Viaje a Menorca con niños

Menorca es un destino ideal para viajar en familia y con niños, y nosotros lo hemos comprobado. Cuando se acerca la época estival, todas las agencias de viajes, grandes y pequeñas ofrecen la preciada isla de Menorca como un lugar perfecto para que los más peques disfruten junto con sus padres o familias, y ahora entiendo porqué. Sin duda Menorca pone a su disposición infraestructuras hoteleras especializadas en este tipo de turismo, la mayoría de los hoteles se han volcado con las familias, y es muy fácil encontrar alojamientos en los que los peques sean los protagonistas.

La magnífica catedral de Ciudadela, una joya del Gótico. Itxaso Pedrueza.
La magnífica catedral de Ciudadela, una joya del Gótico. Itxaso Pedrueza.

Nosotros elegimos un hotel de la cadena Sol Meliá, un complejo en el que el todo incluido es su bandera, únicamente te puedes alojar en esas condiciones, algo muy útil cuando vas con niños que a todas horas te demandan bebidas, helados, meriendas…, además todo el entorno está dedicado a los pequeños de la casa, la decoración infantil con personajes de dibujos animados, actividades en piscinas y en club social para niños no cesan durante la jornada.

En este tipo de hoteles cuentan con guarderías en las que realizan actividades así como fiestas y disfraces para ellos.

Menorca nos sorprende, es una pequeña isla que te invita a recorrerla a pesar de contar con una sola autovía que atraviesa de este a oeste, una distancia que une lugares como Mahón y Ciudadela. Y es aquí dónde recalamos, nunca mejor dicho, muy cerca de Ciudadela, en Cala´n Bosch, numerosos hoteles al estilo de la isla, de dos y tres alturas rodean un pequeño puerto con mucho ambiente, sobre todo para extranjeros. Una pequeña cala hace las delicias de los amantes del kateboard, y de los que amamos los arenales.

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El espléndido faro de Cala’n Bosch se alza majestuoso en el Cap d’Artrutx,. © Itxaso Pedrueza.

El clima es perfecto, nosotros viajamos en Julio y la temperatura no se movió de los 25 grados, perfecta para no pasar demasiado calor.

En Menorca es necesario alquilar un coche, o por lo menos para nosotros lo era, y a pesar de que hay mucha gente que no sale del hotel, nosotros lo alquilamos durante cuatro días, aprovechamos para visitar Ciudadela, decidimos perdernos en sus callejuelas, visitar la Catedral de Menorca de estilo gótico, el Castillo de San Nicolás, y descansar en alguna de sus plazas, como la famosa Plaza del Borne, mientras tomamos un delicioso helado.

Otra de las visitas obligadas es Mahón, es la capital de la isla y eso se nota, hay gente a todas horas desfilando por sus calles, y acercándose a su afamado puerto, uno de los mejores puertos naturales del mundo.

La capital de Menorca, Mahón tiene mucho que ver. Piérdanse por sus calles, es todo un placer. © Itxaso Pedrueza.
La capital de Menorca, Mahón tiene mucho que ver. Piérdanse por sus calles, es todo un placer. © Itxaso Pedrueza.

En Mahón tras caminar entre sus calles llegamos a la Fortaleza de Mola, y visitamos alguno de sus comercios en los que encontramos las famosas menorquinas o albarcas, de todos los colores, diseños y tamaños.

Aunque hay mucho que ver, los niños comienzan a acusar el cansancio por lo que nos dirigimos a Binibeca, no muy lejos de allí en dirección al sur, he de decir que fue uno de los sitios que me enamoró, sus fachadas blancas, su arquitectura, su tranquilidad a pesar del turisteo, te hechiza, sueño con volver.

Binibeca es un pueblito marinero, peatonal, por el que hay que caminar en silencio ya que en varios carteles de la zona lo reclaman sus vecinos, hartos imagino de ver hordas de turistas por sus calles. En el centro hay un montón de restaurantes en los que podéis degustar marisco y pescado delicioso. Pero nosotros decidimos seguir caminando ya que la peque se ha dormido, continuamos por un paseo que nos indica que hay una playa, caminaremos un par de kilómetros como mucho hasta que avistamos la playa, maravillosa, sus aguas turquesas nos invitan a darnos un baño, pero tenemos hambre, y nos habían hablado de un chiringuito sobre la playa en el que se come bastante bien.

Detalle del patrimonio monumental de Menorca. Vale la pena dedicarle tiempo y recorrer las calles admirando los detalles. © Itxaso Pedrueza.
Detalle del patrimonio monumental de Menorca. Vale la pena dedicarle tiempo y recorrer las calles admirando los detalles. © Itxaso Pedrueza.

Con la peque ya en órbita nos disponemos a probar una de las ricas ensaladas que nos ofrecen, sabrosa, el lugar es paradisiaco, me vuelvo a enamorar. Ya es hora de volver, así que recogemos los bártulos y desandamos el camino.

Todo el mundo quiere visitar las calas más famosas, la Turqueta, la Macarella, Cala Galdana, y sí, hay que ir, porque es como ir a Paris y no ver la Torre Eifell, pero será que soy del norte, y tenemos las calas más impresionantes de España, que no me sorprenden tanto, son bonitas, el acceso con niños, pues difícil, si caminan tienes una media hora de camino en la Cala Turqueta, y si van en silla, como era nuestro caso, pues no te queda otra que elevarla en algunos tramos, una vez abajo, el agua está negra, si, casualidad, miles de algas plagan la playa, no se ve el fondo, porque lo que la imagen de cala turquesa se borra de mi mente, aún así es muy bonita, por supuesto.

En la Cala Turqueta de Menorca, un paraíso. © Itxaso Pedrueza.
En la Cala Turqueta de Menorca, un paraíso. © Itxaso Pedrueza.

Decidimos no ver más calas ya que con los niños pequeños es un poco complicado, prometo volver cuando sea más mayor y camine solita.

Volvemos al hotel, allí es dónde mejor se lo pasan los peques, vuelven a salir los muñecos a la piscina, y por la noche show del Rey León, se queda hechizada, Candela, mi niña, no deja de preguntar por Menorca, a ella también la enamoró, seguro que volveremos, palabra.

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