Wine & Sex, Bodegas Monje, Tenerife. Un viaje al país los sentidos

Wine & Sex de Bodegas Monje. “Alice”. ¡Comienza el espectáculo!

Nos adentramos en la noche de El Sauzal desde donde las Bodegas Monje miran al Atlántico, la lluvia horizontal cubre de humedad las viñas de invierno. Aún así podemos sentir ese olor intenso a uva fermentada que invade toda la ladera. Prolegómeno de la explosión de sabores que nos espera en esta noche incierta, los sentidos despertándose desde el primer instante. Como un volcán que bulle por dentro antes de estallar en el exterior en contacto con la atmósfera.

Y es que viajar a Tenerife nos convierte siempre en seres volcánicos: desde que divisas desde el aire el Teide, desde que pisas estos antiguos campos de lava o desde que sientes el calor húmedo de esta primavera eterna canaria. Hasta los vinos tienen ese gusto volcánico, procedente de estas tierras de picón, el sustrato lávico que forma el malpaís. Recordamos muy bien la primera vez que probamos los vinos de las Bodegas Monje en nuestro primer viaje a la isla canaria, un apasionante viaje por los vinos de Tenerife. Primero, los blancos, sus aromas inundando el paladar provocando una sensación de frescor; después los tintos, una invasión intensa. En aquella ocasión, un taller de mojo acompañaba la degustación y la luz primaveral se colaba entre los viñedos verdes.

Hoy el invierno todavía no permitió que brotase vida de las viñas, y la lluvia y la oscuridad de la noche nos invitan al interior de las Bodegas Monje, donde reposan los vinos de pasados años, donde las manos del enólogo y del vinatero hacen cálculos para fabricar caldos únicos. Entramos al lugar donde se produce la magia. ¡Sígannos!.

Bébeme

¡Bébeme!

Seguimos al gran grupo de noctámbulos con pasos inseguros en el gran comedor donde amables camareros nos reciben con Drago Blanco, uno de los vinos estrella de las Bodegas Monje. Este vino se basa en una de las muchas cepas prefiloxéricas que sólo existen en las Islas Canarias, Madeira y Chile, la uva Listán Blanco. Ya dentro del comedor, se puede elegir entre blanco afrutado y blanco seco. En Tenerife tiene muchos adeptos el primero, aunque nosotros elegimos el segundo, que nos alegra más el paladar. El vino Drago Blanco es joven, aromático, fresco. Seguimos emocionados el ritual: un ligero movimiento de la copa, acercarla para sentir el aroma del líquido agitado. Ahí llega ese recuerdo, esa oleada de aromas que ni siquiera intentamos reconocer, ya que la suma es tan perfecta que da igual.

El segundo momento del ritual llega al probar el vino que nos refresca al instante, inunda nuestro paladar de matices. Un sorbito y de nuevo aquella sensación de pasados viajes a Tenerife, una oleada de sabores que ya asociaremos para siempre a las islas Canarias.

El ambiente se caldea, la gente luce sonrisas, parece que la noche va a seguir su curso mientras el vino nos embriaga poco a poco, pero de repente aparece un personaje con el que no contábamos. Una liebre blanca nerviosa que lleva un gran reloj y que corre entre la gente clamando que llega tarde a su destino. Se une a ella otro personaje con un enorme sombrero que intenta calmarlo. Van de un grupo a otro jugando con la gente, haciéndoles comentarios picarones, arrancándoles carcajadas. Personajes de un mundo paralelo se han colado a este lado y se sientan a tomar un té, como si nada. La gente no se extraña sino que los mira con atención, los rodea saboreando las delicias del Drago Blanco de las Bodegas Monje, un vino de lo más divertido.

Vino y sensualidad en una cata única.

De pronto se une a ellos un personaje vestido de azul, la reconocemos en seguida: es Alicia llegada del País de las Maravillas. No sabemos si el vino empieza a hacernos efecto, ya que ante nuestras miradas asombradas empiezan a fundirse dos mundos, el de la realidad y el de la ficción. ¡Claro, el que parece un conejo es en realidad la Liebre de Marzo, y el del sombrero grande es el Sombrerero Loco! Identificamos también a otros personajes del cuento de Lewis Carrol que van surgiendo de quién sabe dónde: la lirona, con su habitual lentitud, soñolienta, pero esta vez ¡vestida con medias de rejilla! Alicia, tímida y con las mejillas rojas por la vergüenza, se sienta entre el Sombrerero Loco y la Liebre de Marzo para iniciar la merienda de locos del cuento.

Lo que comenzó como una merienda en la que los personajes se lanzan los unos a los otros una serie de acertijos, se convierte en un fantástico espectáculo musical en el que los todos adoptan un papel sensual y suavemente erótico, tal vez enajenados por el influjo del vino blanco. La lirona se ha despertado de pronto para cantar y bailar concupiscente, animando a la gente a brindar. Mientras, una sensual cocinera pasea por la sala un enorme cartel de “Listán Blanco”. Los espectadores sienten de alguna manera, que están formando parte de esta historia. ¿Será ese vino de aromas marcados que nos exalta y aturde a partes iguales?

La lirona se despierta.

Durante todo este tiempo había un cartel que rezaba “Bébeme”, y nadie pareció haberse dado cuenta. Un mensaje que portaba la cocinera engañadora con su sonrisa traviesa. Quizás los alegres fiesteros estemos cayendo en una trampa, bebiendo el Drago Blanco de Monje sin juicio ni entendimiento.

Cómeme

La Liebre blanca corre de nuevo con prisa, los personajes de Alicia en el País de las Maravillas la siguen ciegamente, invitándonos a acompañarles. Abandonamos el comedor y tras un pequeño interludio por la terraza magnífica del Restaurante de Bodegas Monje, de pronto, entramos en un túnel más profundo de lo esperado. El túnel se convierte en un pozo vertical lleno de enormes barricas de roble, por el que vamos cayendo todos iniciando sin darnos cuenta un viaje al País de los Sentidos. El camino es largo pero no nos da mucho tiempo a pensar cuando, de repente, entre las cubas de metal donde se fabrican los vinos de Monje, unas siluetas se mueven a ritmo erótico en lo alto de la entrada a este nuevo mundo. ¡Es nada menos que la bella Reina de Corazones! espectacular, altiva, obviando que sus súbditos están admirándola desde este túnel del tiempo. Recibe complacida los embates enloquecidos de un personaje ajeno al cuento¡un monje! ¿Qué puede hacer un monje en el cuento de Alicia en el País de las Maravillas? Por de pronto darle placer nada menos que a la Reina de Corazones. La escena provoca muchas risas entre el sorprendido auditorio. Risitas cómplices imaginando quién puede ser el individuo que se oculta bajo los atuendos del monje iconoclasta!

El éxtasis del vino de las Bodegas Monje

Atolondrados por la confusa bienvenida a este mundo extraordinario, de pronto empezamos a atar cabos que se funden con este mundo de promesas maravillosas ¡Claro, estamos en las Bodegas Monje! Así que…. tras un éxtasis no disimulado, el monje se revela como Felipe Monje,  alma mater de está noche. ¡Queda inaugurada este singular cata y degustación que nos llevara al fondo de la tierra volcánica!. Se abren las puertas a una enorme silo subterráneo donde nos reciben con bocados de la gastronomía canaria y vino rosadoBibiana Monje”, definido como: “rosado de personalidad ambigua, aromas atrevidos de frutas rojas del bosque encantado”. Nos lanzamos hambrientos a los aperitivos, sedientos de más vinos Monje.

Alicia y la liebre blanca protagonizan otro de los episodios. Una enorme tarta con un fantástico pan de eróticas formas que la atrae enormemente. Otro cartel despierta su curiosidad: “Cómeme”, a lo que la chica no puede resistirse e inicia con la liebre un divertido juego que provocará un increíble cambio en la protagonista del cuento. Una transformación que iremos viendo a lo largo de este viaje al País de las Maravillas. Parece que el pan está ejerciendo un efecto mágico en Alicia, que ha perdido su timidez y se va convirtiendo en complice de la liebre y del Mundo de los Sentidos.

La transformación sensual del vino.

La lirona y la cocinera, nuevos personajes embutidos en trajes de libra o luciendo generosos músculos inician bailes cargados de sensualidad y locura iluminados por focos potentes, mientras luces tenues reinan en las profundidades de las Bodegas Monje. Los comensales aturdidos por el vino observan la escena. En lo alto de una tarima se alza la Reina de Corazones, enérgica, grandilocuente, despreciativa. Urge, con su cetro y su mirada cambiante de humor, subir al trono a a algunos elegidos de entre sus ya vasallos para que les vistan con un sugerente antifaz. Divide y vencerás, ya que el resto mira con envidia lo que parece el inicio de un juego erótico que se jugará sólo esta noche en el País de los Sentidos. Los súbditos desfilamos obedientes, sumisos a que la lirona o la cocinera nos vistan para el placer más intenso: el de la imaginación. La escena no hace más que despertar el ardor de los allí presentes, que celebran el ritual con sonrisas provocativas. El rosado “Bibiana Monje” recorre nuestras venas transformándonos a nosotros también.

Viaje al País de los Sentidos

¡La locura toma Bodegas Monje!

Hemos iniciado un viaje al País de los Sentidos, y los protagonistas lo celebran con un fantástico espectáculo musical lleno de luz y color en lo alto de un escenario ajedrezado. Jubilosos, saben que los vinos de las Bodegas Monje han conseguido llevarnos a las profundidades de un país en el que los sentidos son los que mandan. Así que seguimos sus movimientos provocativos, sus llamadas al placer en una noche en la que el tiempo parece haber dejado de existir.

Alicia ya no parece la misma, a medida que nos adentramos en la oscuridad, ella parece todavía más luminosa, pero también enajenada, dejándose llevar por los otros a este nuevo mundo que la asombra tanto como a nosotros. Por nuestra parte, asistimos cada vez más exultantes a la serie de números en los que la música y los bailes sensuales ejercen el mismo efecto embriagador que estos vinos que trepidan en nuestros cuerpos.

La representación se traslada a otro rincón de la bodega, donde una mujer de oro agita sus alas incitando a Alicia al deseo, mientras los demás las miran festivos desde lo alto de una escalera. Saben que la pobre Alicia caerá, mientras los movimientos de las alas van envolviéndola y ella parece cada vez más perdida y asombrada. Aunque parecemos simples espectadores, intuimos que nosotros también estamos dejándonos hechizar en este país donde todos los sentidos se despiertan…o se pierden.

Alicia asustada ante su propia transformación

A continuación, nos invitan a entrar a un lugar todavía más oscuro en el que el olor a vino es aún más penetrante, si cabe. Entramos dóciles, sin resistirnos, siguiendo el aroma intenso de un nuevo vino de las Bodegas Monje: el Hollera Monje repleto de Listán negro. Una figura majestuosa se alza al fondo de la bodega, como un Dios Baco convertido en mujer. Rinde homenaje al vino que consigue que la gente se deje llevar por senderos desconocidos, adorando a estos caldos de gran poder transformador. Alicia es un buen ejemplo: se sube con Baco con una botella en la mano que dice “Bébeme”, bailando al son de una música profunda, hipnotizante.

Nos sirven vino Hollera Monje, intenso, con aromas muy marcados al olor, y provisto de un poderoso sabor. En contacto con nuestro paladar, nos damos cuenta de que ya no hay marcha atrás en este viaje al País de los Sentidos, en este Wine & Sex de las Bodegas Monje. En diferentes rincones de la pared de la bodega comienzan bailes de un erotismo ardiente, impetuoso. Son sketches simultáneos, viñetas diferenciadas pero relacionadas, donde la lirona se desviste sin pudor, olvidando su somnoliento estado, para pasar a otro nuevo, encendido, lujurioso. Seguimos sus movimientos entre sorbo y sorbo, imaginando más que viendo, porque siempre, en el último momento, se oculta lo que más se desea. Piernas y medias, sonrisas y miradas son los más poderosos afrodisíacos.

Comienza un baile de pasión desenfrenada en la que todos son uno, como una enorme masa que se mueve enajenada, arrebatada

En otra grada el coloso medio desnudo, nunca del todo, al que le brillan los músculos, y la cocinera recubierta de blanco satén, comparten miradas perdidas pero tórridas hacia el público desde lo alto. Sin duda están rendidos ante los poderes del Dios del Vino. Al igual que nosotros que vamos siguiendo al grupo achispado de nuevo a la gran sala donde la Reina de Corazones prepara uno de esos juicios que tanto le gustan.

En lo alto del estrado se alza su figura inflexible, llena de furia ciega, dispuesta a sentenciar a la decapitación a quien ose ofenderla mínimamente, simplemente contradecirla o ser demasiado sumiso. Las luces se iluminan en otro punto de la bodega donde tiene lugar un espectáculo de luces y sombras: juegos eróticos entre el monje y la lirona, el sombrerero y la mujer pájaro,…y una sucesión de cortes de cabeza ordenados por la Reina de Corazones. Mientras bebemos estupefactos, en el estrado la Reina y los miembros de su corte se ríen ajenos a las sentencias, iniciando simuladas escenas libidinosas, enloquecidas. En medio de las figuras, la de Alicia que continúa su transformación, parece ya una de ellos, dejándose llevar hasta límites inimaginables.

Todos se abandonan a un éxtasis delirante, frenético

Comienza un baile de pasión desenfrenada en la que todos son uno, como una enorme masa que se mueve enajenada, arrebatada. Un espectáculo divertido a la par que inquietante que seguimos con nuestras miradas aturdidas y nuestra imaginación exaltada por ese vino que inunda nuestro cuerpo.

Siguen una sucesión de números de naipes que se mueven al son del cetro de la reina que los domina con su magnetismo, y obedientes marchan como en trance. Para terminar en un éxtasis delirante, frenético, ya por fin desprovistos de toda cordura, abandonados a unos danzas sensuales, prolegómeno de lo que nos espera más tarde.

Ya nos llaman desde otro lugar más lejano, conduciéndonos hasta nuevos instantes en este Wine & Sex de las Bodegas Monje. Los personajes se funden con nosotros incitadores, rozándonos, atrayéndonos con sus miradas abrasadoras, que los seguimos al restaurante, ya despojados de una parte de cordura.

El Banquete final.

El vino y el espectáculo han abierto nuestras mentes y una luz colorida y alegre se ha encendido en todos los participantes.

Nos invitan a sentarnos en un nuevo restaurante, subterráneo, en la profundidad de la bodega, donde nunca llega la luz del sol. Pero toda la estancia brilla por el fulgor de los actores y las púrpuras mejillas de los espectadores. La Reina de Corazones dirige espectáculo donde todos, incluso Alicia no son más que peones obedientes. En el estrado rodeado de las mesas sigue la fiesta de los sentidos, donde nada termina de verse pero todo se imagina y se aumenta con ayuda de los vinos de las Bodegas Monje. Los platos llegan a las mesas y la comida tan rica no se mira, sólo se saborea entre sorbo y sorbo y miradas sin soslayo hacia los espectáculos que rodean a los comensales.

Tan pronto en una barra Alicia inicia un baile solitario colgada boca abajo, transformada ya en otra Alicia, más madura e independiente – una nueva mujer ha surgido de las penumbras de las Bodegas Monje -. Tan pronto los personajes se mezclan en juegos donde el sexo del protagonista no es lo importante sino solamente un detalle. La música y el espectáculo se complementan con los personajes ya ejerciendo como cicerones de los espectadores: ya son también actores. Perdiendo la vergüenza, la cuarta pared cae y nos vemos protagonistas por unos instantes, sin prejuicios, sin tabúes, sin miedos. El vino y el espectáculo han abierto nuestras mentes y una luz colorida y alegre se ha encendido en todos los participantes. Para celebrarlo llega el último vino de la cata, el Monje Moscatel, repleto de aromas de flores, tonos ligeros pero que embriaga con su dulzura.

Alicia transformada.

En un último espejismo, parte de los más valientes suben al estrado y se muestran tal y como son, libres definitivamente de los tapujos con los que la sociedad viste nuestras ordenadas mentes. Alicia y la Reina de Corazones; el Conejo inquieto; el Sombrerero Loco, las sensual Lirona; la muy pícara Cocinera, el fabuloso Coloso; la impertérrita joven vestida con la piel de serpiente; y la espectacular Drag, todos ellos han triunfado, porque gracias a ellos lo real y lo misterioso, lo místico y lo sensual han brotado y anidado con fuerza en todos los participantes en este juego tan sugerente como comedido. Ahora todo dependerá de como cada uno en su fuero privado continue la senda del deseo, de la imaginación y el ensueño

Mientras caen los velos y parece que por fin veremos lo que deseamos… cae el telón, se apaga la luz y despertamos nerviosos y agitados… ¿Ha sido un sueño, ha ocurrido realmente? ¡Quién sabe!, ¿quien puede saber?. A lo lejos suena un reloj y un conejo vestido estrafalariamente cruza el horizonte riendo y haciendo cabriolas.

Wine and Sex, Bodegas Monje siempre innovando.

Nuestros reporteros en medio del mentor y parte del equipo del Wine & Sex. ¡Parece que disfrutan!

El Wine & Sex es un espectáculo lúdico y sensual creado bajo los auspicios Felipe Monje, director de la Bodegas Monje. Un cabaret burlesque y erótico, siempre con la risa y el buen gusto por estandarte. Wine & Sex ya entra en su décimo aniversario, con 34 espectáculos en su haber. Una primicia dentro de los espectáculos que mezclan catas de vino, degustación gastronómica de calidad y un espectáculo animado, picarón y sensual, donde la imaginación prima.

Ejemplo de lo mejor que se puede hacer en la animación, la creación de contenidos y de alicientes para enriquecer ese placer inmenso que es la degustación del vino. El vino no se queda sólo en la botella, sale e inunda la bodega, anima a que los visitantes se acerquen a ella y en ella imaginan sus deseos más ocultos sin desvelarlos por completo. Hoy el espectáculo de Wine & Sex es todo un referente en Canarias y en el resto de España. Porque vender buen vino es sólo una parte de este negocio que vende sobre todo ilusión, deseo y sueños.

Nuestras más sinceras felicitaciones para todo el equipo de actores y organizadores dirigidos por Antonia Jaster (Jaster & Luis Creaciones) por este fantástico espectáculo de gran calidad artística: Irene Alonso, Antonio Barbuzano, David Orán, Amanda Pérez, Gabriel Pérez, Isa Robayna, Daniel Sanginés,  María Salazar y Micaela Valencia. Gracias porque con vosotros nos adentramos en las oscuros recovecos del deseo y el misterio, sin peligro y con la sonrisa pícara en la boca. Felicitaciones, sobre todo, a ese monje encapuchado tras el que se oculta este gran emprendedor de sonrisa enigmática: Felipe Monje. Porque ya sabemos que una nueva edición y temática se prepara… para más información y para reservar sus entradas solo tienen que pinchar en el enlace de la foto y entrar en el sensual mundo del vino:

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