Visita a la sorprendente ciudad de Treviso

 

La sombra de Venecia es tan alargada que otras ciudades de la región del Veneto quedan frecuentemente bajo una cortina bien de ostracismo, bien de necesaria paz. Treviso es una de esas joyas, que a ratos parece añorar o envidiar el tirón de su vecina Venecia, y a ratos respira aliviada de que los cruceros no puedan remontar el río desde la Laguna.

Treviso nos sorprende porque sin esperar nada, desvelemos sus encantos a la vuelta de nuestro viaje a Eslovenia recorriendo el Camino de la Paz. Su cada vez más movido aeropuerto es una de las mejores opciones para llegar al país vecino. Aún con el recuerdo del color turquesa del río Soca llegamos en tren desde Gorizia, deteniéndonos durante todo el día para conocer Treviso.

Los canales de Treviso están exentos de ese trajín veneciano. Sencillos, calmados, pero a menudo sugerentes, el agua discurre atravesando el centro de la ciudad colándose en ocasiones por debajo de los edificios. Los poetas y juglares la denominaban la citta cortese, la ciudad cortés, culta y elegante como pocas.

El riesgo de caer bajo las garras del crecimiento turístico desnaturaliza las ciudades. Le pasa a Roma, París, Venecia o Barcelona. Afortunadamente Treviso mantiene un carácter fuerte, orgullosa como hermana menor de todo lo que le ha costado conseguir. Por eso luce impoluta, perfectamente cuidada, y con un buen número de tiendas antiguas manteniendo el buen hacer.

Los impolutos palacios parece que se frotan cada día, y contrastan mucho con los de otras ciudades italianas que bien conocemos, a expensas del musgo y del mayor corrosivo del mundo, el olvido. Los detalles se cuidan mucho, el transporte público es limpio, impulsado por metano, y la mayoría de sus habitantes se mueven en bicicleta con un grácil ir y venir de gente que recuerda Bélgica.

El río Sile juega como un pez esquivando los molinos de agua que movían antaño la economía de Treviso, cuyo contacto directo con Venecia y la laguna era constante.

Que ver en Treviso

En un día se puede ver mucho, casi todo Treviso. Se empieza callejeando desde la estación de tren para cruzar las murallas y encontrarse con los canales y los puentes que nos invitan a adentrarnos. Casi inmediatamente nos topamos con uno de los lugares más armónicos de Treviso, la  Piazza dei Signori.

La Piazza dei Signori (Plaza de los Señores) bombea y mueve el ritmo de Treviso desde el centro de las murallas. El Palazzo della Ragione, conocido por los locales como Palazzo dei Trecento preside la plaza. Construido entre el 1185 y el 1213, fue sede de la asamblea de los gobernantes, y hoy continua como ayuntamiento (comune) de Treviso, y espacio anfitrión de eventos culturales.

En el espacio porticado de abajo una vitrina exhibe la escultura original de la Fontana delle Tette (de 1559). Durante la época de la República de Venecia se hacía brotar vino blanco de un pecho y tinto de otro durante tres días para celebrar eventos especiales como la designación del nuevo Podestà (gobernante de la ciudad). Con la caída del poder de Venecia la estatua casi se perdió en el olvido y aunque ya deteriorada de nuevo pueden visitarla sus ciudadanos.

Junto al Palazzo dei Trecento el Palacio de la Prefectura y la Torre Cívica cierran una medialuna que ofrece una foto panorámica de 180 grados.

Detrás de la Piazza dei Signori, en un pequeño rincón con una plaza recogida del palazzo Zignoli está la “nueva” Fontana delle Tette, que con “oferta” para beber agua se ha convertido en un símbolo turístico de Treviso.

A partir de la Piazza dei Signori, la Via XX settembre se prolonga con dirección al Duomo con el nombre de Via Calmaggiore ( “Callis Maior”, Calle Mayor), siendo una de las más bellas. La sucesión de pórticos, tiendas y heladerías  cruza por encima del antiguo Cardo Maximum, oculto bajo el subsuelo.

Antes de dirigirnos hacia allí nos desviamos hacia Piazza San Vito, y callejeando pasamos pode delante de La Casa dei Carraresi, que resume la evolución arquitectónica típica de Treviso. De uso residencial, este palacio medieval pasó a ser un Albergue para viajeros y comerciantes, y hoy en día se ha recuperado como espacio expositivo y museo a donde llegan piezas de arte de prestigiosos museos de todo el mundo.

Nos entretenemos en los canales, tanto que llegamos en plena recogida del mercado de la pescheria. Una lástima porque se nota que ha habido un buen ambiente. Encerrado en lo que asemeja una isla -no en vano es llamado el Isolotto della Pescheria -, rodeado por agua, que fluye hacia el mar atravesando el Vicolo del Molinetto por el que hemos entrado.

El floreciente comercio a través de sus canales dio lugar a intercambios prolongados como los del Canal Buranelli, que proveía a la isla de Burano de productos. Siendo uno de los más sugestivos de Treviso elegimos uno de sus restaurantes para probar la deliciosa gastronomía local.

Después de comer toca bajar la digestión, a poder ser completando el paseo por las murallas con un gelatto. Los bastiones defensivos que rodean Treviso son obra de la Serenissima República Veneciana, que allá por el siglo XVI se encargó de proteger todas las ciudades que orbitaban bajo su paraguas. Ganadas para el ocio, nos recuerdan y mucho a las de Lucca y otras ciudades Toscanas que hemos recorrido a lo largo de los años.

Distraídos llegamos al Duomo de San Pietro. Como aún está cerrado rodeamos su particular estructura compuesta no sólo por la catedral, si no por el baptisterio de San Giovanni, la sede del obispado y un foso en la parte trasera donde se encontraron mosaicos romanos con temática de fauna y flora, entre los que destaca una greca de peces.

Por la Piazza del Duomo pasa toda la vida de la ciudad. Los jóvenes se sientan en las escaleras de su fachada neoclásica que imita un templo griego para charlar. El cuerpo del Duomo es del siglo XII pero a lo largo de los siglos se han superpuesto capas de actuaciones arquitectónicas que le dan el aspecto particular que vemos, donde la reforma renacentista es más que evidente.

Tarvisium, cuyo topónimo no se sabe si proviene del gaélico-céltico Tarvos (toro) o del latín Tervisus (en alusión a tres colinas) es un libro abierto que casi se explica solo. La Loggia dei Cavalieri es un buen ejemplo. Símbolo del poder político de la nobleza en el Medievo, en este recinto porticado se manejaba el futuro de la ciudad, y sus frescos sobre los arcos casi parecen cobrar vida cuando se les mira detenidamente.

Sin prisa atravesamos la Universidad, cuya calma parece la de un monasterio -de hecho el complejo reconvertido en 2006 era anteriormente parte del Hospital Civil de San Leonardo- , solo rota cuando algún estudiante sale contento tras las clases. Uno de sus lados da de nuevo al río Sile, e inmediatamente a la izquierda se alcanza el Puente de Dante, donde el río se mezcla con las aguas del Cagnan. La ciudad fue citada por el el genio escritor de la Divina Comedia en el IX Canto de su obra El Paradiso y un monolito lo honra desde 1865, cuando se cumplió el sexto centenario del nacimiento de Dante Alighieri.

Aún quedaba mucho por ver en Treviso, el palacio del Quattrocento Ca’ Dei Ricchi, el museo dicocesano, el precioso interior del Teatro Mario del Monaco o los paseos a lo largo del cauce del río Sila, pero un día no daba para mucho más, de modo que habrá que volver.

Información acerca de Treviso

La Oficina de turismo está en la esquina de Piazza Borsa y brinda mapa tanto de la ciudad de Treviso como de la provincia y rutas naturales e históricas por la región.

Como llegar

El aeropuerto de la ciudad de Treviso recibe vuelos desde muchos puntos de Europa. Desde España podemos llegar saliendo desde Barcelona, Ibiza, Valencia o Málaga. Hay conexiones de autobús entre el aeropuerto y el centro de Treviso. El número 6 de la ACTT nos deja junto a la estación de tren. Por otro lado en el aeropuerto hay un servicio privado de transfer de GoOpti que conecta Treviso con otras ciudades de Italia y muchos puntos de Eslovenia.

Desde la Estación de tren podemos llegar a cualquier ciudad de Italia. Hay salidas frecuentes a Venecia, Milán, Florencia o Roma. Si tenemos intención de visitar otras partes del Veneto o del Friuli como Údine, Cividale del Friuli o Verona, el tren es la mejor opción.

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