Vistas al Mediterráneo desde el Jardín exótico de Eze, Costa Azul

Conquistados por el pueblo de Eze en nuestro viaje por la Provenza y la Costa Azul, nos perdimos en un laberinto de callejuelas de piedra serpenteantes que nos llevaron a rincones llenos de encanto. De las terrazas con vistas al Mediterráneo, subiendo por escaleras y cuestas que nos conducen a talleres de pintores, palacetes, plazas, pasajes y callejas laberínticas, llegamos al Jardín exótico de Eze, un lugar imprescindible en un viaje a la Riviera francesa.

De repente, el Mediterráneo
De repente, el Mediterráneo

Pensábamos que Eze no podría regalarnos ya más rincones de belleza inusual, pero nos topamos ya en lo más alto de la colina, cuando ya se puede avanzar más, la entrada a un pequeño paraíso: el Jardín exótico de Eze. De repente la inmensidad azul al final del acantilado. Cada una de las calles bordeadas de cactus terminan en el Mediterráneo. Allá adonde vayamos recorriendo este laberinto de pinchos y flores impensables, acabamos siempre en el precipicio, y nuestras miradas no pueden obviar la belleza intensa del abismo azul.

De espaldas al Mediterráneo nos recibe una estatua femenina reconcentrada en sí misma, cuyos brazos se funden en su vientre prominente: “Vous m’avez reconnue, je suis la même et pourtant autre” (“Me ha reconocido, soy la misma y sin embargo otra…”) dice Justine o Isis, que aunque parece la misma, en realidad es otra que lleva en sus entrañas el fruto de un amor pasajero. Miramos hacia arriba y también hacia abajo y observamos más esculturas de mujeres que viven en el jardín exótico de Eze.

El azul del Mediterráneo a los pies del jardín exótico de Eze
El azul del Mediterráneo a los pies del jardín exótico de Eze

Imaginamos muchos días como este, en el que el que los cactus y las suculentas se encuentran en su medio, bajo el sopor y la intensidad de este sol omnipresente. Ningún lugar como la Costa Azul para que estas plantas exóticas se desarrollen como si vivieran en el mismísimo Trópico. La altura de los más curiosos, los pinchos amenazantes de los temerosos que se defienden de un enemigo invisible, la carnosidad de los que recuperan la humedad de los días de lluvia, aquellos que se manifiestan de diferentes maneras, adoptando formas inimaginables para resistir a la sequía.

El Jardín botánico de Eze. Laberinto de cactus y plantas suculentas

Estamos en un auténtico laberinto de cactus y plantas carnosas, en un jardín exótico que nos traslada a otros lugares del mundo. A alguien se le ocurrió crear viviendas para ellos, y ahí están encerrados en esos rincones, apretados unos con otros, pinchándose entre ellos.

Cactus verticales y plantas suculentas en el Jardín botánico de Eze
Cactus verticales y plantas suculentas en el Jardín botánico de Eze

El jardín exótico de Eze posee una colección de plantas suculentas procedentes de África y de América que se adaptaron perfectamente al clima árido de la Costa Azul. En el jardín de Eze podemos familiarizarnos con la diversidad del mundo de los cactus, entre las que se encuentran dos conocidos: el Echinoctatus grusonii, llamado comúnmente “asiento de suegra”, “bola de oro” o “cactus erizo” por su forma redonda con largos y duros pinchos. Y el género de los Opuntia, particularmente el O. Ficus, la famosa chumbera, tuna o nopal, que hoy lucen ya higos chumbos, que tuvimos ocasión de probar en uno de nuestros viajes a Sicilia.

A su lado crecen especies de cáctus colunnares originarias de México, como la Cephalocereus senilis, conocida como “cabeza de viejo”, caracterizada por ese pelo canoso, es una especie muy longeva. El Cleistocactus strausii o “antorcha plateada” originaria de Argentina y Bolivia, un cactus esbelto y elegante con espinas radiales que parecen pelos finos y blanquecinos que cubren totalmente el tallo. El Ferrocactus pilosus (México) con sus impresionantes espinas color coral.

Chumberas espléndidas en el jardín exótico de Eze
Chumberas espléndidas en el jardín exótico de Eze

También están las euphorbes suculentas procedentes de Sudáfrica, como la Euphorbia coerulescens. Y bellos especímenes de ágaves, como el conocido agave salmania var. Ferox o maguey pulquero y A. Americana meiopicta y el elegante A. Attenuata y A. Franzosini, de hojas azuladas.

Por otra parte hay aloes, yucas que ofrecen una buena sombra en verano, como la yucca elephantipes, cuyo tronco parece la pata de un elefante.

Recorriendo el Jardín exótico de Eze

El jardín exótico de Eze se extiende de forma escalonada por la colina donde se sitúa uno de los pueblos colgantes más bellos de la Costa Azul. Desde lo alto el Mediterráneo se despliega a nuestros pies y alcanzamos a distinguir mil y una tonalidades de azul y verde. Desde aquí casi podemos tocar el cielo donde nace el arco iris de azules.

Descenso por el Jardín exótico de Eze
Descenso por el Jardín exótico de Eze

Parece imposible que en un terreno tan abrupto pueda haberse construido este jardín exótico. Aprovechando la caída, hay diferentes niveles que proponen puntos de vista diferentes de un mismo panorama. Es posible quedarse en este nivel y contemplar los tejados del pueblo de Eze en primer término y un trocito de la Costa Azul al fondo: la Corniche litoral, Eze-bord-de-mer, Cap Ferrat.

O si no, bajar por unas escaleras sinuosas con parterres de aloe vera, agaves, palmeras, cactus,… y otra estatua alargada que mira imponente al Mediterráneo, la Rosa de los Vientos, invitándonos al viaje: “Où tu iras, j’irais, au soir ou au matin, côté cour ou côté jardín” (“Adonde vayas, iré, de noche o por la mañana, del lado del patio o del jardín”). Mientras bajamos miramos hacia arriba y vemos el jardín exótico de Eze que parece que brota de las rocas blancas. Flores blancas al final de un palo, flores amarillas que se abren hermosas al lado de los pinchos, flores naranjas que salpican el camino, y más arriba gente que parece caminar tocando casi el cielo. El jardín exótico de Eze se extiende más allá.

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Continuamos el descenso y nuestros pasos nos llevan a un mirador sobre la Costa Azul. Un solárium, tumbonas con vistas al infinito, aguas brotando de un estanque…nos invitan a la contemplación. Céline, otra estatua nos sonríe, extrañamente no mira hacia la maravilla que está detrás, prefiere mirarnos afirmando su existencia: “Il prit un peu de boue, et de ses doigts me modela, voilà, je suis là” (“Tomó un poco de barro, y con sus dedos me modeló, y aquí estoy”).

“Adonde vayas, iré, de noche o por la mañana, del lado del patio o del jardín”
“Adonde vayas, iré, de noche o por la mañana, del lado del patio o del jardín”

Hacia el este, el jardín botánico de Eze no pudo extenderse más allá, las formas abruptas de esta parte de Francia se lo impidieron, una carretera hendida en la roca recorre el acantilado. Hacia el oeste, las casas colgantes de Eze se asoman al barranco. Todavía nos preguntamos cómo habrán podido construir este pueblo y este imposible jardín en unas paredes verticales.

Nos lanzamos ahora a explorar la cima del jardín exótico de Eze, seguimos el camino enladrillado ascendente, volviendo la vista atrás para admirar las distintas especies de flora exótica que se reparten por los parterres. Enormes cactus redondos mezclados con otras especies en medio de una isla que separa un pasaje de ida y otro de vuelta.

Los tejados de Eze amontonados se ven cada vez más abajo, el camino asciende inclinado regalándonos un panorama indescriptible del propio jardín botánico y del Mediterráneo. El mar es ahora un plato azul que yace tranquilo dibujando la Riviera y la península de Cap Ferrat. Los cactus verticales se ven ahora más pequeños, como racimos, conformando un jardín de formas y colores.

Diosas de tierra: estatuas de “polvo de estrellas” de Philippe Richard

Llegamos por fin al balcón sobre el Azul. Las ruinas de un castillo se alzan orgullosas, a pesar de que apenas queda nada de él. Y volvemos a encontrarnos con esas magníficas estatuas de mujeres de sonrisas perturbadoras que parecen nacer de la tierra.

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Margot, sensual, mira al Mediterráneo y nos invita a seguirla
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“Sígame, joven. Y conocerá todos mis secretos…o casi”

En total unas quince “diosas de tierra” creadas por el escultor Philippe Richard se disponen por los senderos del jardín exótico de Eze, un recorrido artístico entre poesía y botánica. Las estatuas miden entre 1,60 m. Y 1,80 m. Jean-Philippe Richard explora los misterios de la feminidad a través de estas figuras de mujer realizadas en tierra, materia que el mismo artista llama “polvo de estrellas”. El resultado son figuras elegantes, misteriosas y sensuales.

Margot, sugerente, nos invita a seguirla: “Suivez-moi, jeune homme. Et vous connaîtrez tous mes secrets…ou presque” (“Sígame, joven. Y conocerá todos mis secretos…o casi“).

Un balcón al Mediterráneo

Desde el balcón situado a 429 metros de altitud las vistas del Mediterráneo son si cabe aún más impresionantes, el azul es tan intenso que casi se confunde con el cielo, ahora comprendemos porque la Riviera lleva el nombre de Costa Azul. Desde aquí podemos abrazar la bahía de Eze cerrada por la península de Saint Jean de Cap Ferrat prolongado por la Punta de Saint Hospice. A finales del siglo XIX y principios del XX, soberanos como el rey de Bélgica y el sultán de Marruecos construirán magníficas villas, como la de Béatrice Ephrussi de Rothschild, cuya masa rosa podemos distinguir en el centro de Cap Ferrat.

Un balcón con vistas al Mediterráneo
Un balcón con vistas al Mediterráneo

También se vislumbra el puerto de Villefranche sur Mer, detrás de Saint Jean de Cap Ferrat. Antiguo arsenal de la Casa de Savoia, sirvió de base naval a la flota rusa en el siglo XIX y después a la 6ª flota americana. Hoy es un lugar privilegiado de escala de cruceros, y allá a lo lejos vemos uno, entrando en el puerto. A la derecha de las colinas, están las pistas del aeropuerto de Niza, frente a Antibes y Cannes. Al fondo, el naranja de las montañas del Esterel destaca frente al Cabo Camarat, cerca de Saint Tropez, a 120 km. Y un día claro pueden distinguirse las montañas corsas.

Asomándonos desde las ruinas del castillo al pueblo de Eze, se levanta majestuosa la iglesia amarilla de los Penitents Blancs con fondo de colinas verdes.

Capilla des Penitents Blancs con fondo magnífico
Capilla des Penitents Blancs con fondo magnífico

Dejamos uno de los miradores más bellos de la Costa Azul, escuchando las voces de las mujeres hechas estatuas, que se reafirman y muestran la felicidad que produce el privilegio de mirar cada día este panorama. Anaïs: “Déese, je n’ose, Sirène ne puis, femme je suis” (“Diosa no oso, sirena no puedo, mujer soy”. Y Rose: “Promeses silencieuses, de je ne sais quel bonheur, je te regarde et cela suffit” (“Promesas silenciosas de no sé qué felicidad, te miro y es suficiente”). Y Mélisande: “Qui m’a rêvée? qui m’a créée? A qui ai-je dis oui?” (¿Quién me ha soñado? ¿quién me ha creado? ¿a quién he dicho sí?”).

Precio del Jardín Exótico de Eze: 6€, estudiantes: 2,50€. Niños -12 años: gratuito
Abierto todo el año de lunes a domingo de 9h-18h30 (julio, agosto y septiembre de 9h-19h30)

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