Visita al Palacio Real de Olite, el “falso” castillo

Navarra es una de esas regiones que por mucho que volvemos nunca se nos antoja redundante, y es que su paisaje, sus gentes, su gastronomía y su naturaleza tienen algo de familiar, de atractivo y de querer venir a vivir aquí. Por eso siempre que podemos volvemos.

Vista del Palacio Real de Olite
Vista del Palacio Real de Olite

En nuestro último viaje hemos hecho una escapada desde Pamplona al sur, a la zona de Tafalla para conocer el Palacio Real de Olite, confundido o “vendido” durante muchos años como castillo, pero que entraremos en detalle a explicar la confusión.

Las opiniones sobre el Palacio Real suelen ser contrapuestas, para unos es encantador, onírico y precisamente esas formas tan poco frecuentes en España hacen sospechar. La palabra “castillo” vende mucho y por eso los que ya han visitado Carcassone presienten enseguida que los parecidos son razonables, especialmente cuando ambos lugares han sido reconstruidos con poco criterio histórico y siguiendo patrones más estéticos. Es innegable que el llamado castillo de Olite es precioso, con sus torreones gigantes que parecen estar más hechos para ser escenario de una película de princesas de Disney que para una función práctica como lo eran las Torres del Homenaje.

El falso castillo de Olite
El falso castillo de Olite

Como monumento más visitado de la Comunidad Foral de Navarra, no podemos negar el interés que despierta entre los turistas, un entusiasmo que ya reflejó el poeta Gustavo Adolfo Bécquer con los versos que escribió en su honor en “Notas de un viaje por Navarra”; o en el escrito custodiado en el British Museum de Londres, de un intelectual alemán llamado Muncer que durante su paso por España en 1439 se quedó maravillado por el lujo del Palacio que estaba vestido de gala para las nupcias  del Príncipe de Viana con Agnes de Clèves.

Uno se pierde saltando de torre en torre, como si de un anuncio de televisión en el que es imposible atraparnos. Desde lo alto de cada almena tenemos una panorámica distinta, y la posibilidad de ver y saludar a la gente que sube y baja por el resto del Palacio lo hace más divertido.

Torre de la Atalaya del Palacio Real de Olite
Torre de la Atalaya del Palacio Real de Olite

La visita guiada merece la pena, aunque sea para escuchar los datos históricos sobre las profundas remodelaciones que se llevaron a cabo, explicadas en detalle en una de las salas expositoras donde vemos fotos del antes y el después de la reconstrucción.

El Palacio Real de Olite es conocido también por ser las residencia de los Reyes de Navarra, a partir del reinado de Carlos III “el Noble”, un resort de lujo de la época donde los caprichos reales lo convertían en uno de los más fastuosos de Europa. De aquellos lujos no queda constancia porque el abandono, el saqueo sistemático de objetos e incluso de bloques de piedra y el incendio del XIX acabaron por desfigurar el palacio.

La reconstrucción fue poco respetuosa con su trazado, con una actuación que hoy en día pondría el grito en el cielo, pero que en el primer tercio del siglo XX en una España de grandes contrastes

El conjunto histórico de Olite lo componen además del Palacio Real, el Palacio Viejo (actualmente Parador de Turismo), la Iglesia gótica de Santa María y la Iglesia románica de San Pedro.

Junto a la entrada están las taquillas donde nosotros reservamos la visita guiada de las cinco y así comer con tranquilidad en la cercana población de Ujue.

Historia del Palacio

El castillo inicial aprovechaba el castrum romano y que se hallaba donde hoy encontramos el Palacio Viejo, sede hoy del Parador Nacional de Turismo “Príncipe de Viana”. Fue Sancho VII el Fuerte quién a finales del XII y principios del XIII acometió la fortificación del castillo.

Este edificio pronto perdió su función defensiva con el retroceso de los musulmanes hacia el sur, y el ambiente de paz favoreció que Carlos III impulsara un Palacio residencial contiguo.

El Palacio Viejo de Olite
El Palacio Viejo de Olite

El Palacio Viejo mantiene parte de los muros y las torres, con ventanas arcadas góticas, la puerta principal de estilo renacentista y las torres cuyos nombres son Torre de San Jorge, Torre de la Prisión, Torre de la Cigueña (o Atalaya).

Construido durante los siglos XIII y XIV el Palacio Nuevo tenía una función cortesana, es decir residencial, y no defensiva por lo que atribuirle la función de castillo, pese a sus altos muros y aspecto almenado induce a errores.

El Rey de Navarra Carlos III fijó la corte permanente (hasta entonces itinerante) y por este motivo promovió importantes reformas para acomodar a la corte y especialmente para satisfacer los deseos de su mujer, Leonor de Trastámara. Fruto de ello el lujo primó por encima de todo se fueron sucediendo amplias estancias, jardines colgantes, un pequeño zoológico (posteriormente cuando el Palacio lo ocupó el Príncipe de Viana) y un sinfín de lujos y caprichos. Los encargados de ejecutarlo fueron maestros artesanos musulmanes, catalanes, franceses que culminaron de forma sublime las vidrieras, estucos, muebles, suelos de azulejos, tapices y demás lujos del Palacio.

Interior del Palacio Real
Interior del Palacio Real

La vida cortesana era intensa con justas, torneos y corridas de toros que no podían tener mejor palco que los torreones del Palacio. el contrapunto exótico lo puso el nieto de Carlos III, el Príncipe de Viana que coleccionaba animales exóticos, como  jirafas, leones, camellos y aves variadas.

La unificación del reino peninsular significó que la corte desapareciera y se desatendiera su mantenimiento, con un deterioro que tuvo su cénit en el incendio provocado en 1813 durante la Guerra de Independencia contra Francia para evitar que las tropas francesas pudieran hacerse fuertes dentro de las murallas. El fuego acabó con lo poco que quedaba, quedando desolado el interior, y haciendo imposible recuperar la rica decoración y los bellos jardines. Lo poco que pervivió son estucos de estilo mudejar, que nos hacen recordar el carácter de tierra fronteriza con los reinos musulmanes durante muchos años.

Casi 100 años después, en 1913 la Diputación Foral de Navarra lo compró e incentivó su rehabilitación mediante un concurso en 1923, y cuyos elegidos, los arquitectos José y Javier Yárnoz comenzaron el proyecto en 1937. Con mucha imaginación, poco rigor histórico y siguiendo una mezcla de estilos donde predominaba el gótico francés (que recuerda a Josselin en Bretaña o Carcassone en el Languedoc-Rosellón), y añadía elementos de la arquitectura catalana-mallorquina e incluso inglesa.

Ese carácter laberíntico y desordenado es debido a las remodelaciones y ampliaciones de la planta inicial, y al hecho de que al no contribuir su planta a la función defensiva, su crecimiento en espacio sólo cumplía directrices estéticas.

A los guías que hacen la visita para grupos les encanta contar alguno de los secretos, anécdotas o historias curiosas que se esconden detrás de la historia del edificio.

Visita al Palacio

En esta ocasión nos apuntamos a la visita guiada para poder contrastar la información que nos había llegado con la “versión” histórica que se ofrece,

El recorrido del Palacio pasa por algunos recintos como el Jardín de los Naranjos, el “jardín de la Reina“; la “Pajarera” y de la “Morera” donde está un árbol secular; las estancias privadas de los reyes y la Galería del Rey. La Sala de la Cámara de los Yesos, donde podemos ver parte de la decoración de pavimentos y paredes que utilizaban azulejos, yeserías y techos de madera tallada cubiertos de dorado.

Para que fuese posible un jardín intramuros, y además elevado, se encargó un complejo sistema hidráulico que mediante tubos de plomo y un sistema de bombeo subía el agua con el que se regaba el Jardín de la Reina donde proliferaban naranjos, limoneros, o jazmines. Lo primero que nos vino a la mente es como podían sobrevivir a las heladas típicas de Navarra estos frutales mediterráneos, que eran cubiertos con toldos ad hoc para protegerlos del frío.

El peso de esta estructura obligó a reforzar la sala inmediatamente inferior con una arquería extra en la  Sala de los Arcos o de los Murciélagos por la que pasamos al inicio de la visita.

De torre en torre, subiendo por las escaleras de caracol, saltando de la torre del “Homenaje”, a las “Tres Coronas o la Torre de los “Cuatro Vientos”, cuya vista era aprovechada por el rey para seguir los torneos y justas.

Desde una de las murallas, la Ochavada o desde fuera del Palacio se distingue un peculiar bloque cónico  -que se conoce vulgarmente como el “huevo”- que en primer momento pensamos que podía ser un aljibe o depósito de agua pero que luego nos explicaron que funcionaba como nevera o hielera, manteniendo hielo y alimentos congelados hasta bien entrada la primavera o el verano, un lujo al alcance de pocos.

El "Huevo" de Olite. La Nevera.
El “Huevo” de Olite. La Nevera.

La visita guiada dura menos de una hora con lo que luego pudimos perdernos y subir de torre en torre en busca de fotos panorámicas de Olite desde todos los ángulos.

Información del Palacio de Olite

Teléfono: 948741273 – 948740035
Email: info@guiartenavarra.com
Siglos de construcción: XIV
Estilo: Gótico

El Palacio de Olite es Monumento nacional desde 1925.

Horarios: Abierto todos los días de 10:00 a 18:00; y los fines de semana hasta las 18:30. Última entrada media hora antes del cierre.
Precio entrada: 3,50 € – 2€  reducida.
Visita guiada: Precio visita: 4,90 € (3.50€ para mayores de 65 años, niños entre 6 y 13 años y carné joven)

Como llegar al Palacio Real de Olite

Olite está a unos 40 km y poco más de media hora de Pamplona; y a 10 minutos de Tafalla, junto al río Zidacos. El castillo se ve desde lejos según llegamos a Olite ya que supone casi un tercio del tamaño de la villa. se puede aparcar gratis en el parking que hay junto al Monasterio de San Francisco.

Centro del pueblo de Olite
Centro del pueblo de Olite

Mapa del Palacio Real de Olite

Mapa de las estancias del palacio Real de Olite
Mapa de las estancias del palacio Real de Olite

 

 


Museo del Vino de Navarra, que tiene su sede en esta localidad.

el verano parte del programa del Festival de Teatro Clásico de Olite.

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