Las bellas playas de Cala Gonone en barco. Cala Luna, Cala Goloritzè y muchas más

Si hay algo que abruma en Cerdeña son la gran cantidad de playas que hay a lo largo de la costa de la isla. Las hay para todos los gustos, con bajos arenales para niños, calas perdidas que solo son accesibles en barco o tras varias horas caminando entre senderos, de dorada o blanca arena fínísima, o de pequeñas piedras de mil colores. Nosotros somos asiduos a la isla, y desde que fuimos la primera vez nos enamoró de tal manera que acabamos escribiendo una guía de información de Cerdeña.

Aguas cristalinas en la playa de Cala Luna
Aguas cristalinas en la playa de Cala Luna

La última vez hemos querido tomarnos la revancha de la excursión en barco que no pudimos hacer las dos veces que habíamos visitado el golfo de Orosei y la población de Cala Gonone al este de la isla . El mar es caprichoso y las embarcaciones y lanchas no siempre pueden salir a la mar para acercarnos a su secreto más preciado.

A la pregunta de ¿Cuál es la mejor playa del golfo? resulta difícil responder. Pero evidentemente Cala Goloritzè y cala Luna merecen una parada si o si, pero hay quién busca la tranquilidad, o simplemente poder anclar la lancha sin problemas ni litigios con los bañistas, y en esos casos Cala Mariolu y la piscina de Venere son buenas alternativas a las dos primeras playas que sobre todo en julio y agosto tienden a llenarse demasiado.

En Cerdeña mayo, junio, septiembre y octubre son buenos meses para visitar la isla, y animarnos a bañarnos en sus aguas. Evidentemente depende de si el verano ha llegado pronto o si se alarga y podemos disfrutar de un plácido otoño.

Excursión en barco

Saliendo en lancha desde el puerto de Cala Gonone seguimos la costa disfrutando de unos colores que parecen una paleta de imposibles turquesas, verdes y tonos azulados de toda índole. De repente, como si fuese una escena de National Geographic un grupo de ballenas aparece a unos centenares de metros. El día anterior uno de nuestros colaboradores ya nos había comentado que un grupo de ballenas estaba estos días pasando por la costa, y de hecho pudimos divisar desde el paseo marítimo como lanzaban chorros de agua a lo lejos, pero no teníamos la confianza de que aún permanecieran aprovisionándose en la costa del Golfo de Orosei.

El hecho de que desgraciadamente ya no sea habitual verlas en estos lares del Mediterráneo le añade un punto aún más emocionante. Nuestra lancha se acerca para intentar tener una vista más cercana, intentando no asustarlas mucho.

Se trata de un grupo de tres ballenas, concretamente de las especies Rocual Común, una de ellas una cría que sigue el aprendizaje de su madre con inmersiones que hace que desaparezcan por eternos segundos hasta que aparecen de nuevo a unos centenares de metros más allá.

Ballenas en la costa del golfo de Orosei
Ballenas en la costa del golfo de Orosei

La fascinación por el momento que estamos viviendo no nos hace perder la perspectiva de que a fin y al cabo estamos “persiguiendo” a las ballenas y que es mejor dejarlas en paz. De modo que retomamos el camino siguiendo la línea de costa de escarpados acantilados.

Pasamos frente a las playas de Ziu Martine primero y Cala Fuili a las que se puede llegar en coche, bicicleta o moto desde Cala Gonone. A partir de aquí la sucesión de siguientes calas es inaccesible desde tierra, salvo Cala Luna, y la última parada, la célebre Cala Goloritzè a la que se puede llegar después de un pequeño trekking.

Paramos frente a la cueva del Bue Marino, a la que no entramos para tener más tiempo en las paradas en las playas. El nombre proviene de la foca monje (bue marino en sardo), que antes poblaba la costa este de Cerdeña y que fue poco a poco desapareciendo hasta el punto que no se ha constatado su presencia desde 1976. En esta cavidad natural tenían su refugio, y hoy se ha convertido en una gruta cuya visita es muy recomendable

Entrada a la Cueva del Bue Marino
Entrada a la Cueva del Bue Marino

Entre la siguiente cala, Ziu Santoru y Cala Luna el barco pasa por algunos arcos naturales con curiosas formas fruto de la erosión del mar. Tras jugar al escondite con el resto de lanchas donde van otros compañeros del grupo continuamos hacia la inconfundible Cala Luna.

Las grutas que se divisan desde el barco son su seña de identidad. Una sucesión de cuevas se abren como ojos sobre la playa de Cala Luna, una ensenada donde muere el río Ilune que en época de lluvia es un furioso torrente por donde bajan las aguas de las montañas de la Barbaglia.

Grutas de Cala Luna desde la lancha
Grutas de Cala Luna desde la lancha

En mayo todavía no hay mucho turismo y se agradece. Después de atracar nos tomamos nuestro tiempo para bañarnos, tirarnos al sol un rato y luego caminar hasta las cuevas que desde la entrada nos invitan a entrar hasta el fondo y después girarnos de golpe para quedarnos deslumbrados por las sugerentes formas de cada una, y el escenario de aguas turquesas tras el improvisado telón oscuro que dibuja las formas de las cuevas. Además de las cuevas Cala Luna es una de las mejores playas ya que el cañón permite que el sol de atardecer prolongue la vida de los rayos solares, mientras que en los días más calurosos las cuevas sirven de refugio para refrescarnos del calor.

Grutas en Cala Luna

Continuamos con una profunda pena nuestra excursión en barco, aunque con sumo gusto nos quedaríamos todo el día aquí. De hecho una opción es alquilar un kayak y venir por nuestra cuenta desde Cala Gonone. Es una actividad muy recomendable.

Cala Sinine es la siguiente parada, un pequeño arenal de piedras pequeñas que es más tranquilo que Cala Luna. Después seguimos divisando varias grutas ideales para esconderse en grutas donde nuestra lancha se introduce y se hace invisible.

No muy lejos están las Calas anexas de  Billaricoro y Biriala, cuyas aguas reflejan el bosque que prácticamente llega hasta el mar. En lo alto de la montaña se alcanzan los 600 metros, y nos comentan que es uno de los mejores lugares para bucear con tubo y aletas. Pero la parada para bañarnos de nuevo la hacemos en las piscinas de Venús (Piscine di Venere, en la zona de Su Feilau) que gracias a la blancura de los acantilados funcionan como un espejo en las aguas.

Refrescados subimos de nuevo al barco para llegar a Cala Mariolu (Ispuligidenie), una de las joyas del golfo. Dicen que el nombre proviene de la exclamación “Acca cestà Mariolu” (aquí hay algún ladrón) de un pescador cuando se percató de que alguien le robaba el pescado que dejaba escondido en una gruta, sin pensar que el único ladrón era una foca monje que se comía el pescado.

Disfrutando de las formas curiosas esculpidas por la erosión
Disfrutando de las formas curiosas esculpidas por la erosión

Cala Gabbiani (Ispuligidenie) precede a la encantadora Cala Goloritzè, cuyas agujas puntiagudas donde es frecuente ver escaladores señalan su llegada. La llegada masiva de barcos hizo que se prohibiera acercarse y desembarcar. Los guardas forestales vigilen desde el monte para “tomar la matrícula” de los infractores que no cumplen y se aproximan demasiado a la playa de Cala Goloritzè. Si queremos pisar la arena podemos lanzarnos y nadar un rato, o hacer un trekking, pero nosotros nos contentamos con disfrutar del paraíso terrenal que ofrece una de las estampas más famosas de Cerdeña.

Llegando en barco a Cala Goloritzè
Llegando en barco a Cala Goloritzè

Si os interesan las excursiones en barco con parada e estas playas nos podéis escribir y os recomendaremos una empresa que trabaja muy bien. Conviene reservar con antelación y no esperar al último día, sobre todo en julio y agosto porque acude mucho viajero y es frecuente que nos quedemos sin plaza.

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