Esquiando sobre el helado mar Báltico en la isla de Nallikari, Oulu, Finlandia

Haciendo «sliding snow-shoes», una mezcla de esquí y de raquetas de nieve

Una enorme masa blanca luminosa se pierde en el horizonte: es el mar Báltico que los fríos invernales congelaron y hasta un coche puede rodar por encima sin romper su superficie. Los renos de estas tierras nórdicas podrían caminar con su ritmo pausado sobre una fina capa de 2 centímetros. Y nosotros, con nuestros esquís, deslizándonos por un hielo que se derrite por momentos, pareciera que podríamos romperlo, pero todavía no es tiempo…Aún los habitantes de Oulu, esa animada ciudad del noroeste de Finlandia, podrán disfrutar de su mar congelado durante varias semanas más. Ganan kilómetros y kilómetros de tierra todos los inviernos como por arte de magia, las olas se congelan y apagan su rumor hasta el final de la primavera. Las temperaturas gélidas y la ausencia de luz en el invierno nórdico consiguen congelar el mar Báltico. Aunque eso no es suficiente para conseguir que tanta agua salada se hiele…

El mar Báltico congelado. Playa de la isla de Nallikari

En pocos lugares del mundo las aguas saladas de los mares se congelan. El secreto está en las aguas de los ríos que desembocan en el Golfo de Botnia, aguas dulces que sí cambian de estado en invierno, arrastrando a las saladas. Lo habíamos visto más al norte, en Laponia, cuando surcamos el mar Báltico a bordo del Rompehielos Sampo, fascinados contemplando cómo se quebraba el hielo a su paso. También en las villas de cristal de Kemi, cuando dormimos sobre las aguas heladas del Golfo de Botnia y hasta nos parecía oir su rumor en el silencio de la noche.

La inmensidad del Báltico congelado en Finlandia

También hoy, en la bonita isla de Nallikari, unida a la ciudad de Oulu por un puente, oimos con sorpresa el estruendo del hielo que se está quebrando. Por un momento, nos preguntamos desorientados qué será ese ruido que rompe este silencio bestial del mar congelado. Hasta que nos damos cuenta de que es el mar que quiere volver a su estado normal. Y es que ya estamos en primavera en Finlandia, aunque no lo parezca a nuestros ojos. Todavía contemplamos un paisaje blanco y la nieve aún cae sobre estas latitudes entre marzo y abril, el frío seco hiela nuestra cara y necesitamos estar bien abrigados para disfrutar de este paseo con esquís sobre el mar Báltico congelado.

Esquiando en el mar Báltico

Sin embargo, para los finlandeses es claramente primavera. Ya se visten con menos ropa y saben que los árboles ya no están cubiertos con esa capa de nieve del invierno, que en los abedules ya asoman los brotes de vida, y que ya no hace -25ºC por las noches. Y, sobre todo, que los días ya son más largos que las noches, que la luz es potente y dura más horas que la oscuridad. Y muy pronto, casi no se hará de noche. La tan ansiada luz ha hecho su aparición tran los duros meses de oscuridad. Y además, ya han visto a los primeros cisnes llegar volando con su canto inequívoco. Hasta nosotros los hemos visto y oído, y como ya miramos un poco como los finlandeses, también nos damos cuenta de que la primavera se está instalando en Finlandia. 

Playa de Nallikari, en Oulu. Sobre el Báltico nevado

Y en el mar se nota en la superficie, que ya no es completamente blanca, sino a trozos transparente, y en el rumor de las olas que ya quieren volver a romper sobre la arena de la larga playa de Nallikari, como en verano. Y pensar que estamos en medio de un mar congelado, que la arena blanca está también cubierta de nieve y que nuestra vista se pierde en el horizonte sin que consigamos avistar el azul de los mares que tan bien conocemos. 

La estampa que hoy vemos en la isla de Nallikari será otra en poco tiempo. Muy pronto el mar volverá a ser líquido y la gente podrá nadar y jugar en el agua y en la arena de la playa, y las barcas y los kayaks navegarán de nuevo. Y más tarde, entre septiembre y octubre, cuando el verano se termine, los abedules de tronco blanco – que ocupan la geografía de Finlandia – teñirán el paisaje de amarillo cuando sus hojas cambien de color inaugurando la temporada de “Ruska”. Ese fenómero hermosísimo que tanto aprecian finlandeses y foráneos que viajan por Finlandia, cuando el país se llena de los colores del otoño.

Bella estampa del mar Báltico en la isla de Nallikari (Oulu)

La isla de Nallikari se transforma con las estaciones, dándonos versiones diferentes de sí misma, invitándonos a viajes diferentes. 

Hoy todavía podemos deslizarnos por el paisaje blanco de nieve e hielo, divirtiéndonos enormemente sobre estos esquís anchos, una mezcla de esquís y raquetas de nieve que consiguen que nos mantengamos en pie, dándonos estabilidad, y dándonos también la impresión de que sabemos esquiar super bien. El sol se refleja en este mar nevado, cegándonos con su luz inmensa, ampliando la sensación de que estamos en primavera. 

Los habitantes de Oulu también hacen suyo el mar Báltico en invierno y en esta temprana primavera, trayendo su equipo de pesca, necesario para hacer un agujero en el hielo y pasar la tarde pescando con su caña corta. Aquí no importa el tiempo, desaparece en la inmensidad blanca, sólo cuenta la paciencia y el movimiento repetitivo arriba y abajo de esa caña que quiere atraer a los peces del Báltico. Otros vienen a pasear con sus perros que, acostumbrados al hielo y al frío, corretean por este espacio inmenso en el que seguro se sienten tan libres como nosotros. Unos enamorados caminan cogidos de la mano yendo hacian ninguna parte, sin importarles que hay más allá en el infinito del mar, sólo cuenta para ellos ese contacto físico de sus manos entrelazadas y el placentero sol que ilumina Finlandia en estos días primaverales.

Paseando al perro por el Báltico helado

Nos dirigimos a buen ritmo hacia una de esas barbacoas públicas que hay en el país para uso de sus habitantes. En la orilla del mar, donde seguro hay arena blanca, nos instalamos y preparamos un fuego con troncos de abedul, una leña que arde muy bien y que los finlandeses suelen usar para calentar su café o hacer sus salchichas. En cualquier bosque y en los muchos parques nacionales que hay por Finlandia, a orillas de un lago o del mar, están estos puntos de descanso para los caminantes que disfrutan de un día en la naturaleza: los “lavus” (refugios) o las “kotas” (cabañas). Todo finlandés sabe hacer un fuego y lleva consigo todo lo necesario para hacer una pausa en el camino. 

El café en la «kuksa», taza de madera típica de Finlandia

Tras cortar la leña con el hacha Fiskars, poner corteza fina de abedul o partir finas capas de madera para encender el fuego, se prepara un café cuyos posos irán a parar al fondo de la cafetera con un golpe certero. Unas salchichas o unos bollitos clavados en pinchos se hacen en las brasas. Un abrigo para no pasar frío tras el ejercicio, y a disfrutar del café que pasa a engrosar el importante número de cafés que toman los finlandeses al día, convirtiendo al país en uno de los mayores consumidores de café del mundo. 

En Finlandia siempre hay un momento para hacer un café y algo de comer en una barbacoa pública, que suelen estar en los bosques

Nos preparamos para regresar con las pilas cargadas tras el enésimo café del día, todavía poco preparados para bajar la pequeña bajada con los esquís que hace que nos caigamos y pensemos en continuar practicando para conseguir hacer perfectamente“sliding snow-shoes”. Sin embargo, en llano ya esquiamos casi como profesionales ¡y cómo lo disfrutamos!. Con las sonrisas dibujadas por patinar sobre un mar helado. Todavía no podemos creérnoslo.

Regresamos a la playa de la isla de Nallikari más tarde, cuando está atardeciendo, ahora en nuestras bicis de ruedas gordas, las fatbikes que tratan de rodar sobre la nieve y el hielo, consiguiendo que nos divirtamos tanto como cuando esquiábamos hace unas horas. 

Los habitantes de Oulu sigue llegando y, aunque parezca que hay poca gente, siempre hay alguien. Es así en toda Finlandia, todo parece vacío y, sin embargo, nos encontramos siempre con gente en los lugares menos transitados: familias con niños subiendo a las colinas más altas, abuelos adentrándose en los bosques con sus raquetas de nieve, jóvenes haciendo un buen fuego en los “lavus” de los bosques,…

Paseando al atardecer

Ahora llegan a la isla de Nallikari para despedir el día que hoy nos está regalando una puesta de sol bellísima, de esas que no se terminan nunca. Porque ya ha pasado el equinoccio y en Finlandia, con días despejados, se produce el espectáculo de los atardeceres más hermosos. En los veranos de nuestros viajes por el país disfrutamos de puestas de sol alucinantes.

Subimos a la bonita torre de madera azul celeste de Nallikari para ver cómo el sol se pone en el horizonte del mar Báltico, sintiendo el rumor de las aguas que rompen el silencio deseando salir a la superficie, mientras algunos siguen llegando con sus perros y otros con las manos entrelazadas para disfrutar del espectáculo.

Se pone el sol en la isla de Nallikari
La belleza del Báltico congelado cuando se pone el sol

Agradecimientos

Muchas gracias a Visit Oulu y a Hanna Karjalainen por este interesantísimo viaje a una de las ciudades más animadas de Finlandia, que será Capital de la Cultura Europea en 2026. Gracias también a Lappis Rental y a Eerik por hacernos disfrutar del Báltico helado en un día delicioso.

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