Viaje al corazón de Madrid

La Gran Vía de Madrid con sus suntuosos edificios. Ⓒ El Giróscopo Viajero.
La Gran Vía de Madrid con sus suntuosos edificios. Ⓒ El Giróscopo Viajero.

El frío no impide que Madrid nos reciba, acogedora, con esa luz única que tan bien recordamos. En seguida nos lanzamos a descubrir esta ciudad que siempre abre los brazos al viajero. Imágenes de un Madrid más antiguo se superponen con las del Madrid de ahora, momentos vividos que se cuelan desde la memoria. La historia está siempre ahí presente, aunque no la veamos, y las ciudades no son inmutables, son organismos vivos que cambian, se transforman con la historia. Madrid conoció muchas historias, muchas gentes que pasaron por allí y dejaron en ella depositados sus momentos, sus recuerdos, su memoria.

En nuestro viaje a Madrid vamos pues a vivir momentos que conviven sin saberlo: un presente lleno de vida, de una fuerza extraordinaria, y un pasado que vuelve en forma de imágenes, que sigue ahí de alguna forma, metido en los recovecos de la ciudad. Instantáneas, representaciones, impresiones de un mismo lugar.

El Parque del Retiro al atardecer. Ⓒ María Calvo.
El Parque del Retiro al atardecer. Ⓒ María Calvo.

Directos al corazón de Madrid, emocionados, ilusionados por reencontrarnos con aquellos años, con nosotros mismos. Atravesamos el Retiro luminoso de atardecer, una pena haber olvidado la cámara, aunque quizás mejor, así las instantáneas entran directamente y se graban despacio, sin prisa, en la memoria de hoy – que mañana también será historia -. Dejamos la Gran Vía para mañana y nos perdemos y nos vamos encontrando por las callejuelas tantas veces transitadas. La Puerta del Sol está diferente, ahora peatonal, lo cual la embellece, aunque no encontramos la estatua del Oso y el Madroño, ah sí, ahí está, pero la han movido, ese símbolo de Madrid delante o encima del cual nos sacamos fotos en ocasiones diferentes. Y donde estaba el edificio de Tío Pepe, hay otro nuevo, y la estructura luminosa de Tío Pepe está ahora encima de otro inmueble. Da igual, la Puerta del Sol vibra como antaño, es lugar de reunión y las gentes pasan, se paran, se encuentran.

El Oso y el Madroño en la Puerta del Sol.

Subimos por la concurrida calle de Carretas, que nos conduce al centelleante Cine Ideal, que se encuentra en una placita apartada, ese edificio antiguo, tan bonito, en el que vimos tantas películas en VOS, porque Madrid en aquellos años eran tardes y noches de cine, el día del espectador, en los Cines Renoir, el de Cuatro Caminos y el de Princesa, una amplia cartelera ante nuestras miradas ávidas de pantalla grande; los cines Alphaville, un clásico, un resistente, los más baratos, los primeros cines en Versión Original de Madrid y los primeros en crear un día del espectador y una “sesión golfa”. Reponían películas antiguas, invitaban a directores de cine y tuvieron en cartel durante años “Eraserhead” de David Lynch. Los Alphaville también fueron los primeros cines en crear las hojas de los espectadores, algunas de las cuales, las de aquellos años, todavía conservamos en nuestro baúl de los recuerdos. Aunque los cines Alphaville cambiaron de dueños y tal vez se evaporó un poco su espíritu, al menos la cartelera sigue siendo atractiva y en V.O.

El entrañable Ciné Doré, la Filmoteca española, el cine de todos.

Pero la emoción de recorrer Madrid aumenta cuando llegamos a donde yo quería llegar: El Cine Doré, la Filmoteca española de Madrid, ¡pero qué edificio más bonito! Modernista, mantiene su hermosa fachada y esa amplia cartelera dedicada al cine de ayer y de siempre. Entrando, ese café restaurante, la librería, las escaleras que llevan a las hermosas salas en las que pasamos tantas horas. Al coger ese programa mensual que sigue con el mismo formato, compruebo que todavía podemos ir al cine por 2,5 € (170 pesetas para los estudiantes de aquella época) y se me vienen a la cabeza muchos de los filmes y ciclos que vimos, como aquel ciclo de Ingmar Bergman, y de nuevo llueve sobre nuestro amor…

Las primeras impresiones del reencuentro con Madrid son de pura emoción, ya que las viejas imágenes vuelven y se entremezclan con las presentes. Las guardamos en la noche madrileña y esperamos al día siguiente donde otras nuevas volverán.

En las cafeterías de Madrid huele por las mañanas a porras y a churros. El Giróscopo Viajero.
En las cafeterías de Madrid huele por las mañanas a porras y a churros. Ⓒ El Giróscopo Viajero.

Empieza el nuevo día con el ya clásico desayuno madrileño con churros y porras, esas porras tan difíciles de encontrar en otros lugares y que tantos sabores de antaño nos traen. Esos grandes churros convierten nuestro primer desayuno en Madrid en todo un acontecimiento. Además, el ambiente de las cafeterías madrileñas sigue siendo el mismo, auténtico, sencillo, amable, acogedor,…nos sentimos en casa. Madrid siempre consiguió que el foráneo se sintiese bien recibido, y aunque hable de la ciudad, hablo por supuesto de sus gentes, esa gentileza, esa espontaneidad, ese calor. Por eso Madrid era nuestra casa…

Madrid, estilo español. Ⓒ El Giróscopo Viajero.
Madrid, estilo español. Ⓒ El Giróscopo Viajero.

Madrid abre de nuevo sus puertas a estos viajeros giroscópicos y nos adentramos con entusiasmo a lo que nos espera. Caminar por el Retiro desnudo y frío nos hace sentir tal vez un poco desnudos también a nosotros, los árboles sin hojas, los senderos casi desiertos, las ardillas escondidas, el lago helado, las barcas sin barqueros que lleven a pasear a su amor,… Ese aire seco que se respira nos trae otras imágenes más cálidas, colores de otoño, hojas que se caen, paseos crujientes. Y otras de días calurosos, con un Retiro lleno de flores y de setos bien recortados, de paseos y risas y músicos que llenan el parque preferido de los madrileños de sonidos que acompañan esos días relajados sin trabajo, o esos paréntesis en medio de la semana rutinaria.

EL Bosque del Recuerdo, en el Parque del Retiro de Madrid. Ⓒ El Giróscopo Viajero.
EL Bosque del Recuerdo, en el Parque del Retiro de Madrid. Ⓒ El Giróscopo Viajero.

Me paro ante el Ángel Caído, esa representación única del demonio lleno de belleza que no podría pertenecer más que a Madrid, y mis compañeros de viaje se pierden en la larga avenida por la que no dejan de pasar jóvenes corriendo o en patines, familias paseando, amantes que se besan o ancianos en busca de ese amor perdido. Quizás hubiera sido más bonito ver el Retiro en primavera, verano u otoño, pero no importa, los madrileños, los viajeros llegan aquí a pesar de la ola de frío, hay algo que les atrae, como a mí, tal vez la luz, tal vez los ecos de las risas, de los sonidos del verano.

El Ángel Caído, una de las estatuas más bellas de Madrid, situada en el Retiro. Ⓒ El Giróscopo Viajero.
El Ángel Caído, una de las estatuas más bellas de Madrid, situada en el Retiro. Ⓒ El Giróscopo Viajero.

Por fin podemos ver el Palacio de Cristal, que estuvo en obras durante años, una magnífica estructura de hierro y cristal, típica de principios del siglo XX, levantada para las Exposiciones Universales, y que me hace pensar en un tipo de edificios que siempre me fascinó, como el Crystal Palace de Londres, salvando las distancias. El Palacio de Cristal alberga siempre una exposición o algún evento cultural contemporáneo, y se encuentra frente a un tranquilo lago. Un rincón delicioso en el interior del Retiro. Poco después redescubriremos ese otro magnífico edificio de hierro y cristal que es la Estación de Atocha, con ese estupendo jardín interior.

Siempre me gustó la cuesta de Moyano, con sus casetas de libros de viejo. Ⓒ El Giróscopo Viajero.
Siempre me gustó la cuesta de Moyano, con sus casetas de libros de viejo. Ⓒ El Giróscopo Viajero.

Desembocamos en la entrañable Cuesta de Moyano, esa feria de libros de viejo, con sus casetas de color gris forradas de libros que tantas veces llenaron los días madrileños, esas horas interminables de metro y autobús. Pío Baroja preside la Cuesta de Moyano, y algunos madrugadores se pasean despacio y se detienen en busca de ese libro. Parece que Borges se cotiza, ya no se reeditan sus Obras Completas y en los puestos de Moyano están a precio de oro. Libros de segunda mano en perfecto estado que conviven con las tabletas y los libros electrónicos, en este lugar tienen una clara preeminencia ante lectores a los que les gusta tocar, oler las viejas hojas, sentirlas, ya que tal vez de esta forma lleguen más directamente al alma del libro.

Un libro de papel huele, puede tocarse, puede quererse. Las palabras de Carmen Martín Gaite siempre presentes en mis estanterías. Ⓒ El Giróscopo Viajero.
Un libro de papel huele, puede tocarse, puede quererse. Las palabras de Carmen Martín Gaite siempre presentes en mis estanterías. Ⓒ El Giróscopo Viajero.

El viaje a Madrid continúa por el interminable Paseo del Prado, espléndidos inmuebles: el Ritz, el Palace, el Museo del Prado, presidido por Goya, escoltado por Velázquez, los grandes dentro y fuera de uno de los museos más bellos de Europa. Necesitaríamos horas y horas para ver las grandes obras que alberga el Museo del Prado, y pensamos tal vez volver a última hora, a eso de las 7, que dicen que abren las puertas a los que no pueden permitirse pagar ¡¡12 €!!. Parece que la cultura se ha convertido en producto de lujo en esta ciudad.

Y por fin llegamos a uno de los edificios más bellos de Madrid: el Palacio Cibeles, antiguo Palacio de Telecomunicaciones y hoy sede del ayuntamiento de la ciudad, en el que se han invertido recientemente enormes sumas de dinero, a pesar de los tiempos de crisis en los que vivimos. Hoy es lugar de exposiciones, sumándose a los museos más importantes de Madrid: el Museo del Prado, el Museo Reina Sofía y el Museo Thyssen-Bornemisza. Vale la pena visitar la terraza mirador desde donde pueden ver unas bonitas vistas panorámicas de Madrid. También pueden visitar la nueva y espectacular Galería de Cristal del Palacio de Cibeles, acondicionada para eventos exclusivos. También pueden disfrutar de la terraza y un restaurante. La entrada al Palacio de Comunicaciones de Cibeles es gratuito y la subida al mirador cuesta 2€.

La Gran Vía de Madrid, imagen poética.
La Gran Vía de Madrid, imagen poética.

Seguimos nuestro recorrido por el viejo Madrid pasando por el Jardín Botánico, y subimos por Gran Vía, pasando por el suntuoso Instituto Cervantes, el edificio Grassy y el edificio Metrópolis, otro símbolo de Madrid que tan bien retrató el pintor Antonio López y que se encuentra en el Museo Thyssen-Bornemisza. Sigue espléndidos inmuebles, el Museo Chicote, hasta llegar al Edificio de Telefónica que nos invitará más tarde a una exposición de Nicolas Tesla, y que también nos permitirá admirar la arquitectura del edificio y esas magníficas escaleras de caracol. La luz de Madrid continúa presente en Callao. Es el momento de hacer una parada en la Central de Callao, una cafetería-restaurante y librería, un nuevo concepto que parece que se extendió por Madrid en los últimos tiempos.

La bella Plaza de España, donde están las estatuas de Quijote y Sancho. Ⓒ El Giróscopo Viajero.
La bella Plaza de España, donde están las estatuas de Quijote y Sancho. Ⓒ El Giróscopo Viajero.

Dos días se funden en uno, bajando por la Gran Vía, llegamos a la enorme Plaza de España, con las estatuas de Quijote y Sancho que quieren recordarnos que es momento de luchar contra los gigantes, más que nunca. La ruta por Madrid nos conduce al Templo de Debod, una joya egipcia regalada por el presidente Nasser a España en los años 60 por la ayuda prestada para salvar los santuarios de Nubia. Hace años estaba en obras, pero hoy puede verse en su máximo esplendor, en una enorme explanada con vistas panorámicas de Madrid. La calidad de los grabados es impresionante.

El Palacio de Oriente de Madrid. Ⓒ El Giróscopo Viajero.
El Palacio de Oriente de Madrid. Ⓒ El Giróscopo Viajero.

 Madrid también es este hermoso recorrido que nos lleva a los Jardines de Sabatini y el Palacio de Oriente, metiéndonos de lleno en el magnífico Madrid de los Austrias. La Ópera Real, las calles peatonales, el Mercado de San Miguel, que mantiene su magnífica estructura original de hierro y cristal, pero que ahora es un lugar de encuentro, lleno de bares donde degustar gastronomía típica, eso sí, a un precio alto. Quizás tengan más solera y sean más auténticos los bares y restaurantes de la zona, con esas fachadas de azulejos que forman parte del encanto de Madrid. Al lado de la Plaza San Miguel, la famosa Plaza Mayor, en la que siempre es un placer pararse. Desde la Puerta del Sol se oyen gritos de cambio que nos invitan a unirnos y a clamar por unas mejores condiciones de vida. Quizás compartimos un momento histórico, no lo sabemos, pero la Puerta del Sol vibra y clama que sí se puede.

Siempre me impresionó la cúpula del edificio Metropolis, símbolo de la Gran Vía

Tras la emoción apetece adentrarse en las callejuelas de la Latina y recorrer los bares de tapas, entre los que destacan los de las famosas zapatillas u otros que mantienen el sabor castizo de Madrid, por su sencillez, la gracia de los camareros o la calidez de la gente. Momentos únicos de risas y diversión que se prolongan por la noche, porque Madrid también es la noche. En nuestros recuerdos están Malasaña, Chueca o Moncloa. Pero trasladamos aquel espíritu al barrio de moda desde hace unos años, el Triball, a un paso de la Gran Vía, donde coincide que está nuestro alojamiento. Un placer disfrutar del ambiente nocturno del Triball, con esos pubs que son cafés, pero también bares, con luces tenues, donde se puede tomar una cerveza y unas tapas únicas – degustamos unas croquetas de calamar en su tinta deliciosas – con buena música de fondo. El Circo, el Café de la Luz, el Teatro Lara, viejas tiendas que cada vez se ven menos …nos gusta ese buen ambiente creado por las propias gentes de Madrid, que vuelven a hacernos sentir a gusto, y nos invitan a disfrutar con su amabilidad.

Por el Madrid de los Austrias.

Después está el reencuentro con viejos amigos que no dejaron de estar en nuestros pensamientos, y volvemos a aquellas viejas conversaciones que siguen de actualidad, porque el mundo no mejoró, pero el entusiasmo persiste, y podemos pasarnos horas hablando con la misma pasión. Ahora sí, las imágenes viajan del pasado al presente.

Tenemos que despedirnos de Madrid, y lo hacemos en una mañana luminosa, mientras gran parte de España se cubre de blanco. Un último recorrido por la Gran Vía, el Paseo del Prado, el Casón del Buen Retiro, el pulmón de la ciudad, …Mientras tanto, las imágenes vuelven a superponerse, y ya sabemos que el Madrid de ahora ya es historia y el de mañana ya viene a nuestro encuentro, porque aún nos quedaron muchas cosas en el tintero: la Florida, el Café Gijón, una obra de teatro, una tarde de museo… O Madrid en mayo, en pleno San Isidro, con la Feria del libro en la que pudimos conocer a José Saramago, a Carmen Martín Gaite, a Mario Benedetti o a Ana María Matute, ya en la memoria de todos, como el Madrid de aquellos años.

 

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