Localizaciones de cine vs Turismo sostenible

El turismo es un motor económico que cada vez se fragmenta más en motivaciones temáticas como el turismo gastronómico, el más reciente musical, o el ya totalmente asentado turismo de cine. A menudo se habla del filón del cine o las series como fenómeno dinamizador de un paisaje o lugar concreto pero no es habitual hablar sobre la muerte por éxito como efecto del turismo. La concienciación sobre la sostenibilidad pone en relieve la poca planificación a través de estudios de impacto mediambiental que puede generar el exceso de turismo.

Dubrovnik, escenario de Juego de Tronos recreando Desembarco del Rey
Dubrovnik, escenario de Juego de Tronos recreando Desembarco del Rey

España es cada vez más consciente del potencial del cineturismo, recortando la distancia y velocidad con otros escenarios cinematográficos internacionales que son metas turísticas de primer orden. El café del barrio de Montmartre donde Amélie encandiló al público, la Nueva Zelanda que recreaba el Hobbit y El señor de los anillos;  el castillo de Aln­wick en Northumberland, o el puente de Glenfinnan entre otros tantos lugares grabados para la saga de Harry Potter en tierras de Gran Bretaña se han hecho tan célebres que ya no solo entran dentro del itinerario de los viajes, si no que son la motivación del mismo.

Localizaciones de Juego de Tronos como Azure Window en Malta, Dubrovnik, San Juan de Gaztelugatze – mostrada también en Ocho apellidos vascos -, o el camino de árboles de Dark Hedges en Irlanda han visto crecer desorbitadamente la afluencia turística hasta saturarse.  Con fenómenos como Star Wars, con legiones de fans que prácticamente persiguen las escenas como cazatesoros, es fácil imaginar porque escenarios como los del planeta Tattoine, reproducido en el sur de Túnez, se han convertido en peregrinajes cinematográficos del siglo XXI. Las Skellig Island en Irlanda o los mil y un paisajes mostrados en la serie Outlander -casi salidos de un vídeo de promoción de Escocia- han popularizado lugares hasta ahora poco difusos. El restaurante de Pollos Hermanos de la serie Breaking Bad es otro ejemplo más de la voracidad de este fenómeno que en ocasiones tiene la necesidad de que los escenarios de sus series existan para materializar la fe de estas espadas de del Rey Arturo o nuevas arcas de las alianza perdidas.

Localizaciones de cine en España

España no ha dejado nunca de estar de moda. La variedad de sus paisajes ha hecho que desde que la maquinaria de Hollywood pusiera en marcha los colosales escenarios de superproducciones, hayan desfilado grandes películas y prestigiosos protagonistas de films ilustres como Charlton Heston y Sophia Loren en el Cid, Omar Sharif con Doctor Zhivago , la Playa de Monsul de Almería apareciendo en Indiana Jones y la última cruzada, escenas de  Lawrence de Arabia filmadas en el Parque Natural del Cabo de Gata en Almería o la Plaza de España de Sevilla -empleado mucho más tarde por George Lucas para Star Wars II: El ataque de los clones-, el Palacio de los Hornillos en  Arenas de Iguña (Cantabria) que hacía de la casa de Los Otros, sin olvidar las decenas de películas filmadas en los años del denominado spaghetti western en Almería.

A las afueras del precioso pueblo costero de Llanes en Asturias está Villa Parrés, conocido por los lugareños como el Palacio de Partaríu, preciosa casa indiana que adquiría casi el rango de un personaje vivo en la película de El orfanato de Juan Antonio Bayona. De hecho si pudiera hablar nos diría que aunque fue la película de misterio la que le dio renombre, aquí se grabaron antes ‘Los jinetes del Alba’, de Vicente Aranda, ‘Mi nombre es sombra’, de Gonzalo Suárez, ‘La balsa de piedra’, de George Sluizer, o “El abuelo” de Jose Luis Garci, entre otras menos conocidas.

En otras ocasiones es la habilidad del fotógrafo o el especialista en luces de una película, o incluso del operador de drones, el que precipita la moda de un destino. En la Isla Mínima, las marismas sevillanas con sus tomas áreas dejaron estupefactos a los espectadores, encendiendo la mecha de un turismo que llega para conocer estos parajes naturales. El mismo éxito provocó las impresionantes escenas de los paisajes aéreos de Lanzarote que el directo Pedro Almodóvar filmó en Los abrazos rotos; o el panorama desértico de Cofete y Punta de Jandia  que empleó Ridley Scott en Exodus. Los rodajes nunca se paran en España con films que buscan nuevas localizaciones como la Ciudad de las Artes y las Ciencias para Tomorrowland, o El Mundo nunca es suficiente con James Bond en Bilbao y los hermanos los hermanos Watchonsky con su Jupiter Ascending utilizando el Museo Guggenheim y su entorno para recrear una ciudad futurista.

También en España las series han servido para redescubrir paisajes maravillosos como en las series de ‘Fariña’ por las Rías Baixas, La Peste en tierras andaluzas, o La casa de papel sin salir de Madrid. Yendo más allá, quién puede olvidar la silueta del faro en Formentera en Lucía y el Sexo, que cada año copa el top de fotos de instagram de los turistas que van a la preciosa isla balear.

Si hablamos de turismo de masas que se puede decir de mercados cuya población es tan vasta que si por un casual ponen el foco en un lugar concreto pueden resultar fatales como en el caso de China o la industria de cine de Bollywood en India. Sus millonarias producciones son la mejor promoción turística – o fin del turismo sostenible- mostrando lugares como Pamplona en San Fermín, o la tomatina de Buñol.

Muchos lugares ya han optado por limitar el número ante la incapacidad de encontrar soluciones. Venecia o Cinque Terre son claros ejemplos de como las entidades turísticas han llegado a espantarse hasta el punto de poner torniquetes para contar como ovejas a los turistas que llegan.

Manarola, uno de los pueblos de Cinque Terre en Liguria
Manarola, uno de los pueblos de Cinque Terre en Liguria

Las soluciones no son fáciles, casi nadie se resiste a visitar las localizaciones de moda de su serie o película preferida, pero quizá hay que hacer pedagogía y enseñar que los destinos no son de usar y tirar, y que hay muchas formas de visitarlos. Una es equilibrar los puntos de interés, mostrando el valor de monumentos, paisajes o ciudades alrededor de esos ya míticos lugares. En nuestros viajes hemos podido comprobar como la fijación casi obsesiva por un encuadre de un fotograma de cine hace que se pierda la perspectiva global del contexto. Quién haya estado en la isla de Gozo antes de la caída del Azure Window provocado por una terrible tormenta y un oleaje intenso, habrá sufrido el ir y venir de autobuses que peregrinaban a esta parte de la costa maltesa para sacarse una foto y huir en apenas media hora al siguiente punto. ¿Por qué no cambiar el chip? y en vez de visitar Gozo en una hora, dedicar dos o tres días, o una semana, disfrutando de su ritmo calmado, recorriendo en bicicleta la isla, parando en las plazas de sus pequeñas poblaciones donde por cierto hay WIFI gratis, o simplemente levantando la cabeza del móvil para ver que el turismo debe ser sostenible al igual que lo debe ser el consumo de alimentos.

Antiguo arco ya desaparecido del Azure Window en Malta
Antiguo arco ya desaparecido del Azure Window en Malta

El hecho de que se construyan “autopistas” -metaforicamente hablando- para teletransportar turismo de forma masiva a estos escenarios es otro de los errores. La ya citada Dubrovnik se ha visto obligada a regular el número de cruceros que en su viaje por el Mediterráneo saturaban el ya de por si pequeño espacio intramuros de la perla del Adriático. Por contra, localizaciones como las Bárdenas Reales que también aparecen en Juego de Tronos no han notado esa invasión, seguramente porque para llegar allí hay que volar a aeropuertos con menos tránsito, o dedicar más de un día para llegar.

Sucede lo mismo con el Castillo de Loarre en Huesca, un pequeño gran desconocido pese a aparecer durante gran parte del metraje de la película de Hollywood el Reino de los cielos, y que si bien ha servido para ponerlo en el mapa, aún no sufre los estragos del turismo de masas.

Castillo de Loarre
Castillo de Loarre

En resumidas cuentas cuando el esfuerzo es mayor al de unas horas, el turismo es de mayor calidad porque implica un empeño mayor. Otro ejemplo es el volcán Etna, la gigantesca mole junto a la ciudad siciliana de Catania, que ha sufrido su azote en varios siglos. Son muchos los viajeros que quieren llegar hasta el cráter mayor, solicitando ver la lava de cerca -desatendiendo a la prohibición de un volcán en activo-, y todo en unas horas para poder luego irse a tomar un gelato en Via Etnea junto a la catedral catanesa. Esa impulsividad, ignorancia y poco respeto por la sostenibilidad, y por su pobre concepción de vivir las vacaciones puede llevar  a la ruina de un hábitat. Volviendo al Etna, actualmente el trasiego de gigantescos camiones 4×4 al estilo Dakar que sube en procesión al Etna es un espectáculo bochornoso.

Hay iniciativas que casi desde la devoción a un lugar mitificado por el cine sirven para desbrozar literalmente escenarios de películas clásicas, obras maestras del celuloide que desarrollan el turismo y la economía de una zona. Es el caso de la asociación Desenterrando Sad Hill, que nace casi como una quimera, la misma quimera de los buscadores de oro y tesoros del viejo Oeste. El cementerio de Sad Hill, o mejor dicho, la localización de cine elegida por Sergio Leone para grabar la mítica escena del cementerio del Bueno, el Feo y el Malo ha salido a la luz cincuenta años después gracias al empeño e ingente trabajo de una asociación que ha hecho mucho más que un homenaje a la película. El documental que cuenta su historia, ha servido para poner un foco internacional sobre una historia preciosa de amor al cine, pero tal y como expresan los miembros de la iniciativa antes de cerrar los créditos, el deseo conjunto es que el cementerio no se convierta en un parque temático en el que la saturación haga borrar la magia del paisaje.

Trailer del documental Desenterrando Sad Hill

El cine o la televisión han servido para rescatar del destierro del olvido lugares abandonados a su suerte o donde las subvenciones para incentivar el desarrollo económico son precarias. Sin embargo al mismo tiempo, pasear en soledad por cualquiera de estos escenarios se ha convertido en una misión imposible ni si quiera madrugando al rayar el sol. Hordas de turistas llegan en autobuses para saciar su voraz apetito en forma de fotos en instagram o facebook, para abandonar atropelladamente los lugares, con el daño estético, sonoro y sobre todo contaminante que supone. Es verdad que el turismo ha servido para dinamizar la castigada economía de espacios rurales, aislados o con pocas esperanzas de crecimiento, pero al mismo tiempo la moda y sobrecarga hace que esos picos turísticos asolen y perviertan los lugares.  Por ello la reflexión es necesaria, turismo si, pero turismo sostenible.

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