De Islandia a Malta en dos sellos

Husavik en la emisión conjunta con Malta en 2011.
Husavik en la emisión conjunta con Malta en 2011.

No es la primera vez que la filatelia nos inspira viajes. Esperemos que no sea la última. Primero, porque en esos recortes de papel hay mucha historia, mucho conocimiento, mucha reflexión. Son papelitos que sirven para rastrear en el pasado, para observar el presente, para valorar y comprender los hechos y las acciones. La filatelia no es neutra, es propaganda, es recuerdo, es homenaje. Y es un viaje.

Cuando me regalaron los sellos que mi abuelo -el que fue a América- había recogido en sus viajes, y después, cuando se ancló para siempre en ese reborde del Cantábrico, cuando llegó a mis manos aquella caja de puros repleta de estampillas, comenzó mi viaje. Desbaratando los papelitos usados, recorría las geografías que después estudié en los libros. Imaginaba historias salidas de los tebeos de Don Mickey y de las novelas de Julio Verne. Creaba imperios y los destronaba con repúblicas inverosímiles gobernadas por un Famóbil negro. Los sellos fueron generales y diputados, fueron ministros y futbolistas. Después, los supervivientes se refugiaron en álbumes donde encontraron a compatriotas y, ordenados por años, se alinean para disfrute de quien tenga a bien abrir esos álbumes rellenados por un niño.

La gran bahía de Husavik donde duermen las ballenas.
La gran bahía de Husavik donde duermen las ballenas.

De los sellos pasé a los mapas, y de los mapas a los aviones, a los trenes, a los autobuses y a los pies – los únicos que no contaminan ni traicionan -. Suelo, desde entonces, buscar sellos de cada lugar que visito. A veces, de antemano, viajo a donde no puedo o no quiero, y descubro nuevos lugares y viajes que me hacen cambiar de opinión. Suelo, también, encontrar entre las estampas paisajes que paseé, lugares en donde ya estuve. Cuando descubro información oculta, recuerdos, aventuras o historias en los sellos que siempre tuve junto a mí, no dejo de sorprenderme y de disfrutar. Y de eso hablaré hoy.

Islandia – Malta en una emisión conjunta.

Porque repasando los sellos de un albúm, reconocí en una hoja bloque contornos de Mgarr, el puerto de la isla maltesa de Gozo. Tenía los sellos desde hacía dos años, pero es ahora, tras un viaje real a la isla mediterránea, que por fin me he dado cuenta de que era lo que salía. Islandia y Malta tienen, aparentemente, poco en común, a parte de su carácter insular. Islandia es una gran isla, la afloración grandilocuente, salvaje y joven de la dorsal atlántica. Poco poblada, autónoma en energía y alimento, aislada y orgullosa, Islandia fue el primer puente entre Europa y América.

Malta es mucho más pequeña, pero más poblada (más de medio millón de habitantes en menos de 500 kms2, cuando Islandia supera por poco los 300 mil habitantes en 103 mil km2). Malta ha sido invadida decenas de veces, poblada y despoblada, ha sido, es, un barco anclado entre Europa, África y Asia. La nórdica Islandia y la coqueta, cálida Malta, dos primas lejanas que nunca se han visto.

No es Islandia, es Gozo y sus curiosas formaciones geolóficas de colores cambiantes.
No es Islandia, es Gozo y sus curiosas formaciones geolóficas de colores cambiantes.

 Y sin embargo, sin embargo, gracias a una emisión conjunta filatélica ambas islas se unieron en 2011. Dos hojas bloque donde aparecen dos de los puertos más importantes de cada país: Husavik y Mgarr. Dos pequeñas poblaciones con carácter y no demasiado diferentes de cómo eran 100 años atrás.

Husavik, un puerto norteño, uno de los principales centros pesqueros de Islandia (junto a Akureyri, también en el norte, Reykiavik y Heimaey en las Vestmann, al sur de Islandia). Husavik, un pequeño pueblo de casas coloridas y largos inviernos; un pueblo a la vera de la Ring Road, – la carretera número uno -, que une y circunnavega toda Islandia. Husavik, aislada en mitad de la nada, donde se recrean series de éxito y se lucha por los Tronos. Donde perderse no es un placer mundano, es una obligación peligrosa. En la hoja bloque se ve el puerto, los barcos y las casitas que rodean la estepa helada y calva. Más allá, en la bahía se pavonean las ballenas y los turistas las contemplan asombrados.

Mgarr, en Gozo (Malta)
Mgarr, en Gozo (Malta)

En la hoja maltesa la protagonista es Mgarr, con sus barquitos de colores y sus casas de tejado plano, cinematográficas también, pero que parecen salidas de Tatooine y la Guerra de las Galaxias. En realidad, una muestra de la arquitectura adintelada del norte de África. Mgarr, un nombre extraño, un nombre maltés, esa lengua semítica, hermana del árabe y mezclada con italiano y siciliano, una lengua que se arrastra con sus erres y ges sobre la otra estepa, el cálido y aparentemente árido secarral maltés. Pero es que hemos venido en el verano del sur que dura hasta finales de octubre. Volved en marzo y veréis el verde esmeralda aterrar la isla de Gozo. Porque Mgarr es el puerto, la vía de entrada, el nexo de unión, el puente que une Malta la grande y Gozo la pequeña.

En mitad del canal, que los ferries rompen cada 45 minutos, se atasca Comino, ocultando sin éxito la caribeña bahía de Blue Lagoon. Mgarr es la entrada de Gozo y es la salida hacía Comino y su paradisíaca playa. Mgarr es una puerta y eso se nota, la vida se le escapa por el vano siempre entreabierto. Mgarr no es muy animada, pero hay que reconocerle su función. Anclada frente a Malta, en uno de los pocos puertos naturales de Gozo, abre la isla a todos los que se acerquen a ella.

Puerto de Mgarr y el fuerte de Fort Chambray que protegía la ciudad.
Puerto de Mgarr y el fuerte de Fort Chambray que protegía la ciudad.

Ascendiendo rápidamente junto a la iglesia de Ghajnsielen (el pueblo contiguo) que aparece en el sello podemos descubrir el este de Gozo (Qala, Nadur y la Playa de Rambla Bay) y al Oeste, la capital con su ciudadela, los templos prehistóricos y la espectacular Azure Window, otra ventana abierta, esta vez hecha de roca y que sólo mira al Mediterráneo.

Mgarr – Husavik, Malta e Islandia unidas por la fin a hoja de un sello, unidas para ser visitadas, para ser aprendidas y después explicadas. Viajar, como ven, es bastante fácil y sobre todo barato. Lo que cuesta un sello, mejor dicho dos.

Les invito al viaje, leyendo, pensando, soñando y después, si se atreven, si pueden, visiten in situ y cuenten para que las fronteras no existan ni en nuestra cabeza.

Íñigo Pedrueza Carranza

Página oficial de sellos de Islandia: Icelandic Stamps

Página oficial de sellos de Malta: Malta Post

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