De faros romanos en Galicia: la Torre de Hércules de A Coruña

La Torre de Hércules, el faro de A Coruña

Un faro romano ilumina el Atlántico en la ciudad de A Coruña desde hace más de dos mil años, guiando a buen puerto a navíos que arriban a las costas gallegas. Es la Torre de Hércules, único faro construido en el Imperio romano que todavía continúa cumpliendo su función original, la de señalizar el camino a navegantes que atraviesan el corredor Atlántico. Testigo único de la historia de una ciudad que sufrió grandes transformaciones a lo largo del tiempo. Testigo de historias de mar, muchas de las cuales se hallan sepultadas en el fondo marino. Viejas historias que podrían contarnos esas piedras si pudieran hablar, o esos fareros, viejos lobos de mar, privilegiados habitantes del faro a lo largo de los siglos. Ellos saben de barcos que llegaron al puerto de A Coruña desde países lejanos para comerciar, y también de barcos hundidos: el Urquiola, el Mar Egeo o el Rytherholm,…que trajeron desolación a la costa de Finisterrae.

Cuando nací por estas latitudes ya llevaba tanto tiempo este faro instalado en lo alto de esa colina rocosa, que para mí siempre estará ligado a mi historia y a la de esta ciudad. Esta no se puede pensar sin su presencia imponente, su figura recortada en el horizonte de los coruñeses. Siempre que volví a la ciudad que me vio nacer, enseguida divisaba su silueta inconfundible llegando por carretera, ahí solitaria en su península. Y aún caminando entre calles, terminaba asomando en algún momento, corriendo a mi encuentro, buscándome. También él sabía que yo siempre lo buscaba, contemplándolo desde el Monte San Pedro, desde el faro de Mera, o recorriendo el paseo marítimo, pasando por Riazor y el Orzán, siguiendo la línea del bravo Atlántico para llegar a él.5

Lo busqué en días luminosos, azules como el de hoy, pero también en días oscuros, de tormenta, cuando los truenos resuenan en toda Coruña y los rayos se sienten atraídos por la Torre de Hércules. Esos días en los que el mar se agita embravecido, queriendo él también alcanzar el faro romano que ilumina con su linterna la profunda oscuridad del Atlántico, por si algún marinero se pierde sin querer.

Siempre bella, en días azules y en días de tormenta

No sé cuándo está más bella la Torre de Hércules, en días de terrible tempestad, cuando la lluvia moja sus paredes de granito, cuando el mar parece querer reconquistar parte de su territorio robado hace años por la codicia humana. Y el faro se convierte también en guía de habitantes temerosos de la ciudad-península que buscan su fulgor para sentirse seguros. En esas pavorosas noches y también en las noches de calma, la Torre de Hércules se baña de luz mostrando todas sus formas sin pudor.

Aunque debería decir que la Torre también está bellísima en días soleados, llamando a los caminantes a su encuentro. En días como el de hoy se recorta en el cielo azul donde juguetean las nubes, y el color anaranjado de su piedra granítica la transforma. Ya no es gris, como en los días grises. Siempre es distinta la Torre de Hércules, camaleónica. Se viste para cada ocasión a sabiendas que nos conquista siempre.

De camino a la Torre de Hércules. Ruta por la ciudad-península de A Coruña

Ruta por el Paseo Marítimo de A Coruña rumbo a la Torre de Hércules

Hoy vuelvo una vez más a buscar a mi faro romano. Camino por el paseo marítimo de A Coruña, una ruta que recorren cientos de coruñeses cada día, bordeando la península en la que está asentada la ciudad, conscientes del honor de tener el Atlántico a sus pies. Pueden seguir la costa desde el Obelisco Milenium, pasar por la playa de Riazor, la playa del Orzán, el Domus o Casa del Hombre, el Aquarium Finisterrae, hasta llegar a la pequeña península donde se halla la joya de la ciudad: la Torre de Hércules.

Para a continuación seguir la ruta, visitar la Ciudad Vieja de A Coruña, llegar al Castillo de San Antón y terminar en uno de los lugares más bellos de la ciudad: la Marina de A Coruña, con su mar de viejas galerías blancas y soportales, y, claro, en la Plaza de María, centro neurálgico de la villa.

Una ruta para descubrir los encantos de A Coruña, siempre con la vista puesta en el símbolo de la ciudad.

El Atlántico está hoy enfadado, las olas se alzan encolerizadas para que las miremos. Aún así el azul del cielo se refleja en el mar de A Coruña, y ese azul lo hace bellísimo a pesar de su enfado, y también por ello, impresiona por su belleza. Ya la veo a lo lejos, orgullosa, sabedora de ser faro romano antiguo, de mirar hermanada al gran faro de América: la Estatua de la Libertad, al otro lado del Atlántico. Presumida de atraer todas las miradas hacia ella, feliz en ese entorno natural espléndido. Se alza sobre una colina llamada Punta Eiras, a 57 metros sobre el nivel del mar, entre Punta Herminia y Punta del Orzán, asomada a acantilados, en un parque donde anidan las aves, donde varios escultores instalaron sus obras, donde numerosos senderos bordean la colina para llegar a ella.

Yo la contemplo desde el paseo marítimo, viendo cómo la gente sube por los senderos a su encuentro, la fotografío con el angular, con el 50, con el telex, noto que lo sabe y posa ufana, me llama para que vaya a visitarla y recorra sus entrañas y llegue a su cumbre, para que mire con sus ojos lo que ella contempla cada día.

Siempre me apasionaron los faros, hercúleos frente a la inmensidad del mar, lugares solitarios cuyas siluetas y cuya luz guían a navegantes para que no se pierdan en el laberinto marítimo. Hoy estoy emocionada, voy a conocer el faro más antiguo de todos ellos. Y pensar que nos guía desde hace más de 2000 años…

Breve historia de la Torre de Hércules

Edad Antigua

La Torre de Hércules fue construida por los romanos en la segunda mitad del siglo I d. C. o principios del siglo II, y

Vista de la Torre de Hércules

Fue un faro desde sus orígenes, sirviendo de señal y guía para los navíos que atravesaban el corredor Atlántico. En ese momento en Hispania se habían intensificado las relaciones comerciales con el noroeste de la Península y Brigantium (actual Coruña) se convirtió en un puerto importante, además de tener un interés militar en el camino de los romanos hacia la conquista de Britania. Por lo que la construcción de un faro en la entrada del Golfo Ártabro estaba justificado, para guiar los navíos hacia el Canal de la Mancha en un mar abierto y batido.

Edad Media

La caída del Imperio romano supuso la decadencia de las grandes rutas marinas y con ello el abandono del faro. Pero, aunque no alumbrase el Atlántico en la Alta Edad Media, sí era una imponente baliza que orientaba a los barcos.

Fue atalaya de vigilancia y fortaleza desde el siglo IX, en el contexto de las invasiones normandas y árabes. No olvidemos que la península donde se encuentra la torre tuvo un papel fundamental en la defensa de A Coruña. Durante la época medieval se construyeron nuevas estructuras defensivas: un foso y un parapeto térreo. Fue atalaya hasta el siglo XVI, durante la invasión de Sir Francis Drake.

Edad Moderna

En el siglo XVI comenzó a recuperar su función de faro para volver a ser desde fines del siglo XVII uno de los principales bastiones de orientación del noroeste peninsular. Con la desaparición de la rampa exterior se construyó una escalera interior para acceder desde las cámaras a la linterna.

Edad Contemporánea

Reformas de Giannini, s. XVIII

Evolución de la Torre de Hércules

En esta época A Coruña poseía uno de los puertos del norte de España más activos, el tráfico marítimo era intenso. Y su cercanía al puerto de Ferrol, principal base de la armada española, convirtió al golfo Ártabro en zona estratégica. Por lo que comenzaron unas grandes obras de restauración de la Torre de Hércules.

Así, el ingeniero militar Eustaquio Giannini elaboró un proyecto con el asesoramiento de José Cornide Saavedra, una de las primeras restauraciones científicas en un monumento antiguo hechas en España. Primaba mantener la estructura original romana, testimonio único de la ingeniería de la Antigüedad. Mantuvieron el cuerpo principal, ocultaron los muros romanos con un forro de piedra y abriendo ventanas en los nichos preexistentes, dejando falsos huecos en el resto. En su respeto por las ruinas romanas, Giannini conservó la memoria de la rampa exterior por la que se accedía a la linterna, introduciendo una faja helicoidal que recorre la fachada.

En la parte superior, se conservó la rotonda romana, aunque era necesario modernizar el sistema de señalización, y Giannini diseñó una composición novedosa con la superposición de dos cuerpos octogonales sobre la base prismática. Marcó el perímetro de la rotonda romana con pilares ochavados.

Con estas transformaciones, la torre de Hércules pasó a medir 59 metros de alto. Hoy está levantada a principios del siglo XIX sobre una plataforma poligonal de 32 metros de ancho.

En el siglo XIX la Torre modernizó su lámpara para mejorar la iluminación. El sistema de reflectores se sustituyó por un aparato catadióptico.

Farum Brigantium, Torre de Hércules

La Torre de Hércules tuvo varias denominaciones a lo largo de su historia. Los romanos la conocían como Farum Brigantium, pasando a ser Faro o Castillo Viejo en la Edad Media, y Torre de Hércules en la Edad Moderna. Este último nombre se basa en la leyenda recogida por Alfonso X el sabio, quien relaciona la construcción de la torre con la victoria de Hércules sobre el gigante Gerión.

 

Una larga plataforma conduce al faro romano más antiguo del mundo

Patrimonio de la Humanidad

La Torre de Hércules y su entorno son Patrimonio de la Humanidad de la UNESCO desde el año 2009. Su valor universal excepcional está en ser el único faro romano del mundo que se conserva por completo y que sigue funcionando como tal en la actualidad. Y en el hecho de ser un caso paradigmático de intervención arquitectónica en un monumento de la Antigüedad. Nos referimos a la reforma de Giannini de 1790, en la que aplicó criterios científicos respetando la integridad y la autenticidad del faro.

Lo que aporta la Torre de Hércules a la Humanidad es el conocimiento de la evolución de la técnica de señalización marítima desde los romanos hasta la actualidad.

Por otra parte, está su entorno de gran valor paisajístico que fue recuperado y protegido en el bicentenario de la reconstrucción de la Torre en 1992, momento en que se proyecta la restauración del faro y la actuación arqueológica. En el entorno se creó un área protegida con un parque suburbano con senderos y un museo al aire libre con esculturas, además de rehabilitarse el Cementerio del Moro. La visita a la Torre de Hércules se convirtió de esta manera en una convite a disfrutar de un lugar donde se encuentran reunidos paisaje, arte e historia.

Visita a la Torre de Hércules

El silencio de esta tarde primaveral se rompe solo con las notas de una gaita que entona viejas melodías gallegas, dotando al lugar de cierto aire melancólico

Una larga plataforma conduce al faro romano más antiguo del mundo. Es casi la hora de comer y a penas hay visitantes por la zona, el silencio de esta tarde primaveral se rompe solo con las notas de una gaita que entona viejas melodías gallegas, dotando al lugar de cierto aire melancólico, quizás mágico. Más adelante, un vendedor de pequeñas torres de Hércules está concentrado en sus pensamientos a falta de visitantes a quien vender un recuerdo. Ya sólo estoy a unos metros de la Torre, en nada me meteré en su interior, embarcándome en un viaje en el tiempo.

La visita, que normalmente comienza por el yacimiento arqueológico, la hago al revés acompañada por Ana María, la coordinadora-directora de la Torre, Comenzamos por la base, en la que se puede ver una inscripción conmemorativa dedicada al dios Marte Augusto donde está la firma del arquitecto que realizó el faro romano, Caio Sevio Lupo.

Tras este sorprendente comienzo, iniciamos el ascenso a la torre por las 234 escaleras que comunican la base con la linterna. Estamos en el núcleo del faro, tal y como era en la época romana, a excepción de algunas bóvedas que hubo que horadar para realizar las escaleras – recordemos que antiguamente se subía por una rampa exterior helicoidal, con acceso a las cámara por puertas – . Vemos las marcas de la intervención del gran ingeniero Giannini, pequeñas piedras negras, testigos de la restauración que llevó a cabo y que muestran también su admiración y respeto por las antiguas ruinas romanas.

Escaleras de la Torre de Hércules

Ascendemos por los tres niveles, que tienen cuatro cámaras en cada planta de diferentes alturas. Son cámaras cuadrangulares cubiertas con bóvedas de cañón. Viendo su simplicidad, es extraño pensar que fueron embellecidas con motivo de la visita en 1858 de la reina Isabel II, con el recubrimiento de las paredes con grandes lienzos de papel estampado y telas, ocultando las bóvedas disponiendo falsos techos. Desde luego la reina, no vio el faro tal y como era.

Continuamos subiendo para llegar por fin a lo alto de la Torre de Hércules, donde una terraza ofrece al visitante unas vistas panorámicas espléndidas que disfruto a pesar de los frescos vientos del norte y del nordeste. Se divisa la ciudad de A Coruña, cercana, aunque seguro que en otros tiempos se mostraba más bella de lo que es hoy a causa de esas moles de cemento que esconden sus encantos. Al este se divisa el Aquarium de A Coruña, la playa de las Lapas y la ensenada de Riazor. Y al oeste el Monte el Monte de San Pedro, antiguo emplazamiento militar, desde el cual las vistas de la torre de Hércules también son magníficas.

Vistas panorámicas de A Coruña, la Playa de las Lapas en primer plano y la de Riazor al fondo

Impresionan la inmensidad del Atlántico, y todo el panorama de la costa que puede avistarse: el canal de entrada a la Ría de A Coruña, entre el faro de mera y la Península de la Torre. Así como el fondeadero de Ares, en la Ría de Betanzos. Más al nordeste, la entrada de la Ría de Ferrol, con su puerto exterior.

Todavía me quedo un buen rato, fotografiando todo emocionada por estar en lo alto de tal faro romano.

Poco a poco bajamos de nuevo las escaleras de la torre, terminando donde normalmente empieza la vista: en la zona arqueológica, indispensable para comprender el pasado del faro. Las excavaciones se realizaron en los años 90, dentro del proyecto de restauración de la torre, ya que era la única forma de documentar la estructura del faro en época romana.

En el yacimiento arqueológico puede verse la antigua linterna del faro, con un orificio en la parte superior por el que salía la mecha que encendida poryectaba luz sobre un espejo parabólico. Con un sistema hidráulico y de contrapesos, la luz se desplazaba para guiar a los navíos.

Vistas del Atlántico y de la Rosa de los Vientos desde lo alto de la Torre de Hércules

Entorno de la Torre de Hércules

Al salir de la Torre de Hércules, estoy como desorientada, como si hubiese hecho un pequeño viaje al pasado. Ahora es el momento de disfrutar de su entorno, ya que la Torre se encuentra emplazada en un lugar privilegiado en el extremo norte de la península donde se haya la ciudad de A Coruña, en una pequeña península entre Punta Herminia y Punta del Orzán, con un entorno magnífico. Solitaria en medio de un parque urbano de 50 hectáreas.

Desde esta centinela del Atlántico se domina el Golfo Ártabro, que va desde Cabo San Adrián hasta Cabo Prior. Ahí es donde se encuentran varias islas gallegas: Islas Sisargas, Islas de O Portiño, A Marola y As Cabeiras, y es lugar de entrada a las rías del Burgo, de Betanzos y de Ferrol.

Me asomo a la belleza de los acantilados abruptos contra los que rompen violentamente las olas del Atlántico. El espectáculo impresiona desde tierra, no puedo imaginarme lo que impresionará desde el mar.

La Rosa de los Vientos

Bajo al fantástico mosaico circular de 25 metros de diámetro: La Rosa de los Vientos, que se ve magníficamente desde lo alto de la Torre de Hércules. Es uno de los lugares preferidos de los visitantes de la Torre, por su cercanía al mar y su fotogenia.

Una enorme rosa de los vientos mira al Atlántico

Un grupo de música graba un video en esta enorme rosa de los vientos, posan ideales para una foto. El mar embravecido se oye de fondo, superponiéndose a la música de guitarra. La Torre nos mira imponente dese su altura.

Rutas de senderismo en torno a la Torre de Hércules

La visita a la Torre puede hacerse al final o antes de una ruta de senderismo por el parque urbano que hay en la península. Numerosas sendas discurren en torno a la Torre, los acantilados y la playa. Es un placer disfrutar de este magnífico entorno paisajístico, sobre todo en primavera, cuando las especies de flora autóctona y también las invasoras cubren con un manto de colores los caminos. Durante mi visita, las herbas de namorar, el toxo y el pirixel de mar están en pleno apogeo, engalanando el entorno de la Torre de amarillos y fucsias. La flora local está formada por brezo, helecho de mar, lirio amarillo. Los Pithosporum se plantaron para defender el paisaje de las inclemencias del tiempo.

Llegando a la Torre por el paseo marítimo de A Coruña ya puede verse alguna de las rutas. En total son cuatro rutas de senderismo de dificultad baja que pueden disfrutarse también en familia: la ruta del Campo da Pata, la ruta de Punta Herminia, la ruta de la península de la Torre y la ruta por la Praia da Lagoa. Los amantes del senderismo tienen donde elegir.

Museo al aire libre. Parque escultórico

Caronte es el recepcionista de la Torre de Hércules

El entorno de la Torre de Hércules también es un enorme museo al aire libre que se extiende a lo largo de las 47 hectáreas del parque por la Península de la Torre, Punta Herminia, O Acoroado y el Cabal de Pradeira. El paseante se encuentra con numerosas esculturas que hacen referencia a la mitología y leyendas asociadas a la Torre, como: Hércules, Breogán, la Guitarra,…A lo largo de las rutas de senderismo nos encontramos muchas que hacen referencia al mundo del mar: “La nave de Piedra” (Hércules sobre la nave de los Argonautas),La Caracola”, un gigantesco cuerno realizado con acero de cortén, situada en Punta Herminia. Algunas de las preferidas por los visitantes son La Familia de Menhires, situados cerca del Cementerio del Moro, 12 menhires horadados con una apertura que mira al mar. O el Monumento a los Fusilados, del gran artista gallego Isaac Díaz Pardo, situado en el Campo da Rata.

No me da tiempo a recorrer este increíble museo al aire libre, lo conozco ya de otras ocasiones. Quizás les hablemos de él en un futuro artículo.

La Torre de Caramelo de Picasso

La torre de Caramelo de Picasso

Me despido de la Torre, me vuelvo una vez más para mirarla. Realmente parece una torre de caramelo, con ese tono de su piedra granítica. Así la llamaba Picasso de niño, que vivió 4 años en A Coruña, donde inició su Período Azul, no es de extrañar, el Atlántico debió ser fuente de inspiración para él.  Jugaba cerca de la Torre y la inmortalizó en una tablilla.

Sé que volveré a mi torre de caramelo, lo haré también en invierno, cuando la lluvia de Galicia resbale por el granito de la torre haciéndola más bella, cuando la furia de las tempestades caigan sobre el Atlántico y solo esté ella para iluminarnos.

Agradecimientos

Agradecemos la visita a Torre de Hércules y la coordinadora-directora Ana María Santorum que me acompañó amablemente en la visita, contándome los secretos de la Torre.

Visitas a la Torre de Hércules

Horarios: abierto todos los días, de 10:00-18:00 (octubre-mayo) y 10:00-21:00 (junio-septiembre). Hay visitas guiadas gratuitas por el entorno de la Torre, que organiza el Ayuntamienot de A Coruña.

Precios: 3€, precio reducido 1,50€. Gratis todos los lunes del año.

¡Vengan a visitar la Torre de Hércules!

Cómo llegar a la Torre de Hércules

Es recomendable ir a pie, recorriendo el paseo marítimo de A Coruña desde el centro o desde Riazor. Pero si opta por ir en coche, desde Riazor está a 3,9 km, unos 9 minutos en coche siguiendo el Paseo Marítimo. Desde el Obelisco son 3,2 km, 12 minutos en coche por el mismo Paseo Marítimo.

Puede dejarlo en el aparcamiento gratuito que hay a lo largo de todo el paseo marítimo o al pie del parque escultórico. Hay autobuses urbanos que le llevan a la Torre.

Mapa de la ubicación del Faro de Hércules en A Coruña

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