, con taquillas privadas que se abren automáticamente con la pulsera de entrada (que también se usa para pagar las bebidas del bar. Como en las piscinas públicas de toda Islandia, las normas de limpieza son estrictas: es necesario lavarse bien con jabón, champú y acondicionador –recomendable contra la sequedad que producen las aguas – antes de entrar en la Laguna Azul. Los vestuarios están muy bien acondicionados con todo tipo de útiles: jabones, secador,…Todo es muy funcional.

Los colores mágicos de las aguas del Blue Lagoon (Bláa lónið)

La magia de zambullirse en las aguas del Blue Lagoon

Es hora de zambullirse en el color azul de las aguas del Blue Lagoon (Bláa lónið). Es extraño, ya que al meternos más bien parecen de color blanco: en realidad el fondo es blanco, pero una conjunción perfecta de la luz del sol con el sílice, uno de los componentes de las aguas de la Laguna Azul, consigue que las aguas se vuelvan azules por arte de magia. De ahí el nombre del lugar. Aunque hemos oído que en verano puede llegar a ser de color verde por otro de sus componentes: las algas, que se multiplican con exposición larga a la luz del sol. Somos conscientes de que estamos entrando en un lugar extraordinario.

Las temperaturas del exterior en este día de finales de invierno son muy frías, pero las aguas de la Laguna Azul son de un tono azul casi verdoso intenso debido al sol que hace. Adentrarse en ellas lentamente produce un extraño placer resultado del choque entre el frío de las temperaturas reinantes y el calor de las aguas – que suelen estar entre 37 y 40º C. -.

¿Está el Blue Lagoon (Bláa lónið), habitado por extraños seres?

Siluetas recortadas en las aguas azules, entre vapores que suben de las profundidades de la tierra

La gente que disfruta de este rincón de paraíso a un paso de Reykjavík se encuentra en un estado de modorra y adormilamiento. Nos unimos a ellos explorando la Laguna Azul lentamente, caminando en las aguas, nadando suavemente para no interrumpir el silencio reinante. Miramos al infinito de esta inmensa piscina y las imágenes que vemos parecen irreales: siluetas recortadas en las aguas azules, entre vapores que suben de las profundidades de la tierra, las líneas de un puente dibujado en el horizonte,…

El tiempo se para por un tiempo indefinido, vamos de un lugar a otro sintiéndonos como en otro mundo, miramos alrededor y nos envuelve esa niebla intensa, ese calor sofocante. Por momentos sacamos los brazos para atrapar un poco del frío ambiente para en seguida volver a las aguas geotermales del Blue Lagoon (Bláa lónið).

Todo nos parece extraño de repente: la gente pasa con sus gafas de sol puestas y su móvil en la mano como si estuvieran paseando por la ciudad, actúan normalmente, como si no estuvieran en un sitio extraordinario en una isla en el extremo del mundo. Traen a este sitio insólito sus hábitos mundanos. De todos modos, da la impresión de que ellos mismos se transformaron, actúan normalmente, pero sonríen de forma extraña, da la sensación de que este es su medio, estas aguas hirvientes. Empiezo a imaginarme que son seres que habitan desde hace mucho tiempo en esta Laguna Azul, y que ni ellos mismos lo saben. No me identifico con ellos, nosotros parecemos recién llegados que prueban esta agua por primera vez, ellos nos sonríen de través como si no supiéramos lo que nos espera.

El edificio contemporáneo del Blue Lagoon

Nos dirigimos allí donde la gente hace más alboroto y salen con la cara cubierta de arcilla de color blanco o verde de algas que los hace todavía más extraños. Decidimos jugar el juego y también nos embadurnamos con esas máscaras de arcilla que acaba cubriéndonos completamente el rostro. Ahora sí parecemos uno de ellos, otro de los habitantes de esas extrañas aguas que salen de las profundidades de la tierra.

Continuamos explorando la Laguna Azul, hay puentes con pasarelas que llevan a otros rincones, al fondo se adivina el paisaje volcánico de la Península de Reykjanes. Me parece extraordinario recorrer el Blue Lagoon (Bláa lónið) y encontrarme con rocas volcánicas que perfilan la laguna. Y si se mira hacia el otro lado, se ve el edificio contemporáneo, la gente que nos mira desde el restaurante de inmensas cristaleras al fondo.

Diferentes escenas de gente divirtiéndose entre rocas cubiertas en su parte inferior de sílice, o bajo chorros de agua que caen en cascada,…en alguna zona hay personas flotan en el agua cubiertos con una toalla, también la cara. Unos hombres les masajean las extremidades del cuerpo. Nosotros vamos de un grupo a otro, recorriendo todos los rincones de la Laguna Azul de Islandia.

Masejes de lo más relajantes en el Blue Lagoon

Unas cervezas en el Blue Lagoon (Bláa lónið) cubiertos de arcilla

No podemos creer lo que ven nuestros ojos: ¡un bar en el Blue Lagoon (Bláa lónið)!, allí en medio de las aguas azules, entre vapores se delinea un pequeño edificio de diseño contemporáneo y su barra con gente apoyada. Nos dirigimos allí cubierta la cara de arcilla y no sabemos si decantarnos por la cerveza o por alguno de los cócteles con pinta deliciosa. Es extraño encontrarse allí en medio de ese paraíso bebiendo una cerveza.

Nos quedamos todavía un buen rato frente al bar del Blue Lagoon (Bláa lónið) disfrutando de este momento y viendo pasar gente con sus caras cubiertas de arcilla yendo a buscar su bebida helada, que contrasta con el calor de las aguas hirvientes. Si no fuera por esa humareda, por el cielo azul, la gente en bañador y las bebidas heladas parecería que estamos en una laguna tropical.

Una cerveza en el Blue Lagoon

Despedida del Blue Lagoon (Bláa lónið). El Hotel Silica

Nos despedimos de la fascinante Laguna Azul de Islandia, allí se quedan los extraños seres con los que nos cruzamos durante horas, sus siluetas proyectadas en las aguas azules, entre vapores que continúan disipándose en su contacto con el aire. Nos hubiéramos quedado más tiempo, pero el calor ya era demasiado, por mucho frío que estuviera haciendo fuera. La capa que conservamos durante varias horas más nos vino muy bien para enfrentarnos a la noche gélida.

A la salida del Blue Lagoon (Bláa lónið) nos dirigimos al Hotel Silica – que está a unos 10 minutos -, un alojamiento alucinante situado en pleno campo de lava, con laguna propia para los huéspedes. Un impresionante oasis de paz que no llegamos a visitar. En cambio, nos quedamos en el entorno de la planta geotérmica, Svartsengi, que lanza constantemente sus vapores a la atmósfera, en una carrera de velocidad para llevar electricidad y agua caliente a los hogares islandeses.

El Hotel Silica, y las aguas de un azul intenso

El panorama es espectacular, extraordinario: lava, aguas de un azul claro que ciegan con su luminosidad, sembradas de rocas manchadas de sílice. Seguimos el camino que conduce a un Hotel Silica fundido con el entorno, las superficies de las rocas de lava cubierta por un musgo verde que las hace extremadamente bellas. Cada detalle, cada rincón de este trocito de la isla de hielo y fuego es fascinante, prolegómeno del mundo fantástico que nos espera en este periplo por Islandia.

Agradecimientos

Queremos agradecer a Atli Kristjánsson del Blue Lagoon su amabilidad y buena disposición a la hora de invitarnos a esta magnífica Laguna Azul que se quedará ya para siempre grabada en nuestros recuerdos de Islandia.

Gracias una vez más a Miguel Rodríguez -y a sus empresas Todo Islandia y Reykjavik Auto, gracias a quien recorrimos Islandia en campervan. También a Jesús Rodríguez y su Café Roma, a Estrella y Luciano. Con todos ellos pasamos momentos muy valiosos.

Agradecemos también a la compañía aérea Wow Air, que nos llevó a Islandia, especialmente a Sverrir Falur Björnsson; a Íris Tryggvadóttir de Artic Adventures que nos sumergió en la falla de Silfra (¡Gracias Igor!); ellos también nos llevaron de excursión sobre el glaciar de Skaftafell: gracias a Luke, Hodei Orueta y Anula por la compañía y las conversaciones; y a Heiðdís Einarsdóttir de Visit Reykjavik.

Entrada al Blue Lagoon

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