Libro Mil viajes a Ítaca, una visión personal sobre Grecia

Hay quienes se sienten omniconscientes cuando después de apenas palpar un par de islas griegas ya parecen conocer sus milenios de historia. Ana Capsir, autora de “Mil Viajes a Ítaca. Una visión personal sobre Grecia”, reflexiona sobre la necesidad de volver como herramienta de comparación, de relectura de los geotopos, de apreciación cuidada y sosegada para entender como hay capas en el espacio tiempo que nunca se repiten.

Hay viajeros que hacen del viaje un proceso vital, en el que el aprendizaje es un arte, o incluso como dirían los griegos un Episteme, un conocimiento adquirido. Capsir es una de esas viajeras pertinaces. En nuestro caso fue la Trinakria (nombre griego de Sicilia) la que nos abrió una puerta sin retorno hacia la pasión por lo desconocido. Capsir se embarcó hacia su Ítaca particular, sin saber si encontraría un hilo de Ariadna hacia el centro del laberinto griego.

Portada del Libro Mil Viajes a Itaca
Portada del Libro Mil Viajes a Itaca

A bordo de su velero “la Maga”, Capsir intenta descifrar el alma griega, pero siempre dejando un lugar para entender el alma sofista de Grecia, o aún más el de los isleños. La verdad  (o al menos la verdad absoluta) no existe, y si existiera no es descifrable decían los sofistas, y si existiera y por un casual la encontrásemos, no podríamos alcanzarla, y si aún así lo lográsemos, no podríamos descifrarla, y aún en el improbable caso de que se lograse entender, no se podría comunicar…. Así es Grecia, un laberinto, un enigma, un bucle.

Capsir juega con la trampa de acercarnos a las islas a través de una forma de viajar casi olvidada, siguiendo los tiempos de los contadores de olas, que viajaban con el ritmo lento del viento, a bordo de un barco que emula a los argonautas. Se antoja difícil ese viaje para la mayoría de los mortales, en estos tiempos en donde se pretende conocer las islas griegas (casi 600) en una semana.

La locura del turista artificial es la hacer instantáneas de los molinos de Mykonos, o del atardecer de Oia en Santorini, sin apenas sentarse a conversar con sus habitantes. Ahí radica el error, y Capsir lo repite de forma pertinaz. Grecia se conoce a través de los griegos, y solo así se comprende y se ama.

La solidaridad entre ellos que menciona Capsir la hemos vivido en otros lugares como en México. En ambos si no fuese por ese principio hace tiempo que Zeus hubiese fulminado a los humanos. Ellos mantienen el caos y la corrupción, pero al mismo tiempo evitan el apocalipsis absoluto. En la forma de pensar más racional de una mente cuadriculada y más racional, una revolución o una guerra habrían despertado ese letargo, pero aquí en Grecia los malabarismos están a la orden del día.

En Grecia esa balanza entre el “bien y el mal” mantiene un equilibrio que solo se comprende mientras se comparte un ouzo con los paisanos de una taberna.

Se podría decir que la Grecia clásica murió con el turismo de masas que asola Santorini o Mykonos, pero las islas griegas son mucho más. Y en cierta manera, el turismo es imprescindible para Grecia. Es fuente de ingresos para una economía dependiente, que con la globalización ha hecho de algunas islas un escaparate globalizado de tópicos y fachada impersonal. Pero como saben los viajeros pacientes, basta rascar la costra de óxido para encontrar el Demiurgo, el alma de las islas griegas. Capsir lo retrata perfectamente: “Solamente puedes conocer una isla cuando te has aburrido o enamorado en ella”.

Monasterio de Moni Arkadi en Creta
Monasterio de Moni Arkadi en Creta

Las historias mínimas de Capsir tienen mucho de lugares comunes, y eso es lo que atrapa al lector, como por ejemplo la del perro Kanelo de Limnos, el can que simbolizaba la protesta estudiantil; o Dick, una especie de cancerbero del siglo XX, temido por los guardias del campo de concentración de la misma isla durante la dictadura de Metaxas. O personajes como el mecánico salvador del barco de Capsir; María la tabernera de Lefkada enamorada del músico Ludovikos ton Aniogión; o Yannis de Astipalea que con su filosofía vital no acaba de entender a los “bárbaros” que acuden a las islas griegas a “robar” el sol y la playa para guardarlos en su rutina cuando vuelven a sus grises ciudades.

Quizá anticipando la belleza que existe en el caos griego, el relato de Capsir es un salto de isla en isla, anacrónico y desordenado, donde no sabemos la fecha en la que se vivió la experiencia. Eso lo hace más certero aún, porque ese “engaño” o juego de ilusión para con el lector hace que nos sintamos grumete tras los ojos de la autora. Los que esperen una guía descriptiva de lo imprescindible de las islas griegas se sentirán decepcionados, porque “Mil Viajes a Ítaca-.”se acerca más a la lectura de las crónicas viajeras de Durrell, Goethe o Fermor.

Resulta así mismo interesante el análisis de la toponimia eólica que nos brinda Ana Capsir, que desborda las islas griegas como no podía ser de otra manera en este Mare Nostrum sin fronteras ni patrias para los ojos del viajero.

Ana Capsir en Grecia
Ana Capsir en Grecia

Con Mil Viajes a Ítaca se esbozarán sonrisas, suspiros en los que aún no conocen algunas de las islas y una simpatía por el relato personal de su autora. Dicen que lo que mueve a un viajero verdadero es la pasión, y de eso hay mucho en “Mil viajes a Ítaca”

Al igual que Capsir nos sentimos coleccionistas, que realmente valoran más el proceso de búsqueda que la meta en si misma, porque en el proceso está el aprendizaje. Porque al final αυτή είναι Ελλάδα, es decir “Esto es Grecia…”

“Mil Viajes a Ítaca” es una publicación de la editorial Ediciones Casiopea, con una colección de libros muy interesantes,

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2 comentarios de “Libro Mil viajes a Ítaca, una visión personal sobre Grecia

  1. Hola a todos. Muchas gracias por el comentario de mi libro en vuestro blog. Justamente, este libro, empezó siendo un blog: Navegandoporgrecia.com por eso comprendo vuestros esfuerzos en mantener esta bitacora tan interesante y con tanto trabajo. Os deseo lo mejor para el nuevo año

    Ana Capsir Brasas, autora del libro Mil viajes a Itaca

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