Liberación de tortugas marinas en Puerto Escondido

Las majestuosas olas de Zicatela son el mejor embajador del estado mexicano de Oaxaca en el mundo del surf. Temidas, respetadas y soñadas, su poderío ha posicionado a Puerto Escondido como uno de los mejores destinos surfistas del mundo. Son ya décadas de campeonatos internacionales que han permitido la creación de un denso tejido turístico cuja mejor bandera e idioma está escrito en las tablas de surf.

Aquellos que no se ven capaces de batir en duelo a las salvajes olas, buscan otras actividades menos arriesgadas, y sin duda la liberación de tortugas es una de las preferidas por muchos viajeros.

Tortuga caminando hacia el mar
Tortuga caminando hacia el mar

Liberación de tortugas recién nacidas en Puerto Escondido

A lo largo de la Costa de Puerto Escondido hay varias playas a las que las tortugas acuden a desovar. Algunas son casi vírgenes, mientras otras son destino de viajeros que disfrutan del sol sin saber que bajo sus pies pueden estar los huevos de las tortugas. Aún hoy, pese a la continua concienciación para no consumir los huevos de tortuga, son numerosos los furtivos que rastrean las huellas de las tortugas para desenterrarlos. Al humano, el peor enemigo de las tortugas, se unen perros, gatos, tejones, aves y otros depredadores que minan la capacidad de número de tortugas. Los huevos de tortuga son consumidos en algunos platos tradicionales, y poco a poco se trata de que la gente local entienda que el beneficio de preservar las tortugas es mucho mayor, ofreciendo trabajos en el sector turístico, y un polo de atracción de viajeros.

En realidad no hace falta darle indicaciones a las tortugas ;)
En realidad no hace falta darle indicaciones a las tortugas 😉

Uno de esos campamentos tortugueros se encuentra en playa Bacocho, llamado Vive Mar, y creado en 2010 por Hugo Ibañez López. Y con él y todos los voluntarios nos hemos reunido para conocer su trabajo.

Campamento tortuguero en playa Bacocho

Hoy el campamento es una estructura de madera firme, pero el trabajo hasta llegar aquí ha sido duro. No siempre han contado con el beneplácito de autoridades, y el esfuerzo de los voluntarios ha sido crucial para que el campamento de tortugas de Playa Bacocho sea una realidad. Han tenido que remar contra viento y marea, y hablar de marea en una costa con un oleaje tan duro, es hablar de luchar incesantemente.

Los pilotes de madera del corral creado para velar por los huevos se hunden varios metros en la arena, y una cerca solida protege la estructura para proteger a las futuras tortugas.

Estructura para la protección de los huevos de las tortugas
Estructura para la protección de los huevos de las tortugas

Charlamos con Hugo sobre ese trabajo constante, que implica siempre estar atento día y noche, en pos de la protección de las tortugas. Su hijo, Iker, es uno de los que ahuyenta las gaviotas mientras se liberar las tortugas, evitando que las devoren. Con apenas 8 años ya está curtido por el sol, y por las explicaciones que da con un rigor y profesionalidad que sorprenden en un niño.

Iker, el voluntario más joven de Vivemar
Iker, el voluntario más joven de Vivemar

Liberación de tortugas

Sin duda hay mucho de simbólico en el ritual. Al fin y al cabo se trata de acercar a la gente para divulgar y hacer pedagogía sobre una especie en peligro de extinción.

Tras abonar una pequeña cuota simbólica se accede a un tramo de playa limitado para la liberación. Primero escuchamos la charla de los encargados del Campamento Tortuguero Vive Mar, enfocada a conocer más sobre los peligros que acechan a las tortugas. Nos comentan que las tortugas ponen entre 80 y 150 huevos y la temperatura determina el sexo. A mayor temperatura hay más probabilidades de que nazcan hembras de los huevos.

Cuando los voluntarios detectan que una tortuga ha desovado en una parte de la playa, proceden a desenterrar los huevos y después de depositarlos en una palapa cerrada, dejar en incubación los huevos de 40 a 60 días.

Terminada la charla nos entregan una de las pequeñas tortugas, procediendo a darle un nombre. Piensa que las tortugas golfinas pueden vivir por lo menos 50 años, y al ser animales filopátricos, regresarán a la misma playa a desovar, y quién sabe…igual te la vuelvas a encontrar.

Animando a las tortugas para que alcancen el mar
Animando a las tortugas para que alcancen el mar

Hoy toca liberar a tortugas oliváceas o golfinas (Lepidochelys olivacea), la más pequeña de las tortugas marinas. Recibimos la tortuga en una pequeña jícara de coco que nos sirve para transportarla cerca de la orilla. El pequeño recipiente sirve de protección para que no toquemos la pequeña tortuga y no se impregne de químicos y otras sustancias que llevamos en nuestras manos. Además así evitamos que su saco vitelino se infecte, ya que está lleno de nutrientes que le proporcionan energía a la tortuga.

Cuencos para depositar las tortugas en la arena
Cuencos para depositar las tortugas en la arena

Levemente la depositamos en la arena, inclinando la jícara para que la tortuga tome contacto con la arena y pueda orientarse. Algunas de las tortugas inician frenéticamente su carrera hacia al mar, mientras otras son más lentas. Los cangrejos que hacen sus refugios bajo la arena húmeda, salen apresurados de sus escondites, acercándose con curiosidad hacia las tortugas.

El rostro de la felicidad liberando tortugas en Puerto Escondido
El rostro de la felicidad liberando tortugas en Puerto Escondido

En la orilla, pareciera que los voluntarios intentan apedrear al sol cuando en su huida deja un cielo teñido de naranjas. Pero las bolas de arena se deshacen nada más alzar el vuelo, convertidas en disuasorios perdigones que solo pretender asustar a las aves que no entienden de especies amenazadas. A tal extremo tiene que llegar el ser humano después de alterar tanto la cadena alimenticia y los fondos marinos, a tratar de poner parches en barcos que pierden agua por mil sitios.

"Disparando" bolas de arena a las tortugas
«Disparando» bolas de arena a las tortugas

La liberación de tortugas en Playa Bacocho se lleva a cabo todos los días al atardecer, a partir de las 17:00 horas y hasta que se hace de noche.

Lo importante no es llegar primero, si no llegar al mar
Lo importante no es llegar primero, si no llegar al mar

El sol desciende como si la un técnico de un mágico atrezzo lo descolgase lentamente mientras otros van pintando con finas pinceladas el horizonte. Primero de amarillo, luego de naranjas, rojos, y finalmente de violetas que se ennegrecen, antesala de la salida al escenario de las estrellas, cubriendo el firmamento.

Nada puede detener el ritual de vida y muerte que se presenta ante nuestros ojos. Las tortugas pugnan por llegar a la orilla, orientadas por el giróscopo de magnetita que tienen en sus cabezas, y que les permite dirigir su paso hacia las olas.

Los asistentes empujamos con ánimos, palabras e incluso rogando a las olas, que las tortugas se fundan con el agua. Cada tortuga tiene sus propios ritmos, a veces haciendo una parada para recobrar fuerzas o identificar la dirección correcta.

Las tortugas intentan salvar todo tipo de obstáculos
Las tortugas intentan salvar todo tipo de obstáculos

La mayoría se queda hasta que «su tortuga» es engullida por las olas, esperando que las gaviotas no ejecuten su descenso para agarrar con su pico a los quelonios, cuyo caparazón aún no es escudo endurecido. Las aves se asemejan a los monos alados del Mago de Oz, que con sus garras secuestran a las pequeñas tortugas. No hay nada que objetar, es el ciclo de la vida, la cadena de una bicicleta que debe estar engrasada por todos los eslabones.

Nuestra tortuga a punto de ser barrida por la ola
Nuestra tortuga a punto de ser barrida por la ola

Finalmente nuestras tortugas son barridas por las olas, que actúan con su resaca como canal de hipervelocidad que las introduce mar adentro. Bajo el agua le esperan un sinfín de vicisitudes para alcanzar a vida adulta, pero nuestro cometido como personas educadas en la preservación de las tortugas se ha cumplido.

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